“La realidad histórica de Jesús”

abril 5, 2020 § Deja un comentario

Estamos en una de las épocas del año cuando tenemos que pensar en la realidad histórica de Jesús. En la providencia de Dios, el calendario está arreglado para hacernos pensar en la vida y obra de Jesucristo. Es como si Dios mismo pusiera puntos suspensivos en nuestra vida para que tomáramos tiempo para pensar en lo que Él Mismo ha hecho para nuestra salvación.

La crucifixión de Jesucristo es un acontecimiento histórico. Este hecho es de mucha importancia. Un mito puede dar entendimiento, una leyenda puede inspirar, una saga puede dar pistas culturales, pero solamente la verdadera muerte de Jesús nos puede salvar.

Dios mismo nos da ayuda para resistir la tendencia exagerada en nuestros días hacia la incredulidad. El mero hecho de que la Semana Santa está en el calendario, como una referencia a la realidad histórica a la crucifixión, nos deja sin excusa o pretexto para no meditar en el hecho.

Debemos leer y releer los relatos bíblicos para llenar nuestro pensamiento con los detalles, a fin de que nos impresionemos de nuevo con lo trascendente del hecho. Los detalles de la primera Semana Santa, desde el primer domingo de Ramos hasta el día de Resurrección, deben ser más frescos en la mente que las noticias en el periódico sobre un desastre o un asesinato. Los detalles de esta semana son más reales que las noticias de “Veinticuatro Horas”, y deben ser más reales en la vida y pensamiento de cada uno de nosotros.

Es un esfuerzo de hacer que esta semana sea un avance espiritual, un tiempo de crecimiento en la fe, debemos usar todos los medios para hacer que la realidad histórica de Jesús haga que Jesús sea más real para nosotros.

Gerald Nyenhuis H.
Boletín Buen Oleo
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith
Domingo 19 de marzo 1989.

ESCUDRIÑAD LAS ESCRITURAS…ELLAS SON LAS QUE DAN TESTIMONIO DE MI” Juan 5:39

marzo 29, 2020 § Deja un comentario

Este es un mandato expreso de Jesús para todos sus seguidores. Si queremos conocer a nuestro Salvador, es menester que escudriñemos las escrituras. No hay ninguna otra fuente de información acerca del carácter, de la obra, de la vida y de la redención de Cristo, más que la Escrituras.

Escudriñad no significa simplemente leer y pasar adelante. Escudriñar quiere decir: “inquirir minuciosamente, rebuscar”. Cuando el Señor Jesús nos manda que escudriñemos las Escrituras, nos está ordenando que investiguemos acuciosamente en las Escrituras, todo lo referente a Él, puesto que esas Escrituras son las que nos revelan todo lo referente a su Reino.

Generalmente se piensa que “la Historia de Jesús” está contenida exclusivamente en los cuatro Evangelios, y que leyendo esos cuatro libros bíblicos se tiene toda la información sobre el Salvador. ¡Ojalá que siquiera esto hicieran muchos cristianos”! Sería de grande beneficio conocer y saber, en forma comparativa, la abundantísima información que nos ofrecen los Evangelios.

Pero al mencionar a “las Escrituras” Jesús no se está refiriendo en ninguna manera a los Evangelios, ni siquiera al Nuevo Testamento, puesto que en su tiempo tales materiales no existían todavía.

Al apelar al testimonio de las Escrituras en su favor, el Señor manifiesta que Él es la razón de la existencia de la ley y los profetas y que Él es el cumplimiento de la revelación de Dios. Si queremos entender y conocer verdaderamente la obra mesiánica de Jesús, tenemos que “escudriñar las Escrituras”

Debemos darle gracias al Señor porque en la predicación y la enseñanza que se da en nuestra Iglesia se pone grande énfasis en el conocimiento general de las Escrituras. Reconocemos y nos damos cuenta de que muchas veces son difíciles y poco atractivos algunos pasajes que tenemos que considerar; pero también esos pasajes son parte de las Escrituras que dan testimonio de nuestro Salvador y de nuestra salvación.

