Historia de la iglesia primitiva

Dando continuidad al tratado de Lucas iniciamos HOY, 4 DE JUNIO el estudio llamado HISTORIA DE LA IGLESIA PRIMITIVA (A.D. 1-787) basado en el libro del mismo nombre de Harry R. Boer, editado por la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos.

Este será un   estudio breve pero muy ilustrativo que desarrollaremos en 15 semanas. Cada domingo entregaremos un resumen coleccionable de cada uno de los capítulos, pero el texto íntegro del libro está disponible de manera gratuita en PDF para quienes deseen profundizar en el tema, en la siguiente liga:

https://diariosdeavivamientos.wordpress.com/2015/03/29/libros-de-historia-de-la-iglesia-en-pdf-historia-del-cristianismo-pdf/

 Los expositores serán los maestros Héctor González Flores y Víctor M. Sandoval.

LE INVITAMOS A QUE PARTICIPE en este estudio para conocer cómo la Providencia Divina se ha  manifestado en el cuidado y extensión de la iglesia a través de los siglos.

TODOS LOS DOMINGOS EN LA NAVE PRINCIPAL DE 10.30 A 11.30

 

HISTORIA DE LA IGLESIA PRIMITIVA

Por Harry R. Boer
SÍNTESIS


CAPÍTULO 1: EL MUNDO DE LA IGLESIA PRIMITIVA

Antes de comenzar el estudio de la historia de la iglesia, es importante considerar brevemente las características principales del mundo en el cual se desarrolló. Para ello debemos tener en cuenta el Imperio Romano, el trasfondo judío de la iglesia, la influencia del pensamiento griego, y las distintas religiones que el cristianismo halló en su derredor.

El Imperio Romano La iglesia cristiana nació dentro del Imperio Romano. Cientos de tribus vivían dentro de las fronteras de Roma. El centro del imperio era Roma, donde todo el poder estaba en manos del emperador.

Desarrollo  Cuando nació Jesús, Roma ya tenía unos 750 años. Fundada como una pequeña aldea a orillas del río Tíber en Italia occidental. En 265 A.C., quinientos años después de su fundación, Roma era dueña de la península itálica. Luego conquistó las islas de Sicilia, Córcega, y Cerdeña, Cartago en el norte de África y mucho de España. Conquistó todas las tierras sobre el Mediterráneo, toda la Galia y parte de la Alemania de nuestros días. Palestina también vino también a quedar bajo el control del imperio en el año 63 A.C., y se transformó en una provincia del mismo en el A.D. 6.

Gobierno Hasta el año 27 A.C. todos los territorios eran administrados por la república romana.  en el año 27 A.C. se le dio el poder absoluto a Gayo Octavio, sobrino de Julio César. A Octavio se le conoce en la historia como César Augusto, el primero y más grande de los emperadores. Con él terminó la república y comenzó el imperio. Este es el César que aparece en Lucas 2.1. El reino de paz iniciado por César Augusto duró más de doscientos años. Fue durante estos dos siglos que la iglesia llegó a ser un testigo del evangelio a través de todo el imperio.

Pax Romana  En este vasto imperio, la paz romana hizo posible el comercio y los viajes por tierra, mar, y ríos de un lado a otro del imperio. Floreció la cultura en todos sus aspectos. El estudio de las leyes se desarrolló notablemente así como la economía. Lo que era importante es que había una lengua común, el griego, por medio del cual se podían entender a través de la mayor parte del imperio.

El Trasfondo Judío  La iglesia cristiana tiene sus raíces en la historia y la religión de Israel. “La salvación viene de los judíos”, dijo Jesús (Jn 4:22). Jesús no vino para abrogar sino para cumplir la ley y los profetas (Mt 5:17). Aquellos que pertenecen a Cristo son linaje de Abraham, herederos de acuerdo con la promesa (Gál 3:29). La iglesia primitiva era totalmente judía, su Salvador era judío, y todo el Nuevo Testamento fue escrito, probablemente, por judíos. Es útil, por lo tanto, hacer una breve reseña de la historia de Israel.

Desde David hasta Alejandro El reino de Israel fue prácticamente establecido por David alrededor del año 1000 A.C., quien reinó hasta más o menos el año 960 A.C. David imprimió tal carácter al reino y a su función real que llegó a ser un símbolo de las esperanzas mesiánicas de Israel.

Después de la muerte de su hijo Salomón, alrededor del año 930 A.C., el reino que David había establecido se dividió en dos. El reino del norte, Israel que fue destruido  en 721 A.C. por los asirios y el reino del sur, Judá, que había permanecido leal a la casa de David. Sin embargo en 586 A.C. también fue llevado al exilio en Babilonia. En 539 A.C., Ciro, rey de Persia, conquistó Babilonia. Ciro permitió que aquellos que desearan volver a Jerusalén lo hicieran. Al año siguiente varios miles volvieron a su tierra nativa y reconstruyeron el templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había destruido. Después de estos, otros grupos volvieron a Palestina. Uno de sus líderes fue Esdras, un sacerdote que amaba profundamente la ley de Moisés. Tenía un gran deseo de que la observancia de la Tora, la ley de Israel, llegara otra vez a formar parte vital de la religión judía. Los fariseos, a quienes encontramos a menudo en los evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, emergieron de este movimiento para  restaurar la ley que Esdras había comenzado.

Entre los años 334 y 323 A.C., Alejandro, el joven rey macedonio, conquistó todas las tierras al este de Grecia hasta la India y hasta Egipto al sur. Cuando murió en 323 A.C., sus generales dividieron entre ellos el imperio que Alejandro había creado. Ptolomeo fue entonces el regidor de Egipto. Dentro de la zona que él gobernaba estaba Palestina, que permaneció bajo la autoridad de sus descendientes hasta 198 A.C. En ese mismo año, los descendientes de otro de los generales, Seleucio obtuvo el control de Palestina. Los seléucidas gobernaron Siria, gran parte del Asia Menor, y toda Persia. Este cambio en los gobernantes de Palestina tuvo muy grandes consecuencias para el pueblo judío.

Los Macabeos Los reyes tolemaicos habían permitido a los judíos practicar libremente su religión. Por más de 250 años después de su regreso del exilio, los judíos habían observado la ley tal como Esdras la había enseñado. Ahora sus nuevos señores los presionaron para que abandonaran su antigua religión y siguieran las costumbres griegas. El líder de este movimiento era Antíoco el Cuarto, el rey seléucida de Siria en 175 A.C. Se produjeron toda clase de revueltas y masacres y la religión judía fue prohibida, especialmente la circuncisión. La ofensa más grande fue la quema en público de la Tora. La rebelión contra los seléucidas se desató entonces con furia (163 A.C.) bajo el liderato de un anciano sacerdote llamado Matatías y sus cuatro hijos. De estos, Judas era el principal líder. Se los conoce como los macabeos, es decir, “hombres que luchan violentamente”. En el año 141 A.C. los judíos ganaron la victoria total sobre sus enemigos seléucidas, y por primera vez desde 586 A.C. Israel volvió a ser una nación independiente. Pero esto duró solo ochenta años. En 63 A.C. la guerra civil en Palestina les dio a los romanos la ocasión para establecer allí su autoridad. A través de los sesenta años siguientes Israel fue un estado semi-independiente, siendo sus gobernantes nombrados por Roma. En 37 A.C. Herodes el Grande, durante cuyo reinado nació Jesús, se transformó en rey con la aprobación de Roma. Del 26 al 36 A.D. el procurador de Judea fue un romano llamado Poncio Pilato.

La Sinagoga y el Sanedrín Antes del exilio judío en el año 586 A.C., el centro de adoración de los judíos era el templo en Jerusalén. Después del exilio, el centro religioso vino a ser la sinagoga. El libro de Hechos indica que donde había judíos en el imperio allí también había una sinagoga. En cada ciudad que visitaba, Pablo comenzaba a testificar de Cristo dentro de la sinagoga. El cuerpo gobernante de los judíos en Palestina era el sanedrín. Si bien el sanedrín estaba bajo la autoridad romana, de hecho gobernaba la provincia en asuntos civiles y religiosos.  El sanedrín estaba compuesto en su mayoría de saduceos y fariseos bajo la autoridad del sumo sacerdote.

Fariseos y Saduceos Los fariseos y los saduceos fueron los dirigentes judíos a partir de la época de los macabeos. Los saduceos venían de familias sacerdotales y eran estudiantes y expositores de la ley; favorecían las costumbres antiguas y se oponían a los cambios. En la esfera religiosa se les conoce mayormente por rechazar la doctrina de la resurrección y la existencia de ángeles y espíritus. También creían que el alma perecía con el cuerpo. Para ellos, pues, no existía la vida futura. Los fariseos eran lo opuesto de los saduceos en casi todo. No pertenecían a la clase sacerdotal pero eran también maestros de la ley. Los fariseos eran ardientes nacionalistas y por lo tanto se oponían a influencias extranjeras, ya fuesen griegas o romanas. Creían en la resurrección y en la vida futura. Estaban mayormente interesados en la observancia exterior de la ley.

La Dispersión Hasta ahora nuestra reseña del judaísmo se ha limitado a Palestina. Es importante notar, sin embargo, que había muchos más judíos fuera que dentro de Palestina. Se estima que durante el tiempo del primer Imperio Romano había dos millones y medio de judíos en Palestina y un millón en Egipto, lo mismo en Asia Menor y en Mesopotamia, respectivamente. Además alrededor de cien mil judíos habitaban en Italia y en África del norte. Colonias más reducidas se encontraban desparramadas a través del imperio. El centro más importante de la dispersión fue Alejandría, en Egipto. Allí el Antiguo Testamento fue traducido al griego en el año 250 A.C.

El Pensamiento Griego Dentro del imperio la influencia espiritual más importante no vino de los romanos sino de los griegos. El poder y la ley romanos controlaban la vida militar, política, social, y económica del imperio; pero el pensamiento griego controlaba las mentes de los hombres.

Alrededor del año 600 A.C. los filósofos griegos meditaron profundamente acerca de la naturaleza del mundo y el significado de la vida: Tales de Mileto en la costa sudoeste del Asia Menor, Anaximandro, Heráclito, quien vivió alrededor del 500 A.C. en Éfeso. Una colonia similar griega al sur de Italia también produjo filósofos. Una de sus figuras más destacadas fue Parménides. Por extrañas que pudieran parecer las ideas  de estos filósofos, presentan un problema fundamental con el cual todo pensamiento serio sobre la vida ha de enfrentarse. Provocaban un interrogante: ¿Cómo se relacionan entre sí la permanencia y el cambio, la realidad y la apariencia, la eternidad y el tiempo? A esto hay que sumar los profundos y vastos desarrollos  de Sócrates, Platón, Aristóteles y del pensador alejandrino Filón.

Al estudiar la historia de la iglesia primitiva, es preciso comprender el punto de vista griego en cuanto a la relación entre la idea y la materia, el bien y el mal, el alma y el cuerpo. Las dos mayores herejías, el gnosticismo y el arrianismo, amenazaron peligrosamente la verdad del evangelio, la primera antes, y la segunda después del A.D. 300. Ambas surgieron de un malentendido de lo que es el hombre y el mundo al estilo de Sócrates y Platón. Solamente un enfoque espiritual de Dios, del hombre, del mundo, y de su relación entre sí, salvó a la iglesia de transformarse en testigo de un falso evangelio.

Religión en el Imperio Los distintos puntos de vista filosóficos satisfacían muchas mentes educadas. Sin embargo, las masas populares no eran instruidas. ¿Cómo podrían ellas encontrar comunión y paz con Dios? Esto solo lo podían obtener por medio de religiones:

Religiones de la Naturaleza Atribuían poderes sobrenaturales a las montañas, a los lagos, los ríos, los árboles, el sol y la luna, a ciertos animales, y hombres. Creían en el poder de amuletos y sortilegios. Creían en los antepasados, en espíritus buenos y malos, en dioses que controlaban el destino de los hombres. Religiones de misterio La gran atracción de estas religiones residía en la oportunidad de poder comunicarse con la divinidad por medio de ciertos actos ceremoniales cargados de misterio. Religión del estado La religión del estado tenía fuertes connotaciones políticas. Su elemento principal era el sacrificio ofrecido al emperador. El emperador era considerado como el dios que proporcionaba orden y prosperidad en el estado. En cierto sentido se le consideraba como la encarnación divina del Imperio.

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CAPÍTULO 2: EL COMIENZO DE LA IGLESIA

Fue en Palestina, la histórica tierra de Israel, donde la iglesia del Nuevo Testamento apareció por primera vez en la historia. Es difícil establecer una fecha. Si decimos que la iglesia comenzó en pentecostés, no tomamos en cuenta la vida ni el ministerio de Jesús. Si decimos que la iglesia comenzó con él, debemos recordar el hecho de que el ministerio de Jesús surgió de la vida del judaísmo. Es mejor, por lo tanto, decir que la iglesia surgió de la vida y obra de su Señor y que se transformó en su testigo universal en pentecostés.

El Ministerio de Jesús

El Mensaje El mensaje de Jesús era sencillo. El predicaba que el reino de Dios estaba cerca y que los hombres podían entrar en él por medio del arrepentimiento y la fe en el evangelio. El arrepentimiento que Jesús requería era por la desobediencia a la ley de Dios. Esta ley estipulaba que los hombres debían amar a Dios por sobre todo y a su prójimo como a sí mismos. El amor es el cumplimiento de la ley. El evangelio es la buena noticia de que Dios perdona a los que se arrepienten, y los recibe como a hijos. La predicación de Jesús no era un mensaje completamente nuevo. Surgió del Antiguo Testamento y continuó a un nivel más profundo (Mt 5:17-20).

