Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo?

Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo
Versículos de la Biblia sobre el feminismo Gálatas 3:28: 28 No hay Judío, ni Griego, no hay siervo, ni libre, no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.1 Corintios 14:34-35: 34 Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley dice.35 Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa á sus maridos, porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregación.1 Pedro 3:1: 3 ASIMISMO vosotras, mujeres, sed sujetas á vuestros maridos, para que también los que no creen á la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres 1 Timoteo 2:11-14: 11 La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción.12 Porque no permito á la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio.13 Porque Adam fué formado el primero, después Eva, 14 Y Adam no fué engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino á ser envuelta en transgresión

1 Pedro 3:7: 7 Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean impedidas.1 Timoteo 2:9: 9 Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia, no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos.1 Corintios 11:9: 9 Porque tampoco el varón fué criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

1 Corintios 7:1-40: 7 CUANTO á las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer.2 Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.3 El marido pague á la mujer la debida benevolencia, y asimismo la mujer al marido.4 La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.5 No os defraudéis el uno al otro, á no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración: y volved á juntaros en uno, porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia.6 Mas esto digo por permisión, no por mandamiento.7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios, uno á la verdad así, y otro así.8 Digo pues á los solteros y á las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo.9 Y si no tienen don de continencia, cásense, que mejor es casarse que quemarse.10 Mas á los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido, 11 Y si se apartare, que se quede sin casar, ó reconcíliese con su marido, y que el marido no despida á su mujer.12 Y á los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer infiel, y ella consiente en habitar con él, no la despida.13 Y la mujer que tiene marido infiel, y él consiente en habitar con ella, no lo deje.14 Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, empero ahora son santos.15 Pero si el infiel se aparta, apártese: que no es el hermano ó la hermana sujeto á servidumbre en semejante caso, antes á paz nos llamó Dios.16 Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salva á tu marido? ¿ó de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salvo á tu mujer? 17 Empero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó á cada uno, así ande: y así enseño en todas las iglesias.18 ¿Es llamado alguno circuncidado? quédese circunciso.

¿Es llamado alguno incircuncidado? que no se circuncide.19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino la observancia de las mandamientos de Dios.20 Cada uno en la vocación en que fué llamado, en ella se quede.21 ¿Eres llamado siendo siervo? no se te dé cuidado, mas también si puedes hacerte libre, procúralo más.22 Porque el que en el Señor es llamado siendo siervo, liberto es del Señor: asimismo también el que es llamado siendo libre, siervo es de Cristo.23 Por precio sois comprados, no os hagáis siervos de los hombres.24 Cada uno, hermanos, en lo que es llamado, en esto se quede para con Dios.25 Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor, mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.26 Tengo, pues, esto por bueno á causa de la necesidad que apremia, que bueno es al hombre estarse así.27 ¿Estás ligado á mujer? no procures soltarte.

¿Estáis suelto de mujer? no procures mujer.28 Mas también si tomares mujer, no pecaste, y si la doncella se casare, no pecó: pero aflicción de carne tendrán los tales, mas yo os dejo.29 Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como los que no las tienen, 30 Y los que lloran, como los que no lloran, y los que se huelgan, como los que no se huelgan, y los que compran, como los que no poseen, 31 Y los que usan de este mundo, como los que no usan: porque la apariencia de este mundo se pasa.32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja.

El soltero tiene cuidado de las cosas que son del Señor, cómo ha de agradar al Señor: 33 Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar á su mujer.34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de agradar á su marido.35 Esto empero digo para vuestro provecho, no para echaros lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os lleguéis al Señor.36 Mas, si á alguno parece cosa fea en su hija virgen, que pase ya de edad, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca, cásese.37 Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija virgen, bien hace.38 Así que, el que la da en casamiento, bien hace, y el que no la da en casamiento, hace mejor.39 La mujer casada está atada á la ley, mientras vive su marido, mas si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.40 Empero más venturosa será si se quedare así, según mi consejo, y pienso que también yo tengo Espíritu de Dios.

Génesis 2:18: 18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo, haréle ayuda idónea para él. Colosenses 3:18: 18 Casadas, estad sujetas á vuestros maridos, como conviene en el Señor. Mateo 19:4-6: 4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, 5 Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne? 6 Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.

Isaías 4:1: 4 Y ECHARAN mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas, solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.1 Corintios 1:11-17: 11 Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas, 12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo, pues yo de Apolos, y yo de Cefas, y yo de Cristo.13 ¿Está dividido Cristo? ¿Fué crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias á Dios, que á ninguno de vosotros he bautizado, sino á Crispo y á Gayo, 15 Para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre.16 Y también bauticé la familia de Estéfanas: mas no sé si he bautizado algún otro.17 Porque no me envió Cristo á bautizar, sino á predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.

Lucas 7:36-50: 36 Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.37 Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38 Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.39 Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte.

Y él dice: Di, Maestro.41 Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta, 42 Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? 43 Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies, mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.45 No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.46 No ungiste mi cabeza con óleo, mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho, mas al que se perdona poco, poco ama.48 Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50 Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Proverbios 31:1-31: 31 PALABRAS del rey Lemuel, la profecía con que le enseñó su madre.2 ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis deseos? 3 No des á las mujeres tu fuerza, Ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes.4 No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, Ni de los príncipes la cerveza.5 No sea que bebiendo olviden la ley, Y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos.6 Dad la cerveza al desfallecido, Y el vino á los de amargo ánimo: 7 Beban, y olvídense de su necesidad, Y de su miseria no más se acuerden.8 Abre tu boca por el mudo, En el juicio de todos los hijos de muerte.9 Abre tu boca, juzga justicia, Y el derecho del pobre y del menesteroso.10 Mujer fuerte, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente á la de piedras preciosas.11 El corazón de su marido está en ella confiado, Y no tendrá necesidad de despojo.12 Darále ella bien y no mal, Todos los días de su vida.13 Buscó lana y lino, Y con voluntad labró de sus manos.14 Fué como navío de mercader: Trae su pan de lejos.15 Levantóse aun de noche, Y dió comida á su familia, Y ración á sus criadas.16 Consideró la heredad, y compróla, Y plantó viña del fruto de sus manos.17 Ciñó sus lomos de fortaleza, Y esforzó sus brazos.18 Gustó que era buena su granjería: Su candela no se apagó de noche.19 Aplicó sus manos al huso, Y sus manos tomaron la rueca.20 Alargó su mano al pobre, Y extendió sus manos al menesteroso.21 No tendrá temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.22 Ella se hizo tapices, De lino fino y púrpura es su vestido.23 Conocido es su marido en las puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.24 Hizo telas, y vendió, Y dió cintas al mercader.25 Fortaleza y honor son su vestidura, Y en el día postrero reirá.26 Abrió su boca con sabiduría: Y la ley de clemencia está en su lengua.27 Considera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde.28 Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada, Y su marido también la alabó.29 Muchas mujeres hicieron el bien, Mas tú las sobrepujaste á todas.30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: La mujer que teme á Jehová, ésa será alabada.31 Dadle el fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos.
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¿Qué es el feminismo en la tradicion biblica?

La teología feminista nace como reflexión dentro de los cánones de la teología de la liberación. Usa la metodología del ver-juzgar-actuar: parte de la realidad de la mujer, la juzga a la luz de la Palabra de Dios y toma decisio- nes respecto de las acciones que deben trasformar esa realidad.
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¿Qué Prédica el feminismo?

Atareadas en hacer feminismo, las mujeres feministas no se han preocupado demasiado en definirlo cuenta Victoria Sau en su libro “Diccionario Ideológico feminista” del que reproducimos un fragmeno referido a la definición del feminismo: En el Diccionario (patriarcal) Ilustrado de la Lengua la voz feminismo es definida torpemente así: « Doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres.» Así de breve, falsa y tendenciosa la asume la Academia de la Lengua (patriarcal).

  • La propia definición incurre en aquello contra lo que el feminismo lucha: considerar que la suprema mejora es elevar a la mujer a la categoría del hombre como ser modélico, y suprimir o disimular cualquier imagen de la mujer que la presente como ser activo, dueña de su propia lucha.
  • El Diccionario (patriarcal) Larouse dice: «Feminismo: Tendencia a mejorar la posición de la mujer en la sociedad ».

En un articulo feminista del que son autoras Anne y Jacqueline se lee: «El feminismo es la toma de conciencia por la mujer de la opresión que padece. Una opresión que no es solo económica, jurídica y sexual, sino sobre todo psicológica.» (Varias: La liberación de la mujer, año cero).

  1. No todas las feministas podrían estar de acuerdo con esta última.
  2. Una definición global, que pueda reunir todas las tendencias que se manifiestan en el seno del feminismo podria ser la siguiente: El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera.

Marcuse dice que el movimiento feminista actúa a dos niveles: uno, el de la lucha por conseguir la igualdad completa en lo económico, en lo social y en lo cultural; otro, “mas allá de la igualdad” tiene como contenido la construccion de una sociedad en la que quede superada la dicotomia hombre-mujer, una sociedad con un principio de la realidad nuevo y distinto.

  1. Marxismo y feminismo”).
  2. En una linea de pensamiento parecida M.
  3. Godelier reconoce que “Nos orientamos hacia relaciones sociales sin referencia en el pasado.” ( De J,R.
  4. Evans (Las feministas) tomo la historia del termino feminismo, surgido primero en Francia (feminisme) y adoptado en Inglaterra a partir de 1890 (feminism) en sustitucion de womanism (“mujerismo”).

En España la palabra feminismo aparece en la bibliografia en 1899, con el libro de Adolfo Posada: Feminismo, como asi lo hace constar Aurora Diaz-Plaja en «La mujer y los libros». Aunque ya las mujeres habian empezado a escribir sobre las mujeres (como Josefa Amar y Concepcion Arenal, por ejemplo) fueron obra de varones los primeros titulos conteniendo la polémica palabra, ya que en 1901 Romera Navarro sale en defensa del sexo femenino contra el sexismo del autor de La inferioridad mental de la mujer con el siguiente libro: Ensayo de una filosofía feminista: refutación a Moebius,

Los orígenes del feminismo como movimiento colectivo de mujeres hay que situarlo en los albores de la Revolucion Francesa. Entre los numerosos Cahiers de doleances (Cuadernos de quejas) que se publicaron entonces con ocasión del anuncio de convocatoria de los Estados Generales, varios se hacian eco de quejas femeninas, aunque P.M.

Duhet solo garantiza dos como escritos por las propias mujeres, ansiosas de cambiar en muchos aspectos su situacion. En la Biblioteca Nacional de Paris pueden consultarse estos folletos, que datan de 1788. Sullerot señala tambien el folleto de Olympia de Gouges «Letre au Peuple», anterior a la «Declaracion de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana» de esta misma autora. HISTORIA DEL FEMINISMO Y LA LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS Hay muchos textos en la red, pero te recomendamos entre ellos: DERECHOS HUMANOS, MUJER E INMIGRACIÓN. Capítulo 2 LOS DERECHOS Y LAS MUJERES. Influencia del Feminismo Sufragismo y feminismo: la lucha por los derechos de la mujer 1789-1945 DIFERENTES TENDENCIAS EN EL FEMINISMO Feminismo de la igualdad, feminismo de la diferencia, feminismo radical, ecofeminismo, feminismo autónomo. hay muchos feminismos y las definiciones son complejas. Es muy bueno y fácil de leer el trabajo realizado por Ana de Miguel : “Los feminismos a través de la historia”. El Feminismo premoderno El Feminismo moderno Neofeminismo. Los años 60 y 70 Feminismo de la diferencia y últimas tendencias Si te interesa información específica sobre ecofeminismo, no puedes perderte los textos de Alicia Puleo
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¿Qué es ser feminista sin rama?

En occidente, la historia del feminismo ha dado lugar a que, a comienzos de la segunda década de nuestro siglo, se comenzase a hablar del feminismo de cuarta ola, muy diversificado. Así, nos hemos encontrado con una amplia variedad de tipos de feminismo que derivan de una misma base: el movimiento de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres.28/04/2022 Los movimientos de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres nacieron en Francia a finales del siglo XVIII, ligados a la Revolución Francesa.

El término ‘feminista’, por su parte, se hizo popular un siglo más tarde, cuando nació el concepto de mujer emancipada y como sinónimo de este. Curiosamente, la palabra ‘feminista’ tiene un origen misógino. Comenzó a utilizarse a raíz de un escrito de Alejandro Dumas hijo, El hombre-mujer, de 1872, en el que describía un proceso similar al de los enfermos de tuberculosis refiriéndose a la manera en que un hombre podía ‘feminizarse’ al apoyar la lucha de la igualdad de derechos.

El feminismo puede dividirse, tradicionalmente, en tres olas a lo largo de la historia. La primera, nacida en la Francia de la Revolución de finales del siglo XVIII; la segunda, desde mediados del siglo XIX y mediados del XX; y la tercera, en la segunda mitad o último tercio del siglo XX hasta la comienzos del siglo XXI.

A lo largo de su historia, el feminismo ha ido asociado a movimientos políticos de diversa índole, especialmente al comunismo y al socialismo, y algunas de sus ramificaciones están asociadas con el anticapitalismo. Con el paso de las décadas, el feminismo se ha ido diversificando, significando mucho más que la emancipación de la mujer, s.

También se asocia con otro tipo de movimientos y activismos sociales, como el ecologismo o el antirracismo. Conforme se han ido conquistando derechos, el feminismo ha ido ocupándose no solo del abordaje legal o constitucional, sino que se fue complejizando y ocupándose de otro tipo de cuestiones.

  • Un punto de inflexión para el movimiento es es eslogan ‘lo personal es político’ que cuestiona que han de ponerse sobre la mesa otro tipo de debates morales, en lo que tiene que ver con la mujer como individuo: la libertad sexual, la violación, el aborto, etc.
  • Además de, por supuesto, la violencia).

En occidente, la historia del feminismo ha dado lugar a que, a comienzos de la segunda década de nuestro siglo, se comenzase a hablar del feminismo de cuarta ola, profundamente diversificado. Así, nos hemos encontrado con una amplia variedad de tipos de feminismo, o bien de lecturas, posiciones y puntos de vista que derivan de una misma base: el movimiento de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Transfeminismo También se relaciona con una de las teorías de género más radicales, la teoría queer, que sostiene que tanto el género como el sexo biológico son construcciones sociales. Feminismo de igualdad Comparte con los anteriores la idea de que los roles de género no existen y que son una consecuencia de la educación y cultura recibidos al nacer, en la línea de lo que sostenía Simone de Beauvoir de que ‘la mujer no nace, se hace’. Feminismo de la diferencia Al contrario que el anterior, no diferencia una dualidad que deba ser equiparada, sino que reivindica la naturaleza femenina con sus características propias bajo el lema ‘ser mujer es hermoso’. El movimiento floreció en Francia y en Estados Unidos en la década de los años 70. Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo Feminismo socialista Podría considerarse una parte del feminismo radical, en el sentido en que sostiene que la mujer sufre una opresión, no solo por parte del denominado ‘patriarcado’, sino por parte del capitalismo; y que además, ambos están íntimamente relacionados. Ecofeminismo Se relaciona con otras corrientes, como el feminismo socialista o el feminismo de la diferencia. Mantiene la idea, nacida en los años 60 y 70 con la representación de autoras como Françoise d´Eaubonne, de que la mujer es la impulsora de una revolución ecológica que crea una nueva relación entre el ser humano y el medio ambiente. Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo Ciberfeminismo Es una corriente del feminismo enfocada una visión utópica de internet como espacio no contaminado por los roles de género y desde donde sería posible eliminar las construcciones sociales. Feminismo filosófico Es una facción del feminismo que sostiene que la Historia de la Filosofía debe ser revisada, porque deja fuera a autoras y sus ideas, lo que crearía un sesgo de género en las principales corrientes que han dominado esta disciplina académica a lo largo del tiempo. Reexamina el trabajo de célebres filósofos que han teorizado sobre las mujeres. Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo Feminismo separatista Es una de las ramas más radicales del feminismo, pese a que no está basada en un principio de igualdad. En cambio, reconoce las diferencias, naturales o adquiridas, entre hombres y mujeres; y sostiene que, dada esa diferencia, la mujer debe mantenerse al margen de toda relación con el varón, como única forma de desarrollarse plenamente. Feminismo disidente Es una corriente del feminismo que encuentra una disconformidad con respecto a algunas ideas del feminismo radical, considerado como el ‘imperante’ o ‘hegemónico’. No obstante, comparte la base de la que parte el feminismo como el principio de búsqueda de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Feminismo liberal Puede considerarse equivalente al anterior, aunque con el añadido de la ideología política. El feminismo radical y el feminismo socialista, además de otros tipos de feminismo relacionados, están íntimamente relacionados con el marxismo, incluso con el comunismo, y son anticapitalistas.

  • En cambio, el feminismo liberal está abiertamente a favor del liberalismo económico.
  • Este movimiento genera mucha controversia entre las facciones del feminismo radical, dado que algunas personas de este movimiento consideran que el término ‘feminista’ debería estar íntimamente relacionado con el concepto de ‘anticapitalismo’.

Mas, como hemos mencionado, fue precisamente gracias al capitalismo que la mujer logró su emancipación del varón. Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo Feminismo factual o feminismo científico Es aquella corriente que defiende la igualdad de oportunidades y, a su vez que reconoce que existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y asume tales diferencias sin que estas puedan ser un impedimento para lograr tal igualdad efectiva.
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¿Qué problemas trae el feminismo?

