“La Necesidad de Reformar la Iglesia”

octubre 20, 2019 § Deja un comentario

Este es el nombre de un tratado con el que Juan Calvino respondió a las infames acusaciones que en su época se levantaron en contra de la urgente reforma de la Iglesia. El contexto histórico es que Carlos V de Alemania, ante la amenaza que Francia representaba para el Imperio, llamó a la unidad interna y estableció un período breve en el cual los protestantes no sufrirían daño alguno por motivo de diferencias religiosas.

El Papa se indignó y envió una severa protesta al Emperador “por haber puesto a los herejes a un mismo plano con los católico-romanos.” Se convocó entonces a una dieta imperial en Espira en 1544 y fue allí donde Calvino presentó sus argumentos, que tienen que ver con “la substancia entera del cristianismo”, a saber: cómo debe ser Dios adorado y el origen de nuestra salvación.

Añade en seguida tres temas importantísimos: “Los sacramentos, la oración y el gobierno de la iglesia, que fueron instituidos para la conservación de la doctrina.“

La necesidad de reformar la iglesia no se limita a la Reforma del siglo XVI, pues debido a nuestra condición pecaminosa, este es un requerimiento permanente al cual nos llama a velar la Escritura, pues tenemos la tendencia a corromper la Iglesia con criterios, actitudes y prácticas del mundo. Recordemos: “La Iglesia Reformada siempre reformándose según la Palabra de Dios.”

Ahora es oportuno pensar en la necesidad de estar muy vigilantes respecto de uno de estos temas centrales: La reforma del gobierno de la Iglesia, el cual es un tema integrante de la doctrina de la Iglesia. Sobre este particular, Calvino escribe:

“Hemos restaurado el oficio pastoral, según la regla apostólica y según la práctica de la iglesia primitiva, insistiendo en que todos los que gobiernan la iglesia también deben enseñar. Sostenemos que nadie puede continuar en el oficio pastoral sino los que son diligentes en cumplir con sus deberes.

Al seleccionarlos, nuestro consejo ha sido, que más cuidado y espiritualidad deben ejercitarse.

Los cánones antiguos requieren que aquél que va a ser recibido al oficio de obispo o anciano, tendrá que pasar previamente por un examen estricto en cuanto a su manera de vida y doctrina. . . Así como el Espíritu impone sobre todo anciano la necesidad de enseñar, así también en la Iglesia antigua se habría tenido por algo monstruoso nombrar a un obispo que, por la enseñanza, no demostrase que también era pastor.” vmsg

“Mi mente es cautiva de la palabra de Dios”

octubre 13, 2019 § Deja un comentario

El 17 de abril de 1521 Martín Lutero compareció ante la dieta convocada en la ciudad de Worms, Alemania en presencia de Carlos V el Emperador del Sacro Imperio Romano, para responder sobre las ideas y enseñanzas contenidas en sus libros.

Esta era una época en la que la hegemonía del poder político, la unión del imperio, estaba íntimamente relacionada con la autoridad y poder de la religión católica y del papado. Señalar los errores de la iglesia católica y denunciar los vicios del papado eran graves amenazas no sólo para el sistema religioso, sino para la estabilidad de los estados.

Desde muchos años antes, el resurgimiento de las verdades de la Biblia ya había tocado la conciencia y la cátedra de muchos teólogos y profesores de las universidades en Europa. La fecha del 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittemberg, simboliza el principio de la Reforma Religiosa del siglo XVI.

Ese 17 de abril de 1521, Martín pidió el plazo de un día para contestar si se retractaba o no de sus escritos. El día siguiente respondió que sus libros eran de tres diferentes clases:

“Algunos se refieren a la fe y a la vida en forma tan simple y evangélica que si yo renunciara a ellos, sería el único hombre en la tierra que condenara la verdad confesada por igual por amigos y enemigos. Una segunda clase ataca la desolación causada en el mundo cristiano por la mala vida y enseñanza de los papistas, y una tercera clase contiene ataques a individuos particulares; si yo me retractara en estos puntos, abriría una puerta a más tiranía e impiedad.”

Cuando se le pidió que contestara “sencillamente y sin cuernos” si repudiaba o no sus libros y los errores que contenían, respondió: “A menos que se me convenza con las Escrituras y la mera razón, mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo retractarme y no me retractaré de nada, pues ir contra la conciencia no es justo ni es seguro. Dios me ayude. Amén.” Otra versión agrega las palabras: “Hier stehe ich; ich kan nicht anders. Gothelffe mit. Amen.” (Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude).

