EL OFICIO DE DIÁCONO “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis

febrero 9, 2020 § Deja un comentario

Lección 47. Extracto

Uno de los errores graves que cometemos es el de jerarquizar los oficios en la iglesia. Se piensa con frecuencia que el oficio de anciano gobernante es inferior al de anciano docente o pastor y, para colmo, en muchas iglesias se cree que el diácono está al final de esta jerarquía. Tenemos que cortar de tajo esas ideas que hacen mucho daño a la iglesia. En primer lugar, en la iglesia no existen jerarquías. Eso lo aprendimos del clericalismo. Todos somos iguales a los ojos de Dios y debemos serlo también  a nuestros propios ojos. Sólo existe diversidad de  oficios, porque hay diversidad de dones y de llamados.

El concepto básico del oficio de diácono. Al principio los oficios no estaban diferenciados en la iglesia. Diácono significa “el que sirve” o ministro. Diaconía se traduce como ministerio u oficio. El vocablo es tan amplio, que podemos decir que todos los oficiales de la iglesia son diáconos o servidores, cada uno en su diaconía.

Según el concepto bíblico, los diáconos son un cuerpo de servicio que se encarga de todo lo que no está específicamente asignado a  otros oficiales.

El énfasis espiritual de esta tarea. Como los diáconos se ocupan de varios aspectos materiales, en ocasiones olvidamos que todo lo que hacen por el Señor y por su iglesia tiene un rico trasfondo espiritual. Todo está en función de cumplir con la tarea de la iglesia. Ellos ayudan y atienden  todas las circunstancias del culto para la adoración a Dios. Aunque su trabajo no es precisamente la enseñanza de la palabra (en el sentido formal), toda su labor está en función de su predicación y enseñanza en todas las actividades educativas de la iglesia. Entre sus encargos están: la atención a las necesidades de los miembros de la iglesia, promover las buenas relaciones y llevar la ayuda económica a los más necesitados,  como auténticas expresiones del amor y misericordia de Cristo. Los diáconos también deben con su ejemplo promover la generosidad al ofrendar al Señor, por ser una suprema expresión de espiritualidad del creyente.

Las características sobresalientes del diácono. Como en el caso de los ancianos, también hay requisitos. Algunos de ellos se repiten, otros se expresan de manera diferente, pero también hay algunos especiales. El diácono es alguien de palabra segura, sin doblez. Ellos y sus esposas deben saber controlar la lengua. Pablo, bajo la dirección del Espíritu, pone el carácter de la esposa como un requisito. Entre sus atributos está que sean muy experimentados por lo que “deben primero ser puestos a prueba”.

Este es un oficio esencial para la iglesia. Todos debemos apoyarlos y colaborar con ellos en tantas y tan variadas tareas y actividades que demanda la vida congregacional.

EL ANCIANO GOBERNANTE “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis Lección 46. Extracto

enero 31, 2020 § Deja un comentario

La organización de la iglesia no es  una cuestión práctica para obtener los mejores resultados; tiene que ver con la doctrina que la Biblia enseña sobre qué es la Iglesia, cuál es su misión, y en función de ello, cuál es su organización y  forma de gobierno. La Biblia no nos presenta un “manual o reglamento de gobierno” sino que nos muestra el modelo en las páginas del Nuevo Testamento. De allí deriva el sistema  presbiteriano de gobierno, que se ejerce a través de ancianos o presbíteros, como representantes de la iglesia.

La importante tarea del anciano gobernante. El oficio de anciano es clave; no necesariamente el primordial en el funcionamiento de la iglesia, pues el ministerio de la Palabra siempre es lo esencial. Los ancianos representan a Cristo como Rey y son la autoridad principal en la iglesia. Esta autoridad es derivada, está sujeta a Cristo y no pertenece a ninguna de las personas que ocupan este oficio. La Biblia también los llama “obispos” pues son supervisores de la grey.

El trabajo del anciano es cuidar o, más bien, supervisar el rebaño. El verdadero pastor de la iglesia es el conjunto de ancianos, gobernantes y docentes. El pastoreado es colegiado, se ejerce en conjunto. Tienen la grave responsabilidad de supervisar el alimento, la doctrina que recibe el rebaño en todos sus espacios de enseñanza.

