Libros Canonicos De La Biblia?

Libros Canonicos De La Biblia
Reseña – Los libros canónicos son los volúmenes de Escritura aceptados oficialmente por la Iglesia, a saber, la Santa Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Anote sus impresiones
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¿Cuáles son los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento?

Dámaso I – La comisión de Dámaso de revisar la Vetus Latina (que daría origen a la edición de la Vulgata latina de la Biblia), c.383, fue fundamental para la fijación del canon en Occidente. ​ Dámaso I es a menudo considerado como el padre del moderno canon católico.

Pretendiendo hasta la fecha ser resultado del «Concilio de Roma» bajo Dámaso I en 382, la llamada «lista Damasiana» adherida al pseudoepigráfico Decretum Gelasianum ​ da una lista idéntica a lo que sería el Canon de Trento; y, aunque el texto puede en realidad no ser de Dámaso, es al menos una valiosa compilación del siglo VI.

​ ​ Esta lista, que figura a continuación, fue supuestamente aprobada por Dámaso: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Jesús Nave, Jueces, Rut, 4 libros de los Reyes, 2 libros de Crónicas, Job, Salmos de David, 5 libros de Salomón, 12 libros de los Profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel, Tobías, Judit, Ester, 2 libros de Esdras, 2 libros de los Macabeos, y en el Nuevo Testamento: 4 libros de los Evangelios, 1 libro de los Hechos de los Apóstoles, 13 cartas del apóstol Pablo, 1 de él a los Hebreos, 2 de Pedro, 3 de Juan, 1 de Santiago, 1 de Judas, y el Apocalipsis de Juan.

El llamado Decretum Gelasianum de libris recipiendis et non recipiendis, tradicionalmente atribuido a Gelasio, obispo de Roma (492-496 d.C.). Sin embargo, sobre todo, es probablemente de origen galo meridional (siglo VI), pero varias partes posiblemente se remontan a Dámaso y reflejan la tradición romana.

La segunda parte es un catálogo del canon, y la quinta parte es un catálogo de los «apócrifos» y otros escritos que han de ser rechazados. El catálogo del canon da los 27 libros del Nuevo Testamento Católico,
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¿Cuáles son los libros canónicos del Antiguo Testamento?

​ Consiste en un canon de 27 libros que comprendía: Génesis, Éxodo, Levítico, Jesús Nave, Deuteronomio, Números, Jueces, Rut, 4 de los Reyes (Samuel y Reyes), 2 de Crónicas, 2 de Esdras, Ester, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Job, los Profetas Menores, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel.
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¿Cómo se dividen los libros canónicos de la Biblia?

Los 73 libros inspirados o canónicos de la Biblia se dividen en protocanónicos y deuterocanónicos: Los protocanónicos son los libros cuya inspiración no ha sido puesta en duda, y así, son reconocidos tanto por la religión judía como por la católica y los protestantes.
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¿Cuántos libros canónicos hay?

Para el canon bíblico judío, véase Mikra, Se denomina canon bíblico a la lista de libros que son aceptados por la Iglesia y otras confesiones cristianas como texto sagrado de inspiración divina. Actualmente la Iglesia católica reconoce 73 libros como parte de la Sagrada Escritura: comprende 46 escritos para el Antiguo Testamento, y 27 para el Nuevo Testamento,
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¿Qué significa canónico en la Biblia?

Conforme a los sagrados cánones y demás disposiciones eclesiásticas.2. adj. Dicho de un libro o de una epístola : Que están contenidos en el canon de los libros auténticos de la Sagrada Escritura.
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¿Cómo saber si un libro es canónico?

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¿Qué significado tiene la Palabra canónico?

Adjetivo –

Singular Plural
Masculino canónico canónicos
Femenino canónica canónicas

1 Que pertenece o concierne al canon 2 Autorizado, reconocido o aceptado.3 Que cumple con los ordenamientos eclesiásticos.4 Se dice de los libros o espistolas de las sagradas escrituras que han sido autorizados o autentificados por la iglesia.5 Se dice de la residencia de los canónigos.6 Vida monástica.
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¿Qué son los libros canónicos y apócrifos?

LORENZO VELEZ, Antonio Un tema, hasta ahora poco desarrollado en los estudios sobre la canción tradicional, es el concerniente a la relación existente entre los denominados “Evangelios Apócrifos” y nuestro romancero. Como es bien sabido, la Iglesia Católica solamente admite como inspirados por Dios, los cuatro Evangelios considerados “Canónicos”, esto es: El de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

  • El problema que se plantea, es el influjo dé los otros evangelios existentes; los denominados “Apócrifos”.
  • La influencia de estos escritos en orden a nuestras tradiciones y folklore en general, ha sido en muchos casos de primera magnitud, cuando no determinante de específicas devociones populares.
  • Lo primero que hemos de precisar, es lo que entendemos por “Apócrifo” y “Canónico”.

El término apócrifo, no equivale como a primera vista pueda pensarse, a inauténtico o falso, sino a todo escrito que debe mantenerse oculto o secreto de cara a su lectura pública. El carácter de canon, es, pues, simplemente, una especie de investidura que la Iglesia Católica, como institución, concede a los escritos que mejor le conviene o juzga como “inspirados por Dios”, para explicar y difundir su doctrina.

En los orígenes del cristianismo, parece ser que no existían diferencias entre escritos canónicos y apócrifos. Hay que considerar que los primeros cristianos estaban agrupados en sectas, principalmente agnósticas, en donde la comunicación con Dios, se ejercía de forma directa y no a través de una Iglesia oficial establecida, que sirviese de puente o apoyo.

Es decir, todos estos escritos, aparecían ya en una época en la que la Iglesia como tal, no existía todavía. Fue a partir del establecimiento institucional de la Iglesia Católica, cuando surgen las primeras distinciones para fundamentar su ortodoxia en unos escritos y no en otros.

Los evangelios canónicos fueron fijados por los Padres de la Iglesia en el Concilio de Nicea (325), y refrendados en el de Laodicea (363), en donde se estableció, de forma oficial, la separación de evangelios canónicos y apócrifos. Entre más de la cincuentena, se eligieron cuatro, como “inspirados por Dios”, y se desecharon los restantes.

De esta forma, el carácter apócrifo de determinados escritos, es aplicado por los católicos, a libros que son considerados canónicos por los protestantes y viceversa. En el presente estudio, vamos a hacer hincapié, desde el punto de vista católico, sobre las relaciones de estos escritos apócrifos con nuestro romancero y cancionero tradicional.

  1. Los apócrifos del Viejo Testamento, así como los relativos a Epístolas y diversos Apocalipsis, los hemos soslayado en esta ocasión.
  2. Una primera cuestión que interesa aclarar, es de qué manera se difundieron o filtraron estos escritos, en una sociedad en la que la Iglesia establecida ejercía el poder religioso.

Nuestra opinión, es que se desarrollaron en múltiples vertientes y por muy variados motivos. El intentar reducir a un solo aspecto este estado de hechos, sería muy problemático en orden a explicar determinadas relaciones. La confusión existente entre los propios Padres de la Iglesia para adscribir estos escritos en una categoría u otra, facilitó la influencia de unos sobre otros.

Recordemos que San Justino aceptó durante un tiempo el “Evangelio de San Pedro” como canónico, al igual que Clemente de Alejandría, Orígenes, San Hilario o San Ambrosio, se valieron de argumentos narrados en el “Protoevangelio de Santiago”, para explicar el debatido tema de los “hermanos” de Jesús. Otro motivo de difusión, lo pudieron constituir las leyendas, hagiografías y ejemplarios que circularon repetidamente durante la Edad Media.

La “Leyenda Aurea” de Jacobo de Vorágine, en el siglo XIII, donde se incluyen numerosos episodios apócrifos tomados del “Pseudo Mateo”, alcanzó notable popularidad. Por otra parte, la iconografía y la imaginería medieval, contribuyó a la fijación de muchos elementos que han adquirido el carácter de tradicionales.

  1. Las escenas del buey y la mula en el Portal, la Adoración de los Reyes Magos, San José carpintero, etc., son una buena muestra de lo dicho.
  2. Las representaciones apócrifas que se encuentran en las Miniaturas, favorecen igualmente esta opinión.
  3. Baste repasar las ilustraciones de las Biblias, desde la de San Isidoro de León en el siglo X, pasando por la del Beato de Liébana o la románica de Burgos en el XII, así como los Breviarios de Isabel la Católica o de Carlos V, o los Misales del Cardenal Cisneros (1).

Pero son, tal vez, las relaciones existentes entre las representaciones medievales y el Cancionero tradicional, lo que ha contribuido en mayor medida a la pervivencia de estos elementos. Sobre el tan discutido asunto de los orígenes de nuestro teatro medieval, nada mejor que la opinión autorizada de Lázaro Carreter, para aclarar ciertos aspectos (2).

En su opinión,el teatro desarrollado en Castilla, no puede ser explicado desde la perspectiva de los reinos de Aragón o Cataluña, ya que en estas regiones se desarrolló anteriormente y en función de otras coordenadas. Desde la aparición del primer drama religioso conocido, “La Representación de los Reyes Magos” (3) en el siglo XII, de influencia gala, se fueron sucediendo en los templos las representaciones de escenas evangélicas, como la Navidad, la Epifanía o la Resurrección.

Estas representaciones sacras, como freno a las de índole profano, en las que intervenían incluso los propios clérigos, dio pie a una conocida ley de las “Partidas”, criticando los excesos e invitando a las representaciones con fines moralizantes. Pese a la ausencia de documentos que permitan seguir cronológicamente las representaciones profanas, sí se dispone de mayores fuentes con respecto a las sacras.