Gerald Nyenhuis H.
12 de junio de 1988
Boletín Buen Óleo
Iglesia Nacional Presbiteriana Berith

PARTICIPACIÓN

marzo 22, 2020 § Deja un comentario

La participación en el culto, para el cristiano evangélico es activa. El participante es más que un observador, aunque el culto evangélico no puede excluir a los inactivos. Uno puede estar presente en el canto congregacional  y no participar. Si el himno es conocido y el canto rítmico sería difícil no participar, pero no imposible. Es más fácil no participar en las lecturas antifonales y en unísono; en las oraciones se requiere algo de disciplinada atención, haciendo real la posibilidad de que uno este presente, pero que no sea participante. Sin embargo, la norma es que todos participen, o sea,  que todos tomen parte.

Hay muchos factores que entran en la participación pero no cabe duda que uno de los más importantes es la intención de la persona. Viene al culto no sólo para estar presente y recibir una bendición, sino para tomar su parte en el culto. Canta con los demás lee con ellos y ora en conjunto, y así su participación es real.

La atención disciplinada a la predicación también es una participación. También se siente ligado con los demás en la predicación, y cuando la atención se desvía y no se experimentan los sentimientos sutiles que la verdad hace brotar – de entendimiento, de gozo, de humor, de arrepentimiento, de tristeza, de esperanza, etc. – se siente aislado y solo.

Tomar parte en el culto, ser participante, no requiere que uno dirija, predique, ore en voz alta, cante uno solo, o que tenga otra intervención en el programa: más bien ligarse con los demás en un sentido de solidaridad y participar en grupo es la clave de la participación.

Gerald Nyenhuis H.
24 de enero de 1988
Boletín Buen Oleo
Iglesia Nacional Presbiteriana

“Cristiano: Un estilo de vida” . Gerald Nyenhuis

marzo 15, 2020 § Deja un comentario

Se dice con frecuencia que el cristianismo no es una doctrina, ni un conjunto de doctrinas, no es una teología, ni una red de creencias relacionadas, sino el cristianismo, dicen, es un camino de vida, una manera de vivir. Quizá sería mejor decir un estilo de vida.

Esto suena muy bien, y casi todos estamos de acuerdo. Por lo menos al principio. Sin embargo, tan pronto que hagamos el intento de describir esta vida, o esta manera de vivir, o este estilo de vida, nos encontramos con dificultades. Si yo te dijera: estoy de acuerdo contigo, pero explícame ahora ¿cómo es este estilo de vida? ¿Cuántas palabras emplearías para explicármelo? ¿Cuáles serían?

¿Cómo describirías la buena vida? Al hablar de la buena vida, lo explicarías igual que al hablar de la “buena” vida, o de la buena vida ¿Pudieras hablar de una buena (¿?) vida? Si usaras estos términos ¿serían igual que la ¡buena! vida? Y ¿la buena vida sería igual que la vida buena? A lo mejor, hablarías de la “verdadera” buena vida, o la “llamada” buena vida, o quizá de la supuesta vida buena.

Podemos responder diciendo que es cierto que el cristianismo es una vida y un estilo de vida, pero es necesario empezar con Cristo. El cristianismo es vida en Cristo. Pero, esto es imposible de entender, o aun pensarlo, sin tener una doctrina de Cristo. No podemos saber quién es Cristo sin saber del Dios Trino. Cualquier concepto de Cristo que no tome en cuenta el hecho de que Cristo es la segunda persona de la Trinidad, encarnado, para realizar el plan trinitario para nuestra salvación, es decir, para vivir en Cristo, sería un concepto equivocado.

Entonces, podemos decir que el Cristianismo es una vida, pero que esta vida puede darse solamente en base a algunas fuertes doctrinas. El cristianismo como una vida es posible solamente si las doctrinas de Cristo y de la Trinidad sean la verdad.

La vida cristiana es una comunión con Dios. Tiene que ser comunión con el Dios Creador, porque no hay otro. Si no hay otro, este Dios Creador tiene que ser mi creador, y comunión con Él ha de ser en todo lo que está implícito en ello. Sin embargo, todo esto es doctrina.

Para que tenga comunión con Él, he de saber algo sobre Él. Ya que no puedo vivir en comunión con Dios sin saber Quién es y cómo es. Tampoco no puedo tener comunión con Él sin darme cuenta de ello, pues eso no serían comunión.