Lo que Significa A medida que Jesús llevaba a cabo su ministerio preveía el conflicto inevitable entre su mensaje espiritual y el de la obediencia externa que presentaban los fariseos. En la fiesta de la pascua, probablemente a los 33 años, sufrió la crucifixión. Su muerte fue una muerte salvadora, llena de vida para aquellos que ven en ella la absoluta y total obediencia a la ley de Dios. En este sacrificio Jesús dio su vida para redimir a muchos. Después de su muerte se levantó victorioso. Pablo predicó con poder “a Jesucristo y a este crucificado” y “de Jesús, y de la resurrección”.

El Misterio de Cristo Desde su nacimiento, lo humano y lo divino estaban unidos en él. Sin embargo, esta unión era tan natural que ninguna de las dos naturalezas en ningún momento parecía algo agregado o casual en relación a la otra. Él nació y creció como otros niños. Al mismo tiempo, expresó pretensiones y llevó a cabo actos solamente atribuibles a Dios: “Nadie conoce al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce al Padre excepto el Hijo, y cualquiera a quien el Hijo lo quiera revelar”. Antes de que Abraham existiera, él existía; perdonó pecados, recibió adoración; dio el Espíritu Santo a sus discípulos. Él es el Cristo en quien las esperanzas mesiánicas se cumplen.

La iglesia cree en Jesús el Hijo encarnado de Dios, y lo predica a los hombres. “El secreto de nuestra religión es algo muy grande: Cristo se manifestó en su condición de hombre, triunfó en su condición de espíritu y fue visto por los ángeles, fue anunciado a las naciones, creído en el mundo, y recibido en gloria.

Pentecostés El Antiguo Testamento había hablado vez tras vez del carácter universal que tendría el pueblo de Dios. En su ministerio Jesús predijo la expansión del evangelio: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Este mandamiento, sin embargo, no debe separarse de la venida del Espíritu Santo en pentecostés. El mandamiento de testificar no era suficiente para crear testigos. Debía también existir la convicción y el poder para a la iglesia por medio del Espíritu Santo para impartirle su poder y estar con ella hasta el fin del mundo.

En pentecostés se produjeron cambios fundamentales en el carácter y la estructura del pueblo de Dios: a) La iglesia universal del Nuevo Testamento reemplazó a la congregación estrictamente israelita, expresada en el templo y la sinagoga. 
b) El pueblo de Dios dejó de ser una nación y se transformó en una comunidad internacional y universal. 
c) El predicador reemplazó al sacerdote; el púlpito reemplazó al altar, y el testimonio de la iglesia del sacrificio de Cristo reemplazó al sacrificio ceremonial de animales. 
La iglesia pertenece a todas las naciones y en ellas tiene su campo de acción; donde está la iglesia allí está su Señor presente, y adora a Dios de muchas maneras.

Este cambio en la actitud y estructura del pueblo de Dios no se realizó totalmente en el día de pentecostés. Le llevó tiempo a la iglesia el comprender que se trataba de una comunión universal; no obstante, el Espíritu generó este cambio básico. No habían pasado treinta años desde ese momento y el evangelio ya se había establecido en Siria, Asia Menor, Grecia, e Italia. Tenía seguidores aun dentro de la casa de César en la misma capital del imperio.

Cristianismo Palestino Al principio vemos a la iglesia como un grupo de creyentes en Jerusalén. En la fiesta de pentecostés, muchos fueron bautizados como resultado de la predicación de Pedro. Desde su comienzo la iglesia vivía una vida de compañerismo, adoración, y ayuda mutua, recibiendo diariamente nuevos miembros. Su predicación era  el arrepentimiento de pecados, la muerte y resurrección de Cristo, con gran énfasis sobre la resurrección, y el bautismo. Esta proclamación se veía acompañada de señales y milagros y del poder del Espíritu Santo. Había muchas conversiones, incluso entre los sacerdotes.

Cristianos Hebreos y Griegos Muy pronto se registran en Hechos dos sucesos que afectaron la comunión de la iglesia. El primero fue el pecado de Ananías y Safira; el segundo el descontento de los griegos con sus hermanos hebreos. La queja de los griegos contra los hebreos indicaba un desacuerdo muy marcado dentro de la misma iglesia. Se trataba de una disputa entre los cristianos judíos de Palestina y los cristianos judíos procedentes de la dispersión.

Un hebreo era aquel que en todos los aspectos observaba la ley mosaica y vivía de acuerdo con las tradiciones de los padres. Los “griegos” eran judíos procedentes de la dispersión, más abiertos a las ideas griegas. Por lo tanto, la discrepancia entre los griegos y los hebreos era una diferencia entre los judíos cristianos, con un fuerte trasfondo palestino, y los judíos cristianos conectados con la dispersión. Es posible que existieran diferencias culturales. Lo cierto es que  todo esto parece haber producido desigualdad en la distribución de los alimentos a las viudas griegas pobres, lo que resintió la comunión de los dos grupos. Dios proveyó la solución dando sabiduría a sus apóstoles. La crisis fue superada.

La Proclamación Fuera de Jerusalén La salida de muchos creyentes de Jerusalén esparció el evangelio. Felipe fue a predicar a Samaria. En el camino de vuelta a Jerusalén predicaron en muchos pueblos de los samaritanos. Felipe fue enviado a Gaza, en el sur de Palestina, para encontrarse con un oficial de la corte de la reina de Etiopia. Pedro se fue a la costa para predicar en Jope y Cesarea. Su visita a estas ciudades abre sus ojos al significado total del evento de pentecostés, o sea, que tanto los gentiles como los judíos podían ser seguidores de Cristo y miembros de la iglesia. Como resultado bautiza a Cornelio, un centurión del ejército romano. La iglesia de Jerusalén aceptó con gozo el informe de Pedro, reconociendo que “también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”.

La iglesia de Jerusalén ejercía una supervisión estricta sobre la predicación del evangelio fuera de Jerusalén. Unos trece o catorce años más tarde convinieron en el bien conocido concilio en Jerusalén que los convertidos gentiles no debían estar sujetos a la ley mosaica. Concedieron la completa libertad del evangelio a los gentiles. El resultado de esta actitud pronto se hizo evidente.

Declinación de la Iglesia Palestina A pesar de la predicación de los apóstoles, el evangelio no progresaba en Palestina. El carácter hebreo de la iglesia en Jerusalén era tan fuerte que como resultado, no se desarrolló ningún fervor misionero. No era posible que la iglesia fuera cristiana y judía al mismo tiempo. La nación judía nunca había olvidado la gloria y el reino de David, ni la independencia que había disfrutado entre los años 142 y 69 A.C. cuando quedó bajo el dominio romano. Después del A.D. 60 los judíos planearon una revuelta contra los romanos. Muchos líderes judíos aconsejaron en contra, pero no fueron oídos. Los judíos cristianos tuvieron que escoger entre respaldar o no esa rebelión. Finalmente optaron por ir en contra de la revuelta.

En el año 66 los cristianos decidieron dejar Jerusalén. Emigraron a Pela, una ciudad gentil al otro lado del Jordán, donde permanecieron hasta después de la caída de Jerusalén. Nunca más fueron considerados como verdaderos judíos. Por lo tanto, un cristiano judío ya no podía permanecer cristiano y a la vez retener su conexión con la comunidad judía. Muy pronto la iglesia se transformó en una comunidad de gentiles. El triste curso del cristianismo palestino no debe permitir que cerremos nuestros ojos a su tremenda significación en la historia de la iglesia universal. El comienzo del cristianismo está unido en forma inseparable a la iglesia judía. Los primeros años en la vida de la iglesia fueron años totalmente judíos.  La iglesia totalmente gentil de nuestros días nunca debería olvidar la gran deuda que tiene hacia la iglesia totalmente judía, la cual es su madre espiritual.

La Iglesia fuera de Palestina El joven que guardó las ropas de los helenistas que apedrearon a Esteban era un judío de la dispersión llamado Saulo, natural  de Tarso (hoy Turquía). Era un estricto fariseo y un estudiante en la escuela del gran maestro Gamaliel en Jerusalén. Saulo era un enemigo del evangelio. Fue en el camino a Damasco que el Señor Jesús glorificado le apareció, y Saulo se convirtió un ferviente discípulo de Cristo, así como antes había sido su enemigo acérrimo.

La Misión Paulina Los treinta años que siguieron a la conversión de Saulo fueron de la mayor importancia para la vida de la iglesia. En el curso de esos años, Pablo hizo tres contribuciones de gran valor: Plantó el evangelio en Asia Menor, Macedonia, y Grecia. Fue arrestado en Jerusalén y llevado a Roma como prisionero. En el 67 y muerto durante la persecución de Nerón. Pablo tuvo una tremenda influencia en el desarrollo del cristianismo en Roma.

Cuando el evangelio alcanzó a los gentiles, los cristianos judíos esperaban que los creyentes gentiles recibieran la circuncisión antes de ser bautizados. En otras palabras, demandaban que los gentiles se hicieran judíos primero antes de ser cristianos. Pablo nunca aceptó este punto de vista. Pablo llevó el asunto al concilio de apóstoles y ancianos en Jerusalén. Luego de un largo debate, el concilio estuvo de acuerdo con Pablo, pero pidió a los gentiles que no ofendieran a los cristianos judíos con su conducta respecto a ciertas costumbres judías.

No menos importante es la contribución de Pablo a la iglesia universal por medio de sus cartas. En un sentido general, las mismas tratan de la fe y de la vida de la iglesia. Por “fe” queremos significar la enseñanza respecto a la salvación, y por “vida” la conducta de aquellos que reciben esta salvación.

Egipto, Etiopía, Siria y Persia  El relato de la iglesia primitiva presentado por Lucas no registra la marcha del evangelio  más allá de Europa del este pero también se extendió en regiones que luego quedaron casi todas bajo el control musulmán. Estas áreas estaban en los países que hoy se conocen como Egipto, Siria, Iraq, y Armenia. Apolos era un judío de Alejandría, Egipto. Un informe posterior indica que fue Marcos quien primero predicó el evangelio en Egipto y sabemos que en el curso del segundo siglo Alejandría llegó a ser un centro importante de la iglesia cristiana.

El origen de la iglesia en Etiopía (Abisinia) es también desconocido. La tradición dice que un joven cautivo de Tiro la fundó. Atanasio, obispo de Alejandría nombró a Frumentius como obispo de Axum en lo que en ese entonces era Abisinia del Norte. Hay más información acerca de la extensión de la fe cristiana en ciertas regiones al norte y al noroeste de Palestina:  Edessa  en Siria, Osroeme, en Persia, llegando el evangelio posiblemente desde  Antioquia o Damasco,  ya que allí se hablaba el idioma siriaco. Al otro lado del Tigris, estaba Arbela, una antigua ciudad de Asiria. Allí hubo convertidos antes del año 100. Desde estos dos centros el cristianismo se extendió a las regiones de alrededor, especialmente en Armenia.

Galia y África del Norte Al principio del siglo dos el cristianismo se había establecido en Cartago, ciudad que habría de jugar un papel preponderante en la historia de la iglesia. También había entrado en las Galias (que es ahora Francia) especialmente en las ciudades de Lyon y Viena (Francia). A mediados del siglo dos el cristianismo se había esparcido sobre un área que formaba una especie de triángulo, desde el este al oeste. Su límite al norte se extendía desde Arbela a Lyon y la línea al sur desde Jerusalén, pasando por Alejandría, hasta Cartago. Con la excepción de España, Galia del norte, y Bretaña, el cristianismo se había diseminado a través de todo el imperio unos cien años después de la muerte de Jesús.

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 CAPÍTULO 3: LA VIDA DE LA IGLESIA HASTA EL AÑO 313

A los treinta años del nacimiento de la iglesia, la persecución por parte de los judíos fue reemplazada por la persecución del Imperio Romano. Esta persecución comenzó en el año 64 bajo Nerón; despareció y volvió a aparecer a intervalos por periodos de variable duración hasta el año 313. En ese año el emperador Constantino decretó la libertad de religión en el imperio. Durante esos dos siglos y medio de pruebas, la iglesia experimentó muchos cambios.  ¿Cómo era la forma de gobierno de la iglesia en ese tiempo? ¿Con qué fidelidad seguía las enseñanzas del Nuevo Testamento? ¿Cómo mantenía el cumplimiento de las altas demandas del evangelio en la vida de sus miembros?

Gobierno  Cuando la iglesia comenzó en Jerusalén se gobernaba por un concilio de apóstoles, quienes la guiaban en el poder y la sabiduría del Espíritu Santo. Esta es la clase de gobierno con que la iglesia se desarrolló. No había ancianos, diáconos, ni obispos; no había sínodos, distritos, parroquias, juntas, consejos, asambleas, ni delegados. La estructura de gobierno y administración se desarrolló según se iban presentando las necesidades. Un buen ejemplo de esto se describe en el capitulo 6 de los Hechos.