Es conocido, que durante los siglos XIII y XIV, se difundieron ampliamente estos tipos de representaciones en el interior de los templos, y que aunque pobres en elementos y articulación interna, continuaron representándose durante el siglo XV y principios del XVI. Algunos fragmentos de estas piezas, o que conectan con ellas, nos han llegado desafiando el paso del tiempo, mediante un proceso de transmisión oral.

Recordemos las representaciones de Autos navideños en diversas aldeas leonesas (4) y, más recientemente, el importante descubrimiento de la “Corderada” del pueblo vallisoletano de Castroponce, lo que rebasa el ámbito geográfico de la provincia de León, considerada, hasta ahora, como la única depositaria de estas tradiciones (5).

Nuestra opinión, es que muchos de los motivos apócrifos que se pueden rastrear en nuestro romancero, pueden venir enlazados temáticamente con estas representaciones paralitúrgicas. Respecto a la modernidad de los romances de tema religioso, Menéndez Pidal opina que: “son de origen tardío y pocos de ellos han pasado a engrosar el carácter de tradicionales, excepto algunos, como Amnón y Tamar, el Sacrificio de Isaac, David y Goliat.

(6). El romancero sagrado, sigue opinando Pidal, tiene una buena parte de sus orígenes en el romancero profano. Así, tenemos vueltos “a lo divino”, romances muy “viejos”. Cita como ejemplo, un romance de Lope de Vega escrito hacia 1585, en el que la Diosa Venus, busca al niño Cupido que se encontraba extraviado y que fue vuelto “a lo divino” por Alonso de Ledesma en sus “Conceptos Espirituales” (1600), sobre el niño Jesús perdido (7).

  • Sin duda, esta adaptación “a lo divino”, se produjo de forma repetida durante los siglos XVI y XVII, tratando de hacer más cotidianos y comprensibles los episodios no narrados en los evangelios canónicos, sobre todo en el tema relativo a la infancia de Jesús.
  • Este estado de cosas, contó en cierta medida con la tolerancia por parte de la Inquisición durante el siglo XVIII.

La laxitud de este organismo, que ya no podía separar tan claramente la ortodoxia de diversos cultos populares, favoreció en gran medida la pervivencia de elementos de carácter apócrifo, lo que daría pie para que un escritor poco ortodoxo, llamado León de Arroyal, escribiese hacia 1790 en un folleto titulado “Pan y Toros”, afirmaciones como éstas: “Las Santas Escrituras, pan cotidiano de las almas fieles, se han negado al pueblo, como veneno mortífero, sustituyendo en su lugar meditaciones pueriles e historias fabulosas (.)”; “Millares de santurrones apócrifos, han llenado el mundo de patrañas ridículas, milagros increíbles y de visiones, que contradicen la terrible majestad de Dios.

En ellas vemos a Cristo alumbrando a una monja con el candil, para que ésta eche el pan en el horno, tirando naranjitas a otra desde el sagrario; probando las ollas de las cocinas y jugando con un fraile hasta serle inoportuno.” (8). Este anticlericalismo no es un hecho que comienza a darse en el siglo XVIII.

Como señala Caro Baroja (9), el anticlericalismo se da también en la Edad Media y en la España Católica de los siglos XVI y XVII, siendo, por lo general, su base, la desilusión respecto a las actuaciones públicas y privadas de los hombres de la Iglesia.

Lo que se parece apreciar, no es un proceso de secularización de la vida religiosa, sino más bien, un posible fondo de degradación de ciertas costumbres populares, hasta que el Santo Oficio, que ya se debatía en sus postrimerías, vio contemplada su definitiva defunción, en el decreto del 15 de julio de 1834.

La presencia de todos estos factores expuestos, han podido contribuir a la fijación de elementos apócrifos en nuestro romancero. Insistiendo de nuevo, en que la búsqueda de una fuente documental única, que permita descubrir su posible origen, es tarea infructuosa, sin tener en cuenta las interrelaciones que de estos hechos se desprenden, vamos a examinar someramente, la pervivencia de estos motivos en nuestro cancionero tradicional.

Dentro del “corpus” de romances, recogidos en los cancioneros de las diversas regiones españolas, proponemos la siguiente distribución temática: 1) Episodios relativos a la Anunciación; 2) Nacimiento; 3) Adoración; 4) Huida a Egipto; 5) Pasión; 6) Milagros de Cristo y la Virgen; 7) Descriptivos; y 8) Oficios y actividades diversas.

En el primer apartado sobre los episodios de la Anunciación, encontramos un ciclo de romances en los que se recoge el anuncio de la maternidad de María por parte de un ángel. Entrarían aquí los motivos apócrifos de la supuesta ancianidad de José; su elección como futuro esposo de María mediante la señal de la vara florecida; presentación del Angel en forma de un mozo apuesto y los episodios en el viaje de empadronamiento.

  1. La imagen de San José como un anciano al desposar con María, parte del “Protoevangelio de Santiago”, y de la “Historia Arabe de José el Carpintero”, en donde se le atribuyen ochenta años.
  2. San Epifanio, va incluso más lejos, pues afirma que José tenía ochenta y cuatro al volver de Egipto y que, además, tenía de su primer matrimonio cuatro varones y dos hembras (Haereses XVII, I).

El episodio de la vara florecida, se encuentra igualmente en el “Protoevangelio de Santiago” (Cap. IX), y en el “Peudo-Mateo” (Cap. VIII) (10). La imagen de San José llevando en su mano una vara, podría proceder de estas descripciones no halladas en los canónicos.

Aunque, por lo general, la representación de un San José anciano ha perdurado notablemente, no faltan ejemplos que aluden de forma sorprendentemente precisa, a su edad: “.La niña tiene mil gracias de 15 años no cumplidos y San José 33 hermoso y bien entendido ( 11). Las escenas relativas a la no admisión en la posada, están ampliamente representadas en los romances de numerosas regiones peninsulares, así como en las Islas e incluso en cancioneros de América Latina.

Los más conocidos, son: “A Belén camina”; “Antes de las doce a Belén llegar”; “Por las tres cosas divinas”. Lo más característico, es la pormenorizada descripción de la negativa de hospitalidad, frente a la lacónica exposición que ofrece del suceso el canónico San Lucas: “Le reclinó en un pesebre por no tener sitio en la posada” (2, 7).

Las dudas de San José sobre la maternidad de María, también se recogen en la canción tradicional: “.María se halla preñada y San José muy confuso trató de dejarla sola viéndose tan inseguro. recogió las herramientas la ropa metió en un fardo al hombro lleva la sierra y la vara en la otra mano (12).

En el episodio de la anunciación, a veces aparece el Angel en forma de un joven y apuesto mozo, lo que recuerda ciertas versiones de la “Samaritana”, en donde, de forma análoga, aparece Jesucristo como un galán, que “de amores la trataba”. En otras composiciones, la incongruencia y confusión de ideas, se muestra patente: “.Bajó un Angel del cielo a visitar la parida con un librito en las manos donde se reza la misa Cada hoja que pasaba un pañal se le volvía eran tantos los pañales que ya en Belén no cabían (13).

Respecto al Nacimiento, ya es conocido el hecho, de que la Iglesia Católica haga coincidir la fecha del 25 de diciembre con la de un mito crónico solar de gran difusión en el Imperio Romano, como era el nacimiento de Mitra. Al mismo tiempo, venía a coincidir con las fiestas celebradas con motivo del solsticio de invierno (14).

Clemente Alejandrino, sitúa la fecha de la Navidad el 18 de abril, mientras que San Epifanio la centra en el 6 de enero (fecha adoptada por la Iglesia de Oriente). Parece ser, que la fecha actual, del 25 de diciembre, es atribuida,al Papa Libero en el año 354.

Dejando al margen esta cuestión, lo que más resalta en este ciclo de composiciones, es la abundancia de elementos apócrifos. Recordemos, en primer lugar, la arraigada costumbre de pintar junto al pesebre al buey y a la mula, detalle que no aparece en los canónicos, pero sí en el “Pseudo-Mateo” (Cap. XIV) y que arraigó profundamente en la conciencia popular.

La abundancia de elementos descriptivos y la pormenorización de muchos detalles, recuerda los intentos de la “Literatura de Cordel” para legitimar y garantizar, de alguna manera, su evidencia real. Ejemplos habría muchos, citaremos como muestra los siguientes: “.En un portalito oscuro llenito de telarañas entre la mula y el buey nació el Redentor del alma” (15).”.San José se fue a por lumbre un poquito más arriba cuando vino San José ya había parido María” (16).”.Entre la mula y el buey nació el niño de María la mulita le coceaba la vaquita le lamía” (17).

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Es curiosa esta última estrofa, pues hace alusión al deshonroso trato de la mula al recién nacido, lo que entronca con la leyenda de la maldición de Dios a ésta, haciéndola estéril e incomible. En un cuento tradicional panocho, se recoge, además, el hecho de que en cierta ocasión derribó a la Virgen María y que, en el momento del Nacimiento, se comió la paja del pesebre (18).

Los evangelios canónicos nada dicen del número ni de los nombres de los Magos. Es en los escritos apócrifos, en donde se especifica su condición de Reyes. En el “Evangelio Armenio de la Infancia”, no sólo cita que se llamaban Melkón, Gaspar y Baltasar, sino que incluso eran hermanos y reyes de Persia, India y Arabia respectivamente.

Esta tradición, ha perdurado ampliamente en nuestro folklore musical. En la “Nueva relación del Oriente”, que se canta en Villanueva de la Torre (Palencia) (19), se determina además, la edad de cada uno de ellos y su conversión al Cristianismo. Igual confusión de ideas se aprecia en la duración de su viaje: “.A Jerusalén llegaron los Reyes en trece días le preguntaron a Herodes que dónde estaba el Mesías (20).

Casi todas las pinturas nos presentan la Adoración en el portal y junto al pesebre, mientras que sería más lógico pensar en el interior de una casa. El evangelio canónico de San Mateo (2, II), así parece detallarlo, ya que entre el Nacimiento y la Adoración tuvo que pasar un cierto tiempo, como se deduce de la orden de matanza a los niños menores de dos años (21).

