Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. Salmo 119: 17,18

agosto 23, 2019 § Deja un comentario

La tercera estrofa del salmo 119 se construyó en este ejercicio literario sobre la base de la letra hebrea guímel, y sus ocho versos comienzan con palabras cuyo primera letra es precisamente esa.

El profeta recurre a la técnica poética hebrea de escribir sus ocho versículos de dos en dos, en los cuales la segunda parte de cada verso explica y complementa la primera. Comentaremos el primer juego de versos, que aparece arriba.

¿Cuál es la idea central? La absoluta necesidad del hombre de conocer la palabra como guía y propósito de una vida dichosa y agradable a Dios.

La primera oración, “Haz bien a tu siervo”, ruega que Dios sea generoso o benevolente con quien ora – otras traducciones aceptables son: “cuida o favorece a tu siervo” – y se puede interpretar de dos maneras. La primera sería: ¡Oh Dios! muestra tu bondad a tu siervo y entonces viviré y seré feliz! La segunda, que Calvino avala, es: ¡Oh Dios! concede a tu siervo el favor de que mientras viva, pueda guardar tus mandamientos. Se destaca así la relación vital del creyente con Dios a través de su palabra; sin ella – dice – no hay vida, es como un hombre muerto.

Por esta razón se conectan las primeras dos frases: “Que yo viva y guarde tu palabra”. Todos aspiramos a que Dios nos conceda una larga vida, pero la mayoría de las personas no tiene claro para qué vivir. Para librarnos de ideas e intenciones vanas, el profeta describe el propósito principal para la vida del justo: Ser guiados por la gracia del Espíritu, guardando la amorosa y sabia ley divina.

Vamos ahora al segundo hemistiquio: “Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley” Hay aquí un reconocimiento implícito de que para poder ver las maravillas de la ley de Dios, hace falta que Él mismo nos abra los ojos; esto es, sin su ayuda somos ciegos.

Al admitir que Dios nos da la luz para vivir por medio de su palabra, el poeta afirma que estaremos ciegos aun en medio de su luz admirable, hasta que Él mismo remueva el velo de nuestros ojos. Por ello clamamos: ¡Abre mis ojos!
Dios llama “las maravillas de tu ley” a las doctrinas de su palabra, para que en humildad contemplemos su grandeza con admiración, para convencernos más y más de nuestra necesidad de la gracia de Dios, para comprender los misterios que sobrepasan nuestra limitada capacidad. “Te mostraré cosas grandes y maravillosas que tú no sabes.” (Jr 33:3). Ante este tesoro, el que lee y el que medita en la Biblia, el que predica y el que escucha, el que enseña y el que aprende, todos recordemos orar:

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.”
vmsg

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Bet ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.  Salmo 119: 9

agosto 18, 2019 § Deja un comentario

Vamos ahora a abordar la segunda estrofa del salmo 119. Por favor lea  y tenga a la vista sus 8 hermosos versos (9/16). Como ya sabemos, toda esta parte  del poema está regida  por letra Bet del alefato hebreo.

Recordemos que el salmo 119 empieza explicando la felicidad en base a una relación personal con Dios, en armonía con Su ley, para andar el camino de la vida: “Bienaventurados los que andan en la ley de Jehová.”

Antes de comentar la  segunda estrofa, destacaremos dos características muy interesantes del cántico 119: la primera es que en él no existe el diálogo. Dios nunca toma la palabra como en muchos otros salmos, el Señor es un personaje en los labios del orante. La segunda, es que existe una relación de mutuo condicionamiento entre el hombre y su Creador. Esto significa en primer término, que la conducta del hombre es o será una consecuencia de la acción divina, por ejemplo: “abre mis ojos / y miraré (18), “muéstrame tu camino / y lo guardaré” (33). Por otra parte, la conducta de Dios es consecuencia de la conducta del hombre, como se lee: “ me apegué a tus testimonios / Señor, no me avergüences (31), “amo tus decretos/ vivifícame según tu misericordia” (159)

En la segunda estrofa Bet, encontramos una relación muy estrecha entre “corazón”, “labios” y “camino” o conducta (si juntamos los versos 10,11,13,14), que equivalen a nuestra expresión “pensamiento, palabra y obra”. Esta idea es muy rica, pues el corazón representa lo más íntimo de nuestra intencionalidad consciente desde donde nos relacionamos con Dios, y es el sitio donde el justo guarda sus dichos para no pecar contra él.

