“Bienaventurado el que teme a Jehová y anda en sus caminos” Cántico gradual 128:1

julio 14, 2019 § Deja un comentario

Habiéndonos enseñado el salmista en el cántico 127 que la prosperidad en todos los aspectos  de la vida sólo puede esperarse del favor de Dios, en el 128 nos advierte que quienes deseen participar de sus bendiciones, deben entregarse a Dios con sinceridad de corazón, pues Él nunca defrauda a quienes le sirven así. Lea este pequeño salmo.

El versículo 1 resume el contenido del salmo: La verdadera felicidad es para el hombre que teme a Jehová. Dado que esta felicidad no siempre es perceptible a nuestros ojos, necesitamos entender que para ser felices, lo primero es sabernos protegidos y cuidados bajo las alas de Dios.

Inmediatamente se menciona otro elemento clave: “y anda en sus caminos”, pues temer a Dios y guardar su ley son inseparables. Nuestra vida no tendrá la aprobación de Dios si no guardamos su ley. Esto sólo es posible porque en Cristo Jesús fuimos justificados y tenemos paz con Dios, pero su ley sigue siendo la dulce norma de nuestra vida.

Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien.” De manera contraria a como el mundo define la felicidad, el profeta nos invita a estar contentos con la seguridad de que Nuestro Padre nos sustentará de manera apropiada a través del trabajo de nuestras manos, como dice el salmo 34:10: “ Los leoncillos necesitan y tienen hambre, pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” Así es como seremos bienaventurados y nos irá bien.

Habla después de la bendición tan grande que son la esposa y los hijos. Ella, como una herencia que proviene de Dios (Prov. 19:14), los hijos, fuertes como plantas de olivo. Es así como los justos obtienen frutos de su integridad cuando Dios, por su gracia, les da comida, les hace felices con su esposa e hijos y cuida de ellos. Si este no es el cuadro de su familia, seguramente no es Dios quien ha fallado.

El v. 4 hace una fuerte afirmación: ¡Ciertamente será bendecido el hombre que teme al Eterno! No hay lugar a duda. Dios es fiel.

“Bendígate Jehová desde Sion” es una reafirmación de lo dicho pero añade la memoria del Pacto, pues Sion representa la morada de Dios entre su pueblo. “Veas al bien de Jerusalén. . Sea la paz sobre Israel.” Con estas dos frases finales nos llama a vivir y a experimentarnos como pueblo de Dios, no de  manera individual, pues esta es la forma como Dios se relaciona con su iglesia.

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¿QUÉ SIGNIFICA AMAR A DIOS?

junio 29, 2019 § Deja un comentario

Amar a Dios es nuestro primero y más alto deber en la vida. Tenemos el deber de amar a todos aquellos que nos rodean: Nuestros padres,  los miembros de la familia, nuestros amigos y aun a nuestros enemigos; pero incuestionablemente la Biblia  nos enseña que debemos amar a Dios antes que a cualquiera otra persona.

Jesús Cristo fue muy claro en este punto cuando le preguntaron ¿cuál es el primer mandamiento? El Señor respondió: “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Por lo tanto, nuestra primera responsabilidad en la vida es hacer lo que Dios requiere de nosotros. Así es como ponemos en práctica nuestro amor por Dios. Jesús dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Es así  como debemos vivir. Nuestros placeres propios o las demandas de otras personas nunca deben ocupar el primer lugar. Aun aquellos a quienes amamos más, deben estar en un segundo término en el orden de nuestras prioridades. Adán se equivocó cuando hizo lo que su mujer le pedía, sabiendo que iba en contra de la voluntad de Dios. Cristo a la edad de doce años hizo lo correcto cuando antepuso la voluntad de su Padre a sus obligaciones con José y María: ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? 

 Esta es entonces la única perfecta ley para vivir: Amar a Dios en primer lugar y buscar agradarle en el orden de nuestras vidas. Con estos principios en mente, los redactores de la Confesión de  Westminster escribieron las famosas palabras: “El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre?”

Por esta razón, todos los que deseen agradar a Dios y glorificarle deben revisar cuidadosamente sus vidas, y pedir la ayuda de Dios para reformar y reordenar su estilo de vida y prioridades para poner en primer lugar lo que Dios pide de ellos. Amar a Dios no es la prioridad para muchos, la mayoría de la gente vive sin tomar en cuenta a Dios, ni lo que Dios demanda del hombre.

Por todo esto, hagamos lo  necesario para grabar en nuestras mentes la seriedad del deber que tenemos de amar a Dios. Cuando lo hagamos, nos daremos cuenta de cuánta maldad hay en la sociedad, y cuán lejos estamos nosotros de amar a Dios como Él lo demanda, si es que creemos verdaderamente en el Señor Jesús Cristo.

