“Dios es Nuestro Amparo y Fortaleza.” Salmo 46:1

septiembre 22, 2019 § Deja un comentario

Seguimos visitando algunos de los pasajes de la Biblia que fueron y son centrales tanto en el redescubrimiento como en la proclamación y defensa de las verdades del Evangelio durante la Reforma del siglo XVI. Ahora consideramos el Salmo 46, en el cual Martín Lutero encontró inspiración para crear el himno más emblemático de esa época: “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” – Ein’ feste Burg ist unser Gott.

El poeta Heinrich Heine dice que este himno fue cantado por Lutero y sus compañeros mientras entraban a Worms el 16 de abril de 1521 para asistir a la dieta en la cual Lutero debía confirmar o negar sus escritos. Otros afirman que fue un tributo de Lutero a su amigo Leonhard Kaiser, mártir protestante ejecutado el 16 de agosto de 1527. También fue cantado en 1530 en Augsburgo en la dieta donde se presentaron las confesiones de la fe Reformada ante el Emperador, y en muchas otras ocasiones más cuando se proclamó y defendió la verdad revelada en la Biblia. El más antiguo himnario existente en que aparece este himno es el de Andreas Rauscher (1531).

El testimonio denodado de la verdad del Evangelio requería valor y fortaleza ante las amenazas y violencia que sufrieron los creyentes a causa de su fe. ¿En dónde encontrar esa fuerza? Lutero volvió una vez más sus ojos a la Escritura para encontrar el amparo en la fidelidad de Dios, en el salmo 46.

Este salmo tiene tres tiempos, tres estrofas. Cada una de ellas termina con la frase “Jehová de los Ejércitos (Jehová Sabaoth), está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob”, vv 7 y 11 (Algunos autores introducen este frase también al final del v. 4, lo cual es perfectamente congruente con la estructura del poema). Después de cada estrofa aparece la palabra selah – pausa – para reflexionar. El tema central del salmo es que por cuanto Dios, el protector y defensor de su pueblo, está con nosotros, ¡No temeremos!

El primer tema (vv 1-4) se describe como el caos total, el orden subvertido. Crisóstomo escribe: “Aunque veamos revolverse todo, una turbación insoportable, cosas que jamás habían sucedido, la entera creación reventando . . . . los elementos trastocados . . . no temeremos.” El segundo tempo (vv 5 a 7), plantea en contraste un escenario de paz y bendición en la ciudad donde está la morada del Altísimo. Ante el trueno de Dios, se tambalea la tierra, pero su pueblo está guardado por él. La tercera estrofa (9 a 11), nos invita a contemplar las obras de Jehová y a reconocer que él es Dios; nos recuerda que el Señor será exaltado en todas las naciones en la tierra.

El himno de Lutero expresa las angustias, luchas y peligros propios del momento: “Demonios prontos a devorarnos, pérdida de los bienes, de los hijos y de la mujer”, pero afirma triunfal que el reino de Dios permanece para siempre. “Jehová de los Ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.”

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¡MI MÉXICO, MI MÉXICO!

septiembre 15, 2019 § Deja un comentario

Hoy celebramos el 209 aniversario del inicio del  movimiento de la independencia nacional. Este hecho hace vibrar nuestro corazón como mexicanos, pues México es el lugar en donde Dios nos puso para servirle y es nuestra Patria amada.

No podemos ni debemos desligar nuestra ciudadanía como hijos del Reino de los Cielos de nuestra identidad como mexicanos; necesitamos estar muy conscientes de las circunstancias de nuestro país, pues es aquí donde pertenecemos y es aquí donde Dios quiere que seamos un testimonio poderoso de su gracia salvadora.

Es entonces oportuno recordar un himno antiguo propio del pueblo cristiano, que solíamos cantar hace no muchos años, el cual expresa nuestro profundo deseo de que la gracia de Dios cubra por completo nuestra patria:

“Un cielo tiende sobre ti

Su manto azul turquí.