El anciano  Mientras tanto, y muy temprano en la historia de la iglesia, apareció el cargo de anciano, el cual ha permanecido hasta hoy. Podría quizá llamárselo el puesto básico en la iglesia. La primera referencia a los ancianos en Hechos (11:30) tiene que ver con el auxilio enviado a los hermanos necesitados de Jerusalén por mano de Bernabé y Saulo, el cual fue entregado a los ancianos allí. En Hechos 14:23 se menciona que Pablo y Bernabé habían nombrado ancianos en las iglesias que Pablo estableció en su primer viaje misionero. Hay varias referencias a los ancianos en la iglesia en otros capítulos hacia el final del libro de los Hechos. Entre ellos es de notarse el capítulo 15, el cual describe la reunión del concilio de Jerusalén que trató sobre la relación de los gentiles con la ley mosaica.

¿Cómo surgió este cargo? En la primera referencia a ancianos en Hechos 11:29-30 se da por sentada su existencia como algo bien conocido. Es posible que este oficio procediera de  las reuniones de adoración que los creyentes comenzaron a celebrar en Jerusalén, después de pentecostés según el molde de la sinagoga judía. En la sinagoga el anciano, quien seguía a los gobernadores en autoridad, ocupaba un lugar prominente.

Es con referencia a las iglesias gentiles fuera de Palestina que leemos acerca de los obispos y diáconos. Al comienzo del siglo dos el cargo de obispo, como veremos, se hizo muy importante. Hasta ese entonces, en el contexto neo-testamentario, los obispos son llamados ancianos y los ancianos reciben también el nombre de obispos; el cargo es uno solo. Pablo dirige su carta a toda la congregación en Filipos “con los obispos y diáconos”. En 1 Timoteo 3:1-13 tenemos los requisitos que deben llenar los obispos y los diáconos; pero no dice nada de los ancianos. Esto resultaría muy extraño si los ancianos constituyeran otra división entre los líderes de la iglesia. Más extraño aun cuando en la misma carta leemos: “Los ancianos que gobiernen bien, sean tenidos por dignos de doble honor” (5:17). La identidad de los ancianos y obispos es todavía más clara en Tito 1:5-9, donde dice: “Por esta causa te dejé en Creta… establecieses ancianos en cada ciudad… Porque es necesario que el obispo sea irreprensible…” En cada iglesia, por lo tanto, los ancianos u obispos actuaban en grupo, quizá ayudados por los diáconos, para administrar los asuntos de la iglesia.

El obispo  La primera indicación clara de una diferencia entre ancianos y obispos la tenemos en las cartas de Ignacio, obispo de Antioquia en Siria, escritas alrededor del año 115. Policarpo exhorta a los creyentes a que obedezcan y sean leales al obispo local. En esos días el cargo de obispo era el de anciano líder en una congregación o el líder de todas las iglesias en la ciudad. Esta posición tuvo un desarrollo notable, como veremos más adelante.

Las razones que generaron la necesidad de los obispos llamados “monárquicos”, en diferencia al cargo de anciano, son las siguientes: a) Cuando una comunidad es gobernada por una comisión, junta, o consejo, siempre hay la tendencia a que uno del grupo se transforme en el líder. b) Al crecer la iglesia rápidamente en varias regiones, era 
necesario que la disciplina y la enseñanza estuvieran bien controladas. Además, debía mantenerse correspondencia entre las iglesias, para auxiliar a los pobres.  c)  El aumento de la persecución hizo necesario que la iglesia tuviera líderes que la guiaran con sus consejos sabios y su ejemplo de paciencia y valor. d)  La aparición de herejías en la iglesia requería la presencia de líderes con autoridad para definir y sostener la doctrina de la iglesia.

El obispo metropolitano Con el tiempo, el obispo de la iglesia en una ciudad capital de una provincia romana vino a ser considerado como la cabeza de toda la iglesia en esa provincia. Se le llamaba el obispo metropolitano (del griego metrópolis que significa “ciudad madre”). En cinco ciudades del imperio el obispo metropolitano vino a ser conocido como el patriarca (del griego patriarches primer padre). Las cinco ciudades fueron Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia, y, después del año 451, Jerusalén. El patriarca de Roma era la cabeza de la iglesia en la parte occidental del imperio y vino a ser conocido como el Papa (padre en latín). A partir de la Reforma, grandes sectores de la iglesia occidental no han reconocido la autoridad del papa, pero él retiene el título.

Los diáconos Cuándo y cómo se originó este ministerio no se sabe. Muy bien puede haber surgido por la necesidad que sentían los ancianos de ser ayudados en la administración de los asuntos materiales de la iglesia. En todo caso se sabe que este cargo no comenzó con el nombramiento de los siete mencionados en el capítulo 6 de Hechos. Dos de ellos, Esteban y Felipe, aparecen como figuras importantes en los Hechos en la predicación del evangelio. En Hechos 21:8 a Felipe se le llama evangelista. Es así que no existen razones para creer que el cargo de diácono comenzó con los siete.

Posiciones o cargos temporarios y permanentes  Aparte de los apóstoles, obispos, ancianos, y diáconos, había también en la iglesia primitiva hombres y mujeres con dones especiales que ejercían influencia en la comunidad cristiana. Estos eran los profetas, maestros, pastores, y evangelistas. Los creyentes que tenían dones especiales quedaron cada vez más bajo la autoridad del obispo y realizaban solamente un servicio local. Los cargos de obispo, anciano, y diácono se hicieron permanentes; cada uno tenía sus propias responsabilidades y autoridad, y juntos formaban el gobierno estable de la iglesia.

DOCTRINA

Los padres apostólicos (padres de la iglesia)  Hacia fines del primer siglo y durante la primera mitad del segundo aparecieron en la iglesia varios escritos cristianos muy importantes. Sus autores se conocen con el nombre de los padres apostólicos o padres de la Iglesia. Se les dio este nombre porque la iglesia los consideraba como discípulos de los apóstoles. Estos padres son los siguientes: Clemente de Roma (95), Ignacio de Antioquia (110- 117), Policarpo de Esmirna (117-118), Bernabé, probablemente de Alejandría (130), Hermas de Roma (100), y Papías de Hierápolis en Frigia (140). Entre los escritos de estos padres se encuentra un manual de instrucción cristiana titulado Las enseñanzas de los doce apóstoles, mejor conocido como el Didaché (o enseñanza) escrito quizá en Siria alrededor del año 100.

El Didaché trata de tres asuntos. El primero es la diferencia entre el camino de la vida y el camino de la muerte. Describe con cierta amplitud el camino de la vida al establecer la forma en que los cristianos deberían vivir.  Luego hay algunas instrucciones para la adoración cristiana, y finalmente indicaciones interesantes de cómo distinguir entre un falso profeta y uno verdadero.

NOTA: No todos estos escritos de los padres se apegan a  las enseñanzas bíblicas y en muchas casos dan pie a doctrinas equivocadas que hasta hoy proclama la iglesia romanista.  No son escritores inspirados en el sentido de los escritores de los textos sagrados de la Biblia

Los cristianos y la vida pública  No era siempre fácil ser cristiano en el imperio. En muchos aspectos los cristianos no podían realmente tomar parte en las actividades de su tiempo. Tenían buenas razones para abstenerse, pero sus vecinos no lo comprendían. Los cristianos no tomaban parte ni asistían a los espectáculos y diversiones públicas debido a que estos a menudo eran inmorales. Muchos se negaban a servir en el ejército, y creían que no podían ofrecer sacrificios al emperador. Por la misma razón los cristianos no podían aceptar puestos en el gobierno. A menudo no querrían enviar a sus niños a las escuelas públicas debido a que las lecciones incluían la enseñanza de la religión pagana. Andando el tiempo, como veremos, estas actitudes les atrajeron persecución.

Debemos primeramente preguntarnos si la guerra es en realidad posible para el cristiano… ¿Habrá de tomar parte en la batalla el hijo de paz, cuando ni aun es correcto para él llevar a juicio a otro ante la ley?… ¿Habrá de hacer guardia ante los templos a los cuales ha renunciado…? Luego ¿cuántas otras ofensas puede cometer al llevar a cabo sus tareas en el campamento…? No todos los cristianos tenían esta convicción ni esta forma estricta de actuación. Es bien sabido que a fines del siglo II había muchos cristianos en los ejércitos romanos. Probablemente había funcionarios cristianos el el gobierno. No obstante, existía una actitud bien definida de separación en estos aspectos que caracterizaba a la comunidad cristiana en su totalidad.

Matrimonio y esclavitud En ninguna esfera era la diferencia tan grande entre cristianos y paganos como en el matrimonio. El matrimonio estaba fuertemente protegido por la ley de monogamia. Esto no era difícil ya que en el mundo greco-romano la poligamia no era frecuente. El concubinato, sin embargo, era muy común y era contra esta forma de adulterio que la iglesia protegía el matrimonio. El divorcio en el imperio era fácil de obtener, y con respecto a esto la iglesia también adoptó una actitud muy estricta. Este énfasis sobre la monogamia y la continencia antes del matrimonio elevó la posición de la mujer en la sociedad. El mundo antiguo en general tenía un concepto muy bajo de la mujer. En ningún plano ha resultado el evangelio una fuerza tan poderosa y liberadora como en la del matrimonio y el hogar.

Hay un aspecto de gran importancia social en el cual el cristianismo fue remiso y no actuó con tanta rapidez: la esclavitud y por mucho tiempo se aceptó como parte de la estructura social. Sin embargo, la posición del esclavo dentro del Imperio Romano a menudo difería notablemente de la de esclavos en otras regiones del mundo. Muchos de los maestros de niños y otros estudiantes mayores eran esclavos griegos instruidos. El esclavo podía ocupar una posición de confianza en la familia, en el comercio, y en el gobierno. El esclavo cristiano era considerado como un igual en la comunión de la iglesia. La carta de Pablo a Filemón indica el alto concepto en que se podía tener a un esclavo. No obstante, había también entre los cristianos abusos derivados del hecho de que un ser humano fuera propiedad de otro. Los sínodos y los concilios de la iglesia advertían contra el tratamiento injusto de los esclavos.

La disciplina en la iglesia  La conducta de los cristianos primitivos era, sin duda alguna, moralmente estricta. El Nuevo Testamento pone énfasis sobre la vida santa. Los padres apostólicos enseñaban el evangelio como una nueva ley que debía ser obedecida. La fe cristiana se expresó en el Imperio Romano más por medio de la pureza de vida que por la corrección de su doctrina. Era particularmente en el asunto de la pureza religiosa y moral que los cristianos diferían de los paganos. La iglesia estaba tan convencida en este punto que exigía el cumplimiento de las normas morales con todo su poder. Por lo tanto, aquellos que quebrantaban las leyes establecidas eran severamente disciplinados. La penitencia (del latín poena “castigo”) tenía que probar la realidad del dolor que se sentía por haber pecado, antes de que el pecador pudiera recibir el perdón. Por consiguiente, se inventaron duras penalidades con el doble propósito de que el pecador se humillara y así pudiera salvarse, y de que la pureza de vida en la iglesia fuera mantenida. La principal forma de disciplina era la confesión pública.

Estos añadidos extremos a los requerimientos del Nuevo Testamento continuaron en efecto por mucho tiempo. A partir, más o menos, del año 100 este modo de hacer penitencia era común en la iglesia. Sin embargo,  el arrepentimiento por negar a Cristo como consecuencia de la persecución vino a ser un problema serio en la iglesia y contribuyó grandemente a un cisma que duró muchos años.

Tal era la iglesia del siglo dos. Era un cuerpo de creyentes que practicaba una profunda lealtad hacia su Señor en fe y conducta. Sus miembros vivían  en medio de  comunidad pagana  que era distinta cuando las prácticas, leyes, y costumbres de aquella eran contrarias a su fe cristiana. La iglesia necesitaba toda la fuerza de su fe, organización, y coraje moral para permanecer fiel a Cristo en las persecuciones que trataron de destruirla.

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CAPÍTULO 4: LA PERSECUCIÓN DENTRO DEL IMPERIO

Por más de trescientos años la iglesia cristiana sufrió persecución. En el curso de estos trescientos años también conquistó el Imperio Romano. La sangre de los mártires, se ha dicho, es la semilla de la iglesia. Cuando las persecuciones finalizaron, el cristianismo ya estaba establecido a través del imperio; había un emperador cristiano en el trono, y ya no era peligroso ser cristiano.  Notaremos en este capítulo cómo el cristianismo llegó a ser una religión ilegal, cuáles fueron las acusaciones que causaron las persecuciones, la defensa de los cristianos contra estas acusaciones, y la extensión de las persecuciones.

La persecución de la iglesia en el imperio puede dividirse en dos períodos principales. El primero se extiende desde la persecución del emperador Nerón en el año 64 hasta la de Decio en el 250; el segundo período se extiende desde Decio hasta el final de la persecución bajo Constantino (313) En este capítulo queremos analizar las persecuciones que tuvieron lugar durante el primer período, desde el 64 al 250.

Religión legal e ilegal  Con Augusto César (27 A.C.) el imperio comenzó a ser gobernado por un solo hombre. Su autoridad debía necesariamente ser poderosa y respetada al máximo posible. Para ese fin, la veneración religiosa del emperador aumentó aun más la autoridad de que él ya gozaba por su poderío legal, económico, militar, y social.

La  adoración al césar se transformó en un poderoso aliado para exaltar su  majestad, prestigio y autoridad. Era una religión sólo ritualista y sólo se practicaba en ocasiones oficiales. La adoración del emperador se mantuvo junto con la adoración de los antiguos dioses que la gente veneraba a través del imperio, y se practicaba al mismo tiempo que las religiones tradicionales. El estado reconocía estas religiones – las llamaba religio lícita – para llenar las necesidades espirituales diarias del pueblo. Cualquier religión, sin embargo, que prohibiera la adoración del emperador era considerada religio illicita. Solamente había un grupo de personas que no estaban obligadas a ofrecer sacrificios al emperador: los judíos.