Consideremos la naturaleza del amor de Dios, la evidencia de ese amor en nuestras vidas, su importancia por tratarse de un deber cristiano y cómo expresamos este amor divino en nuestro diario vivir.

Maurice Roberts

“¡Corred de tal manera que obtengáis el premio!” I Corintios 9:24

junio 23, 2019 § Deja un comentario

En esta porción de la segunda carta a los corintios, el apóstol Pablo viene argumentando sobre sus derechos como apóstol y menciona que en la proclamación del evangelio, tanto el que predica como los que escuchan, son participantes de este privilegio de fe.  La vida cristiana implica ciertos deberes y actitudes que Pablo explica utilizando algunas  metáforas deportivas:

Así como en el caso de los que compiten en la arena sólo es coronado el que llega en primer lugar a la meta, no hay razón para que ningún creyente pueda sentirse satisfecho consigo mismo en la carrera prescrita por el evangelio, a menos que persevere hasta el fin.

Hay una diferencia entre nuestra carrera y la de los atletas, pues en tanto que en su caso sólo hay un ganador que recibe la palma, nuestra carrera es superior porque muchos lograremos la victoria en Cristo. Dios sólo requiere de nosotros que seamos fieles hasta la muerte para recibir la corona de la vida. Los cristianos nos ayudamos y estimulamos mutuamente en esta carrera.

Entonces viene la exhortación: “¡Corred de tal manera que obtengáis el premio!” Crisóstomo lo expresa así: “No se detengan hasta que hayan alcanzado la meta, perseveren y sigan la carrera durante toda su vida”.

Ahora Pablo nos explica cómo es que debemos perseverar, tomando el ejemplo de los pugilistas: “Todo aquél que lucha de todo se abstiene”  y añade un argumento que va de menor a mayor, cuando agrega: “ellos, a la verdad, para obtener una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.” Esta es sin duda una referencia a la disciplina, porque la carrera cristiana se desarrolla en la libertad de la Ley de Dios. “El que lucha como atleta no es coronado si no lucha legítimamente”. (II Tim. 2:5)

Refiriéndose a la segura esperanza que le anima, el apóstol dice: “Yo, por tanto corro así; no a la deriva, sin un rumbo fijo, pues no quiero perder de vista la meta. Tampoco me entreno tirando golpes al vacío; lo que hago es entrenar mi cuerpo para fortalecerlo y dominarlo.” Hay una meta y una forma de alcanzarla y ambas han sido establecidas por Dios.

¡Qué inmenso privilegio y qué importante llamado tenemos ante este mandato del Señor! Dios quiere que nos esforcemos en la nueva vida victoriosa en Cristo y no que simplemente estemos a la expectativa de lo que ocurra, sin rumbo ni meta.

Su voluntad es que “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe.”

Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer.   Habacuc 3:1

junio 16, 2019 § Deja un comentario

Esta es una oración que debiéramos elevar continuamente a Dios. Todos anhelamos que la obra de Dios se avive como se aviva el fuego,  y que se haga más y más conocida. Esto anhelamos para nuestra iglesia, queremos ver la gloria de Dios en medio de Berith.

El profeta Habacuc ora de esta manera después de oír la palabra de Dios y de experimentar un temor conmovedor. La palabra le hizo ver los pecados y rebelión de su pueblo. Él, como profeta, llamó al pueblo al arrepentimiento y le anunció que la disciplina de Dios vendría por la cruel mano de los caldeos.  Con sobrada razón sintió temor.

La oración sincera por la salvación y bendición de Dios no se da entre quienes están satisfechos de sí mismos; solamente oran así quienes sienten la necesidad de humillarse ante Dios. Este es el primer paso. Oh Jehová, he oído tu palabra y temí.

Preguntamos ahora, ¿a qué obra de Dios se refiere la petición? ¿cuál es esa obra? La respuesta es simple y directa: Su obra es su pueblo, su Iglesia. Reza el salmo 138: No desampares la obra de tus manos. Dios con frecuencia se refiere a su Iglesia como  su viña, la obra de sus manos. Los creyentes no somos sólo una parte de la humanidad; somos propiedad particular de Dios, la Esposa de Cristo adquirida por Él con su sangre. La Iglesia es la obra de sus manos.

La Iglesia continuamente necesita ser avivada por el Señor. Siempre es necesario que reconozcamos no sólo nuestra necesidad de Dios, sino nuestra propia indignidad, pues somos pecadores. Así es como Dios inicia el avivamiento  de su obra, de su Iglesia en medio de los tiempos.

