Los Nombres del Salvador

Este breve curso fue desarrollado por el REV J. JERRY POTT, uno de los primeros misioneros de la Iglesia Cristiana Reformada de Grand Rapids, Michigan que llegaron a Coyoacán a fundar el Seminario Juan Calvino. Está fechado en 1976.

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Lección 1: SU NOMBRE ES JESÚS

Lectura Bíblica: Mateo1:18-25

Texto para memorizar: “Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21

La historia de la humanidad principia y termina en un paraíso. La tragedia es que ahora vivimos lejos del paraíso, porque ha entrado el pecado en la vida humana con todas sus tristes consecuencias. El hombre está expuesto a la muerte y perdición. El hombre ha perdido el primer paraíso, pero en la Biblia leemos acerca de otro paraíso, el paraíso que Juan vio y describe en Apocalipsis  capítulos 21 y 22.

Ahora bien, entre estos dos paraísos – el paraíso primero, ahora perdido, y el paraíso nuevo, eterno e imperecedero – hallamos un Hombre y un Nombre que une a los dos. Si no fuera por ese Hombre y ese Nombre, lo perdido no sería recuperado jamás y no habría  para nadie la esperanza del paraíso de gloria eterna. ¿Quién hace esto posible? ¿Cuál es su nombre? Su nombre es Jesús.

I. EL NOMBRE JESÚS NOS REVELA AL PADRE.

¿Cómo recibió su nombre el Niño nacido en Belén? ¿Fue llamado así por sus padres o algunos de sus parientes?  ¿Fue sugerido por la gente de Belén o de Nazaret? No. Dios mismo le dio este nombre como nos lo revela la Biblia en Mateo 1:20.21 y en Lucas 1:26-31.

El Nombre JESÚS es una revelación de nuestro Dios, de nuestro Padre Celestial.

¡Qué sublime revelación del amor de Dios! Porque es Dios mismo quien envía a su Hijo para ser el Salvador. Dios vio a la humanidad en su miseria, en su perdición, en su tragedia, a este mundo que Él había creado y al cual amaba. ¿Cómo rescatarlo de las garras del diablo y de la maldad? ¿Cómo restaurarlo? ¿Cómo obrar la redención en este mundo de pecado? ¿Cómo dar pureza por impureza, justicia por injusticia, vida por muerte, virtudes por vicios, luz por tinieblas? Muchas preguntas, una sola respuesta: Su Hijo, JESÚS.

Juan 3:16. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Romanos 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

I Juan 4:9,10 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.  En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”

II. EL NOMBRE JESÚS NOS REVELA AL ÚNICO SALVADOR.

¿Qué significa el nombre Jesús? La opinión más general es que deriva de dos palabras hebreas que significan “Jehová salva”. En el antiguo Testamento hallamos a dos personajes con el nombre Josué (que es el mismo nombre de Jesús con el mismo significado) en Josué 1:1 y en Zacarías 3:1: Josué el sucesor de Moisés y Josué el sacerdote. Ambos son considerados como tipos proféticos de Jesús el Salvador.

En Mateo 1:21 se nos dice que el hijo de la virgen María debía recibir el nombre JESÚS “porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Jesús vino al mundo para salvarnos. ¿Qué quiere decir “salvar”? Significa rescatar del mal más grande y proporcionar el bien supremo, esto es, rescatar del pecado y proporcionar la vida eterna.

Para hacerlo, el Hijo de Dios bajó al nivel del hombre. Jesús no es como aquél hombre que arroja un salvavidas a quien se esta ahogando en el mar; él es como el abnegado guarda de playa quien se arroja a las aguas para rescatar al que está pereciendo. ¿Qué ha hecho Jesús para salvar al pecador? Él murió para pagar nuestra deuda y darnos la vida eterna.

Mateo 20:28. “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Juan 10:11. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”

Romanos 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

III. EL NOMBRE JESÚS NOS REVELA A NOSOTROS MISMOS.

Alguien dijo una vez: “El nombre JESÚS me hace estremecer porque cada vez que lo pronuncio pienso en mi pecaminosidad, en mi miseria, en mi corrupción y depravación.”

Jesús vino para obrar nuestra salvación, la salvación de nosotros pecadores. Sí, somos pecadores. No podemos salvarnos a nosotros mismos. Necesitamos acudir a Jesús porque “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12)

Reconociendo que somos pecadores, perdidos en nosotros mismos, debemos confesar a Dios nuestros pecados, arrepentirnos y poner toda nuestra confianza en JESÚS el Salvador.