Dos mares cantan tu loor

¡Oh Patria de mi amor!

Mi México, mi México,

¡Bendígate el Señor!

Su gracia dé hasta rebosar

Del uno al otro mar.”

Estamos orgullosos de nuestra gente, de nuestra cultura e historia, del arte, de la comida, de la música mexicana. Honramos a los hombres y mujeres que a lo largo de muchos siglos han luchado y luchan en diferentes campos, por hacer de México un país más noble, más rico, más justo. Asumimos la responsabilidad de cooperar cada día en este esfuerzo, con lo mejor de nosotros mismos. El haber conocido la salvación de nuestro Dios, y por ser ahora parte de Su pueblo, nos impone un deber sagrado respecto de nuestros compatriotas: Anunciarles  el evangelio de Salvación en Cristo.

Entonces, al mismo tiempo que damos gracias a Dios por nuestro México, oramos fervientemente y nos esforzamos porque Su luz y verdad resplandezcan cada día más en nuestro pueblo, en su gobierno, en toda la extensión del territorio nacional. El lugar en donde principalmente hemos de hacer venir el Reino tiene un nombre: México, y es un lugar maravilloso.

Es en nuestros hogares, comunidades, pueblos y ciudades, en los centros de trabajo y estudio, donde nuestro empeño y testimonio fiel se requieren.

La misión de Berith es “promover el Reino de Cristo en todas las esferas de la vida humana, haciendo  impacto en la cultura mexicana, transformándola con los valores del Reino de Cristo. . .  desarrollando para este fin un profundo ministerio de la Palabra.”

 Mi México, mi México, ¡Bendígate el Señor!

vmsg

“MAS EL JUSTO POR SU FE VIVIRÁ.” Habacuc 2:4

septiembre 15, 2019 § Deja un comentario

Esta palabra de Habacuc su hizo famosa en la Reforma por su interpretación apostólica en los pasajes de Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38. Léalos antes de seguir.

La tremenda verdad de la justificación por  la fe es la enseñanza crucial de la Reforma, es la respuesta que el pecador necesita para tener paz con Dios. El hombre no puede justificarse ante Dios; necesita ser justificado en Cristo por medio de la fe y es Dios mismo quien pone esa fe salvadora en el corazón del creyente.

En referencia a este texto de Habacuc  leemos en  Romanos 1:17:  “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” Así lo comprendió Lutero al leer la Biblia,  y trajo de nuevo esta verdad al corazón de la iglesia en una proclamación gloriosa llena de luz y de esperanza para el mundo entero.

Pero preguntamos, ¿cómo, en qué contexto es que Habacuc pronunció estas palabras? ¿con qué intención? La frase completa establece un contraste y dice: He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

Habacuc profetiza en Judá en la época de Jeremías cuando aún no había caído Jerusalén en poder de los babilonios. Su profecía, en un diálogo con el Señor, tiene tres partes: En la primera, el profeta pide a Dios que reprenda y corrija a Judá a causa de su pecado. Dios contesta diciendo que traerá a una nación fiera y despiadada para hacer que su pueblo se vuelva a Él; en la segunda, habla Dios de su juicio sobre esa nación, la de los caldeos; y termina  con un cántico de oración y alabanza.

En su segunda parte, cuando habla de los impíos enemigos que confían en sí mismos, hace el contraste que leemos en nuestro texto: “El alma del soberbio no es recta y no prevalecerá, lleva en sí misma la semilla de la destrucción; pero el justo por la fe vivirá”. Eso significa que los que confían en Dios y en sus promesas gozarán de la vida. Esa confianza en Dios tiene que ver con el hombre de manera integral: sus pensamientos, palabras, hechos, doctrinas y vida, fe y práctica. Solamente así vivirá el justo por su fe.