La frase “en medio de los tiempos” que el profeta repite dos veces, es muy importante. Calvino la explica así: El plan, el ciclo completo de Dios es desde el momento en que Él escogió la raza de Abraham hasta la segunda venida de Cristo, y si lo comparamos con la vida del hombre, la plenitud de su edad corresponde a su madurez colmada.

Entonces, la Iglesia necesita ser avivada en su edad presente, en medio de los tiempos,  en todos los tiempos hasta llegar a su perfección, hasta que Cristo venga. La atención a Su palabra, la fe en Sus promesas y la obediencia a Sus preceptos deben estar no sólo presentes, sino ser aumentadas en el camino que nos conduce al día de Jesús Cristo.

Oramos también por que esta obra de Dios sea conocida por todos, en medio de los tiempos hazla conocer. Berith es prueba y testigo de esa obra de Dios ante nuestra comunidad. Oramos entonces:

¡Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer!

EL SERMÓN EN PENTECOSTÉS

junio 9, 2019 § Deja un comentario

Shavuot, Sucot y Pésaj eran las tres grandes festividades de peregrinación en que el pueblo subía a Jerusalén con gran alegría y regocijo. Fue precisamente durante la celebración de la primera, llamada también Pentecostés – 50 días después de Pésaj – que el Espíritu de Dios se derramó sobre “toda carne”. Pedro y los apóstoles predicaron por primera vez bajo la influencia directa del Santo Espíritu, de manera tal que los residentes en Jerusalén y los visitantes de muchas regiones entendieron el mensaje de Dios en sus propias lenguas. Fue un milagro divino de comunicación.

Tres mil personas recibieron el mensaje y fueron bautizadas en ese día. Nos preguntamos: ¿Cuál fue el mensaje de Pedro? ¿qué dijo para que tantas personas se añadieran a la iglesia en esa ocasión? ¿Por qué su mensaje fue tan poderoso?

Notamos con admiración que es un sermón sustentado íntegra y cabalmente en la Palabra, basándose en tres porciones de la Escritura:

En primer lugar, afirma que ese milagro es cumplimiento de la profecía de Joel 2:28-32: “En aquellos días derramaré mi Espíritu sobre toda carne.” Esto habla de la autoridad, propósito y fidelidad de Dios, quien siempre cumple sus designios y llama a todos a invocar el Nombre del Señor para ser salvos.

A continuación afirma que Jesús, varón aprobado por Dios entre el pueblo con maravillas, prodigios y señales, fue crucificado y muerto por ellos, según el anticipado consejo de Dios, pero Dios le resucitó, porque la muerte no podía retenerle. Nuevamente refuerza su argumento con la Palabra profética, citando el salmo 16 de David: “No permitirás que tu Santo vea corrupción.” Se nota la  intencionalidad de Dios y su firme resolución de efectuar la salvación por medio de Cristo.

Su siguiente declaración es muy poderosa: A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, ¡Dios le ha hecho Señor y Cristo! Para ello, invoca el salmo 110: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” ¡Jesús es el Señor!

Ante tan ardientes declaraciones de Dios, se compungieron de corazón (sintieron punzadas), tuvieron gran remordimiento (algo que muerde) y clamaron: Varones, hermanos, ¿qué haremos? Sobra decir que esta es la obra del Santo Espíritu.

La respuesta para ellos, y también para nosotros, sigue siendo: ”Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

 ¡Esta Palabra poderosa, la espada del Espíritu, es la que siempre necesitamos oír y predicar en Berith! ¡Es poder de Dios para salvación!

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

mayo 31, 2019 § Deja un comentario

La ascensión es, inexplicablemente, un evento en el que no hemos puesto la debida atención. Cada año, reflexionamos seriamente en  los acontecimientos de la semana mayor, contemplando absortos las manifestaciones y enseñanzas de Jesús en sus últimos días, antes de ir a la cruz. También nos detenemos con profunda reverencia ante el misterio de su muerte vicaria en el Calvario para nuestra redención y finalmente, alabamos a Dios desde  el fondo de nuestro corazón al celebrar la resurrección gloriosa del Salvador. ¡Ciertamente la resurrección de Cristo es un motivo de gran gozo! Es el fundamento y sustento de nuestra fe y afianzamos así nuestra esperanza de estar con Cristo en los cielos. La Resurrección de Cristo trae sentido y propósito a nuestra vida. ¡Gloria a Dios!

Pero, ¿qué ocurrió después de esto? ¿hay algo más que debamos saber respecto a nuestra salvación en los poderosos hechos que  Dios obró  durante los cuarenta días siguientes en esta historia?