  1. La adoración de los pastores, con sus ofrecientos de presentes al niño, entroncan con las representaciones medievales alusivas a este acontecimiento y ampliamente desarrolladas por los escritores de la época.
  2. Baste citar este diálogo de pastores: “.Trajo un salterio Pascual un caramillo Llorente una bandurria Clemente y una flauta Foncarral.

Y en el portal bailó Antón el dongolondrón y Blas, gañán la cebolla con el pan (22). Estas composiciones de autor conocido, se popularizaron en diversas regiones por su facilidad para ser cantadas. El difundido romancillo “Antes de las doce, a Belén llegar”, recuerda mucho al “Caminad esposa” de Francisco,de Ocaña en el siglo XVI: “.Caminad, señora bien de todo bien que antes de una hora somos en Belén allá muy bien podréis reposar que los gallos cantan cerca está el lugar (23).

  • Pero son, tal vez, los episodios relativos a la Huida a Egipto, los más representativos y abundantes en elementos apócrifos.
  • Dentro de este “corpus”, podemos citar: el romance de “La Virgen y el Ciego”, en donde un ciego recupera la visión, debido a su ofrecimiento de frutas a la Virgen (generalmente naranjas), para aplacar la sed de la Sagrada Familia.

Este episodio, sumamente extendido, recuerda al “Milagro de la Palmera”, narrado en el capítulo XX del “Pseudo-Mateo”. El romance titulado “El Labrador y la Virgen”, en donde se castiga la irreverente contestación de un labrador a María con una cosecha de piedras, entraría igualmente en este ciclo.

La imagen de un Jesús vengativo ante motivos nimios, está bastante desarrollada en los “Evangelios Arabe y Armenio de la Infancia”. Algunos romances que engloban esta temática, ofrecen curiosidades notables, como el conjuro final que aparece en una versión manchega de “La Virgen y el Ciego”: “.Desde el Belén al Calvario desde el Calvario a la Cruz desde la Cruz a la fuente allí estará San Vicente con una cruz en la frente que el diablo no me la encuentre ni de día ni de noche ni en la hora de mi muerte (24).

O la maldición recaída sobre la perdiz, por espantar la mula que montaba María en el “Labrador y la Virgen”: “.Al punto dijo la Virgen ¡maldita sea tal ave! y respondió su hijo tierno ¡la pluma, que no la carne!” (25). El ciclo de composiciones sobre la Pasión, suele ser, por lo general, bastante paralelo a los canónicos, pero aderezado con ciertos elementos para despertar la piedad y el fervor.

  • Por ello, caen fácilmente en el estereotipo de los personajes: los malos, todo maldad y viceversa.
  • Las notas pintorescas, son frecuentes: “.¿No te causa admiración que hasta los niños de pecho alababan al Señor? Con sus lenguas tiernecillas dejándose de mamar decían: ¡Viva el Mesías que nos vino a rescatar nuestras almas este día!”(26).

El anuncio de su Pasión, en el conocido romance de la “Cena” (Jueves Santo, Jueves Santo.), incorpora, a veces, datos desconocidos en los canónicos: “.¡Qué bien hiciste Jesús que fuera muerto José que con ser padre adoptivo no hubiera fuerzas en él al veros tan maltratado por un pueblo tan cruel! (27).

En este ejemplo, se supone que la muerte de José es anterior a la Pasión del Señor, lo que enlaza con las narraciones apócrifas de la “Historia Copta de José el Carpintero” y la “Historia Arabe de José”, donde se describe la enfermedad, locura y muerte de San José, asistido y reconfortado por su propio hijo.

Otras composiciones,de este ciclo, serían las alusivas al “Lavatorio”; “Los Siete Dolores de la Virgen”; “Las Siete palabras de la Cruz”; “La confesión de la Virgen”; “La. Virgen en el Calvario”; “El Descendimiento”. Recogemos dentro del grupo de los milagros de Cristo y la Virgen, así como los de los Santos, una serie de composiciones de carácter principalmente moralizante.

  1. Estas narraciones pueden tener su origen temático en los ejemplarios, hagiografías o martirologios tan extendidos durante la alta Edad Media.
  2. Los más conocidos a través de un proceso de tradición oral, son aquéllos en los que Jesucristo pide ayuda disfrazado de pordiosero (“que en traje de pobre andaba”): “.Se ha encontrado con un pobre y le ha dicho que si quería que le montara en su macho que Dios se lo pagaría.Te prometo, labrador trigo pa toda tu vida y para cuando te mueras tendrás la gloria cumplida” (28).

Los aspectos truculentos y castigos ejemplares, son frecuentes, como el que aplica Jesucristo a un rico, por dudar de la existencia de Dios y de María: “Le cogen de los cabellos le suben la cuesta arriba y de los “grazníos” que daba el infierno estremecía.

Le sacaron de comer una culebra cocida le sacaron de beber una poca pez “retida” (29). Otras composiciones de este tipo son las tituladas: “El zapato de Cristo”; “La posadera de Cristo”; “La Virgen romera”; “La zagala y la Virgen”; “La panadera de Cristo”, etc. (30). De la vida y milagros de los Santos, merecen citarse: “Los milagros de San Antonio”; “Santa Elena”; “Santa Catalina”; “San Alejo”.

En el apartado que se refiere a las composiciones descriptivas, incluimos las que hacen referencia a los aspectos exteriores de Cristo o la Virgen. El papel de los cantos de primavera, los conocidos “Mayos”, guarda una estrecha relación con las imágenes difundidas por la iconografía (31).

La vuelta “a lo divino” de estas tradiciones paganas, nos ofrece descripciones minuciosas, como los Mayos dedicados a la Virgen o a Cristo: “.Tus cabellos, Virgen son puros y hermosos al Cordero inmenso limpiasteis el rostro. Virgen, tus orejas alegran el coro sin más que adornadas con pendientes de oro.Virgen, vuestros pechos son fuentes sagradas los que a Jesucristo sustento le daban” (32).

O estos otros, referidos a Cristo: “.Sagrado cabello en oro enredado donde los judíos tirones le han dado. Tu frente divina ancha y despejada de agudas espinas está coronada. Tu hermosa nariz canuto de plata en ella se mira vuestra Madre Santa” (33).

Los poetas han recogido igualmente esta tradición: “¡Quién ha visto un niño perdido ayer tarde con unos cabellos de oro al mesmo sol semejantes; frente blanca y espaciosa ojos rasgados y graves rostro modesto y alegre condición blanca y suave!” (34). Por último, integramos en el ciclo de oficios y actividades diversas, las composiciones que narran las vicisitudes y peripecias de la Sagrada Familia, antes de la vida pública de Jesús.

El carácter lírico e intimista, es la nota predominante de la mayoría de estas coplas, lo que hace que conecten fácilmente con el sentimiento popular. El acercamiento a los problemas cotidianos, acentúa el aspecto humano, favoreciendo su interiorización.

  1. El tan extendido “Madre, a la puerta hay un niño”, enlazaría con esta visión.
  2. Como muestras de coplas, citemos: “San José era carpintero de fina carpintería debajo del brazo tiene más angelitos que astillas.” “La Virgen se está peinando detrás del Altar Mayor San José le riza el pelo y el niño le ata el cordón.” Las faenas culinarias, también hacen acto de presencia: “La Virgen hacía gachas de pepitas de pimiento y San José le decía ¡bendito tu entendimiento!” “Disponen la cena preparan las migas y el rey de los cielos con grande alegría cena sin melindres cosa de admirar.” Los ejemplos, como es obvio, resultarían prolijos en exceso para lo que pretendíamos.

Para finalizar, queremos señalar que la clasificación propuesta es insuficiente, pero creemos que representativa de la influencia de elementos apócrifos en nuestro cancionero. Somos conscientes de que otros ciclos lo podrían haber constituido: “La Visitación”; “Cantos de Cuaresma y Semana Santa”; “Samaritana”; “Circuncisión”, etc., etc.

Pero ello lo dejamos para otra ocasión. _ (1) “La Biblia en los Códices de España”. Selección de Pilar de Miguel, B.A.C. y Miñón, 1970. (2) “Teatro Medieval”. Selección de textos y prólogo: F. Lázaro Carreter, Edit., Caslalia, 4ª ed., 1976. (3) Este autor, prefiere la denominación “Representación”, a la más extendida de “Auto”, debido al uso de éste término por Alfonso el Sabio, para referirse a las representaciones litúrgicas.

Por otra parte, la palabra “Auto”, no parece fundamentarse hasta el 1300. (4) “Autos de Nacimiento leoneses” de J. López r Santos. Archivos leoneses I, 1947. (5) Véanse, en el número cero de esta revista, los artículos sobre la “Corderada de Castroponce” de D.

  • Emilio Salcedo y de D Maximiano Trapero.
  • 6) “Romancero Hispánico”.R.
  • Menéndez Pidal.
  • Tomo I; edic.1953, págs.344-345. (7) Op.
  • Cit., pág.352.
  • 8) “La Inquisición y el Pensamiento Ilustrado” Antonio Blorza, incluido en el Extra sobre la Inquisición de “Historia 16”, Dic.1976.
  • 9) “Ensayos sobre la Cultura popular española” Julio Caro Baroja, Edit.

Dosbe, 1976, pág.176. (10) “Los Evangelios Apócrifos”. Notas y Traducción de Edmundo González Blanco. Tres Volúmenes. Librería “Bergua” 1934. En lo sucesivo, las citas concretas, las remitiremos a ésta edición. También pueden consultarse “Los Evangelios Apócrifos”.