Existían varias razones para esto. Había millones de judíos diseminados por todo el imperio; los judíos en general eran prósperos y bien organizados, era gente influyente. En lo religioso eran monoteístas; consideraban un sacrilegio el adorar a un dios que no fuera el Dios de sus padres, el Creador del mundo, el Dios del Pacto con Israel. El gobierno romano siempre tenía cuidado de no ofender a los elementos importantes del imperio. Si el gobierno excusaba a los judíos de sacrificar al emperador, esto no causaría serios problemas. Casi todos los pueblos en el imperio eran politeístas, religión tolerante con otras religiones. Por treinta años el cristianismo se benefició con la actitud del gobierno hacia los judíos. Al principio sólo los judíos eran cristianos. Cuando Pablo y sus colaboradores comenzaron a llevar el evangelio a los gentiles iniciaban siempre su predicación en cualquier ciudad en la sinagoga judía del lugar. Por lo tanto, los cristianos estaban identificados con los judíos, tanto en la mente del público como ante el gobierno. Las autoridades consideraban los conflictos entre los cristianos judíos y los judíos tradicionalistas, como conflictos entre judíos. Un ejemplo notable de esto se encuentra en He 18:12-16, en el caso de Galión y Pablo.

Cristianismo: Religio ilicita  Al propagarse el cristianismo, los judíos hicieron ver al gobierno romano que los seguidores de la ley mosaica y los seguidores de Cristo no eran la misma cosa. Esto también se hizo claro por el hecho de que los gentiles se estaban haciendo cristianos en mayor número que los judíos. Al final, las autoridades comprendieron esta diferencia. Además, en tanto que los judíos eran numerosos, ricos, bien organizados e importantes, los cristianos eran pocos, generalmente pobres, y sin influencia en la sociedad. Su negativa a ofrecer sacrificios al emperador hizo que el gobierno considerara al cristianismo como una religión ilícita. Esta era la situación en el año 64 cuando el emperador Nerón inició la persecución de los cristianos en Roma.

La causa principal de la persecución La razón básica de la persecución de los cristianos en el Imperio Romano fue que la iglesia no permitía a sus miembros la adoración del emperador. Por esto estos fueron odiados, arrestados, exiliados a islas solitarias, condenados a trabajar como esclavos en las minas, arrojados a los leones como un espectáculo público, y ejecutados por la espada. Estos horribles castigos no cayeron sobre todos los cristianos en todas partes al mismo tiempo ni en forma continuada, sino que se produjeron esporádicamente. En cualquier momento una turba, un gobernador mal intencionado, o un emperador disgustado podía infligir a los creyentes sufrimientos indecibles.

No había solución posible. Adorar al emperador significaba estar de acuerdo con el politeísmo y la idolatría. La estatua del emperador en el lugar del sacrificio era un ídolo. Además, los romanos adoraban en el emperador la personificación del Imperio Romano. En él se concentraban el poder, la fuerza, la historia, y la gloria del imperio. La adoración del emperador en su más profundo significado era la adoración del estado. La negativa de la iglesia a adorar al emperador significaba que rechazaba al estado como un dios que debía ser adorado. Profesaban que el Señor Jesucristo, jamás compartiría su gloria con un hombre o una institución humana, aun cuando esa institución fuera el poderoso Imperio Romano. Por su parte, el gobierno romano creía con igual convicción que la prosperidad en la economía, la paz en su tierra, y la victoria en las fronteras, fluía todo del estado y sus dioses. El rehusarse a adorarlos era atraer su desagrado y venganza. Como resultado natural de esta convicción, los romanos acusaron a los cristianos de ser atheoi, es decir, ateos. Esta vino  a ser la principal acusación contra los cristianos y de su persecución por el estado romano. Si la iglesia hubiera estado dispuesta a transigir en este punto, probablemente no hubiera habido persecución.

Causas adicionales También se acusaba a los cristianos de odiar a la humanidad. Muchos cristianos rehusaban  servir en el ejército y en el gobierno; no asistían a los espectáculos públicos o al teatro; y se negaban a enviar sus niños a las escuelas públicas. Los cristianos también predicaban la próxima destrucción del mundo; su religión deshacía las familias; y se burlaban de los dioses de otras religiones en el imperio. La gente creía que su negativa a ofrecer sacrificios al emperador y a los dioses causó el desagrado de los dioses y con ello toda clase de calamidades en el imperio. Se decía que los cristianos eran culpables de prácticas inmorales en sus asambleas religiosas, que comían carne humana, que se emborrachaban, que cometían adulterio, y particularmente incesto. 
Los cristianos eran acusados de hacer peligrar la seguridad del estado debido a su organización. La iglesia se hizo cada vez más organizada, con obispos en muchas de las ciudades. En cada congregación había ancianos y diáconos. Se llamaban a sí mismos “soldados de Cristo”.

Persecución por el nombre de Cristo Como resultado de estas acusaciones, los cristianos eran perseguidos, no por lo que hacían sino por lo que eran. Eran cristianos; el ostentar el nombre de Cristo era suficiente causa de persecución. Es a la luz de esto que debemos leer 1 Pedro 4:14-16. La persecución a causa del nombre de Cristo se produjo en los más altos niveles del gobierno. Trajano les ejecutaba si manifestaban ser cristianos. Plinio ordenó que los cristianos no fueran buscados, y que si se arrepentían y ofrecían sacrificios a los dioses romanos debían ser perdonados y libertados.

La defensa cristiana Nuestro conocimiento de los argumentos contra el cristianismo proviene mayormente de un grupo de escritores cristianos, conocidos como los apologistas, es decir defensores. Muchos escritos de cristianos nos han llegado a través de los siglos: Quadratus, Arístides, Justino Mártir, Taciano, Minucio Félix, Tertuliano, Orígenes, Cipriano y otros. Tertuliano, Orígenes, y Cipriano son también conocidos por otros escritos con que ayudaron a la iglesia. Las apologías fueron dirigidas a los emperadores, a otros personajes influyentes, al senado romano, y al pueblo romano en general.

Justino Mártir nos da un buen ejemplo de esta defensa. Justino dirige su apología al emperador Antonino Pío, a sus hijos, al senado romano, y a todo el pueblo romano. Hablando en nombre de “todos aquellos de todas las naciones que son injustamente odiados.” Particularmente reprendió a las autoridades por perseguir a los cristianos por el mero hecho de llamarse “cristianos”. Les hizo ver cuán injusto es el castigar a una persona no por haber hecho algo malo sino porque se llama “cristiano.”

El ataque a las creencias y prácticas paganas Los apologistas replicaban enérgicamente cuando los oponentes del cristianismo lo atacaban como supersticioso e inmoral: “Y tampoco honramos con muchos sacrificios y guirnaldas de flores a esas deidades formadas por hombres y colocadas en altares a las cuales llaman dioses, por cuanto vemos que son cosas sin alma y muertas, y no tienen la forma de Dios… sino que son los nombres y formas de esos demonios malignos que han aparecido. Los hombres que hacen estos dioses son inmorales, “hábiles en todos los vicios.” (Primera Apología, IX.). Tertuliano, al escribir su Apología cincuenta años más tarde que Justino, hizo burla de los sacrificios paganos y de los dioses a los cuales honraban.

Presentación de la fe y práctica cristianas Los apologistas presentaron la fe cristiana a sus lectores con dignidad y simplicidad. El autor de la Epístola a Diogneto escribe alrededor del año 150 describiendo la forma en que el Padre envió la Palabra al mundo: “Lo envió en amor y mansedumbre, como un rey que envía a su propio hijo quien también es rey; lo envió como Dios, lo envió como hombre no para forzarnos, pues el forzar no es parte de la naturaleza de Dios. Lo envió para invitar al hombre, no para perseguirlo; lo envió en amor, no en juicio. Pues él ha de enviarlo en juicio, y ¿quién podrá resistir su venida?” (Epístola a Diogneto, capítulo VII). Tertuliano describe al Dios que los cristianos sirven, y lo natural que es servirle: “El objetivo de nuestra adoración es el único Dios, quien por su Palabra de mando, su sabiduría perfecta, su poder omnímodo, trajo de la nada la masa total de nuestro mundo… “

El uso de argumentos teológicos Justino Mártir con toda justicia rehúsa reconocer que el cristianismo es una religión nueva ya  que el cristianismo está relacionado directamente con el Antiguo Testamento. Se remonta a Moisés, a Abraham, a Adán, a la creación. Es por ello la más antigua de todas las religiones. La Palabra que se hizo hombre en Jesucristo ha estado en actividad desde el comienzo del mundo.

“Se nos ha enseñado que Cristo es el primogénito de Dios, y hemos declarado que él es la Palabra de la cual todas las razas son participantes . . .Y para que podáis aprender que fue de nuestros maestros (es decir los profetas) que Platón tomó prestada la declaración de que Dios hizo el mundo, oíd las palabras de Moisés…”En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” La teología de Justino no siempre era correcta, como cuando afirma que Platón aprendió su filosofía de los profetas hebreos. Pero su argumentación muestra una comprensión de la unidad de todos los conocimientos y su relación a una causa común en Dios.

La extensión de las persecuciones Al  abordar este tema debemos tener en cuenta dos importantes aspectos. El primero consiste en la muy grande diferencia que existía entre la posición oficial del gobierno en cuanto a la persecución y el cumplimiento oficial de esa posición. Desde más o menos los años 100- 200 la posición oficial, establecida por Trajano era clara: Si una persona era acusada de ser cristiana y rehusaba sacrificar o venerar al emperador, debía ser ejecutada. Si cumplía con el rito de venerar al emperador, quedaba en libertad. Los gobernadores debían usar su criterio en el cumplimiento de esta ley. En ningún caso debían los cristianos ser buscados.

Grados de persecución Hubo largos periodos en que los cristianos no eran molestados en lo más mínimo. Desde el comienzo de la persecución hasta la época de Decio en 250, todas las persecuciones fueron locales. En 202 Séptimo Severo prohibió la conversión al cristianismo; Maximino I (235-238) ordenó la ejecución del clero. Desde el 260 al 305 hubo absoluta tranquilidad. Los convertidos entraban en las iglesias por millares. Bajo Decio, en 251, y Valeriano, 257-259, la persecución fue a través de todo el imperio, pero muy pronto terminó. Bajo Diocleciano y sus sucesores duró muy poco en el occidente, pero en la parte oriental se prolongó hasta 323. Este último período fue el más severo de todos.

Los cristianos en el imperio también sufrieron otros tipos de persecución: No eran ante la ley iguales a otros ciudadanos. Sufrían mucho a causa de la mala opinión que el pueblo tenía de ellos: Inhumanos, malos ciudadanos, desleales al imperio. Soportaban juicios injustos, discriminación en las oportunidades de trabajo, y desigualdad social. A este tipo de hostilidad  los cristianos estuvieron expuestos casi universalmente hasta que Constantino dictaminó que el cristianismo era una religión lícita.

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CAPÍTULO 5: GNOSTICISMO, MARCIONISMO, MONTANISMO

La persecución que venía de afuera era un peligro que la iglesia podía reconocer fácilmente. Una amenaza mucho más seria surgió en el siglo segundo como consecuencia de doctrinas que tergiversaban el evangelio. Estas aparecieron en tres formas o movimientos distintos: el gnosticismo, la doctrina de Marción y el montanismo. El gnosticismo era al principio netamente pagano, pero luego se asoció con las enseñanzas cristianas. En cuanto a Marción y Montano, ambos eran hijos de la iglesia y sus enseñanzas se desarrollaron dentro de la misma. Los tres grupos tenían a Cristo en alta estima; No obstante, los gnósticos y los marcionistas negaban el evangelio, y Montano enseñaba sólo un evangelio parcial.

El Gnosticismo El mundo al cual llegó el evangelio estaba profundamente interesado en la redención. La filosofía satisfacía sólo las mentes de los intelectuales. La religión del estado era más política que religiosa. Las religiones naturales no podían llenar las necesidades de una civilización creciente dentro del imperio. Por todo esto las religiones de misterio se hicieron más populares.

Estas pretendían revelar conocimientos secretos que podían traer la reconciliación y comunión con Dios. Uno de estos movimientos, el  gnosticismo surgió de ideas provenientes del oriente, India, Babilonia y Persia similares a la filosofía griega. Los gnósticos hicieron de Jesucristo y de  su mensaje parte de su religión y sacaron a luz una religión plagada de sincretismo (del griego sunkretizein combinar), que mezclaba ideas orientales, griegas, y cristianas

El problema de los gnósticos Todas las religiones griegas y orientales afrontaban un problema básico muy difícil: Creían que Dios no podía tener nada que ver con el mundo material pues el mal surgía de la materia. ¿Cómo es posible que el hombre, que está relacionado con el buen Dios, pueda también estar relacionado con la materia perversa? Si Dios es bueno, ¿qué anduvo mal en el mundo espiritual para que su hijo (el hombre) se tornara malo? ¿Cómo puede el hombre ser redimido del mal?