Los labios, que menciona el salmista, hablan de lo que abunda en el corazón. Hay una idea maravillosa en el verso 13 pues relaciona nuestros labios  con los juicios que salen de la boca de Dios.  Dios comienza el diálogo, enseñando con su boca sus mandamientos; el hombre aprende a recitarlos con sus labios, pues sus estatutos ya han encontrado su lugar en el corazón del justo.

Los versos 14 y 15 hacen referencia a los caminos, o sea a la ética del hombre temeroso de Dios: “Me he gozado en el camino de tus testimonios”, “consideraré tus caminos.” Allí se cierra el círculo y apreciamos cómo el hombre que teme a Jehová es influenciado integralmente por la palabra de Dios. Su efecto redentor comienza en sus pensamientos (corazón), se expresa en sus palabras (labios) y sus obras toman un nuevo sendero (anda en sus caminos). Pensar, hablar y actuar son tres facultades del hombre redimido, que ha sido renovadas por la palabra. De las tres tenemos que hacernos cargo, pues cada uno de nosotros es responsable de ellas. Finalmente, el verso 16 declara que guardar los estatutos de Dios es motivo de grande alegría:

“Me regocijaré en tus caminos; no me olvidaré de tus palabras.” vmsg

EL SALMO CIENTO DIECINUEVE

agosto 11, 2019 § Deja un comentario

Agosto es “el mes de la Biblia” y desde hace varios meses hemos venido escuchando sermones en los cultos vespertinos sobre el salmo 119, y seguiremos haciéndolo hasta agotar todas sus estrofas. Estamos siguiendo el ejemplo de Agustín, quien predicó treinta y dos sermones abordando sus 22 secciones.

Este salmo, sobra decirlo, es el más extenso del salterio con 176 versos y contrasta con el 117 que sólo tiene dos. Está escrito en forma de acróstico tomando como base las 22 consonantes del alfabeto – mejor dicho, del alefato hebreo – dando pie a 22 estrofas, cada una formada por 8 versos. Así, cada una de las estrofas está dedicada a una letra hebrea, y cada una de las palabras iniciales de los versos que la integran comienza con la misma letra, lo cual es ciertamente un hazaña literaria, “un triunfo de la longitud”. (Schökel)

Su tema principal es la ley de Dios, pero dada su extensión y los diversos aspectos que toca, es difícil resumir su contenido y determinar una secuencia de pensamiento. Destacan, sin embargo, dos temas: la exhortación a los hijos de Dios a la vida santa, y la forma de la verdadera alabanza a Dios a través del estudio devoto de la Ley.

En todos sus versos, excepto el 122, hay una continua referencia a la Ley alternando 8 palabras que si bien son sinónimos, cada una de ellas tiene un matiz propio. Estas son: ley, testimonios, preceptos, estatutos, mandamientos, juicios, dichos o palabra y caminos. El salmo 19 es en contraste con éste un elogio a la brevedad, pero la extensión del 119 “de ningún modo deroga el valor del salmo como texto inspirado, ofrecido al rezo y a la meditación.” (Schökel). Diremos por último, que se desconoce quién es el escritor de este luengo poema, pero sí sabemos que es palabra divina. El salmo empieza con una bendición:

Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan.