La perfecta salvación, la paz con Dios no se obtiene con obras o méritos humanos; es una bendición que recibimos de Dios por la fe. vmsg

450 AÑOS DE LA BIBLIA DEL OSO (1569 – 2019)

septiembre 1, 2019 § Deja un comentario

Iniciamos hoy una serie de editoriales relacionados con la Reforma Protestante del siglo XVI. Nos enfocaremos en esta serie en la obra de algunas  personas a quienes  Dios utilizó para colocar nuevamente la verdad de la Escritura en el centro de la vida de la iglesia.

Volvamos los ojos a España para encontrar a dos monjes jerónimos, de los cuales no sabemos sus verdaderos nombres; sólo los que adoptaron al tomar sus votos monásticos: El primero, nacido en Montemolín en 1520, y que adoptó el nombre de la región de la cual era oriundo, para ser conocido como Casiodoro de Reina; y el segundo que decidió llamarse Cipriano de Valera (1532), por cuanto nació en Valera la Vieja. Estos nombres nos son familiares, aparecen  en las primeras páginas de nuestras biblias, por ser Casiodoro su traductor en 1569 y Cipriano, su revisor en 1602. Así hablamos de la Biblia Reina Valera. Su revisión de 1960 es la que acostumbramos leer, memorizar y es la que utilizamos en los cultos públicos.

La Biblia que tradujo Casiodoro de  Reina se conoce como La Biblia del Oso, porque aparece en su portada un oso erguido comiendo miel de un panal (posiblemente el emblema del editor o una alusión al salmo 19 que dice que los juicios de Dios son más dulces que la miel). La revisión de Cipriano de Valera es conocida como la Biblia del Cántaro, pues está ilustrada con dos hortelanos, uno de los cuales planta un árbol y el otro lo riega con un cántaro. ¿Referencia a I Cor 3:6?

Ambos monjes eran compañeros en el monasterio de San Isidoro del  Campo en Sevilla, en el cual los monjes leían en español el Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda y otras obras protestantes, traídas de contrabando por Julianillo Hernández. La Palabra hizo su efecto. Siendo denunciados como “un foco del luteranismo” la mayoría de los monjes (entre ellos Casiodoro y Cipriano), huyó para salvar sus vidas. La Santa Inquisición les declaró herejes y fueron juzgados in absentia, quemaron sus efigies en un auto de fe en 1562.

Reina  y sus compañeros vivieron un extenso y azaroso peregrinaje por Ginebra, Frankfurt, Londres, Amsterdam y otras ciudades europeas, pastoreando grupos de refugiados e iglesias protestantes establecidas. Su obra fue inmensa en la divulgación de la fe y hoy recordamos a estos dos monjes porque hicieron posible que la Biblia se vertiera al castellano de manera cabal, poniendo la palabra en las manos del pueblo español, tal como Lutero lo hizo en Alemania.

José Comblin, un sacerdote belga contemporáneo escribe: “Los mudos hablan,  y en buen castellano”, refiriéndose a la influencia que  la Reina Valera ha tenido entre los hispano-parlantes, a partir de que antes no tenían acceso a la Biblia y ahora expresan correctamente su fe en el evangelio”. La palabra – agrega – “empieza a resucitar”.  vmsg

Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. Salmo 119: 17,18

agosto 23, 2019 § Deja un comentario

La tercera estrofa del salmo 119 se construyó en este ejercicio literario sobre la base de la letra hebrea guímel, y sus ocho versos comienzan con palabras cuyo primera letra es precisamente esa.

El profeta recurre a la técnica poética hebrea de escribir sus ocho versículos de dos en dos, en los cuales la segunda parte de cada verso explica y complementa la primera. Comentaremos el primer juego de versos, que aparece arriba.

¿Cuál es la idea central? La absoluta necesidad del hombre de conocer la palabra como guía y propósito de una vida dichosa y agradable a Dios.