“Por fe en Jesús, el Salvador
Se hace salvo el pecador.
Si merecer tan rico don
Recibe plena salvación.”

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Lección 2: CRISTO, EL UNGIDO DE DIOS

Lectura Bíblica: Mateo 16:13-20

Texto para memorizar: “ Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Mateo 16:16

Por unos tres años Jesús se había revelado a sí mismo a sus discípulos y a las multitudes que le oían. Ahora, estando con sus discípulos en la región de Cesarea de Filipo, Jesús les pregunta acerca de los resultados e impresiones de la enseñanza de estos tres años.

Primeramente les pregunta: ”¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Los discípulos le contestan que la gente le tenía por un gran profeta, concretamente como la reencarnación de uno de los mayores profetas. Claro, la opinión de la gente está muy equivocada. Entonces, Jesús les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. La hermosa contestación por boca de Pedro es: “ Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Hoy día hay miles y miles, millones que consideran a Jesús sólo como un  gran profeta, pero no le confiesan como el Cristo de Dios, el divino Salvador del mundo.

I. LA PROMESA ACERCA DE CRISTO (EL MESÍAS), EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

Observamos que los nombres “Cristo” y “Mesías”, uno en griego y otro en hebreo, significan lo mismo: “Ungido”.

Todo el Antiguo Testamento, desde Génesis hasta Malaquías, es una preparación para la venida del Ungido de Dios, el Salvador. En el Antiguo Testamento hay más de cuatrocientas cincuenta referencias al Cristo prometido por Dios. ¿Qué es lo que esperaban los creyentes del Antiguo Testamento? Una persona muy especial, una persona extraordinaria, el Dios-Hombre, descendiente de Abraham, el hijo de David, ungido para ser el Redentor completo y perfecto.

El Mesías sería Profeta, Sacerdote y Rey a la vez. Por esto, en el Antiguo Testamento fueron ungidos los profetas, los sacerdotes y los reyes, todos ellos tipos proféticos del Gran Ungido que habría de venir.

I Reyes 19: 15-16. “Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria, a Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar.”

Éxodo 30:30: “Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes.”

I Samuel 16:1,13: “Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. . . Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.”

II. LA PROMESA CUMPLIDA EN JESÚS, EL CRISTO DE DIOS.

Jesús es el cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento. Jesús es el único que llena los requisitos para ser el Mesías prometido y esperado del Antiguo Testamento. Andrés exclamó con gozo: “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41). Pedro, a nombre de todos los discípulos dice a Jesús. “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mateo 16:16) y la confesión de Martha es: “Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:27).

Jesús es el Cristo, el Ungido de Dios, quien nos da a conocer la voluntad de Dios porque es PROFETA, quien ofrece el perfecto sacrificio por nuestros pecados porque es nuestro SACERDOTE y quien nos gobierna por su Palabra y Espíritu ya que es nuestro REY. Hablamos así del triple oficio de Cristo.

A. Cristo es el Ungido para ser nuestro supremo Profeta y Maestro. Cristo es la máxima revelación de Dios, Él nos revela al Padre. Cristo nos revela el camino de la salvación. En efecto, Él dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6). Cristo es el maestro por excelencia. Dios dijo:” Este es mi Hijo amado, a Él oíd.” (Lucas 9:35). ¿Estamos realmente dispuestos a escuchar y obedecer lo que nos enseña Cristo?

B. Cristo es el Ungido para ser nuestro único Sumo Sacerdote. Cristo se dio a sí mismo en perfecto sacrificio por nuestros pecados. ¿Qué necesita el ser humano para entrar nuevamente en comunión con Dios? Un Mediador que pague por la deuda del pecado, que obre la redención, que gane la vida eterna y bendiga con bendiciones espirituales. ¿Quién hace todo esto? ¡Sólo Jesús el Cristo!

Juan dice:”La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. . . Jesucristo es la propiciación por nuestros pecados.” (I Juan 1:7 y 2:2). En la carta a los Hebreos leemos: “Mas, éste (Jesús) tiene un sacerdocio inmutable, por cuanto permanece para siempre, por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7:24,25). ¿Estamos dispuestos a poner toda nuestra confianza en el sacrificio de Cristo?