Dossier El movimiento feminista en México en el siglo XXI: juventud, radicalidad y violencia 1 The Feminist Movement in Mexico in the 21st Century: Youth, Radicality and Violence * * Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), UNAM, México. Correo electrónico:, RESUMEN Este trabajo aborda el análisis del movimiento feminista recientemente generado en México (2019-2020), protagonizado inicialmente por mujeres jóvenes en el interior de la Universidad Nacional Autónoma de México, teniendo como núcleo central de sus demandas la denuncia y el alto a la violencia contra las mujeres. En la segunda mitad de 2019, este movimiento realizó numerosas movilizaciones y llevaron al paro a varias escuelas universitarias; y salieron a las calles, convocando a colectivos y actores/as sociales muy diversos. Se trata de un movimiento “de nuevo tipo”: con un/a actor/a protagónico/a peculiar, diversificado y, en muchos sentidos, diferente a los movimientos feministas anteriores, sin un liderazgo específico y unificado, y que se ha desplegado con un lenguaje “propio”, directo y confrontativo, recurriendo incluso al uso de la violencia como medio de “comunicar y sacudir”. Es un movimiento que ha conseguido impactar a la opinión pública, y otros logros significativos, como llamar la atención de las autoridades y generar ciertos cambios institucionales y normativos. Palabras clave: movimiento feminista; siglo XXI; juventud; violencia contra las mujeres ABSTRACT This paper addresses the analysis of the recent feminist movement in Mexico (2019-2020), initially led by young women within the National Autonomous University of Mexico and whose core demands centered around denouncing and putting a stop to violence against women, In the second half of 2019 this movement carried out numerous mobilizations and led several university faculties to a student strike; they took to the streets, summoning very diverse collectives and social actors. It is a “new type” of movement: it has a peculiar protagonist, it is diversified and in many ways different from previous feminist movements, lacking specific and unified leadership, and has been deployed with its very “own” language, direct and confrontational, even resorting to the use of violence as a means of “communicating and shaking”, This movement has managed to impact public opinion, among other significant achievements like securing the attention of the authorities and triggering institutional and normative changes. Keywords: feminist movement; 21 st century; youth; violence against women Introducción Desde los últimos meses de 2019 -más precisamente a partir de agosto- hemos asistido en México y en particular en la Ciudad de México, a una creciente y vigorosa movilización de mujeres jóvenes que han tomado el espacio público (calles, plazas, universidades, medios masivos y redes sociales) y han protagonizado a la fecha uno de los movimientos más novedosos, radicales y estimulantes de las últimas décadas. El núcleo central de sus demandas ha sido, desde el inicio, la denuncia y el alto a la violencia contra las mujeres, que en muy diversos ámbitos se ha hecho cada vez más visible y persistente, llegando a extremos escandalosos e inadmisibles, como el aumento de feminicidios en distintas regiones del país, con particular énfasis en Ciudad Juárez y el Estado de México. Desde hace más de cuatro décadas los feminicidios eran ya una dramática realidad en ciertas ciudades y entidades emblemáticas: Ciudad Juárez, en Chihuahua, distintos municipios del Estado de México como Ecatepec, ciertas ciudades de Veracruz y Guerrero, entre otros. En los años más recientes esta geografía de la violencia contra las mujeres se extendió progresivamente también a otras regiones -incluida la ciudad capital, Ciudad de México- Coahuila, Tamaulipas, Nayarit, Sonora, Oaxaca e Hidalgo, entre las más notorias. El aumento de los feminicidios ha sido, sin duda, la punta de lanza de la nueva oleada de movilización feminista, pero éste ha ido de la mano de otros muchos agravios y modalidades de violencia de género cada vez más inaceptables e intolerables para las mujeres, especialmente para las nuevas generaciones de jóvenes, extremadamente amenazadas en su vida cotidiana. El acoso, la violación, el secuestro, la trata, el amedrentamiento, la discriminación y el abuso presente en múltiples espacios (laborales, escolares, familiares) han sido signos inequívocos de un permanente asedio a las mujeres, que lejos de disminuir se ha agudizado en los últimos años. Si bien este escenario es nacional, y el movimiento desencadenado en torno a la violencia de género se inscribe también en este ámbito, uno de las manifestaciones más significativas y visibles fue la que surgió en el interior de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el seno mismo de la capital del país desde la primera mitad del 2018, y que se intensificó y adquirió creciente relevancia a partir de agosto de 2019. Y ello, porque fue en la propia Universidad Nacional donde se registraron de manera progresiva diversos episodios de violencia y denuncias por motivos de género, incluido el feminicidio de dos alumnas y reiterados casos de acoso, violación y desaparición de otras tantas. Esto condujo a que diversos colectivos estudiantiles de mujeres jóvenes realizaran numerosas movilizaciones y llevaran al paro a varias escuelas de bachillerato y nivel superior (varias de éstas se mantienen aún en esta situación); también condujo a que el movimiento rebasara los confines de la universidad, saliera a las calles, convocando a otros colectivos y actoras y actores sociales, y se uniera así también a una ola mucho más amplia latente en el país (y también en varios países de América Latina): la llamada “Marea Verde”, por la despenalización del aborto. Es importante hacer énfasis en el protagonismo de los colectivos de mujeres de la UNAM, ya que, en buena medida, fue a partir de las acciones convocadas por ellas que el movimiento se potenció en 2019, se extendió a otros grupos y colectivos feministas y de mujeres, y se fue posicionando un eje común para la acción, en el que confluyeron muy diversas demandas de movimientos previos y actuales centrados en la violencia contra las mujeres. En particular, la movilización organizada en el mes de agosto de 2019 ante el Gobierno de la Ciudad de México para denunciar la impunidad y falta de respuesta ante la violación de una mujer por policías locales fue un episodio que condensó los agravios acumulados y que agudizó la protesta al recibir una respuesta desatinada de las autoridades locales, quienes minimizaron la gravedad de la denuncia y no la atendieron con la inmediatez que correspondía. A partir de estos sucesos y hasta la fecha, la movilización de las mujeres fue in crescendo y dio forma a un movimiento álgido y novedoso, que en muchos sentidos puede catalogarse como “de nuevo tipo”: con un/a actor/a protagónico/a peculiar, diversificado e igualmente diferente a los feminismos anteriores, sin un liderazgo específico y unificado, con demandas centradas en la violencia por razones de género, en este caso contra las mujeres, pero con derivaciones e implicaciones en otros ámbitos del feminismo y de la condición de desigualdad genérica, y con un lenguaje muy “propio”, directo y confrontativo. Se trata de un/a actor/a con una nueva versión de la “radicalidad” que pone por delante grandes desafíos para los movimientos sociales y la acción colectiva en general, para la articulación y confluencia de diversos/as actores/as sociales, para los gobiernos e instituciones, y con un alto potencial que ha llevado al movimiento a poner en entredicho y replantear las coordenadas de la lucha política y la transformación social, “Los motivos del lobo” (o de la loba): el porqué de este movimiento Muy diversos son los factores que pueden identificarse como desencadenantes del movimiento actual, entre los cuales me interesa proponer al menos tres, de distinta índole, que vislumbro como centrales para entender los alcances y las formas de manifestación que éste ha adquirido: a ) el aumento generalizado de la violencia en nuestro país, y en particular la violencia contra las mujeres, b ) la impunidad en el tratamiento de los delitos de género, la ineficacia de la justicia y la “normalización” de esta situación, y c ) la expansión de una animadversión cada vez mayor de amplios grupos de hombres contra las mujeres, de un fuerte resentimiento e incluso de un odio manifiesto ante la creciente autonomización y empoderamiento de éstas, que se ha traducido en una suerte de “ánimo vengativo”. Aumento tangible de la violencia Para nadie es una novedad que en México la violencia ha aumentado notablemente en las últimas dos décadas, y que desde el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), con su estrategia de confrontación directa de combate al narcotráfico, la espiral de la violencia se potenció y alcanzó niveles nunca vistos desde la época de la posrevolución. Desde entonces, la violencia no sólo aumentó sino que se diversificó, se trasladó a nuevos nichos y anidó en ámbitos muy diversos (narcotráfico y crimen organizado principalmente), dando lugar a una oleada de delitos y agravios de toda índole: desapariciones forzadas, secuestros, enfrentamientos armados, robos y despojos, amenazas, extorsiones, intimidación y agresiones físicas y emocionales, para nombrar sólo algunos.2 Pese al cambio de estrategia de la actual administración de Andrés Manuel López Obrador y a la centralidad otorgada en la agenda de gobierno al problema de la inseguridad mediante la renovación de las políticas de seguridad pública, la creación de una Guardia Nacional y de fiscalías especializadas en distintos temas, los resultados favorables aún no han llegado y las tendencias tampoco se han logrado revertir de manera significativa.3 En este marco, la violencia contra las mujeres no ha sido una excepción y ha resultado persistente. De acuerdo con datos de 2016, en México 66.1 % de las mujeres, aproximadamente 30.7 millones (de los 46.5 millones de mujeres residentes de 15 años y más), han padecido al menos un incidente de violencia en alguna de sus manifestaciones: física, económica, emocional, sexual o de discriminación en el espacio laboral, escolar, comunitario, familiar o con su pareja ( INEGI, 2016 ). De este tipo de violencias, la emocional es la más alta (49 %) y le siguen la sexual (41.3 %), la económica (29 %) y la física (34 %). Esta misma en cuesta revela que por cada 100 mujeres de 15 años o más que han tenido pareja o esposo, 42 de las casadas y 59 de las separadas, divorciadas o viudas han vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual, siendo la emocional la más recurrente; destacan 10 entidades que están por encima de la media nacional, tanto con respecto a la violencia total a lo largo de la vida como en la violencia reciente (últimos 12 meses: octubre de 2015 a octubre de 2016): Aguascalientes, Chihuahua, Ciudad de México, Baja California, Coahuila, Jalisco, Durango, Querétaro y Yucatán. En la misma muestra se evidencia que el ámbito de la pareja y familiar es donde se experimenta la mayor violencia hacia las mujeres y que el principal agresor es casi siempre el esposo, la pareja o el novio.4 El segundo ámbito donde se manifiesta la mayor violencia (38.7 %) es el comunitario, o el espacio público: la calle, el parque o el transporte público. El espacio laboral está en tercer lugar, con 26.6 %, donde las mujeres han experimentado principalmente situaciones de acosos sexual y de discriminación, por género o por embarazo. Y el ámbito escolar ocupa el cuarto sitio, con 25.3 % de mujeres que hicieron frente a distintas formas de violencia tanto por maestros como por sus propios/as compañeros/as. Según información más reciente, de 2019, en México se registraron a lo largo de este año más de medio millón de casos de violencia contra las mujeres (507 000 casos), de los cuales 9 de cada 10 revelaron que el principal agresor es un familiar de la víctima. En este último año las entidades con mayor número de casos no se corresponden en sentido estricto con las de otros años, y destacan Estado de México, Jalisco, Quintana Roo, Michoacán, Hidalgo, San Luis Potosí, Chiapas, Nuevo León y Aguascalientes, en este orden.5 Dentro de lo anterior, sobresale la violencia feminicida (que no es la más generalizada, pero sí la más grave: lo mas generalizado son las violaciones), que de todas las violencias contra las mujeres es la más extrema por implicar la pérdida de la vida, y por estar casi siempre acompañada de brutalidad, vejaciones y torturas. De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Secretaría de Gobernación (SEGOB), entre 1985 y 2014 se registraron 47 178 “defunciones femeninas con presunción de homicidio” (DFPH) -referente utilizado para registrar los presuntos feminicidios- en México ( INMUJERES, SEGOB y ONU Mujeres, 2017 ), y se identificó a Guerrero, Chihuahua, Colima, Baja California y Baja California Sur como las entidades con mayor número de casos, a los que se añade el municipio de Ecatepec, Estado de México. Estos datos se potencian en 2018, año en que, según datos de la CEPAL (2018), el feminicidio en México llegó a 898 por cada 100 000 mujeres muertas por esta causa en el año. Hoy, en 2020, las cifras de feminicidio indican que sólo durante los dos primeros meses del año hubo en nuestro país 165 casos ( Velázquez, 2020 ); sin embargo, otras fuentes aseguran que de enero a diciembre de 2019 hubo en el país 1 006 feminicidios ( RompevientoTV, 2020 ), y que el promedio de muertes en esta modalidad llega actualmente a cerca de 10 por día. Visto de manera retrospectiva, se considera que de 2016 a la fecha los feminicidios han aumentado 137 % a nivel nacional ( Méndez y Jiménez, 2020 ). La variación en las cifras que ofrecen distintas fuentes se debe en buena medida a que aún no se hace uso de un criterio unificado para definir el feminicidio y determinar en qué casos los homicidios registrados contra las mujeres corresponden a esta categoría (feminicidio). Sin embargo, es claro que el atentado contra la vida de las mujeres ha ido en aumento 6, En el caso específico de la UNAM, estas cifras también son reveladoras, pues en un reciente Informe Anual (2019) se afirma que durante solamente un año fueron presentadas 436 quejas por violencia de género, y 385 personas fueron señaladas como presuntos/as agresores/as.99.3 % de quienes presentaron las quejas son mujeres, mientras que 94.5 % de los presuntos agresores son hombres. Entre quienes han presentado las quejas son mayoritariamente estudiantes; en segundo lugar, personal administrativo, y en tercero lugar, académicas y académicos. Los principales tipos de violencia registrados son psicológica, sexual, física, económica, patrimonial y de discriminación ( Oficina de la Abogada General de la UNAM, s.f.). Todo lo anterior nos indica que no hay, como se dice hoy, sólo un aumento en la visibilización de la violencia contra las mujeres, sino un aumento real del propio fenómeno. Impunidad en el tratamiento de los delitos de género e ineficacia del sistema de justicia A partir de los años 90, uno de los grandes logros del movimiento feminista latente en México ha sido precisamente el reconocimiento y tipificación de distintos delitos por cuestiones de género y, de manera específica, de delitos relacionados con las distintas formas de violencia: como violencia sexual, discriminación, acoso, violación y el propio feminicidio.7 Estas conquistas, si bien han sido acreditadas legalmente y validadas por las instituciones del orden federal y de la capital del país, no se han visto correspondidas en el ámbito del ejercicio efectivo de la justicia, y por tanto no se han trasladado aún al plano de los hechos. Debido a la legislación correspondiente, al reconocimiento de los derechos de género con respecto a la violencia y a la firma de los Tratados Internacionales por parte de México ( Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer “Convención Belém do Pará”, 1999 ; Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la mujer, CEDAW, 2011 ) que norman esta problemática, se cuenta en general en nuestro país con la cobertura legal formal necesaria para hacer justicia en esta materia; no obstante, la judicialización de los casos de denuncia, los procedimientos institucionales, la penalización y, más aún, las sanciones a los delitos son procesos que permanecen indefinidos o estancados, que caminan con gran lentitud y que no garantizan la justicia ni la reparación del daño; 8 en la mayor parte de los casos no se traducen en hechos tangibles y por tanto quedan impunes. Esto es, persiste una virtual falta de justicia en términos de violencia hacia las mujeres que responde a factores de diverso orden, como las dificultades añejas en México en los procedimientos judiciales, el temor de las víctimas a las denuncias, la ineficacia del sistema de justicia, la errónea clasificación de los delitos, la falta de sensibilidad de jueces y funcionarios con respecto a la condición de género y, en muchos sentidos, la persistencia de una simulación en el interés por el tema; a esto se añade igualmente el hecho de que, en términos generales, quienes llevan a cabo estos procedimientos dentro del sistema de justicia lo hacen también desde una “visión de género”, cargada de prejuicios y estigmas contra las mujeres. Algunos datos recientes indican, por ejemplo, que (en términos generales) de los 33 millones de delitos que se registran en el país cada año sólo se denuncian 1 900 000, y de estos, es un mínimo porcentaje el que culmina en una sentencia. De acuerdo con la secretaria de Gobernación, esto se debe en gran medida a la carencia de un número suficiente de jueces, pues hay en realidad únicamente 4 jueces por cada 100 000 habitantes ( Arista, 2019 ). De igual manera, según el Diagnóstico de Acceso a la Justicia y la Violencia Feminicida de 2018, se constata que, en México, 50 % de los feminicidios no son consignados ante la justicia, mientras que 90 % no se investigan y, por tanto, los culpables permanecen sin castigo ( CNDH, 2018 ). Por otra parte, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) asegura que se denuncian al año en nuestro país 600 000 casos de abuso sexual, de los cuales 90 % son contra mujeres, y de estos la mitad contra menores de 15 años; sin embargo, más de 90 % de los abusos que ocurren realmente no son denunciados y quedan por tanto en la opacidad. En el caso de la Ciudad de México, persisten también numerosas irregularidades como la que refiere a que de las 713 mujeres asesinadas entre 2012 y 2017, sólo 292 fueron “clasificados”, y todos fueron atendidos como “homicidios dolosos”. Dada la emergencia en materia de violencia de género en el país, a partir de 2015 fue declarada de manera progresiva la Alerta de Violencia de Género (AVGM) en distintas entidades de la República (18 en total), entre otras Campeche, Colima, Chiapas, Guerrero y el Estado de México; no obstante, en 2019 existían en estas mismas entidades 64 % de carpetas de investigación abiertas, sin resolución y, por tanto, sin ejercicio de justicia. Actualmente, la AVGM ha sido declarada en 21 entidades y en tres se encuentra en proceso, entre estas últimas la de la Ciudad de México ( CONAVIM, 2018 ). En todos los casos anteriores, y en muchos más, es común la falta de respuesta efectiva a los diversos sucesos de violencia; desde el acoso hasta el feminicidio han carecido en general de la atención correspondiente, del seguimiento del debido proceso, 9 y de la reparación del daño, cualquiera que sea la modalidad en que ésta deba hacerse. Entre otras cosas, el aumento en la violencia de género y, en particular, de los feminicidios, se debe precisamente a que pese a toda la parafernalia jurídica e institucional existente los agresores saben bien que “no pasa nada”, y en última instancia se harán acreedores a sólo un castigo menor. De aquí que sea la impunidad una de las causas de mayor agravio para las mujeres que han sido víctimas de violencia, al mismo tiempo es uno de los desencadenantes de la rabia y de la movilización en curso. La animadversión, el resentimiento y el odio contra las mujeres De muchas maneras, la violencia o el maltrato hacia las mujeres ha estado presente a lo largo de la historia, y se ha mostrado de muy diversas maneras en las distintas sociedades, a partir de la naturalización de un conjunto de atributos y roles diferenciados de mujeres y hombres, y de un tipo de relación entre ambos atravesada por la subordinación y/o sometimiento de las primeras a los segundos, del reconocimiento de una supremacía incuestionable de los hombres que ha sido nombrada como “patriarcado”; actualmente se puede aludir a ello como la persistencia de dinámicas patriarcales y de una cultura machista. De acuerdo con Segato (2003), esta relación se ha sostenido siempre en la institución de un sistema de estatus basado en la “usurpación o exacción del poder femenino por parte de los hombres”, que ha garantizado el tributo de sumisión, domesticidad, moralidad y honor que reproduce el orden en el cual el hombre ejerce su dominio y luce su prestigio ante sus pares. De aquí que sea en la capacidad de dominar y exhibir el prestigio donde se sustenta en buena medida la subjetividad de los hombres y donde se arraiga la jerarquía de su “masculinidad”, que le confieren su sentido de identidad y su propia humanidad. Un estatus así instituido y una relación desigual así naturalizada ha construido históricamente también una diferenciación claramente decantada donde el “nosotros” y el “ellas” se han correspondido sobre la base de la identidad asignada a cada uno/a y, sobre todo, sobre la asimetría (social, económica y también biológica) existente entre ambos. La alteración del complejo y delicado equilibrio sostenido entre ambas posiciones y condiciones -generado de manera creciente en la segunda mitad del siglo XX, con los derechos civiles y el ingreso de las mujeres al mercado laboral y a la formación profesional, y de forma más expansiva hacia finales de siglo con el reconocimiento y posicionamiento de la perspectiva de género, la agenda mundial de género (Naciones Unidas, 1995; CEPAL, 2013 ) y los derechos sexuales y reproductivos- ha abierto una creciente fractura en las relaciones sexo genéricas. Al tiempo que las mujeres se afirman como sujetos/as de derechos, profesionales, emprendedoras, con capacidades propias, educadoras, políticas y tomadoras de decisiones, los hombres han sido paulatinamente desplazados de su estatus constitutivo y de su jerarquía, teniendo que compartir sus atributos y “privilegios” con las mujeres. Tal alteración ha trastocado numerosos ámbitos de expresión, afirmación y realización usualmente inherentes al mundo masculino (en particular el heterosexual), generando en los varones desconcierto, por decir lo menos, y fuertes afectaciones en el ámbito de su subjetividad y en el mandato de su virilidad. A partir de esto, la percepción de los hombres sobre la relación entre el “nosotros” masculino y el “ellas” (las otras) femenino ha cambiado cualitativamente; la complementariedad y el “equilibrio” “naturales” antes inherentes a esta relación se han difuminado, dotando hoy a las mujeres de un potencial que resulta amenazante y disruptivo del orden establecido. Estas condiciones han hecho emerger de manera progresiva entre los varones un sentimiento negativo de resentimiento, animadversión e incluso de odio hacia las mujeres que se trasmina en las formas extremas de violencia que hoy proliferan contra ellas. Se trata de un sentimiento negativo como el que se cultiva en otras dimensiones de la condición humana y de las relaciones humanas, y anida en grupos o clases (un nosotros ) posicionados ante otras y otros que por múltiples razones consideran como enemigos, adversarios, gente incómoda o molesta para la existencia del ser del propio grupo: etnia, nación, religión, clase social, preferencia sexual, etc., en este caso, la condición genérica. Es alguien que por principio produce rechazo, antipatía, ánimo de venganza, necesidad de sometimiento y hasta de eliminación. En este marco se puede entender la exacerbación de la violencia hacia las mujeres en las décadas más recientes, donde no se trata ya para los varones de asumir el reconocimiento de las otras en tanto mujeres insertas y compatibles con el esquema patriarcal tradicional, 10 sino de las otras como mujeres de nueva generación, con diversos grados de autonomía, desarrollo de capacidades propias, ejercicio de libertades, acceso a posiciones de poder, es decir, como mujeres en condiciones de igualdad, Es en este contexto donde asumo que se explica la hostilidad, la animadversión, la misoginia, la saña, la crueldad extrema; donde es posible entender las vejaciones y las violaciones y, sobre todo, la mayor recurrencia del feminicidio. Son las mujeres que abandonan ese papel histórico, que se rebelan y se empoderan de una u otra forma, las que despojan a los varones de su pedestal y se vuelven por ello depositarias de su odio, Un movimiento feminista de “nuevo tipo”: ¿continuidad, ruptura, renovación? En el escenario antes descrito, la irrupción y/o expansión del movimiento feminista en México en el 2019 es claramente un fenómeno “diferente” que poco se parece a la tradición que conocemos en nuestro país bajo ese nombre – movimiento feminista -. Con esto quiero decir que es un proceso de acción colectiva que ha emergido, se ha mostrado y se ha sostenido a través de modalidades que no habían sido las usuales en el movimiento feminista desarrollado en México durante las cinco décadas anteriores, desde los años 70 cuando se generaron las primeras manifestaciones en torno a la problemática de género. El tipo de movilización y de organización, el tono de las convocatorias, el tipo de acciones emprendidas, el lenguaje construido y, en general, las formas de gestión de las demandas en este trayecto corrieron por vías muy diversas -de acuerdo con las estrategias definidas en cada periodo y coyuntura-, inscritas en general en el ámbito de la política, esto es, en el del reclamo, la exigencia, la interlocución, la negociación e incluso la colaboración con los distintos actores políticos: gobierno, instituciones, partidos, Senado y Congreso, y también con otros actores sociales insertos en la sociedad civil ( Lamas, 1997, 1998, 2018 ; Jaiven, 1987 ; Jaiven y Espinoza, 2019 ; Álvarez, 2008 ). En este sentido, el movimiento feminista en México ha sido un movimiento que a lo largo de cinco décadas se ha transformado en un actor con fuerte influencia en distintos planos del propio ámbito político, además del social y cultural. Cabe precisar que al aludir al movimiento feminista en México no me estoy refiriendo a un(a) actor(a) claramente delimitado(a), unificado(a) y homogéneo(a), sino a un conjunto amplio de organizaciones y modalidades de acción y movilización que no han sido siempre coincidentes pero que han generado formas de identificación, confluencia y articulación en distintos planos (a veces de manera permanente y a veces de manera coyuntural) en torno a distintas temáticas de la problemática de género; 11 de aquí que sea posible reconocerlo como un movimiento en términos amplios, articulado en torno a una problemática común (aunque vasta y diversificada), y que ha construido cierta afinidad en lo que refiere al impulso de estrategias orientadas a transformar las condiciones de género, generar mayor igualdad entre hombres y mujeres, defender los derechos de las mujeres y erosionar la dinámica del patriarcado. En este amplio movimiento han tomado parte activistas, académicas, funcionarias y políticas, entre otras ( Lamas, 1997, 1998, 2018 ). Los temas centrales que han convocado y articulado a organizaciones y movilizaciones feministas en México a lo largo de estas cinco décadas han transitado por distintas etapas; a grandes rasgos se pueden ubicar de la siguiente manera: la primera (década de los 70), centrada en el libre ejercicio de la sexualidad, la maternidad voluntaria y la atención a las mujeres violadas; una segunda (década de los 80), en torno a los derechos laborales de las mujeres de sectores populares y trabajadoras en general, la tipificación de los delitos sexuales, la introducción de la perspectiva de genero en las políticas de atención a las mujeres y la denuncia de la violencia de género; la tercera (década de los 90) orientada a la incidencia en el ámbito público -en políticas, leyes, instituciones, y asumir la transversalidad de esta problemática en todo el proceso de elaboración e implementación de las políticas públicas- en función de la promoción y defensa de los derechos sexuales y reproductivos, la despenalización del aborto, la penalización de los delitos sexuales y por políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres ( Lamas, 1997, 1998, 2018 ). En las dos décadas más recientes -a partir del año 2000- se han mantenido vigentes los temas del tercer periodo, añadiendo la lucha por la paridad de género en partidos, instituciones y gobierno, y haciendo un énfasis particular en los temas referidos a la violencia de género.12 Los logros del feminismo en este trayecto han sido numerosos, sustantivos e incuestionables y han posicionado al movimiento por casi medio siglo como uno(a) de los(as) actores(as) más consistentes y protagónicos(as) tanto en el ámbito nacional como en el de la ciudad capital. En este proceso el tema de la violencia de género ha sido uno de los más persistentes desde los años ochenta, pero indudablemente ha cobrado presencia y vigor en el transcurso del siglo XXI, con la intensificación de la violencia generalizada en nuestro país desde 2007 -momento de inflexión en el aumento desmedido de la violencia de género- y con el creciente acceso de las mujeres a la vida pública. En muchos sentidos, las mujeres jóvenes que protagonizan el movimiento feminista actual son sin duda herederas del trayecto y la tradición feminista ya instalada en México, en particular en la Ciudad de México y, de muchas maneras son depositarias de los logros previos en esta materia. No obstante, resulta interesante y paradójico constatar que de manera declarada no existe un reconocimiento del actual movimiento como “producto” y/o “continuación” de tal herencia, y tampoco el reconocimiento de algún tipo de parentesco manifiesto con sus antecesoras. Una de las peculiaridades de las feministas de este siglo XXI, y me refiero especialmente a las que potenciaron el movimiento en 2019, es que se muestran precisamente como un(a) nuevo(a) actor(a), con lenguaje, estrategias de acción, con un hábil manejo de las redes sociales y con demandas “muy propias” que definen su singularidad y, en buena medida también, su pertenencia a una nueva generación.13 Tal vez lo más identificable por principio sea precisamente su juventud, pues las protagonistas más visibles son mujeres entre 18 y 23 años, muchas de ellas estudiantes del nivel medio superior (bachillerato) y de licenciatura. Entre las convocantes originarias, prácticamente no se visualizan mujeres jóvenes de entre 25 y 35 años y menos aún mujeres maduras o de la tercera edad. La mayor parte son de clases medias y populares, insertas de una u otra manera en la universidad pública y, por ello, con cierto nivel de formación e información. El tema desencadenante de la movilización ha sido sin duda la protesta y la denuncia ante la violencia contra las mujeres, en sus distintas manifestaciones: acoso, violación, discriminación, maltrato y feminicidio, pero éste ha estado vinculado desde el inicio también a las diversas formas de exclusión de las mujeres y a la impunidad. La intensidad de los reclamos ha emergido a partir de entender una nueva forma del ser mujer en este siglo, en la que para las jóvenes se ha llegado a un límite donde existe un hartazgo insoportable ante los agravios históricos que han padecido las mujeres, donde la “normalización” de la sujeción y la violencia contra ellas de todas las generaciones es ya insostenible. De aquí que el movimiento se haya caracterizado desde el inicio por fuertes exabruptos y explosiones de rabia contra los hombres, las instituciones, los medios y las complicidades silenciosas; de aquí también los mecanismos radicales y disruptivos que las protagonistas han implementado; el tono de exigencias sin cortapisas, la intolerancia, desesperación y hartazgo ante la falta de respuesta de las instituciones y el uso incluso de la violencia como medio para sacudir y llamar la atención. Para entender el devenir del movimiento actual quiero distinguir dos etapas: 14 una primera, que tiene su origen en episodios y movilizaciones esporádicas en el periodo de 2017 a 2019 en el interior de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde destacan las movilizaciones estudiantiles ante 2 feminicidios de alumnas de nivel bachillerato de la propia universidad (Lesvi Berlin Osorio y Miranda Mendoza Flores), manifestaciones de denuncia contra el acoso de autoridades y profesores universitarios, así como exigencias de mayor presupuesto para garantizar la seguridad dentro de las instalaciones de la universidad. Estos sucesos se vinculan con la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de todas las Formas de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) en los dos primeros años. El proceso continúa en 2019, en el marco del movimiento