Lutero escribió a Staupitz, su guía, confesor y amigo: “Ahora no es el momento de tener miedo, ahora tienen valor las palabras del Evangelio: “Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos; y cualquiera que me negare delante de los hombres yo también lo negaré delante de mi Padre.”

¿No es este un maravilloso ejemplo del poderoso testimonio que Dios pone en nosotros, cuando nuestra mente es cautiva de la Palabra de Dios? vmsg

“En el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Epístola de Pablo a los Romanos 1:17

octubre 6, 2019 § Deja un comentario

“Con ardiente anhelo ansiaba comprender la Epístola de Pablo a los Romanos y sólo me lo impedía una expresión: ”la justicia de Dios”, pues la interpretaba como aquella justicia por la cual Dios es justo y obra justamente al castigar al injusto.

Mi situación era que, a pesar de ser un monje sin tacha, estaba ante Dios como un pecador con la conciencia inquieta y no podía creer que pudiera aplacarlo con mis méritos.

Por eso no amaba yo al Dios justo que castiga a los pecadores, sino que más bien murmuraba contra él. Sin embargo me aferré a Pablo y anhelaba con ardiente sed saber qué quería decir.

Reflexioné día y noche hasta que vi la conexión entre la justicia de Dios y la afirmación de que “el justo vivirá por la fe”. Entonces comprendí que la justicia de Dios es aquella por la cual Dios nos justifica en su gracia y pura misericordia. Desde entonces me sentí como renacido y como si hubiera entrado al paraíso por puertas abiertas de par en par.

Toda la Sagrada Escritura adquirió un nuevo aspecto, y mientras antes “la justicia de Dios” me había llenado de odio, ahora se me tornó inefablemente dulce y digna de amor. Este pasaje de la Biblia se convirtió para mí en una entrada al cielo . . .

Si tienes verdadera fe en que Cristo es tu Salvador, ves de inmediato que tienes un Dios lleno de gracia, pues la fe te lleva y te abre el corazón y la voluntad de Dios, para que puedas ver su pura gracia y amor desbordante.

El contemplar a Dios por la fe hace ver su paternal y amistoso corazón, en el cual no hay ira ni aspereza. El que ve a Dios iracundo no le ve como es debido, sino que ve solamente una cortina, una pantalla, como si hubiera echado una nube oscura sobre su cara.”

Dr. Martín Lutero

Die Anfänge von Luthers Christologie
Erich Vogelsang (1929

LA DECLARACIÓN CLÁSICA

septiembre 29, 2019 § Deja un comentario

La “Edad de Oro” de la teología en la Gran Bretaña se dio en el siglo XVII. Los Reformadores asentaron los cimientos de la doctrina bíblica y fueron a su descanso eterno. Las generaciones que siguieron en Inglaterra y Escocia se dedicaron a la tarea de refinar estas afirmaciones doctrinales dándoles sus formulaciones clásicas.

Ninguna de estas expresiones teológicas merece tanto nuestro respeto como la Confesión de Fe de Westminster. El capítulo XI “De la Justificación” es una exposición ejemplar de esta doctrina cardinal. A la letra dice en su primer punto:

“A los que Dios llama de una manera eficaz, también justifica gratuitamente, no infundiendo justicia en ellos sino perdonándolos sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas; no por algo obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo; no por imputarles la fe misma, ni el acto de creer, ni alguna otra obediencia evangélica como su justicia, sino imputándoles la obediencia y satisfacción de Cristo, y ellos por la fe le reciben y descansan en él y en su justicia. Esta fe no la tienen de ellos mismos. Es un don de Dios.” Notemos ahora los puntos básicos de esta declaración:

a) Dios en su soberanía llama eficazmente a los que han de ser salvos y los justifica gratuitamente por su gracia.

b) La Justificación consiste en perdonar sus pecados, contando y aceptando sus personas como justas.

c) La Justificación es la imputación que Dios hace al creyente de la obediencia y satisfacción de Cristo. Somos justificados por los solos méritos de Cristo.

d) Ninguna otra cosa tiene mérito alguno; solamente la obra de Cristo en su vida y en su muerte.

e) El medio por el cual un pecador recibe la justicia de Cristo es la fe, la cual es el único instrumento de justificación

f) Más aun, la fe verdadera por la que somos justificados es un don de Dios.