La primera oración, “Haz bien a tu siervo”, ruega que Dios sea generoso o benevolente con quien ora – otras traducciones aceptables son: “cuida o favorece a tu siervo” – y se puede interpretar de dos maneras. La primera sería: ¡Oh Dios! muestra tu bondad a tu siervo y entonces viviré y seré feliz! La segunda, que Calvino avala, es: ¡Oh Dios! concede a tu siervo el favor de que mientras viva, pueda guardar tus mandamientos. Se destaca así la relación vital del creyente con Dios a través de su palabra; sin ella – dice – no hay vida, es como un hombre muerto.

Por esta razón se conectan las primeras dos frases: “Que yo viva y guarde tu palabra”. Todos aspiramos a que Dios nos conceda una larga vida, pero la mayoría de las personas no tiene claro para qué vivir. Para librarnos de ideas e intenciones vanas, el profeta describe el propósito principal para la vida del justo: Ser guiados por la gracia del Espíritu, guardando la amorosa y sabia ley divina.

Vamos ahora al segundo hemistiquio: “Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley” Hay aquí un reconocimiento implícito de que para poder ver las maravillas de la ley de Dios, hace falta que Él mismo nos abra los ojos; esto es, sin su ayuda somos ciegos.

Al admitir que Dios nos da la luz para vivir por medio de su palabra, el poeta afirma que estaremos ciegos aun en medio de su luz admirable, hasta que Él mismo remueva el velo de nuestros ojos. Por ello clamamos: ¡Abre mis ojos!
Dios llama “las maravillas de tu ley” a las doctrinas de su palabra, para que en humildad contemplemos su grandeza con admiración, para convencernos más y más de nuestra necesidad de la gracia de Dios, para comprender los misterios que sobrepasan nuestra limitada capacidad. “Te mostraré cosas grandes y maravillosas que tú no sabes.” (Jr 33:3). Ante este tesoro, el que lee y el que medita en la Biblia, el que predica y el que escucha, el que enseña y el que aprende, todos recordemos orar:

“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.”
vmsg

Bet ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.  Salmo 119: 9

agosto 18, 2019 § Deja un comentario

Vamos ahora a abordar la segunda estrofa del salmo 119. Por favor lea  y tenga a la vista sus 8 hermosos versos (9/16). Como ya sabemos, toda esta parte  del poema está regida  por letra Bet del alefato hebreo.

Recordemos que el salmo 119 empieza explicando la felicidad en base a una relación personal con Dios, en armonía con Su ley, para andar el camino de la vida: “Bienaventurados los que andan en la ley de Jehová.”

Antes de comentar la  segunda estrofa, destacaremos dos características muy interesantes del cántico 119: la primera es que en él no existe el diálogo. Dios nunca toma la palabra como en muchos otros salmos, el Señor es un personaje en los labios del orante. La segunda, es que existe una relación de mutuo condicionamiento entre el hombre y su Creador. Esto significa en primer término, que la conducta del hombre es o será una consecuencia de la acción divina, por ejemplo: “abre mis ojos / y miraré (18), “muéstrame tu camino / y lo guardaré” (33). Por otra parte, la conducta de Dios es consecuencia de la conducta del hombre, como se lee: “ me apegué a tus testimonios / Señor, no me avergüences (31), “amo tus decretos/ vivifícame según tu misericordia” (159)

En la segunda estrofa Bet, encontramos una relación muy estrecha entre “corazón”, “labios” y “camino” o conducta (si juntamos los versos 10,11,13,14), que equivalen a nuestra expresión “pensamiento, palabra y obra”. Esta idea es muy rica, pues el corazón representa lo más íntimo de nuestra intencionalidad consciente desde donde nos relacionamos con Dios, y es el sitio donde el justo guarda sus dichos para no pecar contra él.

Los labios, que menciona el salmista, hablan de lo que abunda en el corazón. Hay una idea maravillosa en el verso 13 pues relaciona nuestros labios  con los juicios que salen de la boca de Dios.  Dios comienza el diálogo, enseñando con su boca sus mandamientos; el hombre aprende a recitarlos con sus labios, pues sus estatutos ya han encontrado su lugar en el corazón del justo.