C. Cristo es el Ungido para ser nuestro eterno Rey. Cristo nos gobierna por su Palabra y su Espíritu, nos defiende de nuestros enemigos y nos restaura y nos devuelve el dominio perdido. Después de su gloriosa resurrección, Cristo dijo a sus discípulos: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” (Mateo 28:18). En el libro de Apocalipsis dice: ”Él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15). ¿Estamos dispuestos  a reconocer a Cristo como nuestro Rey, obedeciéndole con amor y fidelidad?

 Somos cristianos verdaderos sólo cuando aceptamos y reconocemos a Cristo en nuestro diario vivir como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey.

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Lección 3: JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR

Lectura Bíblica: Filipenses 2:1-11

Texto para memorizar: “ Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:11

Una de las confesiones hermosas que hallamos en la Biblia es la confesión de Tomás, uno de los discípulos de nuestro Salvador. Tomás era un hombre que tenía graves problemas espirituales; no podía conformarse con la muerte de su querido Maestro Jesús y dudaba de la verdad de la resurrección de Cristo. Hallamos la historia de él en el Evangelio según Juan, capítulo 20:24-29. Pero cuando Tomás se encontró con el Cristo vivo, entonces brotó de lo más íntimo de su ser la hermosa confesión: “¡Señor mío y Dios mío!”

Cuando tenemos un encuentro con el Cristo que vive, cuando este Salvador resucitado entra en nuestras vidas, entonces caemos de rodillas delante de él en humilde reconocimiento de su señorío y entregamos nuestras vidas al Señor.

I. JESUCRISTO CONSTITUIDO SEÑOR POR DIOS.

Nuestra lectura bíblica de Filipenses 2 habla de la humillación y la exaltación de nuestro Salvador. Los vv 5-8 hablan de la profunda humillación voluntaria de Cristo, pues se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para obrar nuestra salvación. Y el v. 9 comienza diciendo: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo.” Esto concuerda con lo que Jesús mismo dice en Mt 28:18: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”. Y Pedro dice en su sermón de Pentecostés, “ a este Jesús . . .Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hech 2:36).

Lo importante aquí es saber y reconocer que Jesucristo el Mediador, el Salvador, el hombre que murió en la cruz por nuestros pecados fue constituido SEÑOR por Dios, y esto a causa de su obra redentora.

¿Qué significa el término “Señor”? Nuestra palabra “Señor” viene de una palabra latina que señalaba a la persona que tenía posesiones, que era dueño y amo de sus siervos, que tenía autoridad legal y que podía disponer legalmente de otros.

Dios es el Señor de todo el universo, porque Él lo ha creado. Y la Biblia enseña que Dios ha puesto todo en manos de Jesucristo. Jesús es nuestro Señor porque nos compró, nos redimió en cuerpo y alma. Jesús es el único Mediador. Dios le ha dado el control de todas las cosas.

La Biblia dice: “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies” (I Cor 15:27). No hay nada, absolutamente nada, que esté fuera del control, fuera del señorío de Jesucristo. Él es Señor de señores.

II. JESUCRISTO RECONOCIDO COMO SEÑOR POR NOSOTROS.

¿Cuáles son las implicaciones de la enseñanza bíblica acerca del señorío absoluto de Jesucristo? ¿Cómo debemos reconocerle como Señor?

En primer lugar, mi “Yo” entero, cuerpo y alma, pertenece a Cristo y debe ser entregado a Él y a su servicio. Cristo me compró y le debo todo mi ser. La Biblia enseña esto en muchos lugares, por ejemplo:

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” I Cor 19,20.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Rom 12:1,2

“Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” Hech 9:6

En segundo lugar, no debemos ni podemos limitar el señorío de Cristo a ciertos aspectos de nuestra vida porque Jesús es el Señor de todas las cosas, de toda mi vida.

Pensemos en nuestro trabajo, nuestra carrera, nuestra vocación, cualquiera que sea, todo debe estar bajo el control de Cristo. Cristo quiere emplear mi trabajo para su gloria y para la extensión de su Reino aquí sobre la tierra.

Pensemos en nuestro matrimonio, nuestro hogar, estos también son departamentos de la vida que pasan bajo el control de Jesucristo. Nuestro hogares deben ser hogares verdaderamente cristianos donde Cristo es honrado y obedecido.

Pensemos en nuestros bienes: dinero, talentos, tiempo . . . en todo somos mayordomos de Cristo. Debemos emplear todo según la voluntad de nuestro Señor.