Los ancianos de la iglesia determinan con base en la Palabra quiénes pueden ser admitidos como sus miembros. Es una tremenda responsabilidad admitir (o rechazar), a una persona. Tomar decisiones sobre estos puntos requiere madurez espiritual y sabiduría cristiana. Les corresponde ejercer la disciplina cristiana, siempre con la intención de restaurar al hermano que se haya desviado. Juzgan en casos de dificultades entre miembros. En general, asumen el deber de imponer la disciplina amorosa que convenga a los miembros de la iglesia para favorecer su desarrollo espiritual.

Los exigentes requisitos para el oficio de anciano gobernante. Algunos tiene que ver con su integridad personal: dueño de sí mismo, sobrio, amable, no codicioso, apacible. También requiere tener ciertos atributos: que sea firme en su fe y tenga experiencia, que gobierne bien su casa, que sea apto para enseñar, que retenga la Palabra. Otros tienen que ver con su ambiente social: hospedador, buen testimonio de los de afuera, no  dado al vino, marido de una sola mujer.

Todas estos rasgos son espirituales y debemos ser lo suficientemente valientes en el Señor para poner tales criterios en práctica. Es una falacia pensar que el éxito o astucia en la vida o la simpatía personal son las cualidades deseadas en los candidatos. Los requisitos que la Biblia pone para ser anciano son de carácter y profundamente espirituales.

LA ELECCIÓN DE OFICIALES “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis

enero 26, 2020 § Deja un comentario

Lección 48. Extracto

En esta ocasión no nos referimos a una doctrina, sino a la manera de poner en práctica lo que la Biblia enseña respecto a la iglesia y al papel de sus oficiales. La elección de oficiales es un deber ético pues forma parte de nuestras obligaciones  como miembros de la iglesia local.

Que los oficiales cumplan con sus encargos es en cierto sentido nuestro cumplimiento; si alguno no cumpliere, esto es nuestra responsabilidad y no simplemente algo de lo que  podemos acusarlo. Nosotros cumplimos o fallamos por medio de los oficiales a quienes elegimos para que funcionen a nombre nuestro. Esto no es algo que  podemos tomar a la ligera. Las instrucciones que nos da la Biblia sobre la elección de oficiales son tanto para quienes eligen como para quienes son elegidos.

Tenemos que elegir personas ejemplares. Pablo se puso como ejemplo a los ancianos de Éfeso en cuanto al cumplimiento de su oficio y también mencionó a Apolos. El autor de Hebreos exhorta a los creyentes a que imiten la fe de sus oficiales. Las personas a quienes elijamos deben poder decir con toda honradez: Imítenme en esto. Necesitamos modelos a quienes podamos imitar en su fe, en  su conocimiento y lealtad a la Palabra, su sana doctrina. También en su carácter y vida familiar, en su honradez, prudencia, hospitalidad, en su resistencia a las tentaciones del mundo – “no dados al vino o a las ganancias deshonestas” – en su generosidad, “no avaro”.

Deben estar disponibles y dispuestos a asumir las responsabilidades de su oficio.

 Este es un requisito nos sólo para los ancianos docentes o pastores, quienes manifiestan con convicción su llamamiento y disposición para predicar el evangelio; también es necesario que los ancianos gobernantes y los diáconos tengan ese anhelo de servir y un  firme compromiso.

No tenemos derecho de poner en el oficio a personas que sabemos de antemano que no tienen la capacidad o disponibilidad para cumplir. Si lo hacemos, su incumplimiento será nuestro. No pueden ser candidatos para estos oficios quienes ponen excusas para atender otras prioridades (Luc 9:57-62), quienes dedican el domingo para estar con la familia (olvidando que pueden estar con la familia en la iglesia), ni quienes por razones legítimas están impedidos por ahora para asumir tal responsabilidad. Esta parece ser una situación difícil; sin embargo, tenemos que confiar en que Dios, quien cuida de su iglesia, proveerá los oficiales que necesitamos. Con esta confianza tenemos que orar y buscar los espacios para servir al Señor.

“Rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” Mateo 9.38

HUMILDAD Y GRATITUD Gerald Nyenhuis

enero 20, 2020 § Deja un comentario

Vivimos en una  época del pensamiento positivo y de la autoestima. Se dice que tenemos que pensar en las posibilidades y no en los límites o restricciones. Sobre todo debemos huir del pensamiento negativo y de actitudes derrotistas. Hay que emprender nuestros grandes proyectos con la confianza de que vamos a lograrlos. Tenemos que vivir con la seguridad de que siempre las cosas van a ser mejores. El consejo es bueno y aunque no es absoluto ni incondicional, tenemos que aprender a pensar positivamente acerca de las posibilidades y oportunidades. Los proyectos que no logramos son precisamente los que no emprendemos.