Tener comunión, con Él o con cualquiera, ha de ser una experiencia consciente. Si Él es mi creador, ha de saber quién soy yo y me puede decir como soy, pues sin que Él me diga, yo no sé cómo soy. Es decir, he de tener una doctrina de mí mismo, para saber quién soy.

Cada vez, este asunto se hace más complicado, y más doctrinal. Es mejor decir; sí el cristianismo es un estilo de vida, basada en un complejo de doctrinas, todas reveladas en la Biblia, la Palabra del Dios, con quien tenemos comunión en Cristo.

LA IMPOSICIÓN DE PREDICAR

marzo 8, 2020 § Deja un comentario

“Cuando predico el evangelio no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Hay de mí si no anunciare el evangelio!

San Pablo. I Cor 9,16 ( NVI)

Quien diga que la obligación de predicar el evangelio es una imposición, ¡tiene toda la razón!

Así lo expresa Pablo al defender el corazón de su ministerio. En la versión Reina-Valera, este texto se traduce: “Si anuncio el evangelio, no tengo de que gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡hay de mí si no anunciare el evangelio!”

Nosotros así lo hemos reconocido y expresado oficialmente desde hace más de 30 años en nuestra “Visión Berith”  de la siguiente manera:

“Somos una iglesia vuelta hacia fuera, recordando siempre que somos enviados, así como Cristo fue enviado.

Somos una iglesia comprometida con la obra evangelística y misionera en aquellos lugares de nuestro país y del mundo donde no se ha predicado el evangelio, plantando nuevas iglesias y cooperando estratégicamente con otras organizaciones misioneras e iglesias.”

Este no es ni por asomo un asunto sujeto a discusión porque el mandato viene del Señor mismo; no nos toca a nosotros ni a nuestros oficiales juzgar si debemos o no hacerlo. El mensaje de Jesús es claro: “Id y haced discípulos a todas las naciones.” Es un privilegio.

¿Cómo se realiza esta tarea, entre quiénes, cuándo? La Biblia nos contesta: “Te encarezco que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda  perseverancia y doctrina.” (2 Tim 4:1,2). No hay limites: Aquí y allá; ahora y después.

Por largos años hemos trabajado con los vecinos, en grupos de estudio bíblico, en misiones, en Cuba y en otras actividades evangelizadoras, pero todos sabemos que hay mucho más por hacer, que el Señor espera más de nosotros como embajadores de Cristo, anunciando las buenas nuevas.

Es necesario que repensemos cómo estamos trabajando en este campo, que nos preparemos y aprendamos. El entendimiento de las misiones ha cambiado drásticamente en el mundo entero, los paradigmas son diferentes. El resultado en el campo depende importantemente de lo que suceda dentro de la iglesia, de la visión que tenga. Sobre todo, depende de nuestra sujeción y obediencia a Dios, el Señor de la Iglesia.

¡Qué bueno que nuestro Consistorio ha concluido que la cooperación misionera de Berith en Cuba necesita ser reconsiderada de manera más abierta, cuidadosa y adecuada! Esforcémonos en hacer mejor lo que hacemos. Dios nos bendecirá y su palabra no volverá a Él vacía.

¡No abandonemos la viña del Señor!

MISIÓN BERITH

marzo 1, 2020 § Deja un comentario

Berith es  una expresión local y pequeña de la Iglesia Universal de Cristo. Por esa razón su primera obligación es ser iglesia, como Dios la describe. Berith no puede caminar sin rumbo; necesita una visión, pero esta visión no puede ser arbitraria ni simplemente democrática, porque la Iglesia pertenece a Cristo y es gobernada por su Palabra y su Espíritu. Tiene que ser una visión acorde con la naturaleza de la Iglesia y el propósito o misión que Dios mismo le estableció. Así nació hace cerca de cuarenta años nuestra Misión Berith, que es:

“Promover el Reino de Cristo en todas las esferas de la vida humana, haciendo un impacto en nuestra cultura mexicana, transformándola con los valores del Reino de Cristo, por medio de un siempre creciente número de nuevos ciudadanos en este Reino, desarrollando para este fin un profundo ministerio de la Palabra entre sus miembros.”

Es muy probable que para usted esta sea la primera ocasión que conoce nuestra misión y por ello es útil una explicación más amplia:

El Reino de Cristo ya está entre nosotros y corresponde a la Iglesia extenderlo en todas las esferas de la vida. Esa es nuestra misión en esencia de acuerdo con la Gran Comisión, llevándolo a todos los ámbitos, hasta los confines de la tierra, pues este Reino es comprehensivo y nada ni nadie escapa a su dominio. Cristo es  Rey de reyes y Señor de señores.