Los gnósticos estaban profundamente interesados en la redención. ¿Cómo puede el hombre establecer otra vez comunión con Dios? ¿Cómo puede retornar al mundo de espíritus puros? ¿Cómo liberarse de esta existencia material? Cristo el Redentor les atraía en especial, por lo que él y su obra vinieron a ser parte importante del pensamiento gnóstico. Así nació el gnosticismo, una mezcla de elementos cristianos y paganos. ¿Qué enseñaba esta religión?  ¿Por qué amenazaba a los fundamentos mismos del evangelio?

Los gnósticos aceptaban una cosa como cierta: Algo había ido mal en el mundo espiritual. El gnosticismo proporcionaba respuestas a la cuestión de por qué los espíritus de los hombres habían caído de su pura existencia espiritual y habían quedado atrapados en la materia, qué es lo que había causado su caída, y qué provisión se había hecho para su liberación. Proporcionaba una gnosis (conocimiento) respecto al mundo espiritual, la discordia que entró en él, la restauración de la armonía, y por ella, la redención de los hombres. Este conocimiento era una revelación secreta que se daba sólo  a aquellos que eran capaces de recibirla. Esta gnosis fue expresada gráficamente y se la llamó mito.

El Pleroma El gnosticismo comienza con la creencia en un Dios (el Padre Desconocido, el Abismo, el No Engendrado) que originalmente existía solo. A veces se le representaba como acompañado por una compañera llamada Silencio. Produjo dos Eones (seres divinos) llamados Mente y Verdad, varón y mujer respectivamente. Estos produjeron otras dos parejas, Mundo-Vida y Hombre-Iglesia. Estos, junto con el Padre Desconocido (con Silencio o sin ella) formaban el Pleroma, o Plenitud del Ser divino.

A partir de ellos continuaba el proceso de multiplicación. Mundo-Vida produjo otros diez eones, de modo que ahora ya eran dieciocho. Hombre-Iglesia engendró doce eones, para un total de treinta. Respaldaban (mal) sus enseñanzas de los treinta eones con el Nuevo Testamento. En la parábola de los trabajadores enviados a la viña estos suman treinta. Además Jesús comenzó su ministerio a la edad de treinta años. Tal uso alegórico de las Escrituras pareció muy piadoso y profundo a muchos cristianos.

El último eón que nació del binomio Hombre-Iglesia, fue una mujer llamada Sabiduría. Esta deseaba conocer al Padre Desconocido. Al no poder conocerle, se sintió muy desdichada. En su dolor, y sin la ayuda de su compañero, produjo una hija llamada Achamot, la cual no pudo permanecer en el Pleroma y cayó fuera. Sabiduría, se sintió culpable y no tenía consuelo. Pidieron entonces a Mente/Verdad que la ayudara. Estos entonces produjeron otros dos eones llamados Cristo y Espíritu Santo para rescatar a Sabiduría de su congoja. Así lo hicieron y la armonía volvió a reinar en
el Pleroma. Como un acto de gratitud, los treinta eones juntos produjeron aun otro eón y lo llamaron Jesús. Estos eventos a su vez dieron lugar a los eventos que ocurrieron fuera del Pleroma, es decir, en el mundo de la naturaleza y de los hombres, que pasaremos a considerar.

La creación, el mal y la redención Achamot produjo un ser llamado Demiurgo (del griego trabajador, especialmente el creador del mundo). Achamot es la madre de toda la materia. Debido a su origen inferior y su carácter indigno la materia es mala. El Demiurgo dio forma a esta materia y es el verdadero creador. De él también provienen las almas de los hombres. Por medio de la influencia de Sabiduría, el Demiurgo crea hombres en los cuales hay buenos elementos espirituales. Sabiduría también hace que Jesús nazca de la virgen María. En la crucifixión el eón celestial abandonó el cuerpo terrenal en el cual había vivido, de modo que el eón Jesús no fue en realidad crucificado.

Los que reciben este conocimiento son hombres elegidos y al morir serán libertados de la materia vil, incluyendo sus cuerpos. Todas las cosas materiales son finalmente entregadas al desorden y la destrucción. Así es  cómo la armonía original fue finalmente restablecida. Esta fue la enseñanza del más grande de todos los gnósticos, Valentino, un alejandrino que enseñaba en Roma y murió alrededor del año 160. Era miembro de la iglesia, se consideraba cristiano, y más que ningún otro gnóstico combinó las enseñanzas cristianas con ideas griegas y orientales

Gnosticismo y Cristianismo La iglesia por lo tanto, rechazó el gnosticismo, particularmente por las siguientes enseñanzas:
El conocimiento del Supremo Dios y la comunión con él son imposibles.
La creación del mundo es la obra de un dios inferior. El mundo de la materia es malo.
El redentor no es ni Dios ni hombre. No murió en la cruz y no resucitó. Parecía ser humano pero no lo era en realidad.
Solo algunos hombres -aquellos que son espirituales de nacimiento- pueden salvarse. No hay resurrección.

El gnosticismo provocó gran confusión en la iglesia pues ésta no tenía una organización definida. Los obispos solo tenían autoridad local. No estaba aclarado qué libros formaban el canon. No existía una declaración común de la doctrina de la iglesia. Como consecuencia del peligro gnóstico, tres áreas cobraron gran importancia: gobierno, canon de las Escrituras y el credo,

El Marcionismo Alrededor del año 140 un cristiano llamado Marción vino a Roma de Sinope, una ciudad costera en el norte de Asia Menor. Era un acaudalado armador de barcos, un hombre profundamente religioso y muy capaz desde el punto de vista teológico. En Roma cayó bajo la influencia de un gnóstico llamado Cerdo, cuya doctrina principal  era que el Dios proclamado por la ley y los profetas no era el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Marción leyó el Antiguo y Nuevo Testamento a la luz de su propia enseñanza. Su conexión con el gnosticismo es clara. Marción es un buen ejemplo del peligro del gnosticismo en la iglesia.

El Antiguo Testamento contra el Nuevo Testamento Las enseñanzas de Marción en su totalidad estaban aparentemente basadas en el Antiguo y el Nuevo Testamento pero para él, la ley y los profetas del Antiguo Testamento estaban inspirados por el Dios inferior de que Cerdo hablaba. En el Nuevo Testamento, por otro lado, Jesucristo era la revelación del buen Padre Desconocido. Para Marción el Nuevo Testamento no presentaba una enseñanza pura sobre Cristo. Estaba influido en demasía por ideas judías. En consecuencia él preparó su propio Nuevo Testamento, que consistía en el evangelio de Lucas y las epístolas de Pablo, con la excepción de las dirigidas a Timoteo y a Tito.

Marción hizo una distinción bien definida entre el Dios inferior que creó el mundo y dio la ley y el Dios que es Padre de Jesucristo. Aquel es justo, vengador, imperfecto; comete errores, enseña que hay que pagar ojo por ojo y diente por diente. El buen Dios, por otro lado, enseña y practica la misericordia, el perdón, y el amor. Hay una completa separación entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, entre la ley y el evangelio, entre Israel y la iglesia. El Antiguo Testamento, la ley, e Israel provienen del Dios Creador. El Nuevo Testamento, el evangelio y la iglesia provienen del buen Dios, quien es el Padre de Jesucristo.

La influencia de Marción  hizo necesario que la iglesia estudiara a fondo la relación entre Dios el Creador y Dios el Redentor. Declararon que el Creador y el Redentor son un mismo Dios. Este es un Dios de amor y de justicia y estos atributos se revelan en Jesucristo, en quien el Dios Creador-Redentor se ha encarnado. Marción fue excomulgado. Formó su propia comunión, la que tuvo muchos seguidores en el siglo dos. El marcionismo continuó decreciendo en número hasta el siglo siete, luego del cual ya no se oyó más acerca de esta secta,

Montanismo Este movimiento era básicamente cristiano y fundamentalmente diferente de los gnósticos y de los marcionistas. Creían en Dios el Creador y en Jesucristo el Redentor, de acuerdo con la fe de la iglesia. La gran diferencia era la forma en que el montanismo entendía la obra del Espíritu Santo.

El montanismo surgió en Frigia (Asia Menor central) en 156. Frigia era famosa por su religión pagana, extravagante, con pretensiones proféticas. Ponían énfasis sobre el “espíritu”, lo que expresaban por medio de un estado llamado éxtasis (literalmente significa “estar fuera de sí”), o sea, que una persona actúa como si no fuera ella misma. En esta condición los sacerdotes paganos podían ayunar, sufrir dolor, danzar, ver visiones, y profetizar. Montano, por cuyo nombre es conocido el movimiento, había sido uno de estos sacerdotes paganos. Al hacerse cristiano, abandonó el paganismo, pero expresó su nueva religión usando modalidades de su vieja religión. Para él resultó natural, por lo tanto, el énfasis sobre la obra del Espíritu Santo. A él se unieron dos mujeres, Maximila y Priscila. Al principio los montanistas actuaban dentro de la Iglesia Católica, pero muy pronto sus enseñanzas los forzaron a establecer una iglesia aparte.

Doctrina Montano enseñaba que a través de él había llegado la época del Paracleto, y que este hablaba por medio del profeta Montano y las dos mujeres que le ayudaban. La “nueva profecía” era ahora una realidad. Muy pronto la Nueva Jerusalén descendería del cielo y sería establecida en una ciudad cercana llamada Pepuza. Los tres profetas líderes – Montano, y las dos mujeres- podían perdonar pecados, y algunos otros de una espiritualidad elevada.

El Montanismo y la Iglesia Católica Los líderes de la iglesia se opusieran al montanismo. El énfasis sobre la profecía y los dones espirituales hacia que muchos dudaran de sí mismos si realmente eran cristianos. Los montanistas enseñaban que era necesaria una completa separación del mundo; los líderes de la iglesia querían mantener la iglesia tan abierta como fuera posible hacia aquellos fuera de ella. El montanismo se propagó rápidamente. Muy pronto salió de Asia Menor y entró en Europa y África del norte. Fue recibido con agrado por muchos que eran perseguidos como una señal del fin. Otros lo aceptaron en un momento en que la vida de la iglesia se estaba tornando cada vez más mundana. El montanismo era para ellos como un símbolo del retorno a la pureza de la comunidad cristiana primitiva. Entre estos estaba Tertuliano, el gran teólogo nor-africano, quien se hizo montanista alrededor del año 207.

Declinación Cincuenta años después que Montano comenzara a predicar, el montanismo había experimentado muchos cambios. La nueva Jerusalén no había bajado a la tierra en Pepuza. Montano, Maximila y Priscila habían muerto. Lo que quedó del montanismo primitivo fue la vida cristiana estricta, el ayuno, la separación del mundo, la confesión de Cristo en la vida diaria y el deseo de sufrir por la fe. Esta es la clase de iglesia montanista a la que se unió Tertuliano en 207. De ahí que entre los años 500 y 550 esta iglesia desapareciera

Influencia  El montanismo tuvo un efecto sobre la Iglesia Católica. La disciplina se concentró cada vez más en las manos de los obispos. Las Escrituras vinieron a ser una regla eclesiástica más fija por medio de la cual todos los nuevos movimientos podían ser juzgados. El montanismo es un llamado a la iglesia para dejar siempre abierto el camino al Espíritu Santo para expresar su voluntad dentro de la iglesia.

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CAPÍTULO 6.  EL PODER DE LA TRADICIÓN APOSTÓLICA

En el curso del siglo dos, la iglesia experimentó cambios  profundos y permanentes como resultado de tres emergencias que amenazaron tanto la unidad como la fe de la iglesia. Estas fueron: La muerte de los apóstoles, la aparición de doctrinas falsas, y las persecuciones. Luego de considerar la importancia de cada una de estas en forma breve, pasaremos a examinar con más detalle cómo reaccionó la iglesia en cada caso.

  1. La muerte de los apóstoles
Después que Jesús volvió al cielo, los apóstoles quedaron como cabezas indiscutibles de la iglesia por haber sido testigos de la vida, enseñanzas y mandatos de Jesús. Fue sobre ellos y los demás discípulos que estaban con ellos que el Espíritu Santo descendió. Poco tiempo después Pablo vino a ser uno de ellos. Transmitieron fielmente las enseñanzas de Jesús y nombraron líderes locales. La unidad y el gobierno de la iglesia se basaron en la autoridad de los apóstoles. Ante la desaparición  de esa generación apostólica ¿qué autoridad tomaría ahora su lugar? ¿cómo podría mantenerse la unidad de la iglesia? ¿cómo se preservaría la verdad del evangelio?
  2. La aparición de enseñanzas falsas
 El efecto de su partida no se hizo claro hasta que ciertas falsas enseñanzas se introdujeron en la iglesia. El gnosticismo, marcionismo, docetismo, y montanismo atrajeron a muchos en la iglesia. ¿Quién podía ahora hacer frente a estas nuevas enseñanzas en nombre de toda la iglesia? ¿Quién podía levantar su voz por el evangelio en las comunidades cristianas? Esta fue la segunda crisis que tuvo que enfrentar la iglesia.
  3. Las persecuciones
La tercera emergencia fue la persecución de la iglesia por el imperio. ¿Qué podía hacer la iglesia para enfrentar esta prueba? ¿Cómo podía una parte de la iglesia ayudar a otra? ¿Quién podía hablar a favor de la iglesia en una región perseguida, tanto ente el gobierno como a las iglesias locales?

Ante estos tres eventos se requería una autoridad en la iglesia, la cual se estableció a través de los siglos segundo y tercero en tres formas ínitmamente relacionadas entre sí: a) el aumento de la autoridad de los obispos; b) el establecimiento del canon del Nuevo Testamento; y c) el desarrollo de un credo o declaración de fe. El medio principal utilizado fue la autoridad de la tradición apostólica.