Los versos 14 y 15 hacen referencia a los caminos, o sea a la ética del hombre temeroso de Dios: “Me he gozado en el camino de tus testimonios”, “consideraré tus caminos.” Allí se cierra el círculo y apreciamos cómo el hombre que teme a Jehová es influenciado integralmente por la palabra de Dios. Su efecto redentor comienza en sus pensamientos (corazón), se expresa en sus palabras (labios) y sus obras toman un nuevo sendero (anda en sus caminos). Pensar, hablar y actuar son tres facultades del hombre redimido, que ha sido renovadas por la palabra. De las tres tenemos que hacernos cargo, pues cada uno de nosotros es responsable de ellas. Finalmente, el verso 16 declara que guardar los estatutos de Dios es motivo de grande alegría:

“Me regocijaré en tus caminos; no me olvidaré de tus palabras.” vmsg

EL SALMO CIENTO DIECINUEVE

agosto 11, 2019 § Deja un comentario

Agosto es “el mes de la Biblia” y desde hace varios meses hemos venido escuchando sermones en los cultos vespertinos sobre el salmo 119, y seguiremos haciéndolo hasta agotar todas sus estrofas. Estamos siguiendo el ejemplo de Agustín, quien predicó treinta y dos sermones abordando sus 22 secciones.

Este salmo, sobra decirlo, es el más extenso del salterio con 176 versos y contrasta con el 117 que sólo tiene dos. Está escrito en forma de acróstico tomando como base las 22 consonantes del alfabeto – mejor dicho, del alefato hebreo – dando pie a 22 estrofas, cada una formada por 8 versos. Así, cada una de las estrofas está dedicada a una letra hebrea, y cada una de las palabras iniciales de los versos que la integran comienza con la misma letra, lo cual es ciertamente un hazaña literaria, “un triunfo de la longitud”. (Schökel)

Su tema principal es la ley de Dios, pero dada su extensión y los diversos aspectos que toca, es difícil resumir su contenido y determinar una secuencia de pensamiento. Destacan, sin embargo, dos temas: la exhortación a los hijos de Dios a la vida santa, y la forma de la verdadera alabanza a Dios a través del estudio devoto de la Ley.

En todos sus versos, excepto el 122, hay una continua referencia a la Ley alternando 8 palabras que si bien son sinónimos, cada una de ellas tiene un matiz propio. Estas son: ley, testimonios, preceptos, estatutos, mandamientos, juicios, dichos o palabra y caminos. El salmo 19 es en contraste con éste un elogio a la brevedad, pero la extensión del 119 “de ningún modo deroga el valor del salmo como texto inspirado, ofrecido al rezo y a la meditación.” (Schökel). Diremos por último, que se desconoce quién es el escritor de este luengo poema, pero sí sabemos que es palabra divina. El salmo empieza con una bendición:

Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan.

Con estas palabras, el profeta establece la misma paradoja con que se inicia el Libro de los Salmos: La felicidad, la bienaventuranza no se encuentra en la búsqueda desesperada en toda suerte de caminos del mundo,  sino en la vida que es armoniosa con la ley de Dios. Este es un pensamiento extraño y contrario a la visión e impulsos del hombre impío,  los cuales conducen a su ruina y destrucción pues mientras más se aleje de Dios, más infeliz será.

En estas cuatro líneas iniciales del poema inspirado encontramos dos ideas que enmarcan la felicidad en la vida, las cuales se explican entre sí de manera paralela: a) el que anda en la ley de Dios es el que es íntegro en su camino, y b) quien le busca con todo su corazón, es aquél que guarda sus testimonios.

Una manera muy bendecida de celebrar este mes de la Biblia será leer y  meditar en las 22 estrofas del salmo 119, apropiándonos de él en oración. vmsg