Con estas palabras, el profeta establece la misma paradoja con que se inicia el Libro de los Salmos: La felicidad, la bienaventuranza no se encuentra en la búsqueda desesperada en toda suerte de caminos del mundo,  sino en la vida que es armoniosa con la ley de Dios. Este es un pensamiento extraño y contrario a la visión e impulsos del hombre impío,  los cuales conducen a su ruina y destrucción pues mientras más se aleje de Dios, más infeliz será.

En estas cuatro líneas iniciales del poema inspirado encontramos dos ideas que enmarcan la felicidad en la vida, las cuales se explican entre sí de manera paralela: a) el que anda en la ley de Dios es el que es íntegro en su camino, y b) quien le busca con todo su corazón, es aquél que guarda sus testimonios.

Una manera muy bendecida de celebrar este mes de la Biblia será leer y  meditar en las 22 estrofas del salmo 119, apropiándonos de él en oración. vmsg

“La ley de su Dios está en su corazón; por tanto sus pies, no resbalarán.”   Salmo 37:31

agosto 4, 2019 § Deja un comentario

Durante muchas generaciones, agosto ha sido celebrado en las iglesias protestantes como “El mes de la Biblia.” Es una época en la que damos gracias a Dios por Su palabra y enfocamos las predicaciones en temas tan importantes como la inspiración, la autoridad, la unidad de la Biblia y en sus excelencias.

Para algunas personas mal informadas, este énfasis resulta inapropiado o cuando menos innecesario, pues piensan que da pie a una especie de idolatría y a fanatismo. A estas personas contestamos que la Biblia no es objeto de adoración ni de superstición, como si se tratara de un libro mágico, de sortilegios, de mensajes ocultos aptos sólo para los “iniciados.”

Por muchos años han existido círculos teológicos de estudiosos de grueso calibre, cuyo propósito ha sido  desvirtuar a la Biblia atacando su inspiración y autoridad, negando su inerrancia para, en una palabra, invalidar su mensaje. El Modernismo ha tenido una tremenda influencia negativa entre las iglesias en el mundo entero, dando espacio hoy día a toda clase de herejías y enseñanzas adulteradas.

Para otros, la Biblia es tan compleja e inaccesible que no se justifica ni siquiera hacer el esfuerzo para conocerla. Prefieren vivir dejando de lado el mensaje de Dios. Para ellos es más cómodo  vivir sin tener en cuenta la revelación que Dios nos da en la Sagrada Escritura.

Efectivamente, vivimos tiempos en que “los hombres andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.” (Ef. 4:17 y 18).

¿Qué tenemos entonces que hacer ante estos escenarios tan confusos? Simplemente volvernos a la Palabra. Escuchar la voz de Dios en ella. Necesitamos por lo tanto conocer lo que la Biblia dice respecto de la Biblia misma, o mejor dicho, lo que Dios nos dice que la Biblia es, a través de Su Palabra inspirada.

El texto que encabeza esta columna afirma que la consecuencia bendita de que la Ley de Dios esté en nuestro corazón, es que nuestros pies no resbalarán. Este es el consejo y la promesa de Dios.

Berith es una iglesia que afirma la verdad de Dios, tal y como se revela en la Biblia, sin añadir ni quitar nada. A esto nos referimos cuando decimos que guardamos y proclamamos la sana doctrina, la pura enseñanza de la Palabra de Dios. Este ha sido nuestro enfoque desde hace treinta y ocho años y con el favor de Dios, lo será siempre. Es nuestro legado y responsabilidad. Esforcémonos más en esto.

Entonces, bien vale la pena dedicar este mes a estudiar para comprender mejor nuestra fe que afirma que la Biblia es la Palabra de Dios, “nuestra regla de fe y conducta.”

EL HÁBITO DE LOS MALOS HÁBITOS

julio 28, 2019 § Deja un comentario

Los hábitos son pequeñas conductas reiteradas que en su conjunto modelan y definen nuestro modo de ser, la manera como nos paramos en este mundo, la forma como participamos en la sociedad. Quienes somos padres, de manera intencional tratamos de formar hábitos buenos y saludables en nuestros hijos para que, una vez asimilados y solidificados  sean una plataforma  positiva para su vida.  Pero no todos los hábitos son buenos; también tenemos malos hábitos.