Para el cristiano el concepto de la autoestima es diferente al de los otros. La opinión y  el concepto que tenemos de nosotros nace de la revelación de Dios. Nos medimos, no por nuestra imaginación, ni por nuestros deseos o ambiciones, ni aun por la visión de cómo nos gustaría ser, sino por la revelación de Dios. Esto nos da medidas muy realistas, verdaderas y fidedignas, pero nunca negativas.

Nuestras limitaciones, carencias, deficiencias e imperfecciones son las condiciones con las cuales Dios realiza sus hazañas entre nosotros. Aprendemos lo que decía Pablo cuando afirmaba que el poder de Dios se muestra en nuestra debilidad (II Cor 12:9,10).  Por eso, no vamos a esconder nuestras debilidades y defectos en una especie de autoengaño. Más bien, sabemos que nuestro Dios no está limitado por nuestra pobreza, sea ésta de dinero, de talento, de visión, de capacidad, de imaginación o de empeño.

Entremos, entonces, en muchos proyectos para servir a Dios y a su Iglesia con plena confianza, con una actitud positiva y con seguridad de éxito, sobre todo en los proyectos que sabemos que nuestro Dios quiere que hagamos. Habrá dos resultados seguros y positivos para nosotros:

Primero, meditar en nuestras debilidades  y fallas nos dará humildad. Todos necesitamos una buena dosis de ella. Nuestra humildad caerá bien también a nuestros colaboradores, familiares y amigos. Descubriremos los muchos motivos que tenemos para promover en nosotros la humildad. Es difícil estar orgullosos de nuestras deficiencias y errores. Seremos más sabios y equilibrados.

En segundo lugar, contemplarnos como seres deficientes, inadecuados y dependientes, a la luz de lo que Dios hace en y por nosotros, nos hará más agradecidos. La felicidad es imposible sin la gratitud, pues es uno de sus elementos esenciales. ¡Qué felicidad ver lo que Dios hace por medio de nuestra impotencia: nos convierte en factores poderosos en la realización de sus propósitos! Y ¡qué gratitud sentimos!

Humildad y gratitud: son dos elementos básicos del pensamiento positivo del cristianismo.

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Proverbios 4:18

enero 12, 2020 § Deja un comentario

Este es uno de mis versículos favoritos. Lo escuché por primera vez hace 42 años de labios de un predicador visitante, el Dr. Fernando Vangioni, cuando explicaba cómo fue que Jesús iluminó poco a poco el entendimiento de Nicodemo en cuanto al misterio del nacimiento espiritual, hasta que este sabio llegó a su comprensión plena y a la vida eterna.

Desde entonces lo he usado con frecuencia al exponer el Evangelio de Juan, a partir de los encuentros que  Jesús tuvo con varias personas: Nicodemo, la samaritana, el hombre que nació ciego, el endemoniado gadareno, etc.  Esta es una verdad gloriosa que se cumplió una y otra vez en las vidas de estos personajes tan diferentes y también en las nuestras. El ciego lo expresó de manera irrefutable y asombrosa: “Una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”

En este proverbio encontramos muy importantes enseñanzas. En primer lugar, este texto se escribe en contraste extremo con la senda de los impíos y perversos pues dice a continuación que “el camino de los impíos es como la oscuridad y no saben en que tropiezan”. Luego entonces, nuestro camino es muy diferente, es de luz porque “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en El.”

El evangelista Juan usa la metáfora de la luz en dos sentidos: Uno, en cuanto a lo que es bueno, recto y agradable a los ojos de Dios. La luz también es alegoría de la verdad, y andar en luz significa andar en la verdad. No tengo mayor gozo – dice Juan–  que saber que mis hijos andan en la verdad, andan en luz. Entonces andar en la senda de los justos es caminar en lo que es agradable a Dios y también es amar y andar en Su verdad.

En segundo lugar, al usar la figura de una senda, está implícita la idea de caminar por ella. La vida del cristiano es sin duda un llamado a andar, a no permanecer en un mismo lugar, en un mismo estado, en una misma condición. La Biblia nos insta a “correr con paciencia (perseverancia), la carrera que tenemos por delante.”