internacional #MeToo, con la implementación de paros en algunas escuelas de la UNAM (en particular las Facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, así como en el Colegio de Ciencias y Humanidades, Azcapotzalco), la realización de asambleas y numerosas denuncias sobre presuntos agresores, violadores y encubridores pertenecientes a la propia comunidad universitaria. La segunda etapa se inicia en agosto del 2019 cuando la oleada feminista de la UNAM sale de los confines institucionales y toma las calles para abrir la movilización y denunciar la violación de una mujer por policías del gobierno de la Ciudad de México, exigiendo su castigo. En torno a este episodio se desplegó una amplia campaña en redes sociales con el hashtag #NoMeCuidanMeViolan, que generó una gran convocatoria entre grupos feministas externos a la universidad y también entre distintos sectores de mujeres en la ciudad. Esta movilización fue conocida como “la marcha de la diamantina”, porque las mujeres congregadas en el exterior del Ministerio Público lanzaron diamantina morada a los policías parodiando una “acción agresiva”, defensiva ante ellos. A partir de esta marcha, el movimiento creció y se intensificó ampliando su radio de influencia hacia otros grupos feministas de la sociedad capitalina y, más allá, a través de las redes y los medios masivos, a otras agrupaciones y movimientos de mujeres feministas en otras entidades del país. En los meses siguientes, en el interior de la universidad continuaron y se prolongaron los paros en varias escuelas y facultades, persistieron las movilizaciones en el campus, fueron colgados largos tendederos con fotografías que exhibían a agresores identificados en cada dependencia y circularon distintos pliegos petitorios puntualizando sus demandas. Con todo ello, la organización de las estudiantes jóvenes se consolidó ( asambleas y colectivos ) y abrió un proceso de interlocución con las autoridades. Las principales demandas se centran en las siguientes cuestiones 1) modificación el Estatuto de la UNAM para reconocer la violencia de género como una falta grave, 2) destitución de ciertas autoridades por complicidades y omisiones, 3) reapertura de casos de denuncia insatisfactorios por la negligencia de las autoridades, 4) formación de la Comisión tripartita de Unidad de Atención a la Violencia de Género en las escuelas y facultades, 5) institucionalización la perspectiva de género y cursos de género en los planes de estudio de las licenciaturas, 6) impartición de talleres con perspectiva de género y feminista para profesores(as) universitarios(as), 7) acompañamiento psicológico para las víctimas de violencia (contratación de tres plazas para psicólogas es pecializadas), 8) no criminalización de la protesta gráfica, 9) seguimiento puntual de las demandas en curso por violencia de género en las escuelas de la UNAM y 10) asignación de espacios para actividades de las mujeres organizadas en la UNAM ( Diario Rotativo, 2020 ). Pese a la apertura a cierto tipo de “negociación” por la vía de los pliegos petitorios hay una clara reticencia al diálogo y la interlocución directa con las autoridades; y persiste el tono de la exigencia inapelable y del “todo o nada”.15 Paralelamente en el exterior, en los meses de octubre y noviembre (2019) y febrero (2020, San Valentín) 16 son convocadas nuevas marchas callejeras por arterias emblemáticas de la ciudad en las que se congregan cada vez grupos más numerosos de mujeres y feministas, siempre encabezadas por el movimiento de la UNAM. Estas marchas van subiendo de tono en las demandas y en el ímpetu con que se externan los reclamos, pues en medio del despliegue de todo este movimiento tienen lugar dos nuevos feminicidios que resultan emblemáticos: el de Ingrid Escamilla, mujer de 45 años asesinada por su pareja sentimental, y el de Fátima, una niña de 7 años que fue torturada, abusada y asesinada por un hombre cercano a su familia; ambos casos fueron especialmente escandalosos y agraviantes por las condiciones en que acontecieron, por los excesos mediáticos y, en el caso de Fátima, por llegar al extremo de atentar directamente contra una niña. En tales condiciones, la exigencia, la indignación y la rabia fueron mucho más allá de la “demanda cívica” y “la petición formal”. En estas marchas las principales consignas rezaban: “Nos queremos vivas”, “Ni una menos”, “México feminicida”, “La patria mata”, “Que arda la simulación”, “Si tocas a una respondemos todas”, “Vivas y sin miedo”, “El miedo ya no nos paraliza, nos despierta”, “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “Disculpe las molestias, pero nos están matando”. Cada consigna hace evidente la centralidad de la rabia contra la violencia, la impunidad y la simulación de las autoridades, así como la adrenalina que las impulsa y la disposición a llegar hasta las últimas consecuencias. El ímpetu y el enojo superan el discurso y se expresan directamente en vistosas pintas sobre monumentos y sitios patrimoniales (el Ángel de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez, los edificios históricos, el palacio de Bellas Artes y las puertas del propio Palacio Nacional en la plaza central); las mujeres se apropian de ellos y dejan plasmadas en sus texturas su rabia y su hartazgo. Algunas mujeres en grupos acotados asisten a la marcha vestidas de negro y encapuchadas, con los rostros cubiertos y empuñando palos, objetos punzocortantes y gases lacrimógenos golpean vidrieras, puertas, puestos callejeros y monumentos que encuentran a su paso. Es también manifiesto su ánimo violento y su incompatibilidad con las “buenas formas” y el “comportamiento cívico”. A estas alturas del movimiento, tanto dentro como fuera del campus universitario se asume de manera cada vez más clara el uso de la violencia como uno de los recursos o herramientas legítimas para la negociación de las demandas del movimiento; se reivindica la intervención (las pintas) de los monumentos y espacios patrimoniales en tanto “sitios de pertenencia colectiva” susceptibles de ser resignificados, y como un “ejercicio contrahegemónico” ( Viera y Salas, 2020 ). El uso de la violencia por parte del movimiento es cada vez más frecuente en las tomas de las escuelas universitarias, donde un grupo acotado de encapuchadas/os arriba a los recintos armado con armas “blancas” amedrenta a estudiantes, autoridades y trabajadores/as y cierra los planteles sin mediar ningún tipo de consulta o consenso con la comunidad de referencia. Este tipo de acciones, que se visualiza tanto en las marchas como en las tomas de las escuelas es algo que ha generado confusión y se ha asociado también con la intervención de “agitadores externos” o “provocadores”, los cuales son, en general, ajenos al movimiento. La intromisión de agitadores externos ha sido, de manera recurrente, parte de una estrategia de desestabilización o desvirtuación de los propios movimientos sociales en México y este caso no es una excepción. En los meses transcurridos ha habido recurrencia en este tipo de intromisiones, y existe una frontera borrosa que no logra ser claramente dilucidada entre uno y otro uso de la violencia. Sin embargo, es altamente probable que esto forme parte de una estrategia de “desmovilización” social, como otras que han sido instrumentadas en México en movimientos precedentes.17 Entre los rasgos prototípicos de este movimiento podemos identificar con claridad modalidades muy propias de incidir y gestionar sus demandas; muy distintas a aquellas empleadas por las generaciones previas de feministas. Más que un “diálogo” o una “negociación” se acude a la movilización, la irrupción violenta y la confrontación, y se ostenta una suerte de principio de “arrancar” a autoridades e instituciones acuerdos, reformas, cambios sustantivos y, sobre todo, compromisos tangibles que garanticen las exigencias “integrales” y de “largo plazo” que se plantean. Hay un rechazo fehaciente a recibir “migajas” y “logros acotados”, y una exigencia de dar un salto cualitativo que genere un cambio radical, Sostener esta actitud y esta convicción que para muchos/as se ostentaba como “ruda”, “intolerante” e incluso “agresiva”, fue algo que, sin embargo, empezó a dar sus frutos y la respuesta de las autoridades universitarias se hizo presente de manera progresiva en distintas escuelas y facultades hacia diciembre de 2019, respondiendo a las demandas de los pliegos petitorios, a pesar de las protestas y desacuerdos de buena parte de la comunidad universitaria y de la opinión pública sobre por el uso de la violencia, “la intolerancia”, el vandalismo y los daños al patrimonio. Las autoridades de la UNAM y el Consejo Universitario, en su sesión del 12 de febrero, dieron una respuesta positiva a la mayor parte de las demandas del movimiento. Entre lo más relevante destaca la reforma a varios artículos del Estatuto universitario, 95, 98 y 99, donde se establece por primera vez que la violencia de género en la UNAM será considerada como una “falta grave”, y se reconoce también la ampliación del Tribunal Universitario con paridad de género y con miembros capacitados/as en Perspectiva y Enfoque de Género y en materia de Derechos Humanos.18 De manera particular, en algunas escuelas y Facultades -como Ciencias Políticas y Sociales- las autoridades correspondientes acordaron reconocer la situación de violencia estructural e institucional hacia las mujeres en el interior de la UNAM y asumir el compromiso de garantizar la seguridad de las integrantes de la comunidad universitaria, así como a atender aplicar medidas para evitar la criminalización y las agresiones contra las mujeres. Igualmente, se aceptó la creación de Unidades de Género (Unidad para la Atención a la Violencia de Género, UNAVG) remuneradas y con reconocimiento institucional en las facultades, para tomar decisiones pertinentes relacionadas con la erradicación de la violencia hacia las mujeres; en el nivel general de la UNAM se acordó instituir una Coordinación para la Igualdad de Género con las mismas funciones en el ámbito institucional, y con un presupuesto para garantizar su funcionamiento. Entre estos acuerdos, se estableció en algunas facultades la creación de una materia integrada al Plan de Estudios sobre la problemática de género, así como la introducción de la perspectiva de género en distintas materias del Plan de Estudios de cada licenciatura. Mientras tanto, en el ámbito gubernamental, la respuesta del presidente de la República y de algunos funcionarios y funcionarias fue errática, poco empática e insensible ante la gravedad de la situación. El presidente reconoció el problema existente de violencia hacia las mujeres, pero minimizó su impacto real en la realidad de nuestro país y la urgencia de atenderlo; insistió, en cambio, en encauzar todo esto por la vía de una “cultura de paz”, un comportamiento cívico, la manifestación pacífica, el respeto al patrimonio, etcétera. No obstante, esta actitud errática del presidente fue “compensada” y equilibrada más adelante por un Comunicado oficial encabezado por la secretaria de Gobernación (Olga Sánchez Cordero, quien explícitamente se asume como “feminista”) en el mes de febrero, y avalado por numerosos integrantes del gabinete (hombres y mujeres). En este Comunicado se reconoce la respuesta tardía del gobierno ante lo dramático de la situación y se declara de manera enfática la asunción de este problema como urgente y prioritario; se reconoce la legitimidad de las demandas de los distintos movimientos feministas manifiestos, se reconoce igualmente la responsabilidad del Estado para hacer frente a la violencia feminicida y se anuncia una coordinación institucional para atender de manera inmediata las distintas formas de violencia contra las mujeres. Se hace saber que se trabaja en modificar las inercias institucionales, para darle prioridad al tema, subirlo al primer nivel y cambiar la forma en que las instituciones han actuado hasta la fecha. Se asume también que los principales retos para ello se encuentran en las medidas de prevención, de atención y en la sanción en todos los ámbitos: educativo, familiar, laboral y el espacio público. Y se enuncian distintas medidas inmediatas para avanzar en ello. Finalmente, se expresa que “un acuerdo central de hoy entre todas las dependencias es la declaración de las violencias contra las mujeres como prioridad nacional” ( Sistema Nacional DIF, 2020 ).19 Tanto la respuesta de las autoridades universitarias como la de las autoridades federales deja ver el impacto generado por el movimiento feminista movilizado durante apenas unos meses, la resonancia que éste logró alcanzar en este tiempo y algunos de los aciertos más significativos hasta ahora conseguidos. Por todo lo aquí descrito, se puede decir que el actual movimiento feminista representa en muchos sentidos una continuidad con los feminismos precedentes, pero expresa también una “ruptura” en cuanto a las tácticas y estrategias antes implementadas y en lo que refiere a la pretensión de construir un movimiento articulado; esto hace pensar en una suerte de “renovación” y “reformulación” de los términos y formas de expresión del feminismo en México. Un movimiento complejo: la confluencia de feminismos diversos y el significado del 8M y el 9M En el transcurso de unos meses el movimiento gestado en la UNAM adquirió resonancia en los medios, generó adhesiones de numerosos grupos y asociaciones feministas y no feministas, convocó a sectores más amplios y, como se ha dicho, trascendió las fronteras de la universidad. Una de las peculiaridades notables es que desde el inicio no ha sido un movimiento unitario, homogéneo ni claramente estructurado. Incluso el movimiento gestado dentro de la UNAM ha sido desde el principio un agrupamiento de diversos grupos de mujeres que se reconocen y se nombran con distintos adjetivos a través de los cuales indican su rasgo distintivo. Entre estos grupos destacan, por ejemplo, las mujeres de la Asamblea separatista y las Mujeres organizadas de distintas facultades, la Asamblea Interuniversitaria de Mujeres, y otro grupo autodenominado Anarquistas. Las diferencias entre estos se relacionan con distintos aspectos, como si se aceptan hombres como parte del colectivo o no, si se visten de negro y se encapuchan, si aceptan la negociación o asumen como necesario el uso de la violencia, o si la exigibilidad de las demandas es “total” o “integral”, o si es posible negociar por “partes”. Lo cierto es que se trata de una composición compleja, la cual, pese a todo, ha logrado generar ciertos “acuerdos comunes” sobre temas sustanciales (denunciar el acoso, la discriminación, y la impunidad en los abusos contra las mujeres), al mismo tiempo que ha logrado ejercer cierto “respeto” por las diferencias y sus implicaciones. Esto significa que en ocasiones actúan de común acuerdo y en otras, incluso dentro de la misma estrategia (las marchas, por ejemplo), hay cabida y tolerancia para el despliegue de distintas acciones que podrían resultar “contradictorias” entre sí; se combinan la manifestación pacífica con las pintas a monumentos y edificios patrimoniales y con acciones violentas que rompen vidrios, agreden a policías y lanzan explosivos. La diversidad de expresiones en el interior del movimiento de la UNAM es algo que se reprodujo y potenció en el movimiento amplio desarrollado en el espacio público de la ciudad. Esto se hizo especialmente visible en las Convocatorias para el 8M por el “Día internacional de la Mujer” (8 de marzo), y el 9M (9 de marzo), por el paro general denominado “Un día sin nosotras”. La marcha del 8 de marzo replicó las marchas realizadas en la misma fecha año con año, pero esta vez alcanzó dimensiones nunca antes vistas en una manifestación feminista en México. La asistencia (calculada por varios analistas en cercana al medio millón de personas, mujeres en su gran mayoría), la confluencia de feminismos diversos, grupos variados de la sociedad civil y una alta proporción de población “en general”, que se sumó en calidad de simpatizantes recientes del movimiento, y la intensa energía condensada durante cerca de 6 horas, construyeron un escenario totalmente nuevo y de alto impacto. A esto se añade la presencia mayoritaria de mujeres jóvenes que en esta ocasión fueron sin duda las principales protagonistas. Desde la propia convocatoria se hizo manifiesta la diversidad de feministas y actoras que lanzaron llamados, se pusieron la camiseta y asumieron la necesidad de “hacerse parte”. En el transcurso de la marcha una de las cuestiones que llamó especialmente la atención fue la composición multicolor de las asistentes, a través del despliegue de pañoletas y camisetas violetas, verdes y rosas, que pusieron de relieve la conjunción de distintas demandas ligadas al feminismo y al movimiento de mujeres. El violeta fue sin duda el color predominante, que dejaba en claro la centralidad de la demanda por la no violencia hacia las mujeres compartida por grupos feministas y no feministas; pero destacó también el color verde, más ligado a las luchas feministas por los derechos sexuales y reproductivos, en particular por el aborto libre, seguro y gratuito, que es ya un derecho ganado en la Ciudad de México, pero no aún en la mayor parte de las entidades del país. Y aunque en menor proporción el color rosa hizo presentes las demandas de los grupos trans contra la violencia transfóbica y las exclusiones. La diversidad también se mostró con relación a los grupos de la sociedad civil y de la población en general participantes, además de las feministas: agrupaciones de víctimas de violencia y de desaparición forzada, de derechos humanos, de ambientalistas, de indígenas, de trabajadoras, estudiantiles, colectivos artísticos y culturales, entre otros. Algo sorpresivo e inesperado fue la súbita “aparición” de voces y contingentes de sectores conservadores y de la derecha política del país, usualmente furibundos críticos del feminismo, que se sumaron al clamor por la no violencia, pero no dejaron pasar la oportunidad para denostar al gobierno y a la política gubernamental. Pese a que no hubo una convocatoria unificada para la marcha, la organización de ésta logró cierta estructura y con antelación se dieron a conocer algunos criterios importantes (también novedosos) para su desarrollo. Así se dio prioridad y se cedió la cabeza de la marcha a los grupos de madres de víctimas de violencia de género y de desaparecidos/as en el país, posteriormente a las agrupaciones feministas “separatistas” (las que no admiten hombres en el contingente), más atrás a las organizaciones feministas “mixtas”, y finalmente a agrupaciones varias y población en general. Esto da cuenta de que aún con la apertura y diversidad de demandas, la centralidad estaba en la violencia de género. Como mencioné desde el inicio, en el trayecto de estos meses el tema de la violencia de género ha alcanzado una gran amplitud y se ha desdoblado en múltiples dimensiones, en este sentido, las consignas presentes en el 8M dan cuenta del potencial alcanzado. Entre las más recurrentes están: “Existo porque resisto”, “Tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista”, “Si tocas a una respondemos todas”, “Somos la voz de las que ya no están”, “Nos sembraron miedo, nos crecieron alas”, “Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”, “Mi cuerpo, mi decisión”, “Vivas nos queremos”, “Fue el Estado”, “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “Patriarcado es impunidad”, “El 8 no se felicita, se lucha”, “Los machos nos matan”, “Calladita no te ves más bonita”, “No somos histéricas, somos históricas”, “Me cuidan mis amigas, no la policía”, “Quiero vivir sin miedo”, “Si tocan a una nos tocan a TODAS”, “Contra la violencia laboral”, “Yo sí te creo”, “El Estado opresor es un macho violador”, “Libres, no valientes”, “Mujeres indígenas, mujeres visibles en defensa de nuestros territorios”, “Se va a caer, se va a caer, el patriarcado se va a caer”, “La revolución será feminista o no será”, “NO ES NO”, “Que sea la libertad nuestra única sustancia”, “Nunca más una ciencia sin nosotras”, “Hay que ABORTAR el sistema patriarcal”, “Nuestra rabia quebrará el patriarcado”, “La verga violadora va a la licuadora”, “Mujer, hermana, si te pega no te ama”, “Mi cuerpo no es objeto de consumo”. En términos generales la marcha transitó sin mayor problema y fluyó durante 6 horas por las calles del Centro de la capital, fue emotiva y estimulante, sin embargo en el trayecto no faltaron episodios tensos y violentos encabezados por grupos de encapuchadas y encapuchados (esta vez también había hombres), ante los cuales los contingentes de la marcha tuvieron reacciones distintas, como manifestar cierto apoyo al grito de “Fuimos todas”, o alzar los puños en alto en demanda de serenidad y no violencia. Se registraron algunos vidrios rotos, inmuebles dañados, forcejeos entre los asistentes y algunas detonaciones de explosivos, incluso en la Plaza de la Constitución (el “Zócalo”). No obstante, no hubo incidentes de mayor envergadura; la marcha culminó sin un acto especial “de cierre” y sin algún tipo de “pronunciamiento”, lo que es indicativo de la ausencia de un “horizonte de organización política articulado” ( Palumbo y Azparren, 2020 ); se trató más bien de un episodio emblemático y una demostración del poder de convocatoria del movimiento en ciernes. El caso del 9M fue un evento novedoso nunca ensayado en México y menos aún en el movimiento feminista. Fue convocado como “Un día sin nosotras”, y formalmente significaba lo contrario al 8M, en tanto el llamado a las mujeres era a ausentarse del espacio público, a hacerse invisibles y “no hacer nada”; sin embargo, era un llamado que lo que pretendía era precisamente visibilizar, a través de la ausencia, el papel central e indispensable de las mujeres en el devenir de la vida cotidiana (en la pareja, la familia, los centros de trabajo, las instituciones, la vida pública, etc.) y en tal sentido fue la contraparte complementaria de la gran manifestación del 8M. Fue una iniciativa emanada directamente de la sociedad civil, de algunos grupos de mujeres del estado de Veracruz (en específico Las brujas del mar ), convocando a un paro de aquellas actividades cotidianas a cargo de las mujeres que se expresa en el “no hacer nada” durante un día: no consumir, no trabajar, no realizar quehaceres domésticos, no aparecer en las redes sociales, no atender nada y a nadie. Lo novedoso de la propuesta atrajo la atención de un universo muy amplio de mujeres pertenecientes a muy diversos estratos sociales, ideologías, ámbitos laborales y profesionales, tendencias políticas, de izquierda y de derecha, de organismos sociales y civiles, que se hicieron eco del llamado y tomaron parte activa en el repliegue esperado. El resultado fue más que contundente, y la ausencia femenina se dejó sentir en la calle, en las instituciones, los centros de trabajo, en los Bancos, en numerosas empresas y el transporte público, pero también en las actividades económicas, los centros comerciales y los medios de comunicación. Algunas estimaciones en la prensa aseguraron que el impacto en la economía, tan sólo en la capital del país, podría haber sido de 6 mil millones de pesos, dado que de acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) ( Agencia Reforma, 2020 ), las mujeres representan en términos reales 44 % de la población ocupada en esta ciudad. Por estos motivos el paro tuvo una fuerte resonancia internacional, donde fue catalogado como “suceso histórico” y “huelga inédita” ( Beauregard, 2020 ). Lo interesante de este ejercicio fue la amplísima convocatoria que generó en múltiples grupos de feministas y de mujeres en general que se reconocieron en el sentido del llamado y se solidarizaron para “hacer estallar la desigualdad normalizada prevaleciente en las relaciones de género” que minimiza, discrimina, excluye, usa, desconoce, somete y violenta a las mujeres. Al mismo tiempo, se logró llamar la atención sobre el papel central de las mujeres en todos los ámbitos de la realidad social (de manera especial sobre el trabajo no remunerado de los cuidados familiares y el peso económico real que representa el rol de las mujeres), y principalmente, parafraseando a Angela Davis, se logró hacer visible la idea radical y sustancial del feminismo de que “las mujeres somos personas” ( Camarzana, 2018 ); algo que resulta tan obvio y elemental pero que históricamente ha sido negado u omitido por el género masculino. El horizonte abierto, las preguntas en el aire y lo que sigue De todo lo antes expuesto se derivan numerosas preguntas, reflexiones y también ciertas certezas que no es posible condensar en un espacio reducido. Lo que queda por ello es enunciar algunas de las cuestiones que resultan más significativas a la luz del proceso aquí analizado. Lo primero es insistir en la particularidad del movimiento feminista de esta segunda década del siglo XXI, en su clara diferenciación de los feminismos anteriores, con respecto a los cuales se muestran como un(a) nuevo(a) actor(a), con lenguaje, estrategias de acción y formas de comunicación muy “propias”, que definen su singularidad y, en buena medida también, su pertenencia a una nueva realidad y a una nueva generación. Y, sin embargo, es necesario insistir también en la continuidad que en muchos sentidos las protagonistas representan con respecto al trayecto preexistente. En este sentido, no se puede negar que de muchas maneras el movimiento en curso es heredero de un valioso legado y de una tradición de lucha ya instalada en nuestro país en este campo, con énfasis en la Ciudad de México; y son por ello también, depositarias y usufructuarias de los logros previos de este trayecto; de aquí que no es un movimiento que emerge por generación espontánea, aún cuando sus emblemas representen en buena medida una “ruptura” con lo precedente. Quizás lo más relevante es la centralidad otorgada a la violencia de género, como un problema arraigado en los ámbitos público, privado e íntimo de las mujeres, que se ha potenciado por el resquebrajamiento del equilibrio sostenido en la estructura desigual de las relaciones de género. De aquí la radicalidad de sus demandas. En segundo término, interesa de manera especial reparar en la dimensión de los logros obtenidos por este movimiento aún en curso, sobre todo porque algunos de estos se han conseguido a pesar de las reservas y desaprobación de algunos sectores con las estrategias por él empleadas. Distingo dos tipos de logros de gran envergadura: los primeros, de orden comunicativo y cultural, donde al mismo tiempo que se posiciona la violencia de género como un tema central de la problemática y la agenda nacionales, se visibiliza su persistencia y el nivel extremo alcanzado por estas prácticas masculinas; se logra “romper el silencio” y sacar a la luz pública el problema, e impugnar la “normalización” instaurada en las relaciones de género; se devela con claridad el sustrato cultural (y por ello estructural) que yace en el origen de esta problemática y la función de la dinámica patriarcal en su reproducción, de aquí que quede claro que es esta institución la que debe transformarse. En otro orden, los logros se hacen visibles en el ámbito socio-político, donde la desigualdad de género es elevada al rango de la desigualdad de clase, como un problema estructural de las sociedades contemporáneas que atraviesa todos los estratos; se interpela al Estado y se responsabiliza a las autoridades de las omisiones, impunidades y encubrimientos; y de manera más puntual se consigue avanzar en reformas orientadas a garantizar la seguridad de las mujeres, combatir la violencia de género, tipificar los delitos al respecto y hacer valer las sanciones correspondientes. Un tercer tema para reflexionar es el que compete al polémico uso de la violencia como estrategia de denuncia, de gestión y conquista de las demandas. Lo que aquí cabe preguntarse es acerca del papel “inevitable” de la violencia en estas circunstancias; en otras palabras: ¿un movimiento de esta naturaleza, que tiene como eje de impugnación a la violencia de género y que se desenvuelve en un escenario de proliferación extrema de la violencia, puede realmente ser no violento? 20 Se trata de un tema que no admite ser respondido de manera “general” y abstracta, con base en principios preestablecidos y sin una referencia a circunstancias concretas. Sin embargo, en este caso vale la pena tener también en cuenta que de algún modo en numerosos movimientos sociales inscritos en campos muy distintos (urbanos, ambientales, sindicales, juveniles, estudiantiles) frecuentemente el uso de la violencia forma parte de sus ciclos “naturales” de desenvolvimiento. Esto es, se acude, en distinto orden, a la demanda formal, al diálogo, la negociación, la movilización y, en momentos álgidos y considerados como límite, se acude también a la confrontación y al despliegue de actos violentos. De tal manera que todo esto depende del contexto, el escenario, la respuesta de las autoridades, en cada momento. En el caso del movimiento feminista al que me he referido, la violencia ha sido reivindicada y ejercida por algunos grupos (no el conjunto), arguyendo, por una parte, la ineficacia y falta de resultados cuando se han utilizados los “medios cívicos” (dialogo, negociación, etc.), pero, sobre todo, la rabia condensada en los agravios denunciados y el dolor generado por el extremo inadmisible que significa acabar con la vida y con la dignidad de las mujeres, en particular las del entorno próximo: hijas, madres, hermanas, compañeras de vida, etc. (“Tocan a una y respondemos todas”, “Te prefiero violenta que violada y muerta”, “Cuando nos dejen de matar regreso a limpiar tu monumento”). La indignación y el dolor que esto produce es el motor de la violencia utilizada, y es lo que para estos grupos de mujeres la justifica; por otra parte, es avalada también como una “forma de comunicar y sacudir” para llamar la atención de las que han tenido “el privilegio” de no ser objeto de violencia. Más que un ejercicio de avalar o reprobar per se el uso de este medio, considero que es una reflexión que queda abierta y que “la postura correcta” al respecto dependerá del análisis de las propias circunstancias. El cuarto tema, sin duda relevante, es el que refiere a la perspectiva del propio movimiento feminista, articulado, como mencioné antes, por un conjunto de feminismos diversos, donde confluyen horizontes, demandas y expectativas comunes, pero donde se confrontan también perspectivas y estrategias muy disímiles. En la historia del feminismo en México ha habido siempre encuentros y desencuentros, y ha sido recurrente diferenciar el feminismo de las activistas, del feminismo académico; el feminismo de clase media del feminismo popular; también se han diferenciado en otros registros abortistas, abolicionistas, trans, lesbianas, no binaries, bisexuales e intersex, De esta manera no es una novedad la diferenciación interna del movimiento y los distintos sentidos en que éste se asume; sin embargo, es de hacer notar la particularidad que representan las separatistas, que en el momento actual se han expresado con gran vigor. En términos generales, el separatismo alude a la clara diferenciación y distanciamiento con los hombres-varones, lo que en términos de “postura política” significa apostar siempre primero por las mujeres (como académicas, intelectuales, políticas, compañeras de vida, etc.). En el movimiento actual, el separatismo se ha expresado en esta dirección apuntalando el liderazgo de las mujeres, la lucha de las mujeres, el marchar en contingentes no mixtos, etc. Y su sola presencia ha dado lugar a un debate en torno al sentido y validez de esta postura en términos del sentido de la lucha feminista, donde se ha hecho manifiesta la confrontación entre quienes asumen que la lucha contra las dinámicas patriarcales vigentes es “contra los hombres”, y quienes asumen que esta lucha y el feminismo en general deben hacer causa común con los varones, más en consonancia con la postura de Segato ( Carbajal, 2018 ), quien afirma categóricamente que “el feminismo no puede y no debe construir a los nombres como sus enemigos naturales”.21 Esta es una reflexión que nos lleva a preguntarnos sobre la posibilidad y viabilidad de vislumbrar una suerte de “proyecto común” en el mediano o largo plazo, donde puedan confluir al menos algunos de los feminismos hoy vigentes en nuestro país. Por último, es importante señalar que pese a que el despliegue de la pandemia de covid-19 interfirió en la continuidad de este movimiento en el espacio público (movilizaciones callejeras, presión institucional, etc.) la presencia del movimiento se ha mantenido, con diferente intensidad, en las redes sociales y en algunos medios de comunicación. Esto deja ver que la potencia del movimiento se mantiene activa. Referencias bibliográficas Agencia Reforma (2020) “¿Qué hay detrás del #9M?” Debate,8 de marzo. Disponible en: https://www.debate.com.mx/cdmx/Que-hay-detras-del-9M-20200302-0213.html > Alberoni, Francesco (1984) Movimiento e Institución. Teoría general, Madrid: Editora nacional, Colección Sociedad y Cultura, España. Álvarez, Lucía (2008) “Actores sociales y construcción democrática en México. El caso del movimiento feminista” en Favela, Margarita (coord.) Procesos de democratización en México. 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¿Quién inspiro el feminismo?