Edición crítica de Aurelio de Santos Otero B.A.C., nº 148. (11) “Danzas, Rondas y Música popular de Guadalajara”. Antonio Aragonés Subero. Dip. Prov. de Guadalajara, 1ª Edic.1973, pág.202. (12) “Cancionero popular serrano”. José Fernando Benito y Emilio Robledo. Inst. Prov. de Cultura “Marqués de Santillana”, Guadalajara, 1ª Edic.1980, pág.175.

(13) “Cancionero de Cáceres y su provincia”. Angela Capdevielle, Diputación Provincial de Cáceres 1969, pág.196. (14) “Fiestas populares” (Ciclo de Navidad). José Mª. Gómez Tabanera, incluido en “El Folklore Español”. Instituto español de Antropología aplicada, 1968, pág.207 y ss.

  1. 15) “Cancionero de Cáceres.”. Op.
  2. Cit., pág.207.
  3. 16) “El Folklore Leonés”.
  4. Manuel Fernández-Núñez. Edit.
  5. Nebrija, 1980, pág.80.
  6. 17) “Cancionero popular de la Provincia de Madrid”.M.
  7. García Matos, Tomo I.C.S.I.C., pág.24.
  8. 18) “Pasionaria Murciana”.
  9. Pedro Díaz Cassóu, 1897. pág.233.
  10. 19) Véase el nº 1 de esta revista.

La versión cantada, puede escucharse en el disco nº.2 de la “Caja de Romances” de Joaquín Díaz, bajo el título de “Romance de los Reyes Magos”. (20) “ViIlancicos y canciones de Nochebuena”. Arcadio de Larrea Palacín. Edit. Cremades Tetuán, 1955, pág.130.

(21) En el Museo de Arte de Cataluña (Barcelona), se exhiben varias tablas donde se produce la Adoración en el interior de una casa. Citemos, como ejemplo, la “Adoración” de Jaume Serra del siglo XIV. (22) “Fray Iñigo de Mendoza y sus coplas de Vía christi”. Julio Rodríguez-Puértolas. Biblioteca Románica Hispánica.

Edit. Gredos, 1968. Véanse también, el “Cancionero de diversas obras de nuevo trovadas” de Fray Ambrosio de Montesinos, o la “Ensaladilla de Navidad” de José de Valdivielso. (23) “Cancionero de Navidad”. Selección, prólogo y notas de Adolfo Maillo, Vicesecretaría de Educación Popular, 1942, pág.220.

(24) “Cancionero musical popular Manchego” Pedro Echevarría Bravo. Soc. Gral. de Autores de España, 1951, pág.419. (25) “Cancionero de Madrid.” Op. Cit., pág.21. (26) “Danzas, Rondas.”. Op. Cit., Versión de Tendilla. (27) “Danzas, Rondas.”. Op. Cit. (28) “Cancionero de Madrid.”, Op. Cit., pág.49 (29) Nos la dictó a “RAICES”, Celia Sánchez de Belmontejo (Cuenca).

(30) Véanse los ejemplos incluidos en “Los Romances de Tradición Oral” de José Mª de Cossío. Espasa Calpe. Colec. Austral nº 762, 1947 (31) “Iconología Cristiana y Gentílica”. Compendio del sistema alegórico y diccionario manual de la Iconología universal.

  • Por D. Basilio Sebastián Castellanos de Losada.
  • Madrid, 1850.
  • Especialmente, el cap.
  • Dedicado al “Modo de representar a la Virgen Ntra. Sra.
  • En todos los pasos de su gloriosa vida, según los evangelios y la opinión de los P.P.
  • De la Iglesia”.
  • 32) y (33) “Cancionero manchego.”. Op.
  • Cit., pág.456 y 464.
  • 34) “Cancionero de Navidad”.

Op. Cit., Alonso de Ledesma, pág.218.
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¿Qué diferencia hay entre los evangelios canónicos y los apócrifos?

20. ¿Qué diferencias hay entre los evangelios canónicos y los apócrifos?

Libro 50 preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia – – – – *****

La primera diferencia comprobable, ya que el hecho de que los evangelios canónicos están inspirados por Dios no es comprobable, es de tipo externo a los mismos evangelios: los canónicos pertenecen al canon bíblico; los apócrifos no. Quiere decir que los canónicos fueron recibidos como tradición auténtica de los apóstoles por las iglesias de Oriente y Occidente desde la generación inmediatamente posterior a los apóstoles, mientras que los apócrifos, aunque algunos fuesen usados esporádicamente en alguna comunidad, no llegaron a imponerse ni ser reconocidos por la Iglesia universal.

La primera diferencia comprobable, ya que el hecho de que los evangelios canónicos están inspirados por Dios no es comprobable, es de tipo externo a los mismos evangelios: los canónicos pertenecen al canon bíblico; los apócrifos no Una de las razones importantes para esa selección, comprobable desde la ciencia histórica, es que los canónicos fueron escritos en época apostólica, entendida ésta en sentido amplio, es decir, mientras vivían o los apóstoles o sus mismos discípulos.

Así se desprende de las citas que hacen los escritores cristianos de la generación siguiente y de que hacia el año ciento cuarenta se compusiese una armonización de los evangelios tomando datos de los cuatro que pasaron a ser canónicos (Taciano). De los apócrifos, en cambio, sólo se hacen referencias en tiempo posterior, hacia finales del s.

  1. II. Por otra parte los papiros que se han encontrado con texto similar al de los evangelios, algunos de mediados del s.
  2. II, son muy fragmentarios, señal de que las obras que representan no fueron tan estimadas como para ser trasmitidas con cuidado por sucesivas generaciones.
  3. Por otra parte los papiros que se han encontrado con texto similar al de los evangelios, algunos de mediados del s.

II, son muy fragmentarios, señal de que las obras que representan no fueron tan estimadas como para ser trasmitidas Respecto a los apócrifos que se conservaron o que se han descubierto en época reciente hay que decir que las diferencias respecto a los canónicos son muy notables tanto en la forma como en el contenido.

  • Los que se conservaron a lo largo de la época patrística y el medievo son relatos de carácter legendario y llenos de fantasía.
  • Vienen a satisfacer la piedad popular narrando detenidamente lo concerniente a aquellos momentos que en los evangelios canónicos no se cuentan o se exponen de manera sucinta.

En general están acordes con la doctrina de la Iglesia y traen relatos sobre el nacimiento de la Virgen de San Joaquín y Santa Ana (Natividad de María), de cómo una partera comprobó la virginidad de María (Protoevangelio de Santiago), de los milagros que hacía Jesús de niño (evangelio del Pseudo Tomás), etc.

  1. Aunque algunos puedan gozar de notable antigüedad, quizás del s.
  2. II, la diferencia con los evangelios canónicos salta inmediatamente a la vista Muy distintos son los evangelios apócrifos procedentes de Nag Hammadi (Egipto) que tienen un carácter herético gnóstico.
  3. Estos tienen la forma de dichos secretos de Jesús (evangelio copto de Tomás) o de revelaciones del Señor resucitado explicando los orígenes del mundo material (Apócrifo de Juan), o la ascensión del alma (evangelio de María ), o son un pesado centón de pensamientos recogidos de posibles homilías o catequesis (evangelio de Felipe).

Aunque algunos puedan gozar de notable antigüedad, quizás del s. II, la diferencia con los evangelios canónicos salta inmediatamente a la vista. Bibliografía Vicente Balaguer (Ed.), Comprender los evangelios, Eunsa. Pamplona 2005; Aurelio de Santos, Los evangelios apócrifos,
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¿Quién escribio los evangelios canónicos?

Cronología Los cuatro evangelios 30-33 Jesús muere probablemente en abril de uno de estos años, crucificado por los romanos. Sus seguidores recogen en arameo sus dichos y milagros.71-75 Entre estos años se compone el evangelio de Marcos, a partir de colecciones de hechos y dichos de Jesús en griego y de tradiciones orales.85-90 Composición de los evangelios de Mateo y Lucas (en Éfeso).

  • Ambos se basan en Marcos y en la Fuente Q, una colección de dichos de Jesús.100 Hacia este año se compone el evangelio de Juan, posiblemente en Éfeso, que dibuja a un Jesús muy distinto de los evangelios anteriores, llamados sinópticos.
  • Del Nuevo Testamento se venden d e 25 a 30 millones de ejemplares al año, y la inmensa mayoría de los compradores los adquieren atraídos por las obras estrella de esa colección: los cuatro evangelios.

Estos textos llevan los nombres de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, pero en realidad son anónimos. Recibieron esos nombres antes de la mitad del siglo II. Corrió entonces la noticia de que Mateo y Juan eran dos de los doce apóstoles de Jesús, mientras que Marcos había sido acompañante de Pedro, y Lucas, de Pablo.
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¿Cuáles son las virtudes de un libro canónico?

En contra de la Escuela del Resentimiento, Bloom sostiene que debe ser la ‘fuerza estética’ el motivo único que permita la entrada al canon; entonces enumera las virtudes que debe tener una obra literaria para ser canónica, que serían las siguientes: ‘dominio del lenguaje metafórico, originalidad, poder cognitivo,
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¿Quién hizo la división de la Biblia en capítulos y versiculos?

Biblia impresa con capítulos y versículos – La primera Biblia impresa que incluyó totalmente la división de capítulos y versículos fue la llamada Biblia de Ginebra, que se publicó en 1560, en Suiza. Los editores de la Biblia de Ginebra optaron por los capítulos de Stephen Langton y versículos de Robert Estienne.

  • Valoraron la gran utilidad que tenían para la memorización, localización y comparación de pasajes bíblicos.
  • En 1592, el papa Clemente VIII, hizo publicar una nueva versión de la Biblia en latín para uso oficial de la Iglesia católica.
  • Y en ella se incluyó la división actual de capítulos y versículos.
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Así que finalizando el siglo XVI, los judíos, los protestantes y los católicos habían aceptado la división en capítulos introducida por Stephen Langton y la subdivisión en versículos introducida por Robert Estienne. De manera que desde entonces, estas divisiones en capítulos y versículos ganaron aceptación como una forma estándar para localizar los versículos de la Escritura y se aceptaron universalmente. Libros Canonicos De La Biblia Te puede interesar: Jerónimo, el hombre que inspira al Papa su pasión por la Biblia
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¿Qué debe tener un libro canónico?