Al andar crecemos, nos realizamos y fortalecemos, nos desarrollamos, aprendemos, ensanchamos nuestra visión, somos más, hacemos más. Por esto no podemos ser perezosos ni indolentes, apáticos ni ociosos. “Mira a la hormiga oh perezoso, observa sus caminos y sé sabio”, reza otro proverbio.

Finalmente, la senda de los justos no es un camino sin destino ni un andar sin sentido. ¡No! Tenemos que “andar puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe” y en este año 2020, hemos de seguir avanzando en luz tomados fuertemente por la mano de Dios porque un día en Su Presencia, nuestro día será perfecto.

Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer.   Habacuc 3:1

enero 4, 2020 § Deja un comentario

Esta es una oración que debiéramos elevar continuamente a Dios. Todos anhelamos que la obra de Dios se avive como se aviva el fuego,  y que se haga más y más conocida. Esto anhelamos para nuestra iglesia, queremos ver la gloria de Dios en medio de Berith.

El profeta Habacuc ora de esta manera después de oír la palabra de Dios y de experimentar un temor conmovedor. La palabra le hizo ver los pecados y rebelión de su pueblo. Él, como profeta, llamó al pueblo al arrepentimiento y le anunció que la disciplina de Dios vendría por la cruel mano de los caldeos.  Con sobrada razón sintió temor.

La oración sincera por la salvación y bendición de Dios no se da entre quienes están satisfechos de sí mismos; solamente oran así quienes sienten la necesidad de humillarse ante Dios. Este es el primer paso. Oh Jehová, he oído tu palabra y temí.

Preguntamos ahora, ¿a qué obra de Dios se refiere la petición? ¿cuál es esa obra? La respuesta es simple y directa: Su obra es su pueblo, su Iglesia. Reza el salmo 138: No desampares la obra de tus manos. Dios con frecuencia se refiere a su Iglesia como  su viña, la obra de sus manos. Los creyentes no somos sólo una parte de la humanidad; somos propiedad particular de Dios, la Esposa de Cristo adquirida por Él con su sangre. La Iglesia es la obra de sus manos.

La Iglesia continuamente necesita ser avivada por el Señor. Siempre es necesario que reconozcamos no sólo nuestra necesidad de Dios, sino nuestra propia indignidad, pues somos pecadores. Así es como Dios inicia el avivamiento  de su obra, de su Iglesia en medio de los tiempos.

La frase “en medio de los tiempos” que el profeta repite dos veces, es muy importante. Calvino la explica así: El plan, el ciclo completo de Dios es desde el momento en que Él escogió la raza de Abraham hasta la segunda venida de Cristo, y si lo comparamos con la vida del hombre, la plenitud de su edad corresponde a su madurez colmada.

Entonces, la Iglesia necesita ser avivada en su edad presente, en medio de los tiempos,  en todos los tiempos hasta llegar a su perfección, hasta que Cristo venga. La atención a Su palabra, la fe en Sus promesas y la obediencia a Sus preceptos deben estar no sólo presentes, sino ser aumentadas en el camino que nos conduce al día de Jesús Cristo.

Oramos también porque esta obra de Dios sea conocida por todos, en medio de los tiempos hazla conocer. Berith es prueba y testigo de esa obra de Dios ante nuestra comunidad. Oramos entonces:

¡Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer!

APROVECHANDO BIEN EL TIEMPO

diciembre 29, 2019 § Deja un comentario

“Mirad pues con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.” Efesios 5:15-17

Estas palabras forman parte de las exhortaciones que Pablo hace a los cristianos, haciendo un fuerte contraste con los que “viven con el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios.” La nueva vida del redimido es diferente y procura entonces “despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo.”

El contraste se hace así entre los sabios y entendidos, y los necios e insensatos. Los primeros se definen como los hijos amados, imitadores de Dios que andan en amor; los necios e insensatos son los que habiendo perdido toda sensibilidad por la dureza de su corazón, se entregaron con avidez a toda clase de impureza.

Una reflexión sobre el tiempo, refuerza esta exhortación porque “los días son malos.” Todo alrededor tiende a corrompernos y hacernos caer y es difícil para el justo andar entre tantas espinas y salir ileso. Sólo los redimidos por Cristo, por la gracia de Dios y con una mente renovada por Dios pueden “redimir el tiempo”, aprovechar bien el tiempo.