LA AUTORIDAD DEL OBISPO

 Ya notamos que alrededor del año 100 el cargo de obispo monárquico se ejercía con plenos poderes. Ignacio (110) era el obispo de la iglesia en Antioquia. En sus cartas instaba a las iglesias a someterse a la autoridad de los obispos. Para Clemente de Roma (95) los obispos y los ancianos eran, al menos en teoría, lo mismo. Clemente escribió a la iglesia de Corinto que los ancianos (obispos) y diáconos tenían autoridad en la iglesia porque descendían directamente en la línea apostólica. Gobernaban con la autoridad que Cristo había dado a los apóstoles. Esta enseñanza se conoce en la historia de la iglesia como “sucesión apostólica”.

Dos ideas básicas Estas dos ideas, el centralismo del obispo monárquico y la sucesión apostólica de los oficiales quedaron fuertemente ligadas  en la enseñanza de Ireneo, obispo de Lyon, un gran padre de la iglesia y ardiente refutador de las enseñanzas de los gnósticos, que vivió unos setenta años más tarde. A través de sus enseñanzas el cargo de obispo quedó establecido con tal posición y poder que hablaban y actuaban con autoridad apostólica. Esta importante enseñanza de Ireneo surgió directamente de su larga lucha contra los gnósticos, quienes pretendían tener apoyo apostólico para sus ideas. Apelaban a enseñanzas secretas de Jesús y los apóstoles.

La importancia de Roma De este modo los obispos vinieron a ser los intérpretes oficiales del evangelio. Entre los obispos, los que tenían mayor autoridad eran los que estaban a cargo de iglesias donde un apóstol había servido. Ireneo hace notar “…que la tradición provino de los apóstoles, de la más grande, la más antigua, y universalmente conocida de las iglesias, fundada y organizada en Roma por los dos más gloriosos apóstoles, Pedro y Pablo.”

Es notable el crecimiento de la autoridad episcopal en el transcurso del siglo segundo. Clemente de Roma reclama la sucesión apostólica para los oficiales de la iglesia a fines de primer siglo. Ireneo reclamó la sucesión y la autoridad apostólicas para los obispos de su tiempo y especialmente para el obispo de Roma. Más tarde se privilegió a los obispos de Roma como descendientes directos de Pedro. Como resultado de la amenaza gnóstica al evangelio, la autoridad de obispo creció considerablemente. A mediados del tercer siglo, Cipriano, obispo de Cartago en África del norte, aumentó aun más el poder de los obispos al venir las persecuciones.

EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

La muerte de los apóstoles había silenciado la voz viviente de la autoridad que establecía lo que era el evangelio y lo que no lo era. Sus enseñanzas pervivían ahora en la tradición hablada y escrita. Tanto los gnósticos como los marcionistas apelaron a esta tradición. Como ya hemos estudiado, alrededor del año 140 Marción proclamó a Pablo como la única y verdadera autoridad apostólica y “preparó” un Nuevo Testamento para respaldar su teología. Este fue el primer intento conocido de formular un canon del Nuevo Testamento. Los cristianos ya estaban usando ciertos libros o cartas como documentos autoritativos del evangelio. Sin embargo, no había ninguna definición de cuáles escritos cristianos se consideraban inspirados por  la autoridad divina. La palabra “canon” se deriva de una palabra griega que quiere decir norma o regla. Con el tiempo “canon” vino a significar la colección de escritos sagrados por los cuales se determinaba la verdad.

Primeras colecciones En el siglo segundo surgieron varias colecciones  que con el tiempo se transformaron en lo que conocemos ahora por el Nuevo Testamento La más antigua lista de libros del Nuevo Testamento que  se encuentra en el fragmento de un manuscrito antiguo conocido como el Fragmento Muratorio. Fue descubierto en 1740 por un sabio italiano llamado Ludovico Muratori en un libro de literatura teológica cristiana del siglo octavo. Este fragmento, escrito alrededor de 170, detalla los cuatro evangelios, los Hechos, las epístolas paulinas, 1 y 2 Juan, Judas, y Apocalipsis. No están incluidos en este canon la cartas a los Hebreos, la de Santiago, las dos epístolas de Pedro ni la tercera de Juan.

La autoridad del canon  Hacia el año 200 la mayor parte del Nuevo Testamento tal como lo tenemos ahora, había sido reconocido por la iglesia como Escritura canónica. Debemos notar los siguientes detalles de la historia del canon:

. La norma más importante que se aplicó para determinar qué libros eran canónicos y cuáles no lo eran fue su apostolicidad. Es decir, cada libro tenía que haber sido escrito ya sea por un apóstol o por alguien muy cercano a los apóstoles.

Fue Atanasio quien en el año 367 propuso la colección tal cual existe hoy en día. Hubo dos sínodos, en Hippo Regio (393) y Cartago (397) en el norte de África, bajo el liderazgo de Agustín. La iglesia en sus ambas regiones, tanto oriental como de occidente, siguió el ejemplo africano,

El canon llevó casi trescientos años en formarse. Esto se debió a que los libros que finalmente se aprobaran habían de ser aceptados por las iglesias unánimemente. El canon no se estableció como resultado de la declaración oficial de Atanasio o de sínodos importantes 
Se puede afirmar que tanto la lista como la aceptación de los libros del Nuevo Testamento por parte de la iglesia se llevaron a cabo bajo la guía del Espíritu Santo.

En el canon la iglesia tenía una base firme para su fe y su predicación. Era autoritativo por su carácter apostólico. Era duradero porque el Espíritu Santo, hablando por medio de la iglesia en su totalidad.

En la necesidad de una nueva autoridad después de la partida de los apóstoles, la iglesia buscó establecer normas claras para que todos los hombres pudieran conocer la verdad. La autoridad de los obispos se basaba en su relación con los apóstoles. La autoridad de los escritos sagrados dependía de su autoría apostólica. La tercera forma por la cual el poder de la tradición apostólica se manifestó fue por medio de la declaración de los primeros credos.

EL CREDO DE LOS APÓSTOLES

Esta palabra de origen latino significa “yo creo”. Un credo es una declaración de creencias. El más antiguo que se usa corrientemente en la iglesia cristiana hoy en día es el Credo de los Apóstoles; este se preparó mucho después de la muerte de los apóstoles. Gradualmente creció hasta llegar a su contenido actual. Se le llama “Credo de los Apóstoles” debido a que expresa fielmente las enseñanzas esenciales de ellos.

Origen del Credo Apostólico  Existe en el Nuevo Testamento una cantidad de afirmaciones  de fe o “pequeños credos”, que son tan cortos que fácilmente los pasamos por alto. Estas afirmaciones  de la Escritura  se usaron en conexión con la predicación,  bautismos y en reuniones de adoración: Algunos ejemplos son:

“Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios” 
(Hech 8:37), Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo…”. 
 (Hech 16:31) “…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu 
corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” ( Rom.10:9:), “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: 
Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue 
sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…”.
 (1 Cor 15:3-4), “…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese 
que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” 
 (Filip. 2:10-11) “Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de 
los ángeles, predicado a os gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.” (1 Tim 3:16)

El Nuevo Testamento revela que “hay un sólo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de él.” (1 Cor 8:6) También hay testimonio respecto de todas las personas de la Trinidad en palabras de Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” (Mt. 28:19)

Crecimiento del Credo de los Apóstoles En estas y otras confesiones se aprecia una progresión notable desde una única referencia a Cristo, luego a Dios y a Cristo, y finalmente al Padre, Hijo, y el Espíritu Santo. Alrededor del año 200 el candidato para el bautismo contestaba algunas preguntas parecidas a las que hacemos actualmente. Esta manera de examinar al candidato comenzó en Roma.

Razones para la redacción del Credo de los Apóstoles El aumento de estas preguntas y su transformación en afirmaciones y declaraciones de fe fue provocado por una importante razón: El aumento en la autoridad de los obispos y la aceptación de ciertos libros como Escritura no era suficiente para refutar a los gnósticos y a otros herejes. Más tarde aun, las declaraciones de fe se tornaron en credos oficiales. El credo mas importante, mas aceptado universalmente, y que más ha perdurado es el que se conoce como  Credo de los Apóstoles. Establece brevemente pero con claridad lo que los apóstoles enseñaran acerca del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

CONCLUSIÓN

A mediados del siglo tercero se operó un gran cambio en la forma exterior de la iglesia. En la época de los apóstoles no se requería otra prueba de fe que la aceptación de Jesucristo como Señor y Salvador. La iglesia no tenía mayor organización pues los apóstoles por medio de su conocimiento y autoridad habían mantenido la iglesia unida. Hacia el año 250 ya la iglesia estaba firmemente organizada en cada región del imperio con obispos nombrados. Un canon del Nuevo Testamento establecía la lista de las Escrituras autoritativas. Un credo universalmente reconocido enseñaba como debía interpretarse las Escrituras.

Todo esto se apoyaba firmemente en la autoridad apostólica; los obispos regían por sucesión apostólica; el canon consistía en los escritos apostólicos; y el credo presentaba la enseñanza apostólica. Fue de este modo que la iglesia emergió de la lucha con el gnosticismo, el marcionismo, y el montanismo. Y de este modo también hizo frente al difícil camino que tenía por delante.

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CAPÍTULO 7. TRES CIUDADES: ROMA, CARTAGO Y ALEJANDRÍA

Desde el comienzo de la iglesia, sus principales lugares de reunión se encontraban en las ciudades. El primer centro fue en Jerusalén; de allí se extendió dentro de Palestina a Samaria, Jope, y Cesárea. Fuera de Palestina se extendió hacia el oeste desde Antioquia, y halló acogida en muchas de las ciudades de Asia Menor, de las cuales la más importante era Éfeso. Luego sus misioneros establecieron iglesias en Macedonia, Acaya, e Italia, especialmente Filipos, Tesalónica, Corinto, y Roma. Más tarde, se desarrolló en África un cristianismo floreciente en Alejandría y Cartago. Al norte y al este de Palestina los centros principales eran Damasco, Edessa, y Arbela. En los primeros siglos, pues, la iglesia cristiana tuvo un carácter predominantemente urbano y menor las zonas sub-urbanas y rurales.

Pedro y Juan, en su camino de regreso de Samaria a Jerusalén, predicaron el evangelio “en muchas poblaciones de los samaritanos” (Hch 8:25). Pablo alabó a los tesalonicenses “porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido” (1 Tes 1:8). De allí el evangelio llegó a las zonas suburbanas. Durante los siglos segundo y tercero las tres ciudades más influyentes en la iglesia fueron Roma, Cartago, y Alejandría. Roma era latina (italiana) y la capital del imperio. Cartago era la ciudad principal de la colonia romana en África; de todas las ciudades occidentales del imperio seguía a Roma en población y riquezas. Alejandría era griega y el centro intelectual del imperio.

ROMA

A mediados del siglo tercero Roma tenía ya mil años. Era la capital del imperio más grande en la historia de la humanidad. Dentro de este gran imperio,  se instaló creciente el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, un reino que no era de este mundo. Su centro era la iglesia cristiana en la ciudad de Roma. Al paso de los años su influencia espiritual y eclesiástica se hizo cada vez mayor; aun en asuntos mundanos esa influencia se hacía sentir.

El carácter de la iglesia romana. Hacia el año 49 había un testimonio cristiano en Roma. Pablo escribió su carta a los romanos en el año 58 o 59. Entre los años 64 y 68 llevó adelante Nerón su persecución de los numerosos creyentes. Los cristianos tenían en alta estima a la iglesia en esa ciudad donde Pedro y Pablo habían sufrido el martirio. La iglesia en Roma era en esencia romana. Sus miembros y líderes, pusieron al  servicio  de Dios las  cualidades que habían hecho grande a Roma: disciplina moral, respeto a la autoridad, mentalidad judicial,  habilidad para organizar, buen criterio. El romano era muy hábil en lograr la unidad entre diversos grupos; no era filosófico. Por ello no deben sorprendernos dos hechos: uno, que Roma no produjera ningún gran teólogo, y el otro, que Roma sirviera como árbitro capaz en disputas teológicas entre otras iglesias importantes.

La autoridad de Roma. La historia de la iglesia romana es, en cierto sentido, la historia de sus obispos por la inseparable relación entre el obispo y la autoridad apostólica. Estar situada en la histórica capital del imperio impartía a sus obispos aun mayor prestigio y dignidad. La primera indicación de la autoridad de Roma sobre otras iglesias es la carta de su vocero Clemente a la iglesia en Corinto en el año 95, a la que reprendió  por haber depuesto a sus  ancianos sin una razón valedera. Otra indicación del prestigio de Roma es la gran influencia del libro “El pastor” escrito por Hermas,  hermano de Pío, el obispo de Roma  en el año 140.

La controversia “Cuartodecimana” La más importante indicación de la autoridad que la iglesia romana ejercía se relaciona con la controversia de Semana Santa  “Cuartodecimana” (decimocuarta), tocante al día de la semana en el cual debía conmemorarse la muerte del Señor. En el año 153, el obispo de Esmirna trató de persuadir al obispo de Roma a que aceptara  la tradición asiática como recibida del mismo apóstol Juan; por su parte, Roma defendió su tradición como recibida de Pedro y Pablo. No llegaron a un acuerdo. Cuarenta años más tarde, el obispo de Roma, pidió al de Éfeso que todos los obispos asiáticos aceptaran  la costumbre romana. No se pusieron de acuerdo, el obispo de Rom amenazó con excomulgar a las iglesias asiáticas.  Aunque Roma no pudo obligar a Asia a obedecerle, su influencia creció  y en muchas disputas el dictamen de Roma fue decisivo.