Simone de Beauvoir, la filósofa que inspiró la lucha feminista.
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¿Cuál es el valor de la mujer en la Biblia?

La mujer recibió con el hombre la misión de dominar la tierra y poblarla. De allí que la maternidad era una dignidad y los hijos una bendición de Dios. La orden de colaborar en el dominio de la tierra fue dejada de lado en una sociedad dominada por el hombre.
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¿Qué piensa la gente sobre el feminismo?

Hoy parece no hacer falta explicar qué es ser feminista. El feminismo se ha logrado despojar, al menos en parte, de la connotación negativa que le ha perseguido durante décadas. Hoy las calles se llenan de mujeres reclamando igualdad, y lo hacen de forma directa y explicita, sin miedo al levantar sus voces.

El feminismo está presente en las universidades, en la prensa, entre las adolescentes y en los gobiernos – aunque en ese caso no sea siempre por elección propia. Hoy el “todos deberíamos ser feministas” de Chimamanda es algo más aceptado que antes; incluso entre aquellas personas cuyas identidades y valores se resisten a aceptar la igualdad, hay un mayor consenso sobre las injusticias sufridas por la mujer a lo largo de la historia.

Cuando el contexto social, el zeitgeist de una sociedad empuja en una dirección, es más costoso mantener y legitimar las propias creencias que van en contra de dicha cultura. Qué tarea tan compleja la de aquellas personas que tienen que conciliar sus creencias conservadoras y reduccionistas con los valores de cambio y de re-significación que han llegado para quedarse.

Es ahí donde surgen conceptos como el feminismo liberal, más centrado en mercantilizar el cuerpo de la mujer y perpetuar las asimetrías de poder presentes en las sociedades, que en conseguir un cambio estructural. Conceptos como este, que intentan reconciliar lo irreconciliable, el empoderamiento femenino con el neoliberalismo y el abuso, dañan profundamente los avances feministas.

Aun así, hoy es más fácil que antes hablar de feminismo, hoy es algo más fácil que antes definirse a una misma como feminista, porque “todos deberíamos ser feministas”. Pero, ¿pueden todos serlo? ¿Todas las personas que se reconocen como feministas lo son realmente? Un estudio llevado a cabo con casi 3000 chilenos y chilenas (Figueiredo, Jiménez-Moya, Paredes, & González, 2017*), mostró que aquellas personas que apoyan en menor medida los roles tradicionales de género, son también más prosociales.

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Es decir, las personas feministas son también las que más ayudan a otros cuando lo necesitan, de manera desinteresada. Estas mismas personas, que están a favor de que los hombres se involucren en mayor medida en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos e hijas, también creen que todos los grupos sociales deberían tener los mismos derechos y oportunidades, y que las diferencias de ingreso existentes en Chile son demasiado grandes.

Es decir, aquellas personas que reportan actitudes más igualitarias, son precisamente las que apoyan un cambio en los roles que tradicionalmente han sido asignados a las personas, tomando únicamente en cuenta su sexo biológico. La creencia de que el cambio social es posible es también un elemento que parece estar relacionado con la visión feminista, ya que aquellos chilenos y chilenas que consideran que los cambios sociales son viables y factibles, muestran en mayor medida la creencia de que una madre puede trabajar fuera del hogar sin que esto menoscabe la relación con sus hijos e hijas.

  • Y no todo queda en meras opiniones y creencias, los y las ciudadanas chilenas que apoyan la redistribución de los roles tradicionales de género, también muestran unos niveles más altos de participación en acciones colectivas destinadas a apoyar a diversas causas sociales.
  • Lo que sabemos entonces es que las personas que apoyan la igualdad entre hombres y mujeres, las personas feministas, son ciudadanos y ciudadanas comprometidos con el fin de la desigualdad en todas sus dimensiones, personas conscientes de esta desigualdad generalizada, y personas que además participan activamente para promover un cambio social.

Ser feminista no es una moda que puede seguirse sin más, o algo que los partidos conservadores de repente apoyan para no quedarse atrás. Ser feminista forma parte de un sistema de creencias y valores más global, que tiene como premisa vivir en una sociedad más justa e igualitaria.

  1. Ser feminista significa no quedarse al margen, sino alzar la voz contra la desigualdad a través de la participación ciudadana.
  2. Ser feminista y también no serlo, tiene que ver con la identidad más profunda de cada persona, con cómo cada una se define a sí misma y define a los demás.
  3. Por eso, no tenemos que discutir “la posición de las mujeres de ser abusadas” y víctimas de este sistema, lo único relevante es la posición y la identidad desde la cual se posicionan los que no aceptan perder privilegios para crear una sociedad más justa.

Todos deberíamos ser feministas, pero aún queda descifrar si todos podemos – y realmente queremos – serlo. Gloria Jiménez-Moya Académica Escuela de Psicología UC, Investigadora Centro de Conflicto y Cohesión Social – COES Fuente: www.elmostrador.cl
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¿Cuántos tipos de feministas hay?

Feminismos El feminismo es un movimiento político, social, académico, económico y cultural, que busca crear conciencia y condiciones para transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad entre las personas, y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra las mujeres.

  • Los antecedentes del movimiento a nivel mundial se ubican a finales del siglo XVIII, pero la actividad pública más visible se ubica en los últimos años del siglo XIX.
  • A lo largo del tiempo, las perspectivas del feminismo se han multiplicado y diversificado, lo que obliga a hablar de la existencia de feminismos, en plural, y no restringir la variedad de enfoques en una sola categoría.

Por mencionar algunas de las variantes del feminismo, podemos mencionar: feminismo liberal, feminismo radical, feminismo socialista, ecofeminismos, feminismo cultural y de la diferencia, feminismo de la igualdad, feminismo comunitario, feminismos afrodescendientes, entre otros.
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¿Cómo se llama el feminismo actual?

Ecofeminismo – El ecofeminismo plantea que tanto el movimiento feminista como el movimiento ecologista comparten una lucha común, por lo que pueden fusionarse en una sola corriente. Esta idea parte de dos premisas fundamentales:

La mujer es quien promueve el cuidado de la naturaleza. El patriarcado oprime tanto a la mujer como a la naturaleza a través de las prácticas capitalistas.

El ecofeminismo está estrechamente relacionado con el feminismo marxista, ya que comparten ideas sobre la relación entre el capitalismo, el patriarcado y la situación de desigualdad de las mujeres. Ver también Diferencia entre desarrollo sustentable y desarrollo sostenible.
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¿Por qué se dio el feminismo?

DOSSIER Feminismo: un movimiento crítico Feminism: a critical social movement Justa Montero * * Asamblea Feminista de Madrid. [email protected] RESUMEN El artículo parte de la consideración del feminismo como un movimiento plural y crítico; de ideas, denuncia y reivindicación, producto del conflicto social que genera una posición de subordinación y desigualdad de las mujeres.

  • Se describen algunas de sus características como la configuración de un nuevo sujeto a partir de un doble proceso: individual y colectivo de las mujeres, o el carácter multidimensional de su acción y su carácter transformador.
  • En una segunda parte se plantean las peculiares relaciones del movimiento con la sociedad a partir de considerar algunos de los dilemas a los que se enfrenta.

Se analiza la constante redefinición, a partir de su acción en el campo social, de la dialéctica entre lo privado y lo público. Se abordan las implicaciones teóricas y práctica de la tensión entre la individualidad de las mujeres y su pertenencia de género.