Teología para principiantes (3). Canon o Canonicidad. Antiguo Testamento Teología para principiantes (III) Unquiles Libros Canonicos De La Biblia El término canon, del griego Kanwvn, tiene literalmente el significado de regla, medida, metro, caña, junco (cf. hebrero hnq ). De este significado más bien material se desprende el sentido de regla de fe o norma de comportamiento, si bien en un momento concreto de la Iglesia dicha palabra comienza a adquirir el significado de lista o elenco normativo o, lo que es lo mismo, los libros inspirados que forman la Biblia cristiana.

En este sentido, el Concilio de Laodicea de Frigia, hacía el año 360, señala: “En la asamblea no deben recitarse salmos privados o libros no canónicos, sino solamente los libros canónicos tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento “. ¿Por qué la Iglesia reconoce unos libros y otros no? Algo que a los ojos del lector actual podría parecer caprichoso y no exento de subjetividad.

Pues bien, el canon se fue formando o puliendo a lo largo de los siglos y aunque en el siglo XVI, durante la celebración del Concilio de Trento, en polémica con los protestantes, se cierra definitivamente la lista de los libros canónicos, ello no significa que el canon no existiera antes de este Concilio, pues desde los comienzos del cristianismo se utilizaban textos sin que se plantease ningún tipo de controversia.

En 1569, Sixto de Siena acuñó los términos protocanónicos y deuterocanónicos, distinguiendo así, en el primer caso, los libros que habían entrado a formar parte del canon y, en segundo lugar, los que lo habían hecho posteriormente no sin problemas.Para que un texto fuese considerado canónico debía tenerse en cuenta la regla de fe, el origen apostólico, la fecha de la composición, la aceptación general y lectura pública, de ahí que los apócrifos no entraran a formar parte del canon, debido al carácter privado o secreto de los mismos.Respecto al canon del Antiguo Testamento, hay que distinguir: Judíos, versión griega denominada de los Setenta (LXX), cristianos y protestantes.Entre los Padres de la Iglesia se utilizó el canon amplio -versión griega- y el canon restringido, este último usado posteriormente por los protestantes, dando lugar a no pocas polémicas

Los primeros no reconocían nada más que aquellos libros escritos en la lengua santa, hebreo o arameo, por tanto no admitían la versión griega. El canon de la Biblia hebrea era la Ley o Pentateuco, Torah : la Palabra de Dios, comunicación de Dios, revelación de Dios.

Se supone que Moisés la escribió y dio la orden a los levitas para que fuese depositada junto al Arca de la Alianza de Yahveh, Fue el primer libro. Algunos de los textos se dice que provienen del siglo XI o XII ac, aunque en el siglo IV ac es cuando se fija o redacta totalmente el Pentateuco, Se distinguen tres categorías de libros que se denominan Tanak, son libros reconocidos por los judíos y usados como lectura sagrada: Torah (el Pentateuco o Ley ), Nebiim (los profetas) y Ketubim (otros libros, como por ejemplo los sapienciales).

Durante mucho tiempo se intentó explicar la diferencia del canon judío y del cristiano respecto del Antiguo Testamento, aduciendo que en el judaísmo existía el canon reducido o estricto de Palestina y que los cristianos empleaban la traducción griega, versión de los LXX, más amplia.

Esta afirmación no es cierta al cien por cien, pero sí en gran medida es la causa de que los cristianos introdujesen mayor número de libros en el seno de la Iglesia, aquellos que los judíos no reconocían. A partir del año 70 dc y destruida la ciudad de Jerusalén por Tito, los judíos discuten sobre si los libros anteriormente mencionados son sagrados o no.

De ahí que aún el canon judío en esa época estuviese abierto. De hecho, una de las razones que conducen a cerrarlo fue la aparición o presencia de los cristianos y el uso que éstos hacían de ciertos libros. Libros Canonicos De La Biblia El historiador Flavio Josefo a finales del siglo I dc escribe Contra Apión, indicando que los libros divinos inspirados por Dios y sagrados son 22 (letras del alfabeto): los cinco de Moisés, los 13 de los profetas y, por último, cuatro libros que contienen himnos en honor a Dios y preceptos útiles, estos son los salmos y sapienciales.

Aunque Flavio Josefo solo los enumera, dichos libros configuran el canon judío. En cuanto al canon del Antiguo Testamento en el cristianismo, hay que indicar que todo lo que vivió e hizo Cristo se lee desde el cumplimiento del Antiguo Testamento, pues el propio Jesús y sus seguidores, utilizaban los libros sagrados del judaísmo.

Desde el origen del cristianismo no se plantean problemas con los libros. Incluso los primeros Padres Apostólicos citan apócrifos ( Henoc, la Asunción de Moisés, Salmos de Salomón, Cuarto Macabeos ) que finalmente no fueron reconocidos en el canon.

Ahora bien, hay que señalar que en Oriente se hablaba griego y por tanto, fue utilizada la versión de los LXX, mientras que en Occidente se empleaba el latín, por lo que se usaba la Vetus Latina, posteriormente llamada Vulgata (traducción realizada por San Jerónimo a petición del papa San Dámaso, para lo cual se trasladó a Belén y aprendió hebreo).

Entre los Padres de la Iglesia se utilizó el canon amplio -versión griega- y el canon restringido, este último usado posteriormente por los protestantes, dando lugar a no pocas polémicas e incluso enfrentamientos personales, como es el caso de San Jerónimo y San Agustín,

  • En el siglo IV los Concilios de Laodicea en Oriente y el Romano en Occidente elencan los libros del Antiguo Testamento, fijándose ambos cánones, el restringido y el amplio.
  • Posteriores Concilios ( Hipona, Cartago, Florencia ) se decantan por el amplio.
  • Es en el Concilio de Trento en 1546, como reacción contra la crisis abierta por los reformadores protestantes, donde se fija solemne y definitivamente la lista de libros (un total de 73, 46 AT y 27 NT), si bien su aceptación procedía de siglos anteriores.

Los Concilios de los últimos siglos, Vaticano I y II, revalidan lo que se definió en Trento. Resumiendo, los judíos aceptan únicamente los libros protocanónicos del Antiguo Testamento (escritos en la lengua original hebrea o aramea). Los protestantes, en lo que concierne a dicho Testamento, optaron por el canon hebreo, llamando apócrifos a los libros que los católicos denominan deuterocanónicos.

  • De ahí que la terminología pueda resultar un poco confusa, pues además para los católicos los apócrifos no entraron a formar parte del canon católico.
  • En cuanto a la formación del canon del Nuevo Testamento (utilizado por los cristianos), tuvo lugar durante el siglo I dc y se cerró posteriormente.
  • Podrá ser objeto de análisis en un próximo artículo de esta revista.

: Teología para principiantes (3). Canon o Canonicidad. Antiguo Testamento
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¿Qué significado tiene la palabra canónico?

Adjetivo –

Singular Plural
Masculino canónico canónicos
Femenino canónica canónicas

1 Que pertenece o concierne al canon 2 Autorizado, reconocido o aceptado.3 Que cumple con los ordenamientos eclesiásticos.4 Se dice de los libros o espistolas de las sagradas escrituras que han sido autorizados o autentificados por la iglesia.5 Se dice de la residencia de los canónigos.6 Vida monástica.
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¿Qué son los libros canónicos y Apócrifos?

LORENZO VELEZ, Antonio Un tema, hasta ahora poco desarrollado en los estudios sobre la canción tradicional, es el concerniente a la relación existente entre los denominados “Evangelios Apócrifos” y nuestro romancero. Como es bien sabido, la Iglesia Católica solamente admite como inspirados por Dios, los cuatro Evangelios considerados “Canónicos”, esto es: El de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

  1. El problema que se plantea, es el influjo dé los otros evangelios existentes; los denominados “Apócrifos”.
  2. La influencia de estos escritos en orden a nuestras tradiciones y folklore en general, ha sido en muchos casos de primera magnitud, cuando no determinante de específicas devociones populares.
  3. Lo primero que hemos de precisar, es lo que entendemos por “Apócrifo” y “Canónico”.

El término apócrifo, no equivale como a primera vista pueda pensarse, a inauténtico o falso, sino a todo escrito que debe mantenerse oculto o secreto de cara a su lectura pública. El carácter de canon, es, pues, simplemente, una especie de investidura que la Iglesia Católica, como institución, concede a los escritos que mejor le conviene o juzga como “inspirados por Dios”, para explicar y difundir su doctrina.

  • En los orígenes del cristianismo, parece ser que no existían diferencias entre escritos canónicos y apócrifos.
  • Hay que considerar que los primeros cristianos estaban agrupados en sectas, principalmente agnósticas, en donde la comunicación con Dios, se ejercía de forma directa y no a través de una Iglesia oficial establecida, que sirviese de puente o apoyo.

Es decir, todos estos escritos, aparecían ya en una época en la que la Iglesia como tal, no existía todavía. Fue a partir del establecimiento institucional de la Iglesia Católica, cuando surgen las primeras distinciones para fundamentar su ortodoxia en unos escritos y no en otros.

Los evangelios canónicos fueron fijados por los Padres de la Iglesia en el Concilio de Nicea (325), y refrendados en el de Laodicea (363), en donde se estableció, de forma oficial, la separación de evangelios canónicos y apócrifos. Entre más de la cincuentena, se eligieron cuatro, como “inspirados por Dios”, y se desecharon los restantes.