La Biblia nos enseña que la vida terrenal de Jesús se extendió por cuarenta días más  después  de su resurrección pero, a partir de ella encontramos a Jesús glorificado: Su mensaje es ahora para los suyos exclusivamente, el cuerpo del Hijo del Hombre ya no es el mismo que antes. Su momentum es diferente.

En estos cuarenta días Jesús habló a sus apóstoles “acerca del Reino.” No conocemos en detalle estas conversaciones, pero sí podemos señalar aspectos muy gloriosos que nos revela Lucas en “Los Hechos de los Apóstoles”:

En primer lugar, dio mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. Ya que se refiere a ellos como “apóstoles” (enviados), es muy probable que estos mandamientos tuvieran que ver con su misión. Después dio un fuerte testimonio de su resurrección con “muchas pruebas indubitables”, pues tenían que estar convencidos de que había resucitado, de que era Él mismo. El evangelio relata que entonces “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.”

En tercer lugar, les aseguró que el Padre cumpliría Su promesa de bautizarles en el Espíritu Santo. Más adelante les dijo que cuando recibieran este poder, serían testigos suyos “hasta lo último de la tierra.”   Es un preludio al Pentecostés.

Lucas dice en su evangelio que entonces Jesús caminó con ellos hasta Betania, les bendijo y ascendió con su cuerpo glorificado a los cielos y “desde allí intercede por nosotros.” Aquí hay otra inmensurable bendición  para todo creyente: Dios prometió, por medio de aquellos varones en vestiduras blancas, que ¡Cristo vendrá otra vez “así como le habéis visto ir al cielo.”

“El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!, y el que oye, diga: ¡Ven! Ciertamente vengo en breve. Amén; sí ven Señor Jesús.”

LA IGLESIA LOCAL Y SU ORGANIZACIÓN Gerald Nyenhuis

mayo 26, 2019 § Deja un comentario

La organización y el gobierno de la Iglesia local están en función de cumplir con la tarea que el Señor y Dueño mismo de la iglesia le asignó. Toda organización, todo ejercicio de autoridad, todo gobierno en la iglesia tienen que estar orientados a cumplir con su misión como iglesia.

Una iglesia local que no tenga organización ni gobierno no podrá realizar sus tareas ni durar como iglesia. Para tener la organización y el gobierno correctos, es necesario que hablemos de la naturaleza de la iglesia local.

La iglesia local es una institución logocéntrica, esto es, existe por la Palabra y para la Palabra; si no hay Palabra en la iglesia, no tiene base ni razón para existir. Lo central en la iglesia local, tanto para su existencia como para cumplir con su razón de existir, es el ministerio de la Palabra; de otra manera no sirve como iglesia.

La iglesia local reconoce la autoridad de Cristo; no son sus miembros quienes dan autoridad a Cristo, pues Él es su Rey. Una iglesia local es una asociación de creyentes, comprados por precio, quienes reconocen la soberana autoridad de Cristo en toda su vida, tanto en los asuntos de lo que creen (doctrina), como en lo que hacen (su ética). El señorío de Cristo es lo que distingue a la iglesia local de otras instituciones.

Los cristianos aceptamos que Cristo es la suprema autoridad en la iglesia y que la Biblia es la expresión de esa autoridad, pero el problema está en determinar cómo es que Cristo ejerce su imperio en la iglesia. Aunque Cristo no entrega su autoridad a ningún ser humano, sin embargo ejerce su autoridad por medios humanos.

Cristo rige en la iglesia por medio de su Espíritu y de su Palabra. Cuando un siervo del Señor, cumpliendo con su llamamiento, expresa, repite, interpreta  y aplica bien la Palabra de Cristo, vemos que la autoridad de Cristo está siendo ejercida por medios humanos, pero la autoridad sigue siendo de Cristo; no del ser humano. El Espíritu de Cristo está funcionando en todo el proceso, especialmente en el que oye, a fin de que reconozca la voz de Cristo en las palabras que escucha.

Ahí encontramos la radical importancia de la fidelidad a la Palabra de Dios en toda predicación y enseñanza en la iglesia local. Sólo a través de la fiel exposición del pensamiento de Cristo, Él efectivamente reinará o gobernará en la iglesia local, en nuestra iglesia. Así seremos bendecidos.

Nuestra tarea es estudiar la Biblia para que aprendamos los principios enseñados en ella y tengamos las bases para formar nuestro modelo de organización y gobierno de la iglesia, y además, vivamos en bienaventurada sujeción a la santa voluntad de Dios.