Este editorial es apenas un esbozo de la verdad que los teólogos de Westminster declararon sobre la doctrina de la Justificación, enfatizando que ésta se obtiene por la fe sola. Con ello, respaldaron completamente la convicción de Lutero y de otros Reformadores, y difieren fundamentalmente de la enseñanza católico romana sobre la Justificación.

Hay muchas otras declaraciones importantes en la Confesión de Fe de Westminster respecto a la justificación y a las grandes verdades reveladas en la Biblia. Siempre es de gran provecho estudiar este documento para nutrir y fortalecer nuestra fe.

vmsg

“Dios es Nuestro Amparo y Fortaleza.” Salmo 46:1

septiembre 22, 2019 § Deja un comentario

Seguimos visitando algunos de los pasajes de la Biblia que fueron y son centrales tanto en el redescubrimiento como en la proclamación y defensa de las verdades del Evangelio durante la Reforma del siglo XVI. Ahora consideramos el Salmo 46, en el cual Martín Lutero encontró inspiración para crear el himno más emblemático de esa época: “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” – Ein’ feste Burg ist unser Gott.

El poeta Heinrich Heine dice que este himno fue cantado por Lutero y sus compañeros mientras entraban a Worms el 16 de abril de 1521 para asistir a la dieta en la cual Lutero debía confirmar o negar sus escritos. Otros afirman que fue un tributo de Lutero a su amigo Leonhard Kaiser, mártir protestante ejecutado el 16 de agosto de 1527. También fue cantado en 1530 en Augsburgo en la dieta donde se presentaron las confesiones de la fe Reformada ante el Emperador, y en muchas otras ocasiones más cuando se proclamó y defendió la verdad revelada en la Biblia. El más antiguo himnario existente en que aparece este himno es el de Andreas Rauscher (1531).

El testimonio denodado de la verdad del Evangelio requería valor y fortaleza ante las amenazas y violencia que sufrieron los creyentes a causa de su fe. ¿En dónde encontrar esa fuerza? Lutero volvió una vez más sus ojos a la Escritura para encontrar el amparo en la fidelidad de Dios, en el salmo 46.

Este salmo tiene tres tiempos, tres estrofas. Cada una de ellas termina con la frase “Jehová de los Ejércitos (Jehová Sabaoth), está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob”, vv 7 y 11 (Algunos autores introducen este frase también al final del v. 4, lo cual es perfectamente congruente con la estructura del poema). Después de cada estrofa aparece la palabra selah – pausa – para reflexionar. El tema central del salmo es que por cuanto Dios, el protector y defensor de su pueblo, está con nosotros, ¡No temeremos!

El primer tema (vv 1-4) se describe como el caos total, el orden subvertido. Crisóstomo escribe: “Aunque veamos revolverse todo, una turbación insoportable, cosas que jamás habían sucedido, la entera creación reventando . . . . los elementos trastocados . . . no temeremos.” El segundo tempo (vv 5 a 7), plantea en contraste un escenario de paz y bendición en la ciudad donde está la morada del Altísimo. Ante el trueno de Dios, se tambalea la tierra, pero su pueblo está guardado por él. La tercera estrofa (9 a 11), nos invita a contemplar las obras de Jehová y a reconocer que él es Dios; nos recuerda que el Señor será exaltado en todas las naciones en la tierra.

El himno de Lutero expresa las angustias, luchas y peligros propios del momento: “Demonios prontos a devorarnos, pérdida de los bienes, de los hijos y de la mujer”, pero afirma triunfal que el reino de Dios permanece para siempre. “Jehová de los Ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.”

¡MI MÉXICO, MI MÉXICO!

septiembre 15, 2019 § Deja un comentario

Hoy celebramos el 209 aniversario del inicio del  movimiento de la independencia nacional. Este hecho hace vibrar nuestro corazón como mexicanos, pues México es el lugar en donde Dios nos puso para servirle y es nuestra Patria amada.

No podemos ni debemos desligar nuestra ciudadanía como hijos del Reino de los Cielos de nuestra identidad como mexicanos; necesitamos estar muy conscientes de las circunstancias de nuestro país, pues es aquí donde pertenecemos y es aquí donde Dios quiere que seamos un testimonio poderoso de su gracia salvadora.