  1. Y por último se defiende una práctica feminista que combine elementos culturales de identidad con una política social de justicia e igualdad, medidas de protección junto con políticas que avancen en la autonomía y libertad de las mujeres.
  2. ABSTRACT The article sets off considering the Feminist Movement as something critical and plural; in ideas, reports, and claims as a result of the social conflict generated by women’s subordination and inequality position.

Some of its characteristics are described as a new subject configuration coming from women double process: individual and collective, or multidimensional character of their action, and its transformer character. In a second part the peculiar relationship between the Movement and society is raised, after considering some of the dilemmas, which faces.

The constant redefinition of dialectic between public and private is analyzed from its action in social ground. Practical and theoretic implications of women tenseness between their individuality and gender belonging are expounded. And finally a feminist practice, which combines cultural identity elements with a social politics of justice and equality, protection measures together with politics, which promote autonomy and freedom for women, is defined.

Palabras clave Feminismo, Pensamiento crítico, Proteccionismo, Justicia social, Identidad cultural. Key words Feminism, Critical thiking, Protectionism, Social justice, cultural identity. Las mujeres: sujetos de un conflicto El movimiento feminista surge ante la necesidad de actuar sobre un arraigado conflicto, que atraviesa a la sociedad, determinado por el hecho de nacer mujer o varón.

Si bien el análisis sobre el origen y las consecuencias de la subordinación de las mujeres ha dado lugar a distintas teorías, y en ocasiones a infructuosos debates, parto de la consideración de que es sobre esa diferencia biológica inicial como se articulan los procesos que otorgan poder a los hombres sobre las mujeres y generan discriminación y desigualdad que se manifiestan social, cultural y económicamente.

Se trata por tanto de un conflicto que conforma una de las características estructurales del actual modelo de organización social. La categoría “género”, acuñada por el feminismo, remite precisamente al carácter social y cultural del proceso por el que se atribuyen características y significados diferenciados y jerarquizados a mujeres y hombres, constituyendo estereotipos que varían geográfica y temporalmente, sobre lo que es y debe representar nacer varón o mujer.

Sin embargo conviene señalar que al generalizarse el uso de este término, con frecuencia se vacía su contenido crítico integrándolo en discursos políticos, académicos, de ONGs y medios de comunicación, en los que no siempre designa relaciones de poder y procesos sociales de discriminación. Esta última es la acepción que utilizaré a lo largo del texto.

El conflicto al que me he referido requiere y define un nuevo sujeto social, las mujeres, que vertebran y protagonizan el discurso y la acción colectiva de denuncia y contestación a los límites que a su libertad establece la sociedad patriarcal, en una dinámica de transformación profunda de la sociedad.

El movimiento feminista que da expresión a este sujeto se configura a partir de un doble proceso: el personal e individual por el que, de muy distintas formas (todas ellas necesarias, valiosas y legítimas), se rebelan contra aspectos particulares de su condición y manifiestan las situaciones que viven y perciben como injustas; y la dinámica colectiva que genera la identificación de unas con otras, la voluntad de actuar colectivamente contra el sistema de prohibiciones y exclusiones que las encierra en identidades impuestas y la necesidad de abrir nuevos horizontes en sus vidas.

Esta acción conjunta, basada en una interpretación de los deseos y necesidades de las mujeres, configura una identidad colectiva e inestable, que va a estar permanentemente mediada por las múltiples individualidades, identidades diversas y cambiantes de las mujeres, de sus experiencias, criterios y prácticas.

  • Porque es a través de su propia acción como el movimiento va a ir definiendo y redefiniendo su identidad colectiva, su ideología y sus reivindicaciones (De Miguel, 2000).
  • Y esta doble dimensión: individual y colectiva, le otorga singularidad al movimiento y una enorme fuerza al situarse como referente para muchas mujeres.

Por último, aunque pueda parecer una obviedad, considero imprescindible destacar el carácter plural del movimiento, de su teoría, práctica y realidad organizativa, frente a cualquier visión dogmática, pues no existe una única forma de analizar y representar la subordinación de las mujeres.

El feminismo no es un dogma (Agra, 2000) ni un proceso acabado; no dispone de una teoría y proyecto cerrado ni de una práctica preestablecida. Se trata de un movimiento social crítico que, a partir de su intervención concreta, se sitúa en permanente confrontación y diálogo con la realidad social y con su propia evolución interna.

En este proceso va a desarrollar su capacidad para examinar y poner de manifiesto sus propias tensiones. La multidimensionalidad de la contestación feminista Hacer frente a las causas y manifestaciones de la subordinación requiere identificar y actuar sobre los muy diversos mecanismos por los que la sociedad jerarquiza la diferencia sexual y afianza una asimetría que se traduce en relaciones de poder muy precisas.

Así, tanto la lucha por reformas y mejoras concretas como la crítica y propuestas de transformación más radical, lleva a transitar por la familia, la escuela, las leyes, el modelo sexual, las prácticas sociales, las relaciones personales, la subjetividad, la economía, las instituciones representativas, y un largo etcétera.

La multidimensionalidad y transversalidad de sus ámbitos de actuación es otro rasgo relevante del movimiento. Siendo el género un elemento de organización social, las propuestas feministas no se pueden circunscribir a un solo campo, sea éste el económico, social, cultural o político, por más que resulte necesario avanzar en cada uno de ellos.

  • Es más, no se puede prescindir de la forma en que interactúan pues en todos ellos se manifiesta la adjudicación y jerarquización de los géneros (Frasser, 1996).
  • Ninguno de ellos por sí solo explica ni la naturaleza ni la profundidad de la opresión de las mujeres, por tanto los análisis que hacen recaer en la economía o en la cultura la causa primigenia de la subordinación limitan o distorsionan el alcance y el éxito de las propuestas de transformación.

Por tanto, identificar los mecanismos por los que la diferencia sexual se traduce en posición de subordinación para las mujeres, requiere una visión interactiva del funcionamiento social y cualquier alternativa debería articular el conjunto de factores de esa compleja realidad.

A modo de ejemplo sirva el análisis de la relación de las mujeres con el mercado laboral. Su participación en el trabajo asalariado es un elemento fundamental para su autonomía económica a la vez que una fuente de sobreexplotación laboral y discriminación social. Para constatarlo valga la referencia a algunos datos actuales: en el Estado español el salario medio de las mujeres es entre un 25% y un 33% inferior al de los hombres, su tasa de paro es siempre superior, la de ocupación siempre inferior, y la feminización de un sector de la economía lleva aparejada su desvalorización social y la reducción relativa de sus salarios.

Pero la explicación a esta situación no se encuentra en los requisitos de un sistema capitalista basado en la apropiación de la fuerza de trabajo de las personas, pues de ser así sería indiferente que fueran mujeres u hombres quienes trabajan. La existencia de formas de explotación específicas y diferenciadas, en función del sexo, hay que buscarla en la integración de los imperativos económicos del sistema en la búsqueda del máximo beneficio, con lo que se ha llamado el sistema sexo-género, que hace funcional al sistema la separación entre producción y reproducción, entre el trabajo asalariado y el trabajo doméstico y de cuidados.

La opinión recogida en las encuestas, que de forma generalizada es favorable al reparto del trabajo doméstico y de cuidados, no se acompaña de un cambio similar de comportamientos: el 83% de quienes cuidan a personas dependientes son mujeres, y el aumento de la participación masculina en el trabajo doméstico ha sufrido una variación mínima en los últimos diez años.

Este anacronismo se sustenta en elaboraciones e interpretaciones culturales y simbólicas que atribuyen a las mujeres cualidades como la paciencia o la capacidad de sacrificio, que al presentarlas como atributos propios y naturales establece la idea de su mayor idoneidad para el trabajo de cuidados, y enmascara la división sexual del trabajo que subyace.

De esta forma se legitima su inestable, precaria y discriminatoria participación en el mundo laboral, y el perverso efecto de vuelta, al servir de justificación para que las mujeres sigan responsabilizándose del trabajo doméstico. La conciliación de la vida familiar y laboral parece ser privativa de las mujeres (en el año 2004, “por razones personales”, 379.500 mujeres tuvieron que abandonar el mercado laboral).

El fenómeno de la “doble presencia” en lo público y lo privado, se convierte en un elemento de conflicto y escisión de la propia vida de las mujeres. De todo ello se deduce que, junto con la lucha por reformas y cambios concretos en la exigencia de igualdad laboral (acceso, salarios, formación) una estrategia de cambio real implica también el reparto del trabajo reproductivo con los hombres y la responsabilización del Estado en garantizar recursos públicos.

  1. Pero también muestran la necesidad de cambios estructurales que apunten a la reorganización de la producción y la reproducción, es decir a la propia organización social.
  2. Sin ánimo de ser exhaustiva entre esos cambios cabría citar: los tiempos de trabajo y de ocio, las estructuras de convivencia, la estructura de la ciudad, la distribución de recursos naturales, sociales y económicos, la socialización de los valores que las mujeres aportan por su experiencia relacional y de cuidados, y el cambio de las políticas económicas neoliberales.

En definitiva, se trata de modificar la propia conceptualización del trabajo, identificada sólo con empleo, para incorporar el trabajo doméstico y de cuidados, y ampliar la idea de productividad social incluyendo las tareas de reproducción, atención y mantenimiento de los seres humanos, lo que obliga a una nueva idea de lo que representa y requiere la sostenibilidad de la vida (Carrasco, 1999).

  1. Pensamiento crítico El feminismo es también un pensamiento crítico.
  2. Sus objetivos de transformación obligan a actuar en el terreno de las ideas a fin de subvertir arraigados códigos culturales, normas y valores, así como el sistema simbólico de interpretación y representación que hace aparecer normales comportamientos y actitudes sexistas, que privilegian lo masculino y las relaciones de poder patriarcal.

En este contexto el feminismo desarticula los discursos y prácticas que tratan de legitimar la dominación sexual desde la ciencia, la religión, la filosofía o la política. Por ejemplo el fundamentalismo de la Conferencia episcopal formula un modelo de sometimiento sin fisuras posibles e inscrito en la familia tradicional y la negación de la libertad para las mujeres; tampoco hay que olvidar los distintos discursos populares o institucionales que estimulan en el imaginario colectivo la idea de la supremacía masculina.

  1. Esta afirmación de virilidad resulta un elemento de identidad de los hombres ante la percepción de una superioridad maltrecha por el cambio de las mujeres.
  2. Afortunadamente en los últimos años empiezan a aparecer públicamente nuevos referentes de masculinidad a raíz de la activa y comprometida actitud de algunos hombres en el rechazo a la violencia sexista.

La frase que en su día formulara la pensadora francesa Simone de Beauvoir “mujer no se nace, se hace”, ilustra el empeño que guió y guía al feminismo por rechazar el determinismo biológico que de forma reiterada y con renovados discursos sustentan las teorías que asocian a los hombres con la cultura y a las mujeres con la naturaleza.

Desde todas las teorías feministas, independientemente de su posterior concreción, se formula una fuerte crítica a la acepción androcéntica de categorías supuestamente universales y aparentemente neutras que han sido el soporte del pensamiento de la modernidad: desde el sujeto y la historia, pasando por la libertad, ciudadanía, democracia y justicia, al contemplar el mundo, los acontecimientos y los sujetos sociales desde la centralidad del varón, propiciando por tanto la identificación de las personas con los hombres y de éstos con los sujetos universales portadores de derechos (Amorós, 1997, Varikas).

La formulación en positivo de estas categorías, una vez realizada esa de-construcción, es el centro de las controversias y tribulaciones del feminismo moderno. El feminismo aporta al conjunto de la sociedad un prisma singular desde el que analizar y ver el mundo, porque las mujeres constituidas en sujetos activos cuestionan e interrogan a la sociedad y a ellas mismas sobre lo que son, lo que hacen, sobre la organización social y el mundo que les rodea.

Realizan de este modo un proceso colectivo de reinterpretación de la realidad, de elaboración de nuevos códigos y significados para interpretarla, para lo que construyen términos con los que nombrar los nuevos fenómenos que el feminismo destapa: acoso sexual, maltrato doméstico, violencia conyugal, doble jornada.

¿Lo personal es político? En el marco de esta sucinta caracterización del movimiento quisiera apuntar la profunda transformación que el feminismo ha provocado en la relaciones entre los ámbitos en los que discurre su acción: el público donde concurre lo que se considera de interés general, y el privado, entendido como el ámbito de lo personal.

El tratamiento de la relación entre ambos es de sumo interés ya que estos espacios no sólo designan ámbitos sociales, sino que actúan como términos que otorgan o quitan legitimidad a intereses, opiniones y problemas. Son espacios a los que se asignan distintos valores y funciones y, como incisivamente han planteado algunas autoras, a los que incluso se aplica éticas diferenciadas: la ética de la justicia basada en la imparcialidad y reciprocidad que rige lo público y la ética relacional del cuidado que se proyecta en lo privado.

Esta separación, como se ha visto en el ejemplo del trabajo, resulta enormemente funcional para la construcción de los estereotipos de feminidad y masculinidad que siguen operando hoy, aunque no tan rígidamente como hace unos años debido a las fisuras introducidas por el movimiento.

  • Ahora bien, lo que pertenece a uno u otro espacio no es algo dado ni tiene fronteras establecidas, es producto precisamente de una confrontación política e ideológica en la que intervienen actores con distintos intereses sociales y económicos.
  • El movimiento con su actividad ha modificado esas fronteras y ha establecido el ámbito social como el terreno en el que se dirime lo que pertenece a un espacio u otro y por tanto lo que es de interés colectivo y requiere una participación pública y política.

De este modo se introducen importantes fisuras en una de las dicotomías más fuertemente desarrolladas por la modernidad: la que separa lo privado y lo público. La consigna que levantó en los años 70 ”lo personal es político”, sigue teniendo vigencia, aunque haya que liberarla de algunas interpretaciones excesivamente lineales.

Permite ampliar su espacio de actuación y hacer que necesidades derivadas de una vida privada en la que se manifiestan relaciones de poder amparadas en esa privacidad, adquieran legitimidad por su carácter social, poniendo además en evidencia los procesos de exclusión que tienen como origen la separación entre el espacio público y el privado.

Pero, como mencionaba, también actúan otros actores que presionan en sentido contrario. Desde planteamientos liberales, y en el contexto de crisis del Estado del bienestar, se busca reprivatizar las necesidades y recuperar una privacidad que necesariamente cercena la libertad de las mujeres.

  • Se entra así de lleno en la pugna por la redefinición de lo que el feminismo ha formulado.
  • Hay algunos ejemplos que considero significativos, aunque evidentemente más complejos de lo que aquí se puede reflejar.
  • En el contexto del debate sobre la ampliación de la limitada despenalización actual del aborto, aparecen propuestas que vinculan la aceptación de la decisión de la mujer como motivo para abortar, a su exclusión, por tratarse de una opción personal, de cualquier financiación pública.

Sin embargo, la lógica debiera ser la contraria: puesto que es un derecho no se puede privatizar más bien al contrario se debería garantizar su ejercicio sin limitar el acceso a la sanidad pública. Otro ejemplo. En el debate sobre la configuración de un Sistema Nacional de atención a las personas dependientes preocupa en el feminismo que se establezcan mecanismos que institucionalicen la figura de la mujer cuidadora de su familia.

  • Instituir esa figura como una vía de solución a la actual crisis de los cuidados supone transferir los costes y la responsabilidad en la creación los servicios públicos necesarios al ámbito privado, es decir, a las mujeres en la familia.
  • Un dato significativo en este sentido es que se prevé que para el año 2010 habrá mas mujeres cuidadoras que plazas de Centros de Día y Residencia juntas.

En definitiva, no existe una frontera nítida y estable entre lo privado y lo público, ni tampoco existe una norma sobre cómo tratar los aspectos de la vida privada que pasan a la escena pública: qué aspectos hay que regular, sobre cuáles se debe legislar y cuáles tienen que resolverse en el ámbito estrictamente social.

En este sentido las leyes y medidas institucionales no pueden considerarse en sí mismas la solución del conflicto, y mucho menos en detrimento de la acción y la movilización social como instrumento para transformar la realidad. La historia del movimiento feminista en el Estado español es ilustrativa en este sentido.

Las implicaciones de la adscripción de género de las mujeres A partir de esta visión sintética de algunas características del movimiento feminista. paso a tratar en las siguientes líneas alguno de los dilemas a los que en la actualidad se enfrenta. Hay que considerar que emergen como producto de varios factores: de los cambios que la lucha feminista propicia en las mujeres por el acceso a nuevos derechos, en su subjetividad, en la distinta forma de percibirse a sí mismas y por lo tanto de situarse ante la vida; de cambios generales de las estructuras sociales; finalmente también por la acumulación de experiencias y maduración del movimiento.

El resultado es la aparición de nuevos retos ante una realidad de las mujeres que es y/o se percibe más compleja, y que urge revisar y readecuar estrategias, discursos y propuestas. Uno de los aspectos que resultan conflictivos es la distinta interpretación de lo que supone para las mujeres su adscripción de género.

Comenzaré haciendo una breve referencia a algunos argumentos que se sitúan en los extremos de un amplio abanico de posiciones (de los que existe abundante literatura) presentes en polémicas y propuestas feministas actuales (Alcoff, 2002). Por un lado desde posiciones que derivan del “feminismo cultural” (corriente que surge en EEUU en la década de los 80, siendo Katheleen Bary y Adrianne Rich algunas de sus autoras más conocidas) se establece la existencia de una naturaleza femenina definida bien por la condición biológica y su proximidad a la naturaleza al ser generadoras de vida, bien por su sexualidad, o por diferenciaciones culturales fuertemente interiorizadas.

  • Independientemente de estas diferencias en su definición, se la considera provista de valores femeninos como la ternura, entrega, paciencia y espíritu pacífico, asociados a su función maternal, a una sexualidad diferenciada, o a su capacidad relacional.
  • Es la represión de estos valores por la cultura masculina, es decir la negación de su naturaleza, lo que origina la opresión.

El objetivo del movimiento es desarrollar esa cultura femenina frente a la masculinidad que se sitúa como el verdadero problema. Mujeres y hombres constituyen de este modo dos colectivos con intereses opuestos e identidades homogéneas que, en algunas versiones se consideran innatas y en otras adquiridas, pero en ambos casos se definen como identidades homogéneas y estables.

El género es lo determinante para todas las mujeres, y a partir de las características generalizables que establece se presupone la existencia de uniformidad en sus experiencias (al igual que entre los hombres) lo que permite hablar de unidad natural entra las mismas. Sobre ésta debe basar el feminismo su estrategia pues las diferencias entre las mujeres, aun reconociéndolas, no se consideran relevantes para la propuesta feminista al debilitar esa unidad que el género establece.

La consideración de una naturaleza femenina y los valores a ella asociados, así como la consiguiente política de revalorización de la diferencia como lo propio de las mujeres, son planteamientos compartidos por el llamado “feminismo de la diferencia”, que surge en Italia y Francia, siendo Luisa Murazo, Luce Irigaray, Milagros Rivera algunas de sus autoras.

Esta corriente, que aparece en confrontación con el feminismo de la igualdad, si señala como significtivas las diferencias entre las mujeres pero las sitúan en el mundo femenino que define su existencia diferente al de los hombres y en el que debe circunscribirse la actuación del feminismo. La polémica con estas posiciones se ha producido tanto en el campo de la teoría como en el de la práctica del movimiento.

Situar como objetivo político revalorizar “lo femenino”, entendido como lo que hacen y representan las mujeres, tiene sin duda un efecto positivo al dar fuerza a las propias mujeres al verse así reconocidas. El problema es convertirlo en el centro de la política feminista, pues reivindicarlo sin someterlo a crítica, es decir tal y como hoy se manifiesta, es aceptar lo adjudicado por la cultura patriarcal y que tan útil resulta para justificar situaciones de opresión; por otro lado, a mi modo de ver, dificulta la posibilidad de alterar su significado dominante, porque la utilidad de las argumentaciones depende no sólo del valor que tengan en sí, sino del contexto discursivo en que se formulen.

En momentos se requiere poner en primer plano la revalorización, por ejemplo, del trabajo de cuidados para darle visibilidad y reconocimiento social, pero en otros puede servir de excusa para, asociándolo a las supuestas cualidades femeninas, asignar la obligatoriedad social de cuidar a los demás, lo que en la historia de las mujeres ha estado asociado a sumisión, dependencia y límites a su libertad.

Por otro lado, mantener que las diferencias entre mujeres y hombres son innatas, deriva en cierto esencialismo que, aparte de otras consideraciones, plantea la imposibilidad de cambio en los propios hombres. Pero además contemplar la pertenencia al género femenino como lo único realmente significante para las mujeres, es decir dar por buena la exclusiva identificación de las mujeres como miembros de un grupo social definido por su pertenencia de género, lleva a un tratamiento abstracto de las mujeres que dificulta la comprensión de su diversidad y de sus cambios.

Prescinde del hecho de que las identidades individuales de las mujeres no están determinadas sólo por su pertenencia al género sino también por otras adscripciones sociales: de clase, raza, sexuales, etc. que interactúan con él, y generan necesidades, prácticas e identidades sociales mucho más complejas.

Nadie es sólo mujer. Además, puede llevar a posiciones normativizadoras puesto que, de hecho, formula una propuesta de lo que debe ser la mujer en función de la naturaleza que la define, sea esta de origen biológico, sexual o cultural. A la reflexión sobre todo ello ha contribuido extraordinariamente la aguda crítica formulada al movimiento por las feministas negras y las feministas lesbianas, calificándolo de excluyente por reflejar sólo la realidad de una parte de las mujeres: las blancas y heterosexuales, y no incorporar sus particulares perspectivas y necesidades.