CARTAGO

En el siglo tercero Cartago era la ciudad más importante e influyente de la provincia romana de África. Hacia el año 270 A.C. los intereses de Roma y Cartago estaban en pugna, dándose las tres guerras púnicas, en las cuales Roma salió victoriosa y Cartago fue destruida. Durante el reinado de Augusto César (27 A.C.-14 A.D.) Cartago fue reorganizada como una provincia romana, y rápidamente recobró su pujanza y volvió a ser una gran ciudad. Hacia el año 200 A.D. su población y riquezas eran casi iguales a Roma. La población de Cartago y de la región circundante estaba formada por tres etnias: los bereberes, agricultores y obreros; los fenicios o púnicos, que formaban la clase media; y los romanos, dueños de la propiedad y de grandes empresas.

Crecimiento de la iglesia cartaginense. En el año 180, ya existía allí una iglesia numerosa. Los creyentes eran mayormente del ala romana, seguidos del grupo púnico asociado comercialmente con los romanos; entre el resto de la población púnica y entre los bereberes la fe cristiana apenas se conocía. Por lo tanto el cristianismo era predominantemente latino. Hubo muy poca evangelización entre los púnicos más pobres o entre los indígenas bereberes. Nos sorprende entonces que la población cristiana de África del norte fuera mayor que la de ninguna otra parte del imperio, con excepción de Asia Menor. El montanismo halló acogida en África del norte por su autodisciplina y ascetismo. África del norte produjo tres figuras verdaderamente notables: Tertuliano, quien murió en 220; Cipriano, que murió en 258; y Agustín, que murió en 430.

Tertuliano. Nació en Cartago alrededor del año 150.Fue uno de los abogados más ilustres de Roma. Alrededor del año 193 se hizo cristiano  y desde ese momento se dio completamente a la defensa y la propagación del evangelio por medio de su pluma. Se sintió atraído por el montanismo pues  estaba profundamente apenado por la condición espiritual en que veía a la iglesia. A Tertuliano se le recuerda exclusivamente por sus escritos tana influyentes Tenía una mente brillante; observaba una moral estricta; y su conversión fue total. Pronto dominó las Escrituras y la teología existente. Era un filósofo competente; conocía la literatura y la cultura romanas. Estaba bien equipado para defender y propagar el evangelio. Una de sus obras más notables es la Apología, o defensa del cristianismo contra la persecución del estado romano. En momentos en que la iglesia necesitaba un ejemplo de coraje, dirección clara y obediencia leal a Dios y a su causa, Tertuliano habló poderosas palabras de fortaleza, intrepidez, y sabiduría.

Cipriano. Fue obispo de Cartago desde 248 a 258,  el segundo gran líder cristiano cartaginés. Recibió la mejor instrucción y también fue abogado. En 246 se convirtió y se dio a sí mismo sin reservas al servicio de la iglesia. Surgió en la iglesia de África del norte en ese tiempo relacionado con aquellos que habían negado la fe cristiana bajo la persecución que en el emperador Decio desató  en el  año 250. Por más de treinta años no había ocurrido ninguna persecución en África del norte; el convertirse al cristianismo parecía “seguro” pues este era mayormente romano, y los romanos ocupaban posiciones de riqueza y poder. Esto, sin duda, llevó a muchos que no eran romanos a “convertirse” en cristianos por conveniencia social y para progresar en sus profesiones. Cuando vino la persecución, muchos apostataron y ofrecieron sacrificios a la divinidad del César.

La regla de Cipriano. Cuando la persecución amainó, muchos que habían apostatado se arrepintieron y pidieron ser recibidos otra vez como miembros de la iglesia. Cipriano dictaminó así: aquellos que habían sacrificado voluntariamente nunca más podrían participar de la comunión. La iglesia podía ayudarlos en forma pastoral, y los que estaban al borde de la muerte podían recibir la comunión si un confesor lo recomendaba. Todos aquellos que habían sacrificado por sufrir  torturas, debían pasar por un periodo de penitencia antes de ser recibidos de nuevo. Todos los demás permanecerían en un estado de penitencia por el resto de sus vidas. Cuando en  257 una nueva persecución vino bajo el emperador Valerio, Cipriano moderó sus reglas de readmisión y declaró que todos los que se arrepentían podían ser recibidos de vuelta en la iglesia, pues quienes se habían arrepentido por negar a Cristo en la persecución anterior, ahora tendrían el coraje de soportar sus consecuencias. Durante otra nueva persecución. Cipriano fue arrestado y fue uno de los  mártires que por su fe, testimonio y ejemplo continúan hasta nuestros días exhortando a la iglesia a la obediencia a Cristo.

ALEJANDRÍA

En el año 332 A. C. Alejandro el Grande destruyó totalmente la antigua ciudad de Tiro y construyó Alejandría, otro puerto en Egipto para que tomara su lugar. Alejandría llegó a ocupar el segundo lugar del oriente. El carácter de la ciudad era predominantemente griego. Desde el año 200 A. C. hasta el 300 D. C. Alejandría fue el centro intelectual y cultural del mundo griego, y en el año 80 D. C. cayó bajo el dominio romano. Alejandría también era un gran centro del pueblo judío; más judíos vivían allí que en cualquier otra ciudad del mundo. Allí se tradujo la Septuaginta en 250 A.C. También, Filón, el filósofo judío, vivió y trabajó allí durante la mitad del primer siglo. Las primeras informaciones fidedignas que tenemos sobre el cristianismo en Alejandría datan del año 180, que es cuando también oímos por primera vez del cristianismo en Cartago. La iglesia de Alejandría produjo un número apreciable de hombres de valía, dos de los cuales mencionaremos a continuación.

Clemente de Alejandría.  Alejandría y Cartago eran ciudades africanas. Cartago era romana, Alejandría griega; Alejandría contaba con decenas de miles de judíos; la iglesia cartaginense tenía prejuicios contra la cultura y el saber; la iglesia alejandrina les abría las puertas. Debido a su liberalidad ante el mundo griego, muy pronto produjo una de las más grandes herejías de la iglesia primitiva. Clemente fue clave para el cristianismo alejandrino. Entender a Clemente y a su discípulo Orígenes es comprender a Alejandría.

En estrecha conexión con la iglesia alejandrina funcionaba una escuela de instrucción cristiana que se conoció como  la Escuela Catequista (del griego: “instrucción oral”). Clemente fue su  instructor alrededor del año 190 y  fortaleció a la iglesia llevando el evangelio a los griegos instruidos. Clemente buscó unir el cristianismo y la filosofía griega. Enseñó erróneamente que los griegos habían obtenido la sabiduría del Antiguo Testamento; por lo tanto, habían hablado la verdad en su filosofía. El conocimiento que ellos habían obtenido debía ser usado por los cristianos para profundizar su fe; así llegarían a un conocimiento total de Dios. En el sistema de Clemente, el Logos salva por medio de la educación; es un maestro y un dispensador de la ley de modo que podamos llegar a ser inmortales; se hizo hombre para que los hombres pudieran aprender a transformarse en divinos.

Orígenes. Nació en Alejandría alrededor del año 185. En su juventud se le conocía tanto por su piedad como por su mente brillante. Asistió a la Escuela Catequista y estudio bajo Clemente. En 202-3 hubo una severa persecución en Alejandría bajo el emperador Séptimo Severo, lo que trajo como resultado la dispersión de los maestros de la escuela. Orígenes quedo entonces como principal instructor a la edad de diecinueve años. Con este nombramiento comenzó Orígenes una vida dedicada a estudiar, enseñar y escribir hasta el fin de sus días. Murió en 254 como resultado de las torturas que sufrió durante la persecución de Decio.

Los escritos de Orígenes incluyen comentarios, ensayos devocionales, una obra sobre doctrina cristiana y un trabajo apologético. Orígenes fue el primero en estudiar seriamente el texto del Antiguo Testamento. Compiló una obra llamada Hexapla, en la cual aparecen, en seis columnas separadas, el texto original hebreo del Antiguo Testamento, el mismo texto en letras griegas para indicar la forma en que el hebreo debería pronunciarse, y cuatro traducciones, una de las cuales era la Septuaginta.

El más importante de todos los escritos de Orígenes es su libro De principiis (Los primeros principios). Una de las contribuciones más firmes de Orígenes a la teología de la iglesia es su enseñanza acerca de la relación de Dios el Hijo con Dios el Padre. Orígenes consideraba al Hijo como eterno junto con el Padre; el Padre engendra eternalmente al Hijo. La doctrina bien conocida de la generación eterna del Hijo tuvo su comienzo con Orígenes.

Orígenes sufrió mucho en su vida. En Alejandría se le hizo sentir que no deseaban su presencia. Desde el año 230 fue huésped en otras ciudades, especialmente en Cesárea. Durante la persecución de Decio sufrió torturas, Orígenes contribuyó mucho a la destrucción del gnosticismo. Fue excomulgado. Orígenes fue el primer gran teólogo de la iglesia. El vio el mismo Dios obrando en la naturaleza y en la redención y trato de relacionar ambas con la revelación de Dios en Cristo.

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CAPÍTULO 8. DIOCLECIANO Y CONSTANTINO

En este capítulo alcanzamos el clímax de las relaciones iglesia-estado en el Imperio Romano. Dioclecianofue el último de los grandes emperadores paganos,  Constantino, el primer emperador cristiano. La tremenda persecución iniciada por Diocleciano fue lo que introdujo el cambio del antiguo al nuevo orden de cosas.

DIOCLECIANOsubió al trono imperial en el A.D. 284. Le precedió Marco Aurelio, quien murió en el 180con quien terminó la edad de oro de Roma, iniciada con Augusto el año 27 A.C. Roma había disfrutado de paz durante 200 años, con excepción de algunas luchas armadas en las fronteras. La economía, la literatura y las artes florecieron; y la ley romana gobernó los pueblos del imperio desde la Bretaña en el oeste hasta Arabia en el este. Sin embargo, esta prosperidad trajo la holganza, el relajamiento moral, y la disminución en el respeto de la autoridad. Las cualidades que habían hecho grande a Roma, empezaron a diluirse.

La condición del imperio La pérdida del carácterinstitucional fue muy evidente en el ejército, del cual dependía la estabilidad del imperio. Durante el tercer siglo el gobierno se vio cada vez más obligado a reclutar soldados entre los habitantes del imperio, que no eran ciudadanos romanos. Pronto  se incorporó al ejército una cantidad importante de mercenarios El ejército se convirtió en el principal poder político del imperio y elegía a sus generales para queprobablemente fueran más tarde los emperadores. Desde el 180 A.D. al 284 los emperadores fueronrehenes del ejército. Durante este período Roma tuvo veinticinco emperadores; en los doscientos años de Augusto a Aurelio sólo hubo trece. De esos veinticinco, veintiuno fueron asesinados; uno fue traicionado en batalla por uno de sus generales; otro fue tomado prisionero; sólo dos tuvieron muerte natural.

La inestabilidad y el desorden del imperio propiciaron que las tribus fronterizasse establecieran a millares en el imperio. Los persas atacaron en el este. En Siria y en la Galia surgieron reinos independientes para mantener el orden en esos territorios. Estos hechos llevaron a que se exigieran mayores impuestos para combatir a los invasores y mantener el orden en el imperio. La economía sufrió un grave quebranto: el comercio se redujo a los mercados locales, ya no a lo largo de todo el imperio. Los altos impuestos acabaron con las granjas. Los soldados se apropiaban de cuanto querían. El dinero perdió su valor. Tal era la condición del Imperio Romano cuando Dioclecianotomó el poder.

Diocleciano tenía carácter y el coraje para gobernar. No era romano de origensino ilirio, nacido en Iliria o Dalmacia, lo que es hoy Yugoslavia occidental. Cuatro de sus compatriotas habían sido emperadores antes de él. Todos fueron hombres capaces y valerosos pero  de ellos sólo Claudio murió de muerte natural. Aureliano fue asesinado por un grupo de oficiales; Probo fue muerto cuando dedicó su ejército a la tarea pacífica de cavar un canal; Caro también fue asesinado.

 Reorganización del gobierno Cuando Diocleciano ocupó el trono comprendía lo difícil que  sería la tarea que le esperaba y el peligro personal al cual se exponía. Sin embargo, el peligro al cual estaba expuesto el imperio era tan grande que todos deseaban un emperador que fuera su salvación. Aun el ejército se alineó. Diocleciano fue el hombre de la hora. Su mayor contribución fue la reforma administrativa del imperio quedividió en dos, por ser tan vasto: el oeste y el este. La línea divisoria pasaba por el Adriático, entre Italia e Iliria. Cada mitad del imperio fue regida por un emperador. Cada uno de estos tenía su capital, su ejército, su corte, y una parte del imperio para gobernar. Diocleciano fue el augusto oriental; Maximino fue el augusto occidental. Galerio, el yerno de Diocleciano fue su césar; el césar de Maximino fue Constancio.