¡Ah, el tiempo! Esa circunstancia invisible e incontrolable en la que nos movemos y que se escapa como el agua entre nuestros dedos, que pasa y se fue. El tiempo que caprichosamente es a veces tan lento y pesado como cuando estamos enfermos o en espera de buenas noticias, o atorados en el tráfico por horas; a veces el tiempo vuela, cuando las cosas apremian o disfrutamos de momentos de placer. Estas son sólo percepciones nuestras, pero lo cierto es que como escribió Moisés, “acabamos nuestros años como un pensamiento.”

¿Cuál es entonces la clave para aprovechar bien el tiempo? El texto responde y define la sabiduría para vivir: “Seamos entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.” Si sabemos cuál es la voluntad del Señor, tenemos entonces los criterios y entendimientos necesarios para establecer las prioridades en nuestra vida y aprovechar el tiempo; no gastarlo de manera insensata. Su voluntad es agradable y es perfecta.

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”, fue la conclusión de Moisés en el salmo 90. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu Palabra” (Sal. 119:9). Este principio de sabiduría no es sólo para los jóvenes; es para los adultos también.

¿Qué espacios tiene el Señor en tu agenda? ¿Eres puntual? ¿Eres sensible a Su voluntad? ¿Eres sabio? No seamos insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

Así haremos muy buen uso de cada día del año 2020 que Dios en su gracia nos habrá de conceder.

RECIBIENDO EL REINO DE DIOS COMO UN NIÑO

diciembre 22, 2019 § Deja un comentario

Las narraciones de los evangelios son sencillas y accesibles. Cualquier persona puede entenderlas. Esta sencillez es sin duda parte de su belleza y de su encanto. Así los evangelistas relatan sucesos de la vida de Jesús y también muchas de sus parábolas y enseñanzas de manera simple y fácil.

Disfrutemos una vez más el relato del nacimiento del Salvador en el evangelio de San Lucas: “Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”

Esta es una hermosa historia que nuestros niños comprenden, ilustran, escenifican y cantan desde su primera infancia, pero no se trata sólo de una narración linda para que la retengan en su imaginación. Detrás y por encima de esa historia sencilla está el misterio sobrenatural y milagroso del evangelio, del amor inmerecido de Dios para nosotros pecadores, de la encarnación de su Hijo, de su obediencia, muerte, resurrección y ascensión a favor nuestro para que alcancemos la vida eterna en dulce comunión con nuestro Padre Celestial. Esto también debemos aprender y enseñarles. Necesitamos comprender la salvación de Dios en su sentido más amplio y bendito.

Sin embargo, Jesús nos llama a recibir el Reino de Dios como un niño, a que seamos como niños, porque de quienes se hagan como ellos será el Reino de los Cielos. Nos preguntamos entonces, cuál es la diferencia entre nosotros los adultos y los niños, ¿cuáles son las cualidades infantiles que Jesús exalta con estas frases? ¿Cómo reciben ellos el Reino de Dios?

En Mateo 18 Jesús nos enseña que ellos reciben el Reino con humildad, lo cual demanda también de nosotros. Nos dice que los niños son frágiles y susceptibles de tropezar, por lo que nos advierte que no seamos motivo de escándalo para ellos ni los menospreciemos, porque sus ángeles ven siempre el rostro del Padre. Reconozcamos con toda humildad nuestra fragilidad ante Dios.

Pedro echa mano de una metáfora para destacar otra característica de los niños recién nacidos, que necesitan y desean la leche (I Pd 2,2), y nos dice: “Así desead la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.”

Entonces, acerquémonos reverentes al misterio de la Navidad como los niños, con toda humildad, sabedores de nuestra debilidad y con un gran deseo de encontrar en Dios el alimento espiritual que nos hará crecer en el camino de salvación.

Recibamos el don inefable de amor que Dios nos hace en esta Navidad como si fuéramos niños, con profunda humildad y gratitud.

Y el Verbo era Dios Juan 1,1

diciembre 8, 2019 § Deja un comentario

A diferencia de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas que comienzan narrando la historia de Jesús en el entorno humano, con su nacimiento y primeras acciones; Juan en cambio, nos remite a la eternidad desde la primera frase de su prólogo: “En el principio era el Verbo . . . .”

Es lógico que al escribir la historia de cualquier personaje histórico se haga a partir de su familia, del tiempo y lugar donde nació. Esto es lo que hacen los tres primeros evangelistas; pero Juan comienza su narración presentándonos a Jesús desde el ámbito de la eternidad, antes de que naciera, porque ¡Jesús ya existía previamente de que fuera hombre!: “Éste era en el principio con Dios y el Verbo era Dios.”