De esta forma, el carácter apócrifo de determinados escritos, es aplicado por los católicos, a libros que son considerados canónicos por los protestantes y viceversa. En el presente estudio, vamos a hacer hincapié, desde el punto de vista católico, sobre las relaciones de estos escritos apócrifos con nuestro romancero y cancionero tradicional.

  1. Los apócrifos del Viejo Testamento, así como los relativos a Epístolas y diversos Apocalipsis, los hemos soslayado en esta ocasión.
  2. Una primera cuestión que interesa aclarar, es de qué manera se difundieron o filtraron estos escritos, en una sociedad en la que la Iglesia establecida ejercía el poder religioso.

Nuestra opinión, es que se desarrollaron en múltiples vertientes y por muy variados motivos. El intentar reducir a un solo aspecto este estado de hechos, sería muy problemático en orden a explicar determinadas relaciones. La confusión existente entre los propios Padres de la Iglesia para adscribir estos escritos en una categoría u otra, facilitó la influencia de unos sobre otros.

  1. Recordemos que San Justino aceptó durante un tiempo el “Evangelio de San Pedro” como canónico, al igual que Clemente de Alejandría, Orígenes, San Hilario o San Ambrosio, se valieron de argumentos narrados en el “Protoevangelio de Santiago”, para explicar el debatido tema de los “hermanos” de Jesús.
  2. Otro motivo de difusión, lo pudieron constituir las leyendas, hagiografías y ejemplarios que circularon repetidamente durante la Edad Media.

La “Leyenda Aurea” de Jacobo de Vorágine, en el siglo XIII, donde se incluyen numerosos episodios apócrifos tomados del “Pseudo Mateo”, alcanzó notable popularidad. Por otra parte, la iconografía y la imaginería medieval, contribuyó a la fijación de muchos elementos que han adquirido el carácter de tradicionales.

  1. Las escenas del buey y la mula en el Portal, la Adoración de los Reyes Magos, San José carpintero, etc., son una buena muestra de lo dicho.
  2. Las representaciones apócrifas que se encuentran en las Miniaturas, favorecen igualmente esta opinión.
  3. Baste repasar las ilustraciones de las Biblias, desde la de San Isidoro de León en el siglo X, pasando por la del Beato de Liébana o la románica de Burgos en el XII, así como los Breviarios de Isabel la Católica o de Carlos V, o los Misales del Cardenal Cisneros (1).

Pero son, tal vez, las relaciones existentes entre las representaciones medievales y el Cancionero tradicional, lo que ha contribuido en mayor medida a la pervivencia de estos elementos. Sobre el tan discutido asunto de los orígenes de nuestro teatro medieval, nada mejor que la opinión autorizada de Lázaro Carreter, para aclarar ciertos aspectos (2).

  1. En su opinión,el teatro desarrollado en Castilla, no puede ser explicado desde la perspectiva de los reinos de Aragón o Cataluña, ya que en estas regiones se desarrolló anteriormente y en función de otras coordenadas.
  2. Desde la aparición del primer drama religioso conocido, “La Representación de los Reyes Magos” (3) en el siglo XII, de influencia gala, se fueron sucediendo en los templos las representaciones de escenas evangélicas, como la Navidad, la Epifanía o la Resurrección.

Estas representaciones sacras, como freno a las de índole profano, en las que intervenían incluso los propios clérigos, dio pie a una conocida ley de las “Partidas”, criticando los excesos e invitando a las representaciones con fines moralizantes. Pese a la ausencia de documentos que permitan seguir cronológicamente las representaciones profanas, sí se dispone de mayores fuentes con respecto a las sacras.

Es conocido, que durante los siglos XIII y XIV, se difundieron ampliamente estos tipos de representaciones en el interior de los templos, y que aunque pobres en elementos y articulación interna, continuaron representándose durante el siglo XV y principios del XVI. Algunos fragmentos de estas piezas, o que conectan con ellas, nos han llegado desafiando el paso del tiempo, mediante un proceso de transmisión oral.

Recordemos las representaciones de Autos navideños en diversas aldeas leonesas (4) y, más recientemente, el importante descubrimiento de la “Corderada” del pueblo vallisoletano de Castroponce, lo que rebasa el ámbito geográfico de la provincia de León, considerada, hasta ahora, como la única depositaria de estas tradiciones (5).

Nuestra opinión, es que muchos de los motivos apócrifos que se pueden rastrear en nuestro romancero, pueden venir enlazados temáticamente con estas representaciones paralitúrgicas. Respecto a la modernidad de los romances de tema religioso, Menéndez Pidal opina que: “son de origen tardío y pocos de ellos han pasado a engrosar el carácter de tradicionales, excepto algunos, como Amnón y Tamar, el Sacrificio de Isaac, David y Goliat.

(6). El romancero sagrado, sigue opinando Pidal, tiene una buena parte de sus orígenes en el romancero profano. Así, tenemos vueltos “a lo divino”, romances muy “viejos”. Cita como ejemplo, un romance de Lope de Vega escrito hacia 1585, en el que la Diosa Venus, busca al niño Cupido que se encontraba extraviado y que fue vuelto “a lo divino” por Alonso de Ledesma en sus “Conceptos Espirituales” (1600), sobre el niño Jesús perdido (7).

Sin duda, esta adaptación “a lo divino”, se produjo de forma repetida durante los siglos XVI y XVII, tratando de hacer más cotidianos y comprensibles los episodios no narrados en los evangelios canónicos, sobre todo en el tema relativo a la infancia de Jesús. Este estado de cosas, contó en cierta medida con la tolerancia por parte de la Inquisición durante el siglo XVIII.

La laxitud de este organismo, que ya no podía separar tan claramente la ortodoxia de diversos cultos populares, favoreció en gran medida la pervivencia de elementos de carácter apócrifo, lo que daría pie para que un escritor poco ortodoxo, llamado León de Arroyal, escribiese hacia 1790 en un folleto titulado “Pan y Toros”, afirmaciones como éstas: “Las Santas Escrituras, pan cotidiano de las almas fieles, se han negado al pueblo, como veneno mortífero, sustituyendo en su lugar meditaciones pueriles e historias fabulosas (.)”; “Millares de santurrones apócrifos, han llenado el mundo de patrañas ridículas, milagros increíbles y de visiones, que contradicen la terrible majestad de Dios.

  • En ellas vemos a Cristo alumbrando a una monja con el candil, para que ésta eche el pan en el horno, tirando naranjitas a otra desde el sagrario; probando las ollas de las cocinas y jugando con un fraile hasta serle inoportuno.” (8).
  • Este anticlericalismo no es un hecho que comienza a darse en el siglo XVIII.

Como señala Caro Baroja (9), el anticlericalismo se da también en la Edad Media y en la España Católica de los siglos XVI y XVII, siendo, por lo general, su base, la desilusión respecto a las actuaciones públicas y privadas de los hombres de la Iglesia.

Lo que se parece apreciar, no es un proceso de secularización de la vida religiosa, sino más bien, un posible fondo de degradación de ciertas costumbres populares, hasta que el Santo Oficio, que ya se debatía en sus postrimerías, vio contemplada su definitiva defunción, en el decreto del 15 de julio de 1834.

La presencia de todos estos factores expuestos, han podido contribuir a la fijación de elementos apócrifos en nuestro romancero. Insistiendo de nuevo, en que la búsqueda de una fuente documental única, que permita descubrir su posible origen, es tarea infructuosa, sin tener en cuenta las interrelaciones que de estos hechos se desprenden, vamos a examinar someramente, la pervivencia de estos motivos en nuestro cancionero tradicional.

Dentro del “corpus” de romances, recogidos en los cancioneros de las diversas regiones españolas, proponemos la siguiente distribución temática: 1) Episodios relativos a la Anunciación; 2) Nacimiento; 3) Adoración; 4) Huida a Egipto; 5) Pasión; 6) Milagros de Cristo y la Virgen; 7) Descriptivos; y 8) Oficios y actividades diversas.

En el primer apartado sobre los episodios de la Anunciación, encontramos un ciclo de romances en los que se recoge el anuncio de la maternidad de María por parte de un ángel. Entrarían aquí los motivos apócrifos de la supuesta ancianidad de José; su elección como futuro esposo de María mediante la señal de la vara florecida; presentación del Angel en forma de un mozo apuesto y los episodios en el viaje de empadronamiento.

  • La imagen de San José como un anciano al desposar con María, parte del “Protoevangelio de Santiago”, y de la “Historia Arabe de José el Carpintero”, en donde se le atribuyen ochenta años.
  • San Epifanio, va incluso más lejos, pues afirma que José tenía ochenta y cuatro al volver de Egipto y que, además, tenía de su primer matrimonio cuatro varones y dos hembras (Haereses XVII, I).

El episodio de la vara florecida, se encuentra igualmente en el “Protoevangelio de Santiago” (Cap. IX), y en el “Peudo-Mateo” (Cap. VIII) (10). La imagen de San José llevando en su mano una vara, podría proceder de estas descripciones no halladas en los canónicos.

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Aunque, por lo general, la representación de un San José anciano ha perdurado notablemente, no faltan ejemplos que aluden de forma sorprendentemente precisa, a su edad: “.La niña tiene mil gracias de 15 años no cumplidos y San José 33 hermoso y bien entendido ( 11). Las escenas relativas a la no admisión en la posada, están ampliamente representadas en los romances de numerosas regiones peninsulares, así como en las Islas e incluso en cancioneros de América Latina.

Los más conocidos, son: “A Belén camina”; “Antes de las doce a Belén llegar”; “Por las tres cosas divinas”. Lo más característico, es la pormenorizada descripción de la negativa de hospitalidad, frente a la lacónica exposición que ofrece del suceso el canónico San Lucas: “Le reclinó en un pesebre por no tener sitio en la posada” (2, 7).