En el otro extremo se sitúan las posturas que, influidas por el post-estructuralimo francés (Lacan, Julia Kristeva, entre otros) y por la revisión que introduce el post-modernismo, buscan precisamente lo contrario: restar relevancia a lo que el establecimiento del sistema de géneros representa, minimizar su significado y por tanto relativizar las categorías mujer y hombre al considerar que cualquier categoría identitaria es normativa y excluyente.

Así, aún reconociendo las diferencias que la asignación de géneros establece entre mujeres y hombres, consideran que el objetivo del feminismo es quitarles valor político y partir del valor de las experiencias singulares de cada mujer, dando un tratamiento más complejo a la subjetividad.

Abogan por tanto por identidades contingentes que no permitan establecer una definición de lo que es la mujer ni por tanto, hablar en su nombre. Estos planteamientos han tenido un efecto positivo pues ayudan a formular una crítica a cualquier veleidad esencialista y, por tanto, a las políticas normativizadoras que de ellas se derivan: así como a situar la centralidad que para el feminismo debe tener el acercamiento a la construcción de la subjetividad.

Pero también implican problemas de fondo. Privar, como se hace, al análisis sobre la situación de las mujeres de la perspectiva de género significa prescindir de analizar y actuar sobre el conflicto que representan las prácticas sociales de subordinación y discriminación que, pese a los cambios logrados, persisten en nuestra realidad, así como de los elementos de identificación que establece, por contingentes que sean.

  • Al obviar cualquier otra categorización social y considerar determinante la experiencia de cada mujer, introduce cierto relativismo y una visión acrítica sobre las ideas y procesos sociales que subyacen a dichas prácticas.
  • No me refiero con ello a la práctica que muchas mujeres inician ajena a cualquier consideración feminista, pero que deriva en experiencias de defensa de espacios de libertad; sino a las que se enfrentan a la autonomía de las mujeres y afianzan la subordinación, o fundamentan relaciones de poder entre las propias mujeres, aspectos que, en distintas versiones, desarrolla el movimiento femenino de derechas.

Desde un punto de vista político, no todo es igualmente relevante para el proyecto feminista, pues la especificad de la experiencia de una mujer no garantiza su valor político so pena de caer en lo que las feministas mexicanas llaman “el mujerismo”. Cuestionar, someter a crítica experiencias, intereses y procesos sociales que subyacen en dichas prácticas resulta fundamental para formular un discurso crítico y propuestas de cambio.

Por otro lado, si no es posible ninguna consideración de la mujeres como colectivo, y se prescinde de la discriminación sexista, dejan de resultar pertinentes las reivindicaciones específicas e incluso el propio movimiento y la propuesta resulta paralizante para la acción feminista, dificulta la crítica social y la conceptualización de la opresión como un proceso estructurado (Young, 2000).

Proteccionismo/autonomía sexual La disyuntiva que plantan estas posiciones se refleja, con sus particularidades, en un campo tan relevante para la teoría y práctica feminista, como es el de la sexualidad, al ser un elemento central en la identidad de mujeres y hombres.

  • Por un lado se establece una oposición entre la sexualidad masculina: agresiva, violenta y genital, y la femenina que por el contrario se describe como suave, sensual y no genital.
  • La violencia sexual estaría pues intrínsecamente unida a la naturaleza violenta del varón, por lo que combatirla se convierte en el eje de la política sexual del movimiento.

En el otro extremo están las posiciones que se limitan a reconocer y dar por válidas las distintas prácticas sexuale, haciendo del placer el único eje de intervención feminista y por tanto dejando de lado las relaciones de poder a las que la sexualidad no escapa.

  1. Diversas autoras (Vance, 1989) han llamado la atención sobre algunos problemas que plantean estas posiciones.
  2. Por un lado sobre la tentación de establecer un nuevo modelo sexual, necesariamente normativo, al definir a partir de generalizar una parte de la conducta sexual de algunas mujeres cómo deben ser sexualmente todas ellas, y por tanto negando sus distintas manifestaciones de deseo, fantasías y experiencias sexuales.

Y por otro lado, el obviar que la sexualidad, aun presentando cierta autonomía respecto al género, es una construcción social y por tanto susceptible de modificación. Una política que sólo se centra en el peligro, la violencia sexual, lo hace aparecer tan determinante que excluye cualquier otra posibilidad de actuación que no sea la protección frente al deseo masculino, y deja de lado el discurso del placer, de la autonomía sexual de las mujeres.

  1. Pero enfatizar sólo el placer y prescindir del peligro supone ignorar las relaciones de poder en las que se inscribe la sexualidad y el modelo sexual dominante.
  2. Al feminismo no le queda otra que transcurrir entre la tensión del placer y el peligro, y aunar la lucha contra todas las expresiones de violencia sexual junto con la defensa del placer, la autonomía y libertad sexual de las mujeres.

Las diversas identidades de la mujeres La reflexión y reorientación práctica que suscita asumir la diversidad parte de considerar, en primer lugar que el sexismo se manifiesta en distintas realidades culturales, económicas y sociales por las que discurre la vida de las mujeres: es decir que, aunque la subordinación de género es común, no son necesariamente idénticas las formas en que se concreta, como tampoco lo son los procesos que tiene que levantar el feminismo en cada lugar del mundo para enfrentarse a ellas.

  • Requiere por tanto un feminismo situado histórica y culturalmente.
  • En segundo lugar, la ubicación social en función del género tiene distintas implicaciones en la subjetividad de las mujeres.
  • Indudablemente genera elementos comunes a partir de experiencias compartidas de exclusión y discriminación, por más variados que sean los ámbitos en los que se producen: la percepción que se tiene de las diferencias biológicas, sentimientos compartidos de injusticia, lo que representa la asignación de las tareas relacionales y la diferente forma de organizar la vida que implica, o la empatía que produce la búsqueda de espacios de libertad personal, cualesquiera que sean estos y las formas de hacerlo.

Pero dicho esto, no se puede afirmar que todas tienen necesariamente las mismas experiencias: no todas las mujeres sufren agresiones, ni todas son madres, o heterosexuales, ni proceden del mismo país; los mismos problemas se pueden vivir de distinta forma, o en distintos momentos; y los sentimientos que una misma situación provoca pueden ser muy diversos, como lo son los recursos que tienen para enfrentarse a ella.

  1. El género no define por tanto un modo de ser estable y universal pues la identidad de las mujeres es diversa y compleja en la medida que actúa en una pluralidad de contextos sociales.
  2. El feminismo por tanto se enfrenta al reto de acoger e interpretar la variedad de formas que adopta el ser mujer.
  3. Esos interés e identidad cabiante de las mujeres también convierte en más compleja, y algo desestabilizador, la acción del movimiento.

Un ejemplo que puede resultar ilustrativo de los problemas que plantea articular en la práctica la diversidad lo encontramos en la dificultad de las leyes para atender realidades tan complejas. La ley integral contra la violencia de género hace de la denuncia de las mujeres el centro neurálgico de intervención, dejando por tanto fuera del acceso a los recursos sociales, laborales y económicos a quienes no optan por la vía judicial como camino de resolución del conflicto.

  • Pese a que el número de denuncias ha ido en aumento sigue representando tan sólo el 5% de las mujeres que sufren malos tratos por parte de su pareja o ex pareja.
  • Las mujeres no denuncian por muy distintas causas: por miedo a la reacción del agresor; porque no confían en la justicia al ver los prejuicios y la imprudencia con que actúan algunos jueces dejándolas en una situación de mayor riesgo por no adoptar en tiempo y forma las medidas cautelares necesarias; o bien porque no quieren judicializar su caso, quieren acabar con la violencia que viven pero no que “el padre de sus hijos” acabe en la cárcel.

La denuncia es fundamental en muchos procesos de violencia, pero no acoge a todas las mujeres, y al no contemplar la enorme complejidad de los itinerarios vitales de las mujeres, las deja fuera del amparo de las medidas públicas. Otro tipo de problemas derivan de negar la diversidad.

  1. Es el caso del tratamiento de las demandas de las trabajadoras del sexo.
  2. Dejando a un lado el intenso debate que suscita, me remito a lo que ellas plantean, porque las prostitutas han tomado la voz y plantean cosas muy distintas.
  3. Se atiende a quienes desean dejar la prostitución y denuncian las mafias que las fuerzan mediante engaño y coacción a trabajar privadas de libertad y en condiciones prácticamente de esclavitud.

Pero desde distintas Administraciones y sectores del feminismo se niega la voz, incluso su propia existencia, a quienes autodefiniéndose como trabajadoras del sexo afirman que la prostitución no siempre es producto de la coacción, que no lo es en su caso y quieren continuar trabajando como prostitutas.

Sin dejar de cuestionar el modelo sexual heterosexista y la progresiva mercantilización de cada vez más aspectos de la vida, resulta evidente que no abordar la estigmatización social que recae sobre ellas y defender sus derechos es situarlas en los márgenes de una legalidad donde se produce mayor indefensión y abusos.

Y por último quisiera señalar un tercer tipo de problemas: la deriva discursiva y práctica de victimización permanentemente de las mujeres (que obviamente no significa dejar de actuar sobre situaciones de opresión y desigualdad). Me refiero al reiterado tratamiento de las mujeres como sujetos pasivos de la dominación masculina, necesitadas de permanente tutela y protección.

  • Este enfoque muchas veces va en detrimento de su consideración como sujetos activos, capaces, incluso en situaciones tremendamente duras, de desarrollar habilidades para formular sus deseos y exigencias, en base a su capacidad ética para decidir sobre su vida.
  • Este discurso que encuentra un particular rechazo entre las mujeres jóvenes.

Justicia social e identidad cultural Establecer si las mujeres ganan más con políticas en las que la diferencia sexual se hace irrelevante o por el contrario en las que constituyen el fundamento de cualquier propuesta; reclamar medidas específicas, proteccionistas, formulando derechos específicos o medidas que partan de un trato igual a hombres y mujeres bajo el paraguas de los derechos generales no deja de ser una discusión pragmática.

Las distintas argumentaciones y medidas pueden tener más o menos interés y eficacia para lograr cambios dependiendo de muchos factores: de la oportunidad del momento, dónde esté situado el debate de partida en la sociedad, la dinámica de lucha en la que se inscribe la reivindicación, y cómo se valora la situación de partida de las mujeres.

En este sentido no se puede obviar que, tras más de treinta años de presencia activa del feminismo los cambios logrados en la sociedad y en las propias mujeres no han sido lineales y han generado distintos niveles de autonomía económica, sexual y social.

Visibilizar y dar valor al trabajo de cuidados que realizan las mujeres es de justicia pero si esta afirmación no se inscribe en una dinámica de justicia social en la que se exija la redistribución de los recursos y la responsabilización de los hombres y los gobiernos, caería en corroborar la identificación del cuidado con lo femenino como si fuera algo inamovible.

Su sentido no es afirmar la división del trabajo en función del sexo, sino al contrario tratar de desestructurarla. En un momento dado puede ser viable la exigencia de medidas proteccionistas como son las de acción compensatoria o discriminación positiva en el ámbito laboral (dejo a un lado la discriminación positiva en la representación política pues incorpora elementos que lo hacen más complejo, como la representación de grupo en el terreno de las ideas).

Se parte de una situación de desigualdad profunda y prolongada y se enfrentan a las resistencias de un empresariado anti-igualitrista y preconstitucional. A mi modo de ver se trata de medidas puntuales, evaluables y modificables en función de la eficacia y efectos producidos. Sin embargo y acercándonos a otro tema de actualidad, la defensa de la custodia compartida, al igual que la exigencia de un permiso de paternidad propio por el nacimiento de un hijo o hija, se basa en el objetivo de lograr generalizar lo que hoy resulta una práctica minoritaria: que los hombres asuman la paternidad social, facilitando que la maternidad deje de ser un handicap en la vida de muchas mujeres, condicionando su desarrollo personal en otras facetas personales y laborales, sin por ello lesionar los derechos de las mujeres que por haberse dedicado al cuidado de hijos e hijas se encuentren sin recursos propios ante una separación y por tanto requieran medidas específicas.

Enfrentarse a estos dilemas es un estímulo y plantea nuevas tensiones al movimiento feminista a su práctica diaria, al enfoque de las reivindicaciones, y a su estrategia. No dar por lógica y natural la unidad entre las mujeres no implica negar la existencia de elementos comunes, supone tratar de articular las diferenciar para ir trabando esa unidad y el diálogo entre las distintas experiencias y prácticas feministas y priorizaruna política de alianzas sobre las propuestas y reivindicaciones que se formulan desde las distintas organizaciones feministas.

Requiere también desarrollar políticas y discursos que integren el reconocimiento de cierta identidad cultural de las mujeres, la búsqueda de su reconocimiento social en tanto que tales junto con políticas de justicia social e igualdad que permitan romper lo que el género determina, enfrentarse a las desigualdades y discriminaciones que genera la cultura patriarcal, las estructuras sociales y económicas.

Referencias Alcoff, L. (2002). Feminismo cultural versus post-estructuralismo: la crisis de identidad de la teoría feminista. Debats, 76, 18-39. Valencia. Amorós, C. (1997). Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Madrid: Cátedra. Asamblea Feminista (2006).

  1. La ley de dependencia ante la crisis del trabajo de cuidados.
  2. En Cuadenos Feministas Amaranta, nº 3. Madrid.
  3. Carrasco, C. (1999).
  4. Mujeres y economía.
  5. Nuevas perspectivas para viejos y nuevos problemas.Icria.
  6. Butler, J. (2001).
  7. El género en disputa.
  8. El feminismo y la subversión de la identidad.
  9. México: Paidos.
  10. De Miguel, A.

(2000). Movimiento feminista y redefinición de la realidad. En Asamblea de mujeres de Córdoba (Ed.). Feminismo es…. Y será. (97-104). Frasser, N. Redistribución y reconocimiento: hacia una visión integrada de justicia del género. En Radl Phillip (coord). Mujeres e institución universitaria en occidente.

Santiago de Compostela (135-154). Librería de mujeres de Milán. (1991). No creas tener derechos. Madrid: Cuadernos inacabados. Horas y horas.M. Young, I. (2000). La justicia y la política de la diferencia. Madrid: Cátedra. Montero, J., Zabala, B. (2006). Debates feministas en torno a la prostitución. Viento Sur, 87.

Madrid. Nicholson, L., Frasser, N. Crítica social sin filosofía: un encuentro entre el feminismo y el postmodernismo. En Feminaria (ed.). Feminismo y Postmodernismo. Buenos Aires. Vance, C. (1989). Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina. Madrid: Revolución.
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¿Qué es ser feminista ejemplos?

Ser una mujer que defiende sus derechos y los de otras. Luchar permanentemente para mejorar las condiciones de la mujer. Es la lucha por la igualdad de oportunidad entre hombres y mujeres, respetando nuestros derechos sin discriminación de género.
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¿Qué reclama el feminismo hoy en día?

El feminismo es un conjunto de teorías sociales y de prácticas políticas en abierta oposición a concepciones del mundo que excluyen la experiencia femenina de su horizonte epistemológico y político. El feminismo revela y critica la desigualdad entre los sexos y entre los géneros a la vez que reclama y promueve los derechos e intereses de las mujeres.

  1. El movimiento feminista surge como consecuencia de la conciencia de las mujeres respecto de su estatus subordinado en la sociedad.
  2. Un primer punto con respecto al feminismo en Barrancos se trata en la entrevista, cuando ella relata su experiencia del exilio en el Brasil,
  3. En la Argentina, se instaura la dictadura militar en el año 1976.

En este momento, Barrancos sale exiliada al Brasil. En este país, Barrancos permanece hasta los años 1980. En el exilio, se da el encuentro con el feminismo y con los nuevos movimientos sociales, en momentos en que, según la autora, la dictadura brasilera se ablanda y se constituyen, en ese país, nuevas tendencias que exigen la transición a la democracia.

  1. No obstante, el movimiento que la contagia y contamina de forma especial es el movimiento de mujeres contra la dictadura y a favor de la amnistía.
  2. Este contacto con el feminismo va a trascender el contexto del Brasil de finales de los años 1970, pues a su regreso a la Argentina, luego del fin de la dictadura militar en este país, en el año 1983, Barrancos introduce en una serie de trabajos la nueva manera de pensarse socialmente que le produce la perspectiva feminista: “Creo que la mayor parte de las que volvimos a la Argentina, después, pudimos hacer el camino del feminismo con esta experiencia de afuera”.

Feminismo en la Argentina I En la entrevista, la autora hace referencia a distintos momentos del feminismo en la Argentina. Barrancos introduce algunos conceptos del feminismo (feminismo relacional, maternalismo feminista, contra-feminismo del feminismo anarquista), y define el feminismo en su conjunto como una “agencia progresista”, menciona además aspectos del feminismo en otros lugares (feminismo en Uruguay, feminismo en México, feminismo en el Cono Sur, feminismo latinoamericano, feminismo europeo, etc.), y plantea posibles temáticas a estudiar e investigar en relación con el feminismo (feminismo y Eva Perón, feminismo y anarquismo, feminismo y socialismo, etc.).

  • En primer lugar, con respecto al feminismo en la Argentina, la autora menciona que en este país se va a dar de una manera muy precoz la aceptación del concepto de feminismo.
  • Hacia fines del siglo XIX, el concepto andaba en la sociedad argentina de manera capilar.
  • En segundo lugar, son las mujeres reformistas, socialistas, y también las de extracción burguesa, de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las que van a tomar conciencia del término y van a proponer efectivamente una visión de su feminismo de corte relacional,

En este punto, Barrancos intenta mostrar que la categoría de Offen del feminismo de corte relacional, se aplica bien a las características particulares de este feminismo incipiente en la Argentina. El feminismo ríoplatense tuvo precisamente, por esa época, este corte relacional, en la medida en que no sólo defendió intereses propios de las mujeres, sino intereses de la sociedad en general.

  1. Otro punto de este feminismo inaugural toca el aspecto de los sujetos del feminismo.
  2. Barrancos encuentra una diferencia entre los sujetos del feminismo o los sujetos del movimiento de mujeres en la Argentina y los sujetos del feminismo en el Uruguay.
  3. A diferencia del Uruguay, nos dice Barrancos, en donde existió un movimiento de mujeres que provino de la relación entre los sectores liberales radicalizados y socialistas, en la Argentina, los movimientos de mujeres estuvieron conformados por grupos socialistas, grupos reformados y liberales, más menguados.
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Un siguiente aporte feminista de principios del siglo XX, lo realizan las mujeres anarquistas. La relación de las anarquistas con el feminismo que hoy puede leerse como paradojico, queda conceptualizado por la autora como: contra-feminismo del feminismo anarquista,

Con este concepto la autora establece una relación entre anarquismo, los sujetos anarquistas y el tipo de transformaciones sociales a que dieron lugar en la Argentina, las concepciones anarquistas. Al explicar este feminismo, Barrancos establece una diferencia con otros feminismos. En primer lugar, y por eso la idea de “contra-feminismo”, la autora resalta el hecho de que las anarquistas no se autorreconocieron como feministas según y como recibieron la imagen del feminismo de la época.

Sin embargo, exigieron derechos y produjeron cambios de las mujeres en la sociedad que luego fueron agendados en los feminismos internacionales (“feminismo anarquista”). El cambio fundamental que produjeron las anarquistas fue el asumir una franca idea de derecho al cuerpo,

II Alrededor de los años 1940, en vísperas del peronismo, van a afianzarse distintos movimientos de mujeres progresistas, de mujeres vinculadas al socialismo, a la reforma social y de mujeres anarquistas, que sufrieron un gran impacto por el nazi-facismo y por la pérdida de la república española (1938).

En 1945 surge el peronismo. En 1947 el peronismo establece el sufragio femenino y las feministas contrarían esa legislación. El feminismo, nos dice la autora, no puede reconocer que el sufragio femenino le haya sido dado por una base tan poco republicana como la del peronismo.

La hipótesis de la autora para explicar esta disparidad entre la emancipación feminista y el rechazo a esta decisión tomada por los peronistas de llamar al voto a las mujeres, es que las mujeres reformistas que están absolutamente preocupadas por la vida republicana, quedan contrariadas por esta decisión, al pensarla como maniobra política del peronismo.

Evidentemente, dice la autora, se trata de un error de época. Nuestra interpretación, dice Barrancos, es que el problema central de las feministas era en ese momento el problema de la democracia en el mundo. Cuando adviene el peronismo para estas mujeres se trata de un síntoma más de totalitarismo, un síntoma de que no habrá democracia.

La autora llama la atención sobre el papel de figuras feministas activas de los años 1950, aparte de la figura de Eva Perón, figuras como Alicia Moreau de Justo o Victoria Ocampo. En relación a estas figuras, Barrancos introduce en la entrevista una idea de “viejo feminismo”. Ese “viejo feminismo” le sirve a la autora para mostrar su visión sobre las contrariedades y paradojas entre el activismo de las mujeres por esos años y el papel secundario del feminismo en dos sentidos: en primer lugar, la no aceptación del sujeto que se nombra sujeto feminista; en segundo lugar, el papel secundario del feminismo, en cuanto a su función principal: la búsqueda de derechos políticos,

Con respecto a la figura de Eva Perón, parafraseamos lo que nos dice Barrancos en relación con el feminismo: en primer lugar, Evita y el feminismo se dieron muy mal pues la relación de ella con el feminismo es de adversidad: Evita nunca se dirá feminista; En segundo lugar, Barrancos hace la distinción entre feminismo y movimientos de mujeres en relación con Eva Perón.