Esta es la primera clave para leer el evangelio de Juan: Entender y creer que Jesús es Dios. Leer el libro sin asumir esta premisa fundamental nos llevará a lecturas equivocadas, ajenas a la intención y propósito del escritor y de su Autor.

A lo largo de todo este evangelio encontraremos a Jesús pensando, sintiendo, hablando y actuando como Dios y en la conclusión del tratado, Juan hace explícito su propósito al afirmar: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (20,31). Juan nos presenta su libro como un testimonio personal y declara que su testimonio es verdadero (21,24).

A partir de la verdad de que Jesucristo, el Verbo es Dios, Juan evoca la hermosísima imagen de la Creación al parafrasear la primera frase del Génesis: “En el principio (bereshit), Dios creó los cielos y la tierra” y así escribe “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas”.

No sólo nos revela que Jesús, la segunda Persona del trino Dios, es el Creador sino que además declara que “en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (1,4). La Creación es obra del Dios trino y la Vida – en cualquiera de sus acepciones – solamente procede del mismo Dios.

Juan destaca aquí otro principio esencial para comprender la verdad del evangelio: La vida está solamente en Jesucristo porque él es la provisión de Dios para la salvación de los hombres. Con este principio podemos entender sus conversaciones con la samaritana (4,14), con Marta al declarar “el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” (11,25), y muchos episodios más resumidos en su frase: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (14,6).

Nuestra salvación es posible porque Dios en su amor infinito nos dio a su Hijo Unigénito para que en él tengamos la vida eterna. Esto celebramos en la Navidad. Será muy provechoso que en este mes leamos cuidadosamente el evangelio de Juan.

Y aquél Verbo fue hecho carne . . . Juan 1,14

diciembre 1, 2019 § Deja un comentario

Es muy probable que cuando una persona lea por primera vez el prólogo del evangelio según San Juan se sienta confundida al encontrase con la frase “el Verbo” pero, si es un poco paciente, muy pronto se dará cuenta de que este nombre se refiere a Jesucristo. Este evangelio fue escrito en griego y Juan escogió la palabra “Logos” para designar así a Jesús porque es el Verbo, la Palabra encarnada de Dios, porque él vino para darnos a conocer al Padre.

Los cuatro evangelios que tenemos en nuestra Biblia forman un género literario único y cada uno de ellos fue escrito para un público en particular. Mateo escribió para los judíos y comenzó su libro detallando la genealogía de Jesucristo con referencia a Abraham, quien es la cabeza del pueblo de Israel y quien recibió la promesa de salvación de parte de Dios, porque era muy importante demostrar a sus lectores que Jesús el Mesías provenía de la familia de Abraham, y que en él se cumplió dicha promesa. Marcos escribe su evangelio principalmente para los gentiles que vivían en un mundo dominado por los romanos, y lo hace en términos de autoridad, de la autoridad del Hijo de Dios. Lucas es un historiador griego y compañero de Pablo, que recopila y ordena los acontecimientos y enseñanzas de Jesús para que los creyentes en las nuevas iglesias gentiles conozcan el evangelio y crean en Jesucristo. Lucas conecta la genealogía de Jesús con Adán el primer hombre, con la humanidad entera (3,38).

Estos tres primeros evangelios tienen en común el carácter histórico, no necesariamente cronológico de “lo que entre nosotros ha sido ciertísimo”, y por la similitud de sus estructuras se les clasifica como “sinópticos”.

Cuando aparece el evangelio de Juan ya existían los tres anteriores y se asume que los lectores ya cuentan con información previa, por lo que se omiten varios detalles pero, dado que Juan fue el discípulo más cercano a Jesús, nos revela pensamientos, conversaciones y oraciones más íntimas del Maestro. Este evangelio toma la forma de un discurso dirigido a todos los creyentes de fines del primer siglo. Digamos que tiene un carácter universal y por ello utiliza la forma del griego más extendida en el mundo, accesible para judíos y gentiles. El evangelio es para todos.

El Logos, Palabra o Verbo manifiesta la acción reveladora de Dios en su Hijo y también nos hace cercanos a Él, al haberse hecho carne. El prólogo de este evangelio (1, 1-18), resume el contenido del libro y es la clave para la interpretación de cada uno de sus episodios. En los siguientes editoriales vamos a destacar algunas de las principales enseñanzas de esta hermosa y provechosa introducción, en preparación a la celebración del milagro de la encarnación del Hijo de Dios en la noche de la Navidad.