  1. Las dudas de San José sobre la maternidad de María, también se recogen en la canción tradicional: “.María se halla preñada y San José muy confuso trató de dejarla sola viéndose tan inseguro.
  2. Recogió las herramientas la ropa metió en un fardo al hombro lleva la sierra y la vara en la otra mano (12).

En el episodio de la anunciación, a veces aparece el Angel en forma de un joven y apuesto mozo, lo que recuerda ciertas versiones de la “Samaritana”, en donde, de forma análoga, aparece Jesucristo como un galán, que “de amores la trataba”. En otras composiciones, la incongruencia y confusión de ideas, se muestra patente: “.Bajó un Angel del cielo a visitar la parida con un librito en las manos donde se reza la misa Cada hoja que pasaba un pañal se le volvía eran tantos los pañales que ya en Belén no cabían (13).

  1. Respecto al Nacimiento, ya es conocido el hecho, de que la Iglesia Católica haga coincidir la fecha del 25 de diciembre con la de un mito crónico solar de gran difusión en el Imperio Romano, como era el nacimiento de Mitra.
  2. Al mismo tiempo, venía a coincidir con las fiestas celebradas con motivo del solsticio de invierno (14).

Clemente Alejandrino, sitúa la fecha de la Navidad el 18 de abril, mientras que San Epifanio la centra en el 6 de enero (fecha adoptada por la Iglesia de Oriente). Parece ser, que la fecha actual, del 25 de diciembre, es atribuida,al Papa Libero en el año 354.

Dejando al margen esta cuestión, lo que más resalta en este ciclo de composiciones, es la abundancia de elementos apócrifos. Recordemos, en primer lugar, la arraigada costumbre de pintar junto al pesebre al buey y a la mula, detalle que no aparece en los canónicos, pero sí en el “Pseudo-Mateo” (Cap. XIV) y que arraigó profundamente en la conciencia popular.

La abundancia de elementos descriptivos y la pormenorización de muchos detalles, recuerda los intentos de la “Literatura de Cordel” para legitimar y garantizar, de alguna manera, su evidencia real. Ejemplos habría muchos, citaremos como muestra los siguientes: “.En un portalito oscuro llenito de telarañas entre la mula y el buey nació el Redentor del alma” (15).”.San José se fue a por lumbre un poquito más arriba cuando vino San José ya había parido María” (16).”.Entre la mula y el buey nació el niño de María la mulita le coceaba la vaquita le lamía” (17).

  1. Es curiosa esta última estrofa, pues hace alusión al deshonroso trato de la mula al recién nacido, lo que entronca con la leyenda de la maldición de Dios a ésta, haciéndola estéril e incomible.
  2. En un cuento tradicional panocho, se recoge, además, el hecho de que en cierta ocasión derribó a la Virgen María y que, en el momento del Nacimiento, se comió la paja del pesebre (18).

Los evangelios canónicos nada dicen del número ni de los nombres de los Magos. Es en los escritos apócrifos, en donde se especifica su condición de Reyes. En el “Evangelio Armenio de la Infancia”, no sólo cita que se llamaban Melkón, Gaspar y Baltasar, sino que incluso eran hermanos y reyes de Persia, India y Arabia respectivamente.

Esta tradición, ha perdurado ampliamente en nuestro folklore musical. En la “Nueva relación del Oriente”, que se canta en Villanueva de la Torre (Palencia) (19), se determina además, la edad de cada uno de ellos y su conversión al Cristianismo. Igual confusión de ideas se aprecia en la duración de su viaje: “.A Jerusalén llegaron los Reyes en trece días le preguntaron a Herodes que dónde estaba el Mesías (20).

Casi todas las pinturas nos presentan la Adoración en el portal y junto al pesebre, mientras que sería más lógico pensar en el interior de una casa. El evangelio canónico de San Mateo (2, II), así parece detallarlo, ya que entre el Nacimiento y la Adoración tuvo que pasar un cierto tiempo, como se deduce de la orden de matanza a los niños menores de dos años (21).

La adoración de los pastores, con sus ofrecientos de presentes al niño, entroncan con las representaciones medievales alusivas a este acontecimiento y ampliamente desarrolladas por los escritores de la época. Baste citar este diálogo de pastores: “.Trajo un salterio Pascual un caramillo Llorente una bandurria Clemente y una flauta Foncarral.

Y en el portal bailó Antón el dongolondrón y Blas, gañán la cebolla con el pan (22). Estas composiciones de autor conocido, se popularizaron en diversas regiones por su facilidad para ser cantadas. El difundido romancillo “Antes de las doce, a Belén llegar”, recuerda mucho al “Caminad esposa” de Francisco,de Ocaña en el siglo XVI: “.Caminad, señora bien de todo bien que antes de una hora somos en Belén allá muy bien podréis reposar que los gallos cantan cerca está el lugar (23).

Pero son, tal vez, los episodios relativos a la Huida a Egipto, los más representativos y abundantes en elementos apócrifos. Dentro de este “corpus”, podemos citar: el romance de “La Virgen y el Ciego”, en donde un ciego recupera la visión, debido a su ofrecimiento de frutas a la Virgen (generalmente naranjas), para aplacar la sed de la Sagrada Familia.

Este episodio, sumamente extendido, recuerda al “Milagro de la Palmera”, narrado en el capítulo XX del “Pseudo-Mateo”. El romance titulado “El Labrador y la Virgen”, en donde se castiga la irreverente contestación de un labrador a María con una cosecha de piedras, entraría igualmente en este ciclo.

  • La imagen de un Jesús vengativo ante motivos nimios, está bastante desarrollada en los “Evangelios Arabe y Armenio de la Infancia”.
  • Algunos romances que engloban esta temática, ofrecen curiosidades notables, como el conjuro final que aparece en una versión manchega de “La Virgen y el Ciego”: “.Desde el Belén al Calvario desde el Calvario a la Cruz desde la Cruz a la fuente allí estará San Vicente con una cruz en la frente que el diablo no me la encuentre ni de día ni de noche ni en la hora de mi muerte (24).

O la maldición recaída sobre la perdiz, por espantar la mula que montaba María en el “Labrador y la Virgen”: “.Al punto dijo la Virgen ¡maldita sea tal ave! y respondió su hijo tierno ¡la pluma, que no la carne!” (25). El ciclo de composiciones sobre la Pasión, suele ser, por lo general, bastante paralelo a los canónicos, pero aderezado con ciertos elementos para despertar la piedad y el fervor.

Por ello, caen fácilmente en el estereotipo de los personajes: los malos, todo maldad y viceversa. Las notas pintorescas, son frecuentes: “.¿No te causa admiración que hasta los niños de pecho alababan al Señor? Con sus lenguas tiernecillas dejándose de mamar decían: ¡Viva el Mesías que nos vino a rescatar nuestras almas este día!”(26).

El anuncio de su Pasión, en el conocido romance de la “Cena” (Jueves Santo, Jueves Santo.), incorpora, a veces, datos desconocidos en los canónicos: “.¡Qué bien hiciste Jesús que fuera muerto José que con ser padre adoptivo no hubiera fuerzas en él al veros tan maltratado por un pueblo tan cruel! (27).

En este ejemplo, se supone que la muerte de José es anterior a la Pasión del Señor, lo que enlaza con las narraciones apócrifas de la “Historia Copta de José el Carpintero” y la “Historia Arabe de José”, donde se describe la enfermedad, locura y muerte de San José, asistido y reconfortado por su propio hijo.

Otras composiciones,de este ciclo, serían las alusivas al “Lavatorio”; “Los Siete Dolores de la Virgen”; “Las Siete palabras de la Cruz”; “La confesión de la Virgen”; “La. Virgen en el Calvario”; “El Descendimiento”. Recogemos dentro del grupo de los milagros de Cristo y la Virgen, así como los de los Santos, una serie de composiciones de carácter principalmente moralizante.

  • Estas narraciones pueden tener su origen temático en los ejemplarios, hagiografías o martirologios tan extendidos durante la alta Edad Media.
  • Los más conocidos a través de un proceso de tradición oral, son aquéllos en los que Jesucristo pide ayuda disfrazado de pordiosero (“que en traje de pobre andaba”): “.Se ha encontrado con un pobre y le ha dicho que si quería que le montara en su macho que Dios se lo pagaría.Te prometo, labrador trigo pa toda tu vida y para cuando te mueras tendrás la gloria cumplida” (28).

Los aspectos truculentos y castigos ejemplares, son frecuentes, como el que aplica Jesucristo a un rico, por dudar de la existencia de Dios y de María: “Le cogen de los cabellos le suben la cuesta arriba y de los “grazníos” que daba el infierno estremecía.

Le sacaron de comer una culebra cocida le sacaron de beber una poca pez “retida” (29). Otras composiciones de este tipo son las tituladas: “El zapato de Cristo”; “La posadera de Cristo”; “La Virgen romera”; “La zagala y la Virgen”; “La panadera de Cristo”, etc. (30). De la vida y milagros de los Santos, merecen citarse: “Los milagros de San Antonio”; “Santa Elena”; “Santa Catalina”; “San Alejo”.

En el apartado que se refiere a las composiciones descriptivas, incluimos las que hacen referencia a los aspectos exteriores de Cristo o la Virgen. El papel de los cantos de primavera, los conocidos “Mayos”, guarda una estrecha relación con las imágenes difundidas por la iconografía (31).

  • La vuelta “a lo divino” de estas tradiciones paganas, nos ofrece descripciones minuciosas, como los Mayos dedicados a la Virgen o a Cristo: “.Tus cabellos, Virgen son puros y hermosos al Cordero inmenso limpiasteis el rostro.
  • Virgen, tus orejas alegran el coro sin más que adornadas con pendientes de oro.Virgen, vuestros pechos son fuentes sagradas los que a Jesucristo sustento le daban” (32).