Aquí tenemos un tema que jamás se agota, porque encierra toda la vida. Es algo muy personal, pero a la vez es algo que todos tenemos en común y debemos ayudar a los demás en el reconocimiento total de Cristo como Señor de nuestras vidas.

Este es el secreto de una vida feliz.

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Lección 4: JESUCRISTO, EL UNIGÉNITO HIJO DE DIOS

Lectura Bíblica: JUAN 1:1-18

Texto para memorizar: “ A Dios nadie le vio jamás; el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. Jn 1:18

Una vez Jesús hizo la pregunta: “¿Qué piensan ustedes del Cristo? ¿De quién es hijo?” (Mt 22:42). Lo que pensemos de Cristo es de suma importancia, de importancia eterna.

Debemos conocer a Cristo tal como la Biblia lo revela. ¿Qué dice la Biblia respeto a Cristo? ¿De quién es hijo? La Biblia nos enseña que Jesucristo es el Dios-Hombre, es decir que tiene dos naturalezas ,la divina y la humana unidas en una sola Persona, nuestro Salvador. Claro está que esto va mucho más allá de la comprensión humana. Nunca podremos comprender con nuestra mente finita el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, cuando tomó la naturaleza humana de la virgen María. En esta lección queremos estudiar el siguiente nombre del Salvador: EL HIJO DE DIOS.

I. EL TESTIMONIO DE LA BIBLIA CON RESPECTO A JESÚS COMO EL HIJO DE DIOS.

Esta verdad no fue inventada ni descubierta por el hombre, sino que fue revelada por nuestro Dios. El testimonio de la Biblia es que Jesucristo es el unigénito Hijo de Dios, coeterno con el Padre. El salmo 2 es un salmo mesiánico y en él leemos lo siguiente: “Jehová me ha dicho. Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.” (v.7). En el Nuevo Testamento se nos dice que esto se refiere a Cristo:

“Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres,  la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.” Hech 13:32,33

“Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy ,y otra vez: Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo?” Heb 1:5 “Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy.” Heb 5:5

En Isaías encontramos la conocida profecía: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel” (6:14) y en Mt 1:23 leemos que esto se refiere a Jesús, quien fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María y su nombre significa “Dios con nosotros”.

El testimonio del Nuevo Testamento es muy abundante y no deja lugar a dudas. ¿Quién es Jesús? ¿De quién es hijo?. En la lectura bíblica de Juan 1 se nos habla del “Verbo”, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios, que fue hecho carne y habitó entre nosotros. El v 17 nos dice que es Jesucristo y el v.18 que es el Unigénito Hijo del Padre.

Juan el Bautista dice “Y yo le vi y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (v. 34). Todos conocemos la cita de Jn 3:16. En muchas ocasiones Jesús habla de Dios como “mi Padre”, refiriéndose a una relación única. (Mt 7:21; Lc 24:49; Jn 5:17; 8:9 y 54)

Natanael le confesa como el Hijo de Dios (Jn 1:49); esta es también la confesión de Pedro (Mt 16:16); Juan lo confirma así en Jn 20:31. El apóstol Pablo lo menciona muchas veces en sus cartas (Rom 5:10; 8:3; II Cor 1:19).

El testimonio unánime de la Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es que Jesucristo es el Unigénito Hijo de Dios, hecho carne para ser nuestro Salvador.

II. LA CONFESIÓN DE LA IGLESIA CON RESPECTO A JESÚS COMO EL HIJO DE DIOS.

A través de la historia de la Iglesia ha habido aquellos que negaban la divinidad eterna del Hijo de Dios. Durante el tiempo de los apóstoles este error fue combatido por juan y por Pablo. Más tarde la Iglesia condenó el error del Arrianismo, que decía que el Hijo de Dios es un ser creado y no es coesencial con el Padre. El error más grande de lo que llamamos el “Modernismo” es que ha pretendido borrar la diferencia que existe entre lo divino y lo humano. Hay además varias sectas (como los llamados Testigos de Jehová y los Mormones), que niegan a Jesús como el Unigénito Hijo de Dios en el sentido bíblico. Ellos están en un grave error y no enseñan la verdad de la Palabra de Dios.

La confesión de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo se expresa en le Credo de los Apóstoles: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo, su Único Hijo, Señor nuestro, que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María . . .” La Confesión de Fe de Westminster dice: “El Hijo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre sí la naturaleza del hombre”.