Nuestros hábitos reflejan nuestros valores y prioridades. Hablan muy fuertemente de quiénes somos. Muestran qué es importante para nosotros y qué no lo es. Dicen qué tan libres, qué tan dueños somos de nosotros mismos.

Si bien los hábitos pertenecen a cada persona, es innegable que todos contribuimos a formar los hábitos de los demás.  Al socializarse,  los hábitos forman un círculo de influencias recíprocas de manera tal que  afectan para bien o para mal, el carácter de los grupos en los que participamos. Por ello es importante reflexionar sobre los hábitos personales propios, pues sin duda están afectando a nuestra familia, vecindad, grupos de trabajo, de estudio, de diversión, pero también a nuestra comunidad de fe, a nuestra iglesia.

Hoy día la tendencia social es  de permisividad, de ambigüedad, de relativismo, de informalidad, de tomar atajos, de tolerancia a la inmoralidad, del mínimo esfuerzo, de la ventaja personal, de la gratificación inmediata. Todos afirmamos tener la razón. No hay criterios ni límites claros. Este ambiente es un gran peligro para cada uno de nosotros y de manera especial para la iglesia. Una pregunta crítica que debemos hacernos es:

¿La iglesia a la que pertenezco está influyendo y santificando mis hábitos personales por efecto de la palabra de Dios, o por el contrario, estoy trayendo a la iglesia mis hábitos mundanos, para contaminarla y alejarla del diseño de Dios para su Iglesia? Debemos estar conscientes de que nuestra forma de ser tiene un impacto inevitable en los demás.

Los hábitos son producto de la reflexión y para deshacernos de los malos hábitos necesitamos revisarlos a la luz de la voluntad de Dios manifestada en su palabra, para realinear nuestra mente y cambiarlos por los que dignifican y edifican a la iglesia.

Si somos impuntuales a los cultos o indiferentes a servir a los demás, si somos negligentes en el estudio y proclamación de la palabra estamos siendo tropiezo para los demás creyentes. Si usamos las artimañas mundanas para lograr nuestros propósitos, si practicamos la mentira y la simulación en nuestras relaciones y otros pecados que ya han quedado atrás, ya  es tiempo de reflexionar y corregir, cambiando esos malos hábitos por otros nuevos que glorifiquen a Dios.

“Hazme vivir en el nombre de tu amor y guardaré el dictamen de tu boca”. Salmo 119,88

julio 21, 2019 § Deja un comentario

La undécima estrofa del salmo 119, versos 81 a 88, es un poema que nos enseña la importancia que tiene la palabra de Dios en nuestra vida diaria. Le invito a que después de leer este editorial – que le servirá como una guía –  también lea y medite hoy mismo en esta estrofa. Su estructura no es compleja:

Comienza con una humilde declaración del orante manifestando su necesidad, porque su alma está desfallecida y sus ojos languidecen por la palabra (promesa), de Dios. Se ve a sí mismo desgastado y quebradizo como un odre viejo, “ahumado” (piel de cabra cosida, pegada y preparada para guardar y transportar líquidos). La imagen no puede ser más desoladora y triste. Sabe que su única esperanza está en aferrase a la promesa que Dios le ha dado de cuidar de él.

Hace entonces dos preguntas: ¿Cuándo, Señor, me consolarás? y, si mis días son cortos, ¿cuándo me harás justicia? A continuación denuncia a sus enemigos, soberbios e inicuos, que le persiguen y con argucias se empeñan en destruirlo. Ellos son el motivo de su angustia. Contra ellos clama por justicia, y hace la primera de sus dos peticiones  en un grito de zozobra: ¡Ayúdame! ¡Líbrame de la maldad y de la violencia de los hombres!