O estos otros, referidos a Cristo: “.Sagrado cabello en oro enredado donde los judíos tirones le han dado. Tu frente divina ancha y despejada de agudas espinas está coronada. Tu hermosa nariz canuto de plata en ella se mira vuestra Madre Santa” (33).

Los poetas han recogido igualmente esta tradición: “¡Quién ha visto un niño perdido ayer tarde con unos cabellos de oro al mesmo sol semejantes; frente blanca y espaciosa ojos rasgados y graves rostro modesto y alegre condición blanca y suave!” (34). Por último, integramos en el ciclo de oficios y actividades diversas, las composiciones que narran las vicisitudes y peripecias de la Sagrada Familia, antes de la vida pública de Jesús.

El carácter lírico e intimista, es la nota predominante de la mayoría de estas coplas, lo que hace que conecten fácilmente con el sentimiento popular. El acercamiento a los problemas cotidianos, acentúa el aspecto humano, favoreciendo su interiorización.

  • El tan extendido “Madre, a la puerta hay un niño”, enlazaría con esta visión.
  • Como muestras de coplas, citemos: “San José era carpintero de fina carpintería debajo del brazo tiene más angelitos que astillas.” “La Virgen se está peinando detrás del Altar Mayor San José le riza el pelo y el niño le ata el cordón.” Las faenas culinarias, también hacen acto de presencia: “La Virgen hacía gachas de pepitas de pimiento y San José le decía ¡bendito tu entendimiento!” “Disponen la cena preparan las migas y el rey de los cielos con grande alegría cena sin melindres cosa de admirar.” Los ejemplos, como es obvio, resultarían prolijos en exceso para lo que pretendíamos.

Para finalizar, queremos señalar que la clasificación propuesta es insuficiente, pero creemos que representativa de la influencia de elementos apócrifos en nuestro cancionero. Somos conscientes de que otros ciclos lo podrían haber constituido: “La Visitación”; “Cantos de Cuaresma y Semana Santa”; “Samaritana”; “Circuncisión”, etc., etc.

  • Pero ello lo dejamos para otra ocasión.
  • 1) “La Biblia en los Códices de España”.
  • Selección de Pilar de Miguel, B.A.C.
  • Y Miñón, 1970.
  • 2) “Teatro Medieval”.
  • Selección de textos y prólogo: F.
  • Lázaro Carreter, Edit., Caslalia, 4ª ed., 1976.
  • 3) Este autor, prefiere la denominación “Representación”, a la más extendida de “Auto”, debido al uso de éste término por Alfonso el Sabio, para referirse a las representaciones litúrgicas.

Por otra parte, la palabra “Auto”, no parece fundamentarse hasta el 1300. (4) “Autos de Nacimiento leoneses” de J. López r Santos. Archivos leoneses I, 1947. (5) Véanse, en el número cero de esta revista, los artículos sobre la “Corderada de Castroponce” de D.

  • Emilio Salcedo y de D Maximiano Trapero.
  • 6) “Romancero Hispánico”.R.
  • Menéndez Pidal.
  • Tomo I; edic.1953, págs.344-345. (7) Op.
  • Cit., pág.352.
  • 8) “La Inquisición y el Pensamiento Ilustrado” Antonio Blorza, incluido en el Extra sobre la Inquisición de “Historia 16”, Dic.1976.
  • 9) “Ensayos sobre la Cultura popular española” Julio Caro Baroja, Edit.

Dosbe, 1976, pág.176. (10) “Los Evangelios Apócrifos”. Notas y Traducción de Edmundo González Blanco. Tres Volúmenes. Librería “Bergua” 1934. En lo sucesivo, las citas concretas, las remitiremos a ésta edición. También pueden consultarse “Los Evangelios Apócrifos”.

  • Edición crítica de Aurelio de Santos Otero B.A.C., nº 148.
  • 11) “Danzas, Rondas y Música popular de Guadalajara”.
  • Antonio Aragonés Subero. Dip. Prov.
  • De Guadalajara, 1ª Edic.1973, pág.202.
  • 12) “Cancionero popular serrano”.
  • José Fernando Benito y Emilio Robledo. Inst. Prov.
  • De Cultura “Marqués de Santillana”, Guadalajara, 1ª Edic.1980, pág.175.

(13) “Cancionero de Cáceres y su provincia”. Angela Capdevielle, Diputación Provincial de Cáceres 1969, pág.196. (14) “Fiestas populares” (Ciclo de Navidad). José Mª. Gómez Tabanera, incluido en “El Folklore Español”. Instituto español de Antropología aplicada, 1968, pág.207 y ss.

15) “Cancionero de Cáceres.”. Op. Cit., pág.207. (16) “El Folklore Leonés”. Manuel Fernández-Núñez. Edit. Nebrija, 1980, pág.80. (17) “Cancionero popular de la Provincia de Madrid”.M. García Matos, Tomo I.C.S.I.C., pág.24. (18) “Pasionaria Murciana”. Pedro Díaz Cassóu, 1897. pág.233. (19) Véase el nº 1 de esta revista.

La versión cantada, puede escucharse en el disco nº.2 de la “Caja de Romances” de Joaquín Díaz, bajo el título de “Romance de los Reyes Magos”. (20) “ViIlancicos y canciones de Nochebuena”. Arcadio de Larrea Palacín. Edit. Cremades Tetuán, 1955, pág.130.

(21) En el Museo de Arte de Cataluña (Barcelona), se exhiben varias tablas donde se produce la Adoración en el interior de una casa. Citemos, como ejemplo, la “Adoración” de Jaume Serra del siglo XIV. (22) “Fray Iñigo de Mendoza y sus coplas de Vía christi”. Julio Rodríguez-Puértolas. Biblioteca Románica Hispánica.

Edit. Gredos, 1968. Véanse también, el “Cancionero de diversas obras de nuevo trovadas” de Fray Ambrosio de Montesinos, o la “Ensaladilla de Navidad” de José de Valdivielso. (23) “Cancionero de Navidad”. Selección, prólogo y notas de Adolfo Maillo, Vicesecretaría de Educación Popular, 1942, pág.220.

(24) “Cancionero musical popular Manchego” Pedro Echevarría Bravo. Soc. Gral. de Autores de España, 1951, pág.419. (25) “Cancionero de Madrid.” Op. Cit., pág.21. (26) “Danzas, Rondas.”. Op. Cit., Versión de Tendilla. (27) “Danzas, Rondas.”. Op. Cit. (28) “Cancionero de Madrid.”, Op. Cit., pág.49 (29) Nos la dictó a “RAICES”, Celia Sánchez de Belmontejo (Cuenca).

(30) Véanse los ejemplos incluidos en “Los Romances de Tradición Oral” de José Mª de Cossío. Espasa Calpe. Colec. Austral nº 762, 1947 (31) “Iconología Cristiana y Gentílica”. Compendio del sistema alegórico y diccionario manual de la Iconología universal.

  1. Por D. Basilio Sebastián Castellanos de Losada.
  2. Madrid, 1850.
  3. Especialmente, el cap.
  4. Dedicado al “Modo de representar a la Virgen Ntra. Sra.
  5. En todos los pasos de su gloriosa vida, según los evangelios y la opinión de los P.P.
  6. De la Iglesia”.
  7. 32) y (33) “Cancionero manchego.”. Op.
  8. Cit., pág.456 y 464.
  9. 34) “Cancionero de Navidad”.

Op. Cit., Alonso de Ledesma, pág.218.
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¿Qué son libros no canónicos?

Los libros apócrifos del Antiguo Testamento (del latín tardío apocry̆phus, y este del griego ἀπόκρυϕος apókrifos, ‘oculto’. ​), también conocidos como libros pseudocanónicos, debido a que no son reconocidos en el canon de la Biblia. Son libros escritos por comunidades cristiano/judías, las cuales no fueron reconocidas por las comunidades cristianas posteriores.

  • Muchas de estas enseñanzas de Jesucristo escritas por sus discípulos, no han sido reconocidas en el canon bíblico, debido al parecer del concilio de la época,” por no ser inspiradas del Espíritu Santo”, siendo esta, una justificación de la Iglesia Católica oficial.
  • El término «apócrifo» fue acuñado por Jerónimo en el siglo V, para referirse básicamente a documentos judíos antiguos escritos en el período comprendido entre el último libro de las escrituras judías, Malaquías, y la venida de Jesucristo.

Existen libros Apócrifos del Antiguo Testamento y los posteriores a la venida de Jesucristo, los cuales fueron escondidos con el propósito de salvarlos de la persecución y la destrucción, ya que eran quemados por no ser aceptados. Son libros que, según criterio acordado, no fueron inspirados por Dios y que no forman parte de ningún canon.

Los libros que no forman parte del canon de la religión profesada por la Iglesia Católica, también se consideran apócrifos. La consideración de un libro como apócrifo varía según la religión. ​Por ejemplo, algunos libros considerados canónicos por los católicos son considerados apócrifos por judíos y protestantes.

En concreto, los católicos aceptaron los libros de Tobías, Judit, Sabiduría de Salomón, Eclesiástico (Sabiduría de Jesús, Hijo de Siraque o Sirácide o Ben Sirá), I y II Macabeos y Baruc, Algunos de estos libros son los incluidos en la Septuaginta ​ por razones históricas o religiosas.

De acuerdo con la terminología teológica católica / ortodoxa, para éstos son libros deuterocanónicos, es decir, los libros que fueron reconocidos como canónicos en un segundo momento (del griego δεύτερος deúteros, ‘segundo’). Estos también incluyen adiciones en Ester y Daniel, es decir, los episodios de la Historia de Susana y Bel y el dragón.

Los apócrifos son cartas, colecciones de frases, narrativas de creación y profecías apocalípticas. Además de las que abordan la vida de Jesús o sus seguidores, unas 50 más contienen narrativas vinculadas al Antiguo Testamento.
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