La relación de Eva con las mujeres dentro del peronismo es un tema que se le presenta a la autora como algo que debe seguir estudiándose. Por un lado, Evita es defensora de la familia y del cuidado maternal, por el otro, dentro del peronismo, existe una fuerte habilitación de las mujeres para que salgan a la calle a trabajar.

El tema del “peronismo y género” desordena, dice Barrancos, las lógicas de lo público y lo privado, El caso de Victoria Ocampo, nos dice la autora, es particular por el hecho de que ella se va a decir feminista, pero en realidad va a tener una participación muy pequeña dentro del feminismo.

Ella va a fundar una agrupación que luego va a tener una orientación filo-comunista que es la Unión de Mujeres Argentinas, la cual está siendo analizada por primera vez en esos años, y que tuvo figuras muy destacadas que efectivamente hacen peticiones de mujeres, muy importantes. Con respecto a la figura de Alicia Moreau de Justo, integrante del partido socialista, se trata de la dimensión de lucha social por los derechos democráticos, que no se ocupa por alentar explícitamente el frente feminista, sino de contrariar al régimen peronista.

Esta figura va a formar parte del grupo de opositoras al régimen (en este punto la autora menciona el papel opositor de la revista Vida femenina). Al lado de estas tres figuras existen otros aspectos en relación con el feminismo de esos años que están siendo analizados, dice Barrancos: el estudio de las agencias femeninas de las intelectuales anti-peronistas, que están lejos de posiciones feministas, y la organización de la Unión de Mujeres Argentinas, el grupo más importante de resistencia feminista durante los años del peronismo.

Por otra parte, la autora nos dice que otras agencias de mujeres por esos años no están siendo todavía estudiadas, por ejemplo, la relación entre anarquismo y feminismo, o el papel de las mujeres en la Junta de la Victoria, alrededor de los años 1940. Este grupo de la Junta estuvo destinado a auxiliar a las víctimas de los totalitarismos, y estaba compuesto por muchas mujeres del partido comunista, de otros sectores sociales y de la burguesía.

La Junta no se decía feminista, nos dice Barrancos. Pero fue una importante agencia de mujeres en el hecho de visibilizar las prácticas realizadas por mujeres. Existen por esos años, menciona Barrancos, importantes agencias femeninas que han quedado muy opacadas frente a la figura de Evita.

  1. Feminismo activo en el Estado El feminismo activo en el Estado implica la incorporación y presencia de las mujeres en el Estado.
  2. Un primer momento de este tipo de feminismo tiene lugar en los años 1950 en la Argentina.
  3. La autora menciona que el peronismo habilita la participación de las mujeres, por primera vez, como representantes, en el año 1952.

Las mujeres llegan a los escaños del parlamento. A partir de este momento, nos dice Barrancos, en la Argentina, se inicia una tradición peculiar de mujeres en el parlamento, con tasas que son notablemente diferentes respecto de América Latina y que tienen que ver con esta participación de mujeres en el peronismo.

  1. Este punto tocado también en la entrevista del feminismo activo en el Estado, tiene que ver con la problemática del lugar de las mujeres, es decir, la relación, podríamos decir, entre “espacio cooptado” que menciona la autora y el “espacio conquistado”.
  2. Para la autora, la llegada y permanencia de las mujeres en un determinado lugar, por ejemplo, el lugar del Estado, nos coloca, según su enfoque, frente a una ambigüedad de la práctica feminista.

Esta ambigüedad se manifiesta en que el activismo feminista que incluye el hecho de ocupar lugares -de exigir derechos políticos en general- se enfrenta con el hecho de llegar a un lugar que de por sí es un lugar cooptado. Para Barrancos, en la Argentina, el lugar del Estado ha incluido a más mujeres con respecto a otros Estados de la América Latina.

Sin embargo, la participación de las mujeres dentro del Estado en la Argentina, no se hace visible como “organizaciones de mujeres” dentro del Estado. En la entrevista, la autora establece dos diferencias centrales con respecto a otros activismos feministas en el Estado. Barrancos tiene la impresión, por un lado, de que en Europa y Estados Unidos existe un mayor feminismo activista dentro del Estado.

Otra diferencia de este feminismo la establece con México, país que según la autora, ha transformado notablemente la presencia femenina y ha transformado la estructura de los viejos partidos (el caso, por ejemplo, de la inclusión de mujeres dentro del PRI).

  • Existe, según Barrancos, una mayor capacidad de liderar con más autonomía de las mexicanas, en este momento, que las mujeres en la Argentina.
  • Feminismo y recuperación democrática Como mencionamos al principio, existe una fuerte influencia de los nuevos movimientos sociales en los años setenta, particularmente en ciertos grupos de exiliados políticos.

Sin embargo, la demanda feminista a pesar de que fue importante y reconocida por las mujeres, se torna secundaria, dice Barrancos, para las “militantes que iban a revolucionar el mundo”. Barrancos, se ubica por esos años como una figura que va a transitar delante de la cuestión brutal del terrorismo de Estado.

  • Durante esos años, el feminismo, dice Barrancos, era un acontecimiento efectivo en la Argentina, pero para las militantes que se propusieron revolucionar el mundo, el feminismo era una cuestión absolutamente secundaria.
  • Había núcleos feministas que han sido indagados y que persisten hasta hoy (este punto queda mencionado por Barrancos en la entrevista, pero habría que completar las diferencias entre estos núcleos feministas, que se agrupan en aquel momento bajo el amplio movimiento social de la recuperación democrática).

En general, dice la autora, la conducta de este grupo de mujeres militantes tenía que ver con la construcción de una nueva sociedad, en la que la condición femenina vendrá por añadidura. La condición femenina o feminista, dice Barrancos, no estaba en el centro de las demandas setentistas de este grupo de mujeres.

Sin embargo, la autora destaca el papel que tiene el movimiento de mujeres feministas en la recuperación democrática, especialmente con el posterior reingreso a la Argentina de muchas feministas. Feminismo y otros movimientos sociales En la Argentina, con la recuperación democrática, a partir del año 1983, coexisten los distintos movimientos sociales: el movimiento por la justicia, por la memoria, por la clausura de impunidad, el movimiento de mujeres de las Madres de la Plaza de Mayo, las Abuelas, etc.

Estos grupos, dice Barrancos, tienen una agenda muy específica, que para ella no contradice el feminismo de ninguna manera. Por otro lado, existen a la par, los movimientos emergentes feministas de diferentes características. Por ejemplo, los movimientos de las minorías sexuales que encarnan de una forma más fuerte aspectos de género, es decir, su agenda, de manera sustantiva, dice Barrancos en la entrevista, revela aspectos de género.

Feminismo y Estado de bienestar social En el feminismo europeo fue bastante común, y lo mismo ocurrió en el feminismo latinoamericano, asirse a la función maternal y peticionar, antes de que existiera el Estado de bienestar, derechos en relación a la familia, derechos en relación a los hijos y las hijas.

Esta petición de asistencia a la familia, asistencia a través del reconocimiento de un salario plus para cada niño, es una vieja convicción, dice la autora, del movimiento de mujeres que está en la base de lo que luego asumió el Estado de bienestar social.

Esta petición de derechos en relación a la familia conduce al concepto de feminismo maternalista o maternalismo feminista, Esta agenda del feminismo, dice Barrancos, tuvo consecuencias disímiles, en los diferentes países. Hubo, por ejemplo, un maternalismo feminista en Estados Unidos, pero en Estados Unidos por la consagrada fórmula de un feminismo de tipo individual, dice Barrancos, el feminismo maternalista no llegó a la instalación de políticas públicas o benefactoras sociales, de la misma manera que ha sucedido, por ejemplo, en Europa y en América Latina.

Feminismo y teoría (feminismo académico) Otro punto que toca Barrancos con respecto al feminismo, se da en la entrevista, cuando se hace referencia a las críticas del feminismo latinoamericano realizadas por autoras como Taylor o Stolen, que lo denominan: “proto-feminismo” o “feminismo sui-generis”, es decir, un feminismo relativizado frente a otras posiciones de opresión como las de clase o raza.

  1. Barrancos señala por un lado, que estas autoras pueden tener razón, ya que al contextualizar las teorías, surgen feminismos que no son feministas, pero que de todas formas aportan una subjetividad femenina y un derecho a ejercer esta subjetividad.
  2. Por otro lado, Barrancos establece también una crítica al feminismo europeo e internacional, en Francia, por ejemplo, se ha dejado de usar el concepto de patriarcado, así como en Italia.

Para Barrancos, el feminismo latinoamericano expresa bastante bien la realidad latinoamericana. La crítica que Barrancos establece no es tanto por el lado del feminismo, sino por el lado de la teoría. Ella dice que tal vez, si se dispusiera de teorías más provocativas en Latinoamérica, se pudiera expresar de una manera más crítica la existencia de los feminismos propios.
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¿Cuándo fue el primer movimiento feminista en el mundo?

El 2000 fue el año de los balances. Arribamos al nuevo siglo tratando de hacer “tabla rasa con el pasado”, 2 volteando hacia atrás en busca de explicaciones y aspirando por un futuro sin sobresaltos. ¡Qué ilusas nos vimos! El siglo XX fue de guerras, revoluciones y levantamientos: la primera y la segunda mundial, la revolución mexicana, la rusa, la china y la cubana, por mencionar algunas. Entre los levantamientos, el del EZLN contribuyó a sacudir conciencias, a develar desigualdades y a mostrarnos que existía un grupo más olvidado dentro de nuestra sociedad: “los otros y las otras”. Entre los movimientos sociales surgidos desde los años sesenta, el feminismo ha sido uno de los más importantes, ya que contribuyó a cambiar y a transformar usos, costumbres y mentalidades de las personas a lo largo y ancho del orbe. El 9 de mayo de 1971 hizo su aparición en la ciudad de México el primer grupo de lo que sería el movimiento feminista mexicano: Mujeres en Acción Solidaria. De entonces a la fecha han pasado muchas cosas y hoy estamos aquí precisamente para hablar de este movimiento social. Considero que hay un movimiento feminista que cobija a sus militantes, quienes a su vez apoyan diversas corrientes: feminismo liberal, socialista, radical, ecologista, de la igualdad, de la diferencia. Mujeres que se organizan en torno de reivindicaciones e inconformidades y que constituyen un movimiento social cuyas características han girado alrededor de una organización con un propósito de acción colectiva que persigue metas comunes. Pero estas corrientes feministas no han tenido una sola expresión organizativa, por lo que no ha sido posible caracterizarlos sólo por la diversidad de intereses y formas de expresión que han adoptado. Como dice Rosi Braidotti: “del entramado complejo y polivalente de grupos de elaboración de significados, detectamos áreas de inquietud común, o coaliciones de intereses que hacen del movimiento una máquina política gobernada por la voluntad común de mejorar el estatus de la mujer”.3 Ahora bien, en palabras de algunas autoras participantes en este libro que hoy comentamos, definen al feminismo de muchas maneras: “como discurso, práctica política y reivindicación de los derechos de las mujeres para lograr la equidad”, según apunta Jenniffer Cooper (p.97). “El feminismo es en sí una filosofía práctica”, dice Francesca Gargallo (p.123). “Representa uno de los movimientos sociales más importantes de la historia de las sociedades occidentales del siglo XX”, nos recuerda Margarita Velázquez (p.125). “Un movimiento en cuyas acciones, alcances y utopías se expresa la diversidad y el dinamismo de sus fuerzas internas y del mundo en que se mueven”, añade Gisela Espinoza (p.157). “La búsqueda de una vida con calidad para las mujeres”, menciona María Consuelo Mejía (p.192). “El feminismo se ha constituido en una crítica deconstructiva del humanismo patriarcal y ha permitido develar esa deuda del humanismo con las mujeres y, desde luego, con una humanidad compleja e incluyente de todos los seres humanos”, declara Marcela Lagarde (p.220). Este volumen colectivo que hoy nos reúne está integrado por 27 artículos y fue coordinado por Griselda Gutiérrez Castañeda, como resultado de un simposio intitulado al igual que el libro, Feminismo en México, Revisión Histórica-Crítica del Siglo que Termina, organizado en octubre de 2000 por el pueg/unam. El texto está dividido en 10 temas, donde leemos las reflexiones de 29 vario-pintas mujeres: filósofas, antropólogas, sicólogas, literatas, historiadoras, economistas, artistas, políticas, casi todas afines al feminismo y convocadas a pensar acerca de la llamada nueva ola, segunda oleada, el neofeminismo, o el posfeminismo y sus repercusiones. La diversidad de puntos de vista es uno de los méritos de este libro. Cada una de las autoras reflexiona desde su especialidad acerca de alguno de los temas que han sido preocupación del movimiento y de sus militantes: la política, la salud sexual y reproductiva, los derechos humanos, el desarrollo sustentable, las políticas públicas, el placer, la reivindicación del cuerpo, la tolerancia, la diversidad sexual, el arte, es decir, la multidisciplinariedad de enfoques que el feminismo ha alentado. Se analizan algunas ideas acerca de la manera en que el movimiento ha procedido y también se examina la relación entre el movimiento de mujeres y la democracia, un asunto que en nuestro país es un tema candente y polémico que cobró relevancia durante la década de los noventa del siglo pasado y en el que todavía no nos ponemos de acuerdo y continúa siendo un punto de discusión en la agenda política. Encontramos artículos críticos, cuestionadores, originales, bien documentados. Algunos ofrecen propuestas y sugerencias para incidir sobre un mayor número de mujeres, otros narran experiencias vividas y relaciones con el movimiento, unos más cuentan partes de la historia. Todas las autoras están de acuerdo en que la diferencia no debe traducirse en desigualdad y que la lucha tiene que seguir, porque los problemas en lugar de resolverse en muchos casos se han agudizado. En el libro se habla de retos, avances y logros, pero también de rezagos y de retrocesos; de estrategias de lucha en constante transformación, movilizaciones, debates y pugnas incluso en el interior del movimiento por competencias, protagonismos y/o liderazgos. El movimiento se ha transformado con el paso de los años y sus premisas han cambiado; usando la frase de Marta Lamas, se ha transitado de la “protesta a la propuesta” (p.71). No obstante, a treinta años de iniciado el movimiento las reivindicaciones y los temas parecen ser los mismos y ello es verdaderamente preocupante: salario igual para trabajo igual; contra la violencia y maltrato hacia las mujeres y por el derecho a interrumpir los embarazos. Cabe destacar que las preocupaciones e inquietudes se traslucen de manera diferente en los trabajos de las mujeres académicas, activistas o políticas. Cada una de ellas observa los temas prioritarios que interesan dentro de su quehacer y de acuerdo con su agenda: acción afirmativa, cuotas, negociaciones y cabildeo si se trata de las políticas; análisis de género en los diversos campos del conocimiento en el caso de las académicas, y respeto a las diferencias, a las libertades individuales, inclusión y otros para las militantes. Algunas de ellas consideran la democratización y el ejercicio de la ciudadanía como un aspecto fundamental para el acceso a la igualdad de oportunidades y a la equidad genérica. Promover la equidad significa crear condiciones que reflejen la pluralidad de la sociedad. No obstante todavía subsisten innumerables limitantes para el ejercicio de la democracia y para el mejoramiento de la condición social de las mujeres. El libro da cuenta de las asignaturas pendientes y nos remite a la problemática que afecta a las mujeres en nuestro país. La utopía feminista es interminable: si bien se ha conseguido que las mujeres tengamos mayor visibilidad Fox dice hombres y mujeres todo el tiempo, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el acceso al aborto, el maltrato, la violencia intrafamiliar, el hostigamiento, es decir, la violencia sexual producto de la desigualdad de género, sigue ensañándose contra las mujeres. El ejemplo más evidente lo tenemos en los feminicidios que ocurren en Ciudad Juárez. Asimismo, el acceso a la salud y a la educación continúan rezagados. Las mujeres están entre las más pobres y menos educadas no sólo del país sino del mundo, los ajustes estructurales que se están imponiendo provocan mayores índices de pobreza (¿la llamada feminización de la pobreza? Y yo me pregunto: ¿en eso consiste la visibilidad?). Hay mayor incidencia del sida en mujeres, 70% de las nuevas infecciones del VIH a escala mundial se registran en mujeres, por su escasa capacidad para decidir sobre el uso de condones en ciertos sectores sociales. Se han creado innumerables instancias en la sociedad civil para atender requerimientos femeninos. Esta profesionalización del feminismo a través de las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) permite que haya interlocutoras que traten de negociar políticas públicas que no sigan siendo ciegas al género. No es suficiente. Desde que el Estado se ha retraído de sus funciones y responsabilidades ha provocado que se carezca aún más de los mínimos necesarios. ¿Cuál es entonces el papel del movimiento feminista en este nuevo contexto? A lo largo del libro llama la atención que pocas estudiosas se hayan interesado por reflexionar suficientemente en las instancias creadas para el mejoramiento de la condición de las mujeres, falta evaluar su influencia real en la sociedad y ofrecer soluciones y encaminar propuestas. Al mismo tiempo apenas se da cuenta del auge que a fines del milenio cobraron añejas demandas de mayor penalización para la violación y la despenalización del aborto, así como su vínculo con los derechos humanos. En este sentido la expedición de la llamada Ley Robles que amplía las causales de aborto y que fue publicada en septiembre de 2000, y la apertura de más Agencias Especializadas en Delitos Sexuales a lo largo de toda la república fueron logros del movimiento de mujeres que no debemos soslayar. Por otro lado, la inclusión de los temas que afectan a las mujeres debieran ser objetivos a priorizar.

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¿Cómo dar a conocer las premisas feministas? ¿Cómo contrarrestar la desinformación y la interpretación de la ideología dominante? ¿Cuáles son los retos a superar en este nuevo milenio? ¿Cómo hacernos escuchar? Si bien el movimiento se ha filtrado en múltiples espacios tanto políticos como sociales, y ha logrado permear a mujeres de diversas clases sociales, aún no ha conseguido trascender en las jóvenes. Tal vez por ser ellas las beneficiarias de los cambios y “creer” innecesario reivindicar opresión y desigualdades. No obstante estas limitantes, hay que poner énfasis en el impacto que el movimiento feminista ha tenido en la representación social y cultural de las mujeres en la sociedad. El libro no responde a todas las interrogantes pero ayuda a comprender la trayectoria que ha seguido el movimiento en la búsqueda por derribar la barrera de la desigualdad. Las múltiples maneras de hacerlo nos corresponden a todas y a todos nosotros. * Ana Lau es profesora – investigadora de la UAM Xochimilco, en el área Mujer, identidad y poder. Estudió la licenciatura y la maestría en historia en la UNAM; es candidata a doctora, por la misma especialidad, por la Universidad Iberoamericana. Entre sus publicaciones podemos destacar: Feminismo en México, ayer y hoy (en coautoría con Anna M. Fernández Poncela y Eli Bartra), cuya segunda edición acaba de aparecer, y La nueva ola del feminismo en México. Mujeres y revolución (en coautoría con Carmen Ramos). Notas 1 Este texto fue leído el 3 de octubre de 2002 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, durante la presentación del libro coordinado por Griselda Gutiérrez C., Feminismo en México. Revisión histórica-crítica del siglo que termina, México, pueg/unam, 2002.2 Frase tomada del libro de Jean Chesneaux, ¿Hacemos tabla rasa con el pasado? A propósito de la historia y de los historiadores, México, Siglo XXI, 1981.

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¿Qué color representa el feminismo?

Por qué el morado es el color feminista – Hay varias teorías sobre cómo se ha instaurado este color como símbolo de la mujer, El color morado es el tono de los soberanos, según la activista inglesa Emmeline Pethick. “Simboliza la sangre real que corre por las venas de las luchadoras por el derecho al voto, simboliza la conciencia de la libertada y dignidad”. Que Dice La Biblia Sobre El Feminismo Una mujer circula en bicicleta en Madrid el 8 de Marzo de 2020 / Pablo Blazquez Dominguez En 1911 hubo sucedió otro acontecimiento en una fábrica textil también en Nueva York. Se produjo un incendio en la que muchas mujeres quedaron atrapadas. Dicen que los dueños habían cerrado las salidas para evitar robos que supuestamente cometían las empleadas.

  • Se desconoce qué provocó el incendio.
  • Unos dicen que fue una colilla mal apagada y otros que fue una chispa de una máquina.
  • En cualquier caso, se puso de manifiesto también las malas condiciones de seguridad de la factoría.
  • La leyenda dice que las telas de esta fábrica eran moradas y al ser destrozadas por el fuego el humo que se vio era morado.

Las condiciones de trabajo en aquella fábrica eran inhumanas. Más de diez horas de trabajo por un salario ridículo. Aún hoy se mantiene esa lucha ya que muchas mujeres se encuentran en puestos iguales a los hombres y ganando menos. La brecha salaria l continúa estando a la orden del día así como la falta de mujeres en puestos de responsabilidad.

Existe otra versión sobre el origen del morado como símbolo de la lucha feminista. De la mezcla del color azul con el rosa sale el morado. Tradicionalmente se ha asignado el color azul a los niños y el rosa a las niñas por lo que de su unión saldría el morado o violeta. Muchos creen que esta explicación es muy simple.