Nuestro entorno inmediato, pero no limitativo, es nuestra patria, nuestra cultura, pues siendo una iglesia local no hay duda que Dios nos puso en este lugar para testimonio a nuestra comunidad.

El mundo necesita ser transformado con los valores del Reino, porque los valores  o anti-valores del mundo no tienen poder para cambiar vidas y en muchos casos conducen a la muerte.  Mientras mayor sea el número de los redimidos, de los ciudadanos del Reino, más evidente serán entre nosotros la presencia y los valores del Reino de Dios. El crecimiento numérico de la iglesia la hace, por gracia de Dios,  más fuerte y  eficaz en el cumplimiento de su misión.

Para realizar nuestra misión necesitamos que el Espíritu de Dios y su palabra moren abundantemente en nosotros. Por ello, la Misión Berith concluye diciendo: “desarrollando para este fin un profundo ministerio de la Palabra entre sus miembros.”

Esto explica por qué nuestro énfasis en estudiar y conocer la Palabra a fondo. Todavía hay quien mira a Berith como un referente serio del estudio y predicación fiel de la Palabra. Esto fue resultado de muchos años de trabajo y necesitamos esmerarnos en la enseñanza y predicación fiel de su Palabra.

Sólo así estaremos preparados para presentar defensa de nuestra fe y dar razón de la esperanza que hay en nosotros (I Pd. 3,15), para que, como hombres y mujeres de Dios, seamos maduros y enteramente preparados para toda buena obra (II Tim. 3,17).

¡Dios nos dé gracia y conciencia de nuestra misión para llevarla a cabo y dar gloria a su Nombre!

REUNIÓN CONGREGACIONAL

febrero 21, 2020 § Deja un comentario

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”. Salmo 127,1

Esta aseveración implica varias cosas: En primer lugar, que es necesario edificar la casa, pues es el refugio indispensable para nosotros y para nuestros niños; después, que se requiere el esfuerzo de los edificadores, de nosotros, y finalmente, que sin la intervención amorosa de Dios todo es en vano.

La verdad  de la centralidad de Dios en este proceso se ilustra con otra gran necesidad que todos tenemos: La seguridad. El peligro es real y no cabe la negligencia en la protección de nuestra ciudad; además, la guardia debe velar pero, otra vez: el verdadero Protector es Dios.

La casa y la seguridad como símbolos de necesidades muy cercanas son algo   que Dios en su misericordia nos provee, pero es necesario que trabajemos por ellas; Dios no  mira con agrado nuestra indiferencia, apatía  o negligencia: “Vé a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y sé sabio”, reza el proverbio de Salomón.

Pero la enseñanza no termina allí porque el hombre prudente sabe que el verdadero Constructor y Vigía es nuestro Padre Celestial, y en Él pone su confianza.

Esta tarde nos reuniremos como todos los años para reflexionar sobre la marcha de nuestra iglesia. Sobre todo, notaremos la providente mano de nuestro Dios que nos ha sostenido fielmente;  consideraremos cómo hemos trabajado en 2019 y también hablaremos de nuestros compromisos y planes  futuros.

Seguramente habrá motivos de gratitud y celebración, de logros y avances; pero también hemos de reconocer nuestras flaquezas y pecados. Necesitamos  enfocarnos nuevamente en la gracia de nuestro Señor y esforzarnos más como siervos fieles y obedientes, confiando en que Dios suplirá nuestras debilidades.

Nunca tendremos todas las respuestas y es muy probable que  nos equivoquemos de nuevo porque no somos perfectos,  pero ¡cuidado! Dios nos sigue llamando  a edificar el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y a ser diligentes en su servicio.  A velar y a orar. Este llamado es para todos y cada uno de nosotros.

Estamos ante una nueva oportunidad para desarrollarnos, amarnos y edificarnos, para proclamar la salvación de Dios, para anunciar al mundo que en Jesús hay esperanza y vida nueva.

Esta tarde, tu lugar está aquí entre quienes amamos a  Berith. Ven y ayúdanos a edificar con amor fraternal.