Ya que la palabra de Dios es el tema central de este salmo, y también de la sección que nos ocupa, encontramos aquí una continua referencia a ella: “espero y desfallezco por tu palabra, tus estatutos son verdad, no he dejado tus mandamientos y guardaré los testimonios de tu boca.” También incrimina a sus enemigos, quienes no proceden conforme a la Ley de Dios, contrastando así  la perversidad de ellos con  la justicia del que ora y anhela la palabra divina.

Aparece entonces su última y suprema petición: “Hazme vivir en el nombre de tu amor y guardaré el dictamen de tu boca”. (Biblia de Jerusalén). ¡El poeta quiere vivir! Conoce que la fuente de la vida es Dios y por eso le suplica: ¡Dame la vida! ¡vivifícame por tu misericordia! ¿Qué otro argumento podría presentar ante Dios, diferente al del amor y misericordia que Dios tiene para con sus hijos? Dios escuchó su ruego y le dio vida para que guardra los testimonios salidos de su boca.

Ahora que ya hemos entendido la estructura de este poema sigue, como ya dijimos, leerlo y re-leerlo, orar y meditar en él. Esto es algo que podemos hacer hoy en la tarde antes de venir  al culto vespertino, en el cual haremos una exposición más amplia de este poema inspirado y, con la guía de su Espíritu, descubriremos qué es lo que Dios nos está diciendo en esta porción de la Escritura.

“Bienaventurado el que teme a Jehová y anda en sus caminos” Cántico gradual 128:1

julio 14, 2019 § Deja un comentario

Habiéndonos enseñado el salmista en el cántico 127 que la prosperidad en todos los aspectos  de la vida sólo puede esperarse del favor de Dios, en el 128 nos advierte que quienes deseen participar de sus bendiciones, deben entregarse a Dios con sinceridad de corazón, pues Él nunca defrauda a quienes le sirven así. Lea este pequeño salmo.

El versículo 1 resume el contenido del salmo: La verdadera felicidad es para el hombre que teme a Jehová. Dado que esta felicidad no siempre es perceptible a nuestros ojos, necesitamos entender que para ser felices, lo primero es sabernos protegidos y cuidados bajo las alas de Dios.

Inmediatamente se menciona otro elemento clave: “y anda en sus caminos”, pues temer a Dios y guardar su ley son inseparables. Nuestra vida no tendrá la aprobación de Dios si no guardamos su ley. Esto sólo es posible porque en Cristo Jesús fuimos justificados y tenemos paz con Dios, pero su ley sigue siendo la dulce norma de nuestra vida.

Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien.” De manera contraria a como el mundo define la felicidad, el profeta nos invita a estar contentos con la seguridad de que Nuestro Padre nos sustentará de manera apropiada a través del trabajo de nuestras manos, como dice el salmo 34:10: “ Los leoncillos necesitan y tienen hambre, pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” Así es como seremos bienaventurados y nos irá bien.

Habla después de la bendición tan grande que son la esposa y los hijos. Ella, como una herencia que proviene de Dios (Prov. 19:14), los hijos, fuertes como plantas de olivo. Es así como los justos obtienen frutos de su integridad cuando Dios, por su gracia, les da comida, les hace felices con su esposa e hijos y cuida de ellos. Si este no es el cuadro de su familia, seguramente no es Dios quien ha fallado.

El v. 4 hace una fuerte afirmación: ¡Ciertamente será bendecido el hombre que teme al Eterno! No hay lugar a duda. Dios es fiel.

“Bendígate Jehová desde Sion” es una reafirmación de lo dicho pero añade la memoria del Pacto, pues Sion representa la morada de Dios entre su pueblo. “Veas al bien de Jerusalén. . Sea la paz sobre Israel.” Con estas dos frases finales nos llama a vivir y a experimentarnos como pueblo de Dios, no de  manera individual, pues esta es la forma como Dios se relaciona con su iglesia.