Y prefieren asociar el color a la lucha de las trabajadoras en la industria textil.
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¿Quién fue la primera persona que creó el feminismo?

Primera ola del feminismo – Olympe de Gouges – La primera ola del feminismo tuvo su punto álgido a finales del siglo XVIII, y según la filósofa Amelia Valcárcel, el feminismo fue el hijo no querido de la Ilustración. Su principal referente fue Olympe de Gouges (Montauban, Francia, 7 de mayo de 1748-París, 3 de noviembre de 1793), pseudónimo de Marie Gouze.

Esta mujer, que suele ignorarse en los libros de Historia en el capítulo de la Revolución Francesa, fue la responsable de la Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Su publicación, solo un mes después de hacerse pública la Declaración de Derechos del Hombre, contenía un manifiesto de diecisiete artículos en el que proclamaba que la mujer «nace libre y permanece igual al hombre en derechos».

En algunos de sus escritos, Olympe de Gouges pidió el derecho al divorcio. Además, al ser hija bastarda también exigió que se reconociese el derecho de los hijos naturales y la creación de centros de acogidas para mujeres. Fue decapitada en la guillotina por estos textos el 3 de noviembre de 1793.
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¿Qué quiere decir la frase no se nace mujer se llega a serlo?

1. No se nace mujer; se llega a serlo 1 – He explicado cómo fue concebido este libro: casi de manera fortuita; queriendo hablar de mí, me di cuenta de que me era necesario describir la condición femenina; comencé por considerar los mitos que los hombres habían forjado a través de las cosmologías, las religiones, las supersticiones, las ideologías o las literaturas.

  • Intentaba poner orden en el cuadro aparentemente incoherente que se me ofrecía (Beauvoir, 1963, p.258).
  • Simone de Beauvoir ha contado en sus Memorias cómo se había gestado la idea de escribir un libro sobre las mujeres.
  • La propuesta que, según dice, había partido de Jean Paul Sartre, se hizo firme por la necesidad de desentrañar el significado de “ser mujer” y de qué manera la condición femenina habría marcado su vida; cómo había influido en sus acciones y decisiones y en su obra.

La autora relata también cómo la elaboración del libro, que se prolongaría durante tres años, le depararía muchas sorpresas y descubrimientos inesperados. Así escribe «comencé a mirar a las mujeres con una mirada diferente e iba de sorpresa en sorpresa.

Es extraño y estimulante descubrir, de repente, a los cuarenta años, un aspecto del mundo que salta a los ojos y que no vemos» (Beauvoir, 1963, p.159). La publicación de El segundo sexo, en 1949, en la conocida editorial Gallimard, debía de producir un escándalo, inesperado, en la sociedad francesa del momento: intelectuales y políticxs conocidxs mostrarían entonces su resistencia a pensar las cosas de otro modo, abandonando las ideas comunes sobre el sexo y la sexualidad.

El libro, sin embargo, debía de abrir una brecha en el conocimiento sobre la condición y la situación de las mujeres, que, más tarde, podría servir para la renovación de la teoría y de la práctica política del feminismo que resurgiría en los años setenta.

En El segundo sexo Beauvoir contestaría el determinismo sostenido, desde la biología o desde el psicoanálisis, que interpretaba el sexo como portador de un destino preestablecido: el Ser no existe y no debe de confundirse con llegar a ser, el ser, según la filosofía existencialista, es siempre un sujeto tal como se manifiesta.

Para los seres humanos, para los hombres como para las mujeres, el ser no es algo, ninguna esencia definitiva (Beauvoir, 2005, p.371). No se nace mujer; se llega a serlo, en el eslogan, adoptado por el feminismo, se contenía un mensaje de esperanza para las mujeres: si no se nace mujer o si ser mujer ya no podía verse como un castigo divino, ni como un destino ineludible, ni comportaba un modo de vida determinado, las mujeres comenzarían a creer que sus vidas podían ser diferentes.

En El segundo sexo, en efecto, se abría la puerta para pensar que el ser mujer, lejos de tratarse de una desgracia ineludible o ser la expresión de una esencia inmutable, era el resultado de un hecho accidental, histórico, que podía transformarse. En el libro se mostraría también el modo en que la sociedad contemporánea sitúa a la mujer; las posibilidades que se les ofrecen y los límites que se les imponen a las mujeres y cómo ellas mismas enfrentarían su situación y las posibilidades de futuro que se vislumbran en la sociedad contemporánea.

En este artículo se analiza la historia de El segundo sexo; el contexto intelectual que inspiró su escritura, los trazos esenciales del pensamiento de Beauvoir, la recepción del libro, a partir de los años cincuenta, en Francia y en España y su influencia en el pensamiento feminista contemporáneo
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¿Qué es feminismo con sus propias palabras?

Definición de feminismo – A lo largo de los últimos años, la palabra feminismo ha ido tomando relevancia en muchos contextos, en algunos de ellos rodeada de una connotación negativa, hasta hacerse un hueco en cualquier debate político o de bar. El feminismo no es odiar a los hombres, ni querer la supremacía de las mujeres.
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¿Qué es feminismo concepto y ejemplos?

El feminismo es un conjunto de teorías sociales y de prácticas políticas en abierta oposición a concepciones del mundo que excluyen la experiencia femenina de su horizonte epistemológico y político. El feminismo revela y critica la desigualdad entre los sexos y entre los géneros a la vez que reclama y promueve los derechos e intereses de las mujeres.

El movimiento feminista surge como consecuencia de la conciencia de las mujeres respecto de su estatus subordinado en la sociedad. Un primer punto con respecto al feminismo en Barrancos se trata en la entrevista, cuando ella relata su experiencia del exilio en el Brasil, En la Argentina, se instaura la dictadura militar en el año 1976.

En este momento, Barrancos sale exiliada al Brasil. En este país, Barrancos permanece hasta los años 1980. En el exilio, se da el encuentro con el feminismo y con los nuevos movimientos sociales, en momentos en que, según la autora, la dictadura brasilera se ablanda y se constituyen, en ese país, nuevas tendencias que exigen la transición a la democracia.

  • No obstante, el movimiento que la contagia y contamina de forma especial es el movimiento de mujeres contra la dictadura y a favor de la amnistía.
  • Este contacto con el feminismo va a trascender el contexto del Brasil de finales de los años 1970, pues a su regreso a la Argentina, luego del fin de la dictadura militar en este país, en el año 1983, Barrancos introduce en una serie de trabajos la nueva manera de pensarse socialmente que le produce la perspectiva feminista: “Creo que la mayor parte de las que volvimos a la Argentina, después, pudimos hacer el camino del feminismo con esta experiencia de afuera”.

Feminismo en la Argentina I En la entrevista, la autora hace referencia a distintos momentos del feminismo en la Argentina. Barrancos introduce algunos conceptos del feminismo (feminismo relacional, maternalismo feminista, contra-feminismo del feminismo anarquista), y define el feminismo en su conjunto como una “agencia progresista”, menciona además aspectos del feminismo en otros lugares (feminismo en Uruguay, feminismo en México, feminismo en el Cono Sur, feminismo latinoamericano, feminismo europeo, etc.), y plantea posibles temáticas a estudiar e investigar en relación con el feminismo (feminismo y Eva Perón, feminismo y anarquismo, feminismo y socialismo, etc.).

En primer lugar, con respecto al feminismo en la Argentina, la autora menciona que en este país se va a dar de una manera muy precoz la aceptación del concepto de feminismo. Hacia fines del siglo XIX, el concepto andaba en la sociedad argentina de manera capilar. En segundo lugar, son las mujeres reformistas, socialistas, y también las de extracción burguesa, de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las que van a tomar conciencia del término y van a proponer efectivamente una visión de su feminismo de corte relacional,

En este punto, Barrancos intenta mostrar que la categoría de Offen del feminismo de corte relacional, se aplica bien a las características particulares de este feminismo incipiente en la Argentina. El feminismo ríoplatense tuvo precisamente, por esa época, este corte relacional, en la medida en que no sólo defendió intereses propios de las mujeres, sino intereses de la sociedad en general.

Otro punto de este feminismo inaugural toca el aspecto de los sujetos del feminismo. Barrancos encuentra una diferencia entre los sujetos del feminismo o los sujetos del movimiento de mujeres en la Argentina y los sujetos del feminismo en el Uruguay. A diferencia del Uruguay, nos dice Barrancos, en donde existió un movimiento de mujeres que provino de la relación entre los sectores liberales radicalizados y socialistas, en la Argentina, los movimientos de mujeres estuvieron conformados por grupos socialistas, grupos reformados y liberales, más menguados.

Un siguiente aporte feminista de principios del siglo XX, lo realizan las mujeres anarquistas. La relación de las anarquistas con el feminismo que hoy puede leerse como paradojico, queda conceptualizado por la autora como: contra-feminismo del feminismo anarquista,

Con este concepto la autora establece una relación entre anarquismo, los sujetos anarquistas y el tipo de transformaciones sociales a que dieron lugar en la Argentina, las concepciones anarquistas. Al explicar este feminismo, Barrancos establece una diferencia con otros feminismos. En primer lugar, y por eso la idea de “contra-feminismo”, la autora resalta el hecho de que las anarquistas no se autorreconocieron como feministas según y como recibieron la imagen del feminismo de la época.

Sin embargo, exigieron derechos y produjeron cambios de las mujeres en la sociedad que luego fueron agendados en los feminismos internacionales (“feminismo anarquista”). El cambio fundamental que produjeron las anarquistas fue el asumir una franca idea de derecho al cuerpo,

II Alrededor de los años 1940, en vísperas del peronismo, van a afianzarse distintos movimientos de mujeres progresistas, de mujeres vinculadas al socialismo, a la reforma social y de mujeres anarquistas, que sufrieron un gran impacto por el nazi-facismo y por la pérdida de la república española (1938).

En 1945 surge el peronismo. En 1947 el peronismo establece el sufragio femenino y las feministas contrarían esa legislación. El feminismo, nos dice la autora, no puede reconocer que el sufragio femenino le haya sido dado por una base tan poco republicana como la del peronismo.

La hipótesis de la autora para explicar esta disparidad entre la emancipación feminista y el rechazo a esta decisión tomada por los peronistas de llamar al voto a las mujeres, es que las mujeres reformistas que están absolutamente preocupadas por la vida republicana, quedan contrariadas por esta decisión, al pensarla como maniobra política del peronismo.

Evidentemente, dice la autora, se trata de un error de época. Nuestra interpretación, dice Barrancos, es que el problema central de las feministas era en ese momento el problema de la democracia en el mundo. Cuando adviene el peronismo para estas mujeres se trata de un síntoma más de totalitarismo, un síntoma de que no habrá democracia.

  • La autora llama la atención sobre el papel de figuras feministas activas de los años 1950, aparte de la figura de Eva Perón, figuras como Alicia Moreau de Justo o Victoria Ocampo.
  • En relación a estas figuras, Barrancos introduce en la entrevista una idea de “viejo feminismo”.
  • Ese “viejo feminismo” le sirve a la autora para mostrar su visión sobre las contrariedades y paradojas entre el activismo de las mujeres por esos años y el papel secundario del feminismo en dos sentidos: en primer lugar, la no aceptación del sujeto que se nombra sujeto feminista; en segundo lugar, el papel secundario del feminismo, en cuanto a su función principal: la búsqueda de derechos políticos,

Con respecto a la figura de Eva Perón, parafraseamos lo que nos dice Barrancos en relación con el feminismo: en primer lugar, Evita y el feminismo se dieron muy mal pues la relación de ella con el feminismo es de adversidad: Evita nunca se dirá feminista; En segundo lugar, Barrancos hace la distinción entre feminismo y movimientos de mujeres en relación con Eva Perón.

La relación de Eva con las mujeres dentro del peronismo es un tema que se le presenta a la autora como algo que debe seguir estudiándose. Por un lado, Evita es defensora de la familia y del cuidado maternal, por el otro, dentro del peronismo, existe una fuerte habilitación de las mujeres para que salgan a la calle a trabajar.

El tema del “peronismo y género” desordena, dice Barrancos, las lógicas de lo público y lo privado, El caso de Victoria Ocampo, nos dice la autora, es particular por el hecho de que ella se va a decir feminista, pero en realidad va a tener una participación muy pequeña dentro del feminismo.

Ella va a fundar una agrupación que luego va a tener una orientación filo-comunista que es la Unión de Mujeres Argentinas, la cual está siendo analizada por primera vez en esos años, y que tuvo figuras muy destacadas que efectivamente hacen peticiones de mujeres, muy importantes. Con respecto a la figura de Alicia Moreau de Justo, integrante del partido socialista, se trata de la dimensión de lucha social por los derechos democráticos, que no se ocupa por alentar explícitamente el frente feminista, sino de contrariar al régimen peronista.

Esta figura va a formar parte del grupo de opositoras al régimen (en este punto la autora menciona el papel opositor de la revista Vida femenina). Al lado de estas tres figuras existen otros aspectos en relación con el feminismo de esos años que están siendo analizados, dice Barrancos: el estudio de las agencias femeninas de las intelectuales anti-peronistas, que están lejos de posiciones feministas, y la organización de la Unión de Mujeres Argentinas, el grupo más importante de resistencia feminista durante los años del peronismo.

Por otra parte, la autora nos dice que otras agencias de mujeres por esos años no están siendo todavía estudiadas, por ejemplo, la relación entre anarquismo y feminismo, o el papel de las mujeres en la Junta de la Victoria, alrededor de los años 1940. Este grupo de la Junta estuvo destinado a auxiliar a las víctimas de los totalitarismos, y estaba compuesto por muchas mujeres del partido comunista, de otros sectores sociales y de la burguesía.

La Junta no se decía feminista, nos dice Barrancos. Pero fue una importante agencia de mujeres en el hecho de visibilizar las prácticas realizadas por mujeres. Existen por esos años, menciona Barrancos, importantes agencias femeninas que han quedado muy opacadas frente a la figura de Evita.

  1. Feminismo activo en el Estado El feminismo activo en el Estado implica la incorporación y presencia de las mujeres en el Estado.
  2. Un primer momento de este tipo de feminismo tiene lugar en los años 1950 en la Argentina.
  3. La autora menciona que el peronismo habilita la participación de las mujeres, por primera vez, como representantes, en el año 1952.

Las mujeres llegan a los escaños del parlamento. A partir de este momento, nos dice Barrancos, en la Argentina, se inicia una tradición peculiar de mujeres en el parlamento, con tasas que son notablemente diferentes respecto de América Latina y que tienen que ver con esta participación de mujeres en el peronismo.

Este punto tocado también en la entrevista del feminismo activo en el Estado, tiene que ver con la problemática del lugar de las mujeres, es decir, la relación, podríamos decir, entre “espacio cooptado” que menciona la autora y el “espacio conquistado”. Para la autora, la llegada y permanencia de las mujeres en un determinado lugar, por ejemplo, el lugar del Estado, nos coloca, según su enfoque, frente a una ambigüedad de la práctica feminista.

Esta ambigüedad se manifiesta en que el activismo feminista que incluye el hecho de ocupar lugares -de exigir derechos políticos en general- se enfrenta con el hecho de llegar a un lugar que de por sí es un lugar cooptado. Para Barrancos, en la Argentina, el lugar del Estado ha incluido a más mujeres con respecto a otros Estados de la América Latina.

  1. Sin embargo, la participación de las mujeres dentro del Estado en la Argentina, no se hace visible como “organizaciones de mujeres” dentro del Estado.
  2. En la entrevista, la autora establece dos diferencias centrales con respecto a otros activismos feministas en el Estado.
  3. Barrancos tiene la impresión, por un lado, de que en Europa y Estados Unidos existe un mayor feminismo activista dentro del Estado.

Otra diferencia de este feminismo la establece con México, país que según la autora, ha transformado notablemente la presencia femenina y ha transformado la estructura de los viejos partidos (el caso, por ejemplo, de la inclusión de mujeres dentro del PRI).

  • Existe, según Barrancos, una mayor capacidad de liderar con más autonomía de las mexicanas, en este momento, que las mujeres en la Argentina.
  • Feminismo y recuperación democrática Como mencionamos al principio, existe una fuerte influencia de los nuevos movimientos sociales en los años setenta, particularmente en ciertos grupos de exiliados políticos.

Sin embargo, la demanda feminista a pesar de que fue importante y reconocida por las mujeres, se torna secundaria, dice Barrancos, para las “militantes que iban a revolucionar el mundo”. Barrancos, se ubica por esos años como una figura que va a transitar delante de la cuestión brutal del terrorismo de Estado.

Durante esos años, el feminismo, dice Barrancos, era un acontecimiento efectivo en la Argentina, pero para las militantes que se propusieron revolucionar el mundo, el feminismo era una cuestión absolutamente secundaria. Había núcleos feministas que han sido indagados y que persisten hasta hoy (este punto queda mencionado por Barrancos en la entrevista, pero habría que completar las diferencias entre estos núcleos feministas, que se agrupan en aquel momento bajo el amplio movimiento social de la recuperación democrática).

En general, dice la autora, la conducta de este grupo de mujeres militantes tenía que ver con la construcción de una nueva sociedad, en la que la condición femenina vendrá por añadidura. La condición femenina o feminista, dice Barrancos, no estaba en el centro de las demandas setentistas de este grupo de mujeres.

Sin embargo, la autora destaca el papel que tiene el movimiento de mujeres feministas en la recuperación democrática, especialmente con el posterior reingreso a la Argentina de muchas feministas. Feminismo y otros movimientos sociales En la Argentina, con la recuperación democrática, a partir del año 1983, coexisten los distintos movimientos sociales: el movimiento por la justicia, por la memoria, por la clausura de impunidad, el movimiento de mujeres de las Madres de la Plaza de Mayo, las Abuelas, etc.

Estos grupos, dice Barrancos, tienen una agenda muy específica, que para ella no contradice el feminismo de ninguna manera. Por otro lado, existen a la par, los movimientos emergentes feministas de diferentes características. Por ejemplo, los movimientos de las minorías sexuales que encarnan de una forma más fuerte aspectos de género, es decir, su agenda, de manera sustantiva, dice Barrancos en la entrevista, revela aspectos de género.

Feminismo y Estado de bienestar social En el feminismo europeo fue bastante común, y lo mismo ocurrió en el feminismo latinoamericano, asirse a la función maternal y peticionar, antes de que existiera el Estado de bienestar, derechos en relación a la familia, derechos en relación a los hijos y las hijas.

Esta petición de asistencia a la familia, asistencia a través del reconocimiento de un salario plus para cada niño, es una vieja convicción, dice la autora, del movimiento de mujeres que está en la base de lo que luego asumió el Estado de bienestar social.

  • Esta petición de derechos en relación a la familia conduce al concepto de feminismo maternalista o maternalismo feminista,
  • Esta agenda del feminismo, dice Barrancos, tuvo consecuencias disímiles, en los diferentes países.
  • Hubo, por ejemplo, un maternalismo feminista en Estados Unidos, pero en Estados Unidos por la consagrada fórmula de un feminismo de tipo individual, dice Barrancos, el feminismo maternalista no llegó a la instalación de políticas públicas o benefactoras sociales, de la misma manera que ha sucedido, por ejemplo, en Europa y en América Latina.

Feminismo y teoría (feminismo académico) Otro punto que toca Barrancos con respecto al feminismo, se da en la entrevista, cuando se hace referencia a las críticas del feminismo latinoamericano realizadas por autoras como Taylor o Stolen, que lo denominan: “proto-feminismo” o “feminismo sui-generis”, es decir, un feminismo relativizado frente a otras posiciones de opresión como las de clase o raza.

  • Barrancos señala por un lado, que estas autoras pueden tener razón, ya que al contextualizar las teorías, surgen feminismos que no son feministas, pero que de todas formas aportan una subjetividad femenina y un derecho a ejercer esta subjetividad.
  • Por otro lado, Barrancos establece también una crítica al feminismo europeo e internacional, en Francia, por ejemplo, se ha dejado de usar el concepto de patriarcado, así como en Italia.

Para Barrancos, el feminismo latinoamericano expresa bastante bien la realidad latinoamericana. La crítica que Barrancos establece no es tanto por el lado del feminismo, sino por el lado de la teoría. Ella dice que tal vez, si se dispusiera de teorías más provocativas en Latinoamérica, se pudiera expresar de una manera más crítica la existencia de los feminismos propios.
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¿Qué es el feminismo con tus palabras?

Feminismo y machismo – El feminismo es una corriente de pensamiento que surge con propósitos críticos y reivindicativos del papel de la mujer en las sociedades tradicionalmente machistas o patriarcales y, su objetivo principal es la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

El machismo, por su parte, comprende un conjunto de actitudes, conductas, prácticas y creencias que niegan la igualdad de derechos de la mujer en la sociedad y establece estructuras sociales de supremacía masculina. Como tal, se manifiesta independientemente de la cultura, la tradición o la religión.

Son precisamente este tipo de conductas las que han propiciado la emancipación femenina a través del movimiento feminista. Vea también Machismo y feminismo, Cómo citar: “Feminismo”. En: Significados.com, Disponible en: https://www.significados.com/feminismo/ Consultado:
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¿Cuál es el valor de la mujer en la Biblia?

La mujer recibió con el hombre la misión de dominar la tierra y poblarla. De allí que la maternidad era una dignidad y los hijos una bendición de Dios. La orden de colaborar en el dominio de la tierra fue dejada de lado en una sociedad dominada por el hombre.
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