Debemos reconocer y honrar a Cristo como el Hijo de Dios, sí, como Dios mismo. Él es nuestro Salvador y Redentor, la fuente de vida eterna. Sin esta fe no podemos ser salvos.

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Lección 5: JESUCRISTO, EL HIJO DEL HOMBRE

Lectura Bíblica: I Timoteo 2:1-7

Texto para memorizar: “ Porque hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. I Tim 2:5

Los apóstoles, fieles a la gran comisión de Mt. 28:19,20, predicaron el evangelio a muchos pueblos. ¿Cuál era el contenido de su mensaje?

El apóstol Pedro lo dice en Hech 4:12, hablando de Jesús: “ Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”  El apóstol Juan dice: “ Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo . .  Dios envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (I Jn 4:4 ,10). El apóstol Pablo escribe a los corintios: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo y a éste crucificado . . . Os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado.” (I Cor 2:2 y 15:1)

¡Nosotros predicamos el mismo evangelio! No hay otro evangelio que anuncie el mensaje de la salvación. Las preguntas importantes son: ¿Quién es Jesucristo? ¿Qué ha hecho Jesús para salvarnos de nuestros pecados? ¿Cuál es la relación entre nosotros y Jesús? ¿Creemos en Él?

I. EL MISTERIO DE LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE

El nombre HIJO DEL HOMBRE indica, en primer lugar, la naturaleza humana de Cristo. Jesús mismo utilizó este nombre en muchas ocasiones. Lo hallamos más de 40 veces en los cuatro evangelios.

El texto para memorizar habla de “Jesucristo hombre”. ¿Cómo llegó a ser hombre? El Credo cristiano, basándose en la Biblia, dice: ”Fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María.” Esto es lo que llamamos el misterio de la encarnación, el misterio de la vendida del Hijo del Hombre. El ángel Gabriel vino a María y le dijo: “ El Santo Espíritu vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra . . .Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS.” (Lc 1:35, 31). Leemos en Gálatas 4:4. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley.”

El misterio, incomprensible para la mente humana, es que el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad, tomó para sí la naturaleza humana haciéndose hombre, verdadero hombre don cuerpo y alma, de la carne y sangre de la virgen María por obra del Espíritu Santo. Esto no significa que Cristo dejó de ser Hijo de Dios cuando se hizo Hijo del Hombre; no, el misterio es que Cristo es Dios y hombre a la vez. Así llegó a ser nuestro perfecto y todo-suficiente Salvador.

II. LA MARAVILLA DE LA VIDA DEL HIJO DEL HOMBRE

Jesús es verdadero hombre igual a nosotros en todo, exceptuando el pecado. La Biblia dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él (Jesús), también participó de lo mismo. . . por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos . . . pero sin pecado.” (Heb 2:14,17; 4:15)

Cristo habla de sí mismo como hombre: “Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.” (Jn 8:40), y otros también hablaban de él como un hombre: Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.” (Rom 515)  “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.” (I Cor 15:21)

Cristo tenía todas las características de la naturaleza humana (cuerpo y alma), y se sujetó a las necesidades y sufrimientos humanos. Nació como nacen todos los niños y creció como lo hacen todos los niños. Experimentó lo que todos los hombres: hambre, sed, dolor, cansancio, sufrimiento y aun la muerte.

Era necesario que Jesús fuese hombre. Solamente como hombre podía ser nuestro sustituto, solamente como hombre podría sufrir y morir por nuestros pecados.

III. LA GLORIA DEL REINADO DEL HIJO DEL HOMBRE

Terminamos esta lección con un pensamiento más. El nombre HIJO DEL HOMBRE como lo encontramos en los evangelios, tiene un significado escatológico, es decir, que se usa el nombre con miras a la humanidad glorificada de Jesús. Cristo mismo lo emplea en este sentido. Por ejemplo, en Marcos 13:26, Jesús dice. “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.” En Mateo 16:27: “ Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Como hombre, Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Ro 4:25). Luego, como hombre glorificado, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de la Majestad Divina (Heb 10:12) Y algún día volverá en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos y para introducir el estado eterno de todas las cosas:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” I Tes 4:13-18

¿Conocemos a este Hijo del Hombre como nuestro Salvador? Solamente por la fe en Él y en su perfecto sacrificio en la cruz tenemos el perdón de nuestros pecados y la vida eterna.

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