Es entonces oportuno recordar un himno antiguo propio del pueblo cristiano, que solíamos cantar hace no muchos años, el cual expresa nuestro profundo deseo de que la gracia de Dios cubra por completo nuestra patria:

“Un cielo tiende sobre ti

Su manto azul turquí.

Dos mares cantan tu loor

¡Oh Patria de mi amor!

Mi México, mi México,

¡Bendígate el Señor!

Su gracia dé hasta rebosar

Del uno al otro mar.”

Estamos orgullosos de nuestra gente, de nuestra cultura e historia, del arte, de la comida, de la música mexicana. Honramos a los hombres y mujeres que a lo largo de muchos siglos han luchado y luchan en diferentes campos, por hacer de México un país más noble, más rico, más justo. Asumimos la responsabilidad de cooperar cada día en este esfuerzo, con lo mejor de nosotros mismos. El haber conocido la salvación de nuestro Dios, y por ser ahora parte de Su pueblo, nos impone un deber sagrado respecto de nuestros compatriotas: Anunciarles  el evangelio de Salvación en Cristo.

Entonces, al mismo tiempo que damos gracias a Dios por nuestro México, oramos fervientemente y nos esforzamos porque Su luz y verdad resplandezcan cada día más en nuestro pueblo, en su gobierno, en toda la extensión del territorio nacional. El lugar en donde principalmente hemos de hacer venir el Reino tiene un nombre: México, y es un lugar maravilloso.

Es en nuestros hogares, comunidades, pueblos y ciudades, en los centros de trabajo y estudio, donde nuestro empeño y testimonio fiel se requieren.

La misión de Berith es “promover el Reino de Cristo en todas las esferas de la vida humana, haciendo  impacto en la cultura mexicana, transformándola con los valores del Reino de Cristo. . .  desarrollando para este fin un profundo ministerio de la Palabra.”

 Mi México, mi México, ¡Bendígate el Señor!

vmsg

“MAS EL JUSTO POR SU FE VIVIRÁ.” Habacuc 2:4

septiembre 15, 2019 § Deja un comentario

Esta palabra de Habacuc su hizo famosa en la Reforma por su interpretación apostólica en los pasajes de Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38. Léalos antes de seguir.

La tremenda verdad de la justificación por  la fe es la enseñanza crucial de la Reforma, es la respuesta que el pecador necesita para tener paz con Dios. El hombre no puede justificarse ante Dios; necesita ser justificado en Cristo por medio de la fe y es Dios mismo quien pone esa fe salvadora en el corazón del creyente.

En referencia a este texto de Habacuc  leemos en  Romanos 1:17:  “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” Así lo comprendió Lutero al leer la Biblia,  y trajo de nuevo esta verdad al corazón de la iglesia en una proclamación gloriosa llena de luz y de esperanza para el mundo entero.

Pero preguntamos, ¿cómo, en qué contexto es que Habacuc pronunció estas palabras? ¿con qué intención? La frase completa establece un contraste y dice: He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

Habacuc profetiza en Judá en la época de Jeremías cuando aún no había caído Jerusalén en poder de los babilonios. Su profecía, en un diálogo con el Señor, tiene tres partes: En la primera, el profeta pide a Dios que reprenda y corrija a Judá a causa de su pecado. Dios contesta diciendo que traerá a una nación fiera y despiadada para hacer que su pueblo se vuelva a Él; en la segunda, habla Dios de su juicio sobre esa nación, la de los caldeos; y termina  con un cántico de oración y alabanza.

En su segunda parte, cuando habla de los impíos enemigos que confían en sí mismos, hace el contraste que leemos en nuestro texto: “El alma del soberbio no es recta y no prevalecerá, lleva en sí misma la semilla de la destrucción; pero el justo por la fe vivirá”. Eso significa que los que confían en Dios y en sus promesas gozarán de la vida. Esa confianza en Dios tiene que ver con el hombre de manera integral: sus pensamientos, palabras, hechos, doctrinas y vida, fe y práctica. Solamente así vivirá el justo por su fe.

La perfecta salvación, la paz con Dios no se obtiene con obras o méritos humanos; es una bendición que recibimos de Dios por la fe. vmsg

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