Diocleciano ejercía el poder supremo y las decisiones finales estaban en sus manos. Gobernaba en el este, la parte más desarrollada y culta del imperio. Él y Maximino; gobernaban solos, sin tomar en cuenta al Senado. Diocleciano vivía en un espléndido palacio e imitaba a los monarcas persas en su vestimenta, corte y lujo.Todostenían que postrarse ante él y besar el borde de su toga. Dejó de ser el Princeps o primer ciudadano del imperio y  se hizo “señor y dios.” La adoración del emperador se hizo total y obligatoria.

Diocleciano hizo dos cambios fundamentales: Primero, el imperio se dividió en dos, con el poder supremo en manos de Diocleciano. Segundo, atribuyó cualidades divinas a la persona del emperador a fin de hacer su vida más segura y para acrecentar su autoridad. Hubo también un tercer cambio: Bajo los primeros emperadores, las costumbres y tradiciones locales y el gobierno local habían sido respetados. Bajo Diocleciano el ejército triplicó su tamaño y estableció un gobierno netamente militar. La falta de honradez se hizo universal, las libertades fueron transgredidas, y el ejército era incompetente para gobernar. Roma dejó de ser la capital del imperio. Las capitales se elegían de acuerdo con estrategias militares. El abandono de Roma por el gobierno indirectamente aumentó el poder y el prestigio de la iglesia romana y de su obispo. Bajo los emperadores posteriores, el obispo de Roma se hizo aún más importante.

Los resultados de la reorganización de Diocleciano Durante veintiún años Diocleciano se dedicó a  reformar el gobierno imperial. El imperio recobró fuerza, repelió a los bárbaros, fortaleció sus fronteras, y recuperó su dignidad. Recobró su seguridad, pero a costa del deterioro económico y la pérdida de las libertades en Roma. Esta pérdida fue mayor en occidente, donde el imperio dejó de existir en el año 476. En oriente perduró mil años más, hasta la toma de Constantinopla por los mahometanos en 1453.

Las persecuciones: Primer periodo.Comienza con Nerón. Durante su reinado hubo persecución cruel en Roma en el año 64. Otra menos grave ocurrió en el 95 bajo Domiciano. Trajano prohibió la acción legal contra los cristianos basada en acusaciones anónimas. Adriano prohibió la condenación de los cristianos sin evidencia y además ordenó que los cristianos no fuesen buscados. Bajo estas condiciones la persecución fue limitada, y la iglesia creció grandemente. Marco Aurelio (160-180) fue más agresivo y bajo él ocurrió una persecución cruel en la Galia en el año 177. El cristianismo floreció en el imperio durante estos setenta años. La principal excepción a este periodo de paz fue una persecución grave bajo Septimio Severo en los años 202 y 203, sobre todo en Egipto y Cartago. Laconfesión pública de Cristo era un acto arriesgado. Persecuciones más breves y menos graves ocurrieron bajo Caracala y bajo Maximino I en Asia Menor y Palestina. Con estas concluyen las persecuciones del primer periodo.

Las persecuciones: Segundo periodo.Durante el segundo periodo, la persecución fue generalizada a través del imperio debido  a cinco razones: a) el enorme crecimiento de la iglesia cristiana; b) la declinación económica y moral del imperio; c) la proximidad del milésimo aniversario de la fundación de Roma; d)muchos veían a la iglesia cristiana como un estado dentro del estado y  un peligro para el imperio; y e) surgida de la anteriorla vox populi afirmaba que la decadencia de Roma se debía al enojo de los dioses,causado por los cristianos.

En este segundo periodo hubo tres grandes persecuciones. La primera, bajo Decio entre los años 250 y 253, sumamente violenta, causó gran apostasía en la iglesia. La segunda sucedió en el reinado de Valeriano en el año 257. Intentaba destruir el liderazgoal obligar a los cristianos más destacados en el gobierno y la sociedad a que se retractasen de su fe, o en caso contrario matarlos. Fue durante esta persecución que fue muerto Cipriano en Cartago y el obispo Sixto II en Roma. Galiano, hijo de Valeriano puso fin a la persecución. El cristianismo dejó de ser ilegal. Su edicto de tolerancia iba dirigido a los obispos. Devolvió los lugares de culto y los cementerios a las iglesias. Siguieron 43 años de paz y el cristianismo progresó muchísimo. Se construyeron hermosas iglesias, y muchas personas con instrucción e influencia abrazaron el cristianismo. Mientras tanto la situación económica, militar y social del imperio se hizo cada vez más alarmante. Entre los años 260 y 305 una sucesión de emperadores luchó para restablecer el orden y  poderío del imperio. Diocleciano fue el último y el más grande de ellos.

La persecución bajo Diocleciano En 303 Diocleciano se volvió un perseguidor. Dos años antes de renunciar a su título de augusto inició una tercera persecución, la más larga y espantosa de las tres. Su madre, adicta al culto de la diosa pagana Cibeles, le instigó a la persecución. Tal vez Diocleciano no pudo dar buenas respuestas a las cinco razones para perseguir a la iglesia, dadas más arriba. La persecución comenzó el 23 de febrero del 303. Ese día los esbirros de Diocleciano fueron a la gran iglesia de Nicomedia, su ciudad capital, quemaron las Escrituras, retiraron el mobiliario y destruyeron el edificio. Durante los doce meses siguientes se promulgaron cuatro edictos de persecución.

La persecución muy violenta de Diocleciano duró diez años. Diocleciano renunció a su cargo de emperador en el año 305.Cuando terminó la persecución, todo líder de la iglesia que no tuviera en su cuerpo las cicatrices de la flagelación o de otros suplicios, era sospechoso de haber traicionado la fe. Miles perecieron, y miles más quedaron lisiados, ciegos, o desfigurados por las torturas. Diocleciano murió, solitario y sumamente amargado en diciembre del año 313. Le sucedió Galerio, quien luego de hacer una confesión pública al Dios del universo, reunió a los jerarcas del gobierno y les ordenó que sin demora dieran fin ala persecución. Cinco días más tarde Galerio murió. Le sucedió Maximino II, quien restableció la persecución después de seis mesespero no la pudo continuar. Entonces promulgó un edicto:“A todos que los que quieran profesar esta secta y culto [el cristianismo] tienen libertad de hacerlo, es decir, abrazar y practicar esta religión. También se les permite construir casas del Señor [templos] y si casas o tierras pertenecientes a los cristianos les han sido confiscadas… estas les serán devueltas.”

CONSTANTINO nació alrededor del año 288, siendo su padre Constancio, el general ilirio del ejército romano que en el año 293 se convirtió en el césar de Maximiano, el augusto de occidente. En el año 303, Constancio ascendió a augusto en el oeste. Constantino vivía en la corte de Galerio en calidad de rehén para garantizar la lealtad de Constancio.

Constantino asciende a emperador En 306, Constancio enfermó gravemente estando en la ciudad de Boulogne en el noroeste de Galia. Pocos meses después murió y sus soldados proclamaron sucesor a Constantino. Con esto comenzó una lucha confusa por el poder imperial. Constantino se casó con Fausta, la hija de Maximiano. En el año 308, Maximiano, se declaró el augusto del imperio de occidente. Constantino lo apresó y permitió que se suicidara. En el ínterin obtuvo el apoyo de todos los ejércitos romanos en Bretaña y la Galia.

En el año 312 Constantino invadió Italia para derrocar a Majencio de su sitial en Roma. El día antes de la batalla Constantino vio la señal de la cruz en el cielo y encima las palabras: In hoc signo Vinces (por este signo vencerás). Constantino prometió que si vencía, se haría cristiano. Al día siguiente, 28 de octubre, su ejército obtuvo una victoria resonante. Del 305 al 312 fueron años de gran significación tanto para el imperio como para Constantino. A los veinticuatro años Constantino era dueño supremo del imperio de occidente. En el oriente ocurrieron cambios parecidos, algunos de los cuales ya hemos notado. Diocleciano abdicó junto con Maximiano en el año 305. Galerio ascendió a augusto. En el 307 Galerio designó a su compañero de armas, Licinio, para que fuera el augusto de Iliria y Macedonia, pero Licinio no tenía espíritu de perseguidor. Cuando Galerio murió en el 311, Licinio y Maximino Daza compartieron el poder desde Iliria hasta Arabia. Maximino trató de eliminar a Licinio, pero este se alió con Constantino casándose con su hermana. En el año 312 promulgaron el llamado Edicto de Milán, el cual daba a la iglesia la libertad de culto y le devolvía todas las propiedades que habían sido confiscadas. Luego de esto, Licinio fue al encuentro de Maximino y lo derrotó en dos batallas. Maximino murió en el 314.

El fin de las persecuciones En oriente todo el poder estaba ahora concentrado en las manos  Licinio, lo mismo que sucedía en occidente con Constantino. Pronto surgió la discordia, y los dos emperadores se enfrentaron en el campo de batalla en el año 314, pero sin definirse la situación. Hubo una paz que duró diez años, durante la cual Licinio se volvió contra los cristianos, pensando que una política anticristiana le granjearía el apoyo del paganismo en la lucha que se avecinaba contra Constantino. Con todo, en el año 323 Constantino lo venció y capturó. En el curso de la guerra Crispo, hijo de Constantino, derrotó la flota de Licinio. Habiendo así derrotado a todos sus enemigos, Constantino reinó solo y sin rivales en el imperio. Constantino hizo del cristianismo la religión oficial del imperio; ayudó a la iglesia y al clero con donaciones de fondos del imperio; buscó la paz de la iglesia y antes de su muerte se bautizó. Eusebio describe así el fin de la persecución: “Los hombres hablan ahora sintener temor de sus antiguos opresores; la luz brillaba por doquier, y aquellos que antes no se atrevían a levantar la mirada ahora se saludaban con rostros sonrientes y ojos chispeantes. Cantaban y bailaban, dando honor primero a Dios, nuestro soberano Señor, como se les había enseñado…. Las viejas penas se olvidaban y toda falta de religión quedó en el olvido; las cosas buenas del presente se gozaban, las por venir se esperaban con ansia.”

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CAPÍTULO 9: LA CONTROVERSIA TRINITARIA

El Credo de los Apóstoles se ocupa principalmente de la persona y obra de Cristo. La declaración de fe de la iglesia comenzó con la declaración básica de que Jesucristo es el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador de los hombres. Esta profesión fue más tarde ampliada con una declaración acerca de Dios el Padre, Creador del cielo y de la tierra, y luego con otra acerca del Espíritu Santo y su obra.

La iglesia primitiva  aceptaba a Cristo como hombre y lo confesaba y adoraba como Dios. Lo colocaba en el mismo nivel que el Padre y el Espíritu Santo. Hacía esto con toda naturalidad y sin ánimo de polemizar, sin analizar este misterio. Este aspecto de misterio en la persona de nuestro Señor nunca se ha perdido en el verdadero cristianismo. Sin embargo, a menudo ha sido relegado a un segundo plano. Esto es lo que sucedió en los siglos cuatro al ocho. Había tres causas principales de la preocupación de la iglesia por este problema:

  1. a) La propagación del evangelio entre los gentiles trajo a muchos griegos al seno de la iglesia. La mente culta del griego gustaba de meditar problemas difíciles de teología y filosofía.
  2. b) La filosofía hacia una clara distinción entre lo espiritual y lo material. Para los griegos, la creación del mundo y la encarnación del Hijo de Dios constituían grandes problemas religiosos e intelectuales: ¿Cómo podía Dios (puramente espíritu) haber creado el mundo (materia) y luego hacerse hombre (materia y espíritu)?
  3. c) El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Si Cristo es Dios mismo, ¿cuál es su relación con Dios el Creador, el Dios de Israel?

Por estas razones era inevitable, quizá, que surgieran preguntas acerca de la persona de Jesús. Estas preguntas eran de dos clases: el primer grupo se refería a la relación entre Jesucristo y Dios Padre; el segundo grupo de preguntas tenía que ver con la relación entre las naturalezas divina y humana de Cristo. En este capítulo nos ocuparemos del primer grupo de preguntas.

Distintas respuestas El tema se presenta claramente en el primer capitulo del Evangelio de Juan: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por el fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros —y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre—, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. (vv. 1-3,14-15)

En efecto, ¿cómo puede entenderse que el Hijo, que en Juan se llama el Logos y que se hizo un ser humano en Jesús el Mesías, esté con Dios y sea Dios? ¿Cómo

puede Dios al mismo tiempo ser uno y más de uno? ¿Cómo está relacionado el Hijo con el Padre? Este era el problema que se les presentaba a los concilios de Nicea en el año 325 y de Constantinopla en el 381. La controversia que surgió de este problema terminó asentando las bases de la doctrina cristiana de la Trinidad; por eso se llama generalmente la controversia trinitaria. La iglesia consideró varias respuestas antes de llegar a un acuerdo. Consideraremos brevemente estas respuestas.

  1. a) Los padres apostólicos
 escribieron entre los años 90 y 140 de la persona de Jesucristo y simplemente repitieron las enseñanzas del Nuevo Testamento. En este sentido el Nuevo Testamento, los padres apostólicos, y el Credo de los Apóstoles concuerdan.
  2. b) Con los apologistas
 la filosofía griega se vinculó con el cristianismo. El mejor conocido de ellos fue Justino Mártir, quien antes de su conversión fue maestro de filosofía y consideraba al cristianismo como la más sublime de las filosofías. Justino enseñó que antes de la creación del mundo Dios estaba solo, y que no existía el Hijo. Dentro de Dios, sin embargo, estaba la Razón o la Mente —el Logos—. Cuando Dios quiso crear el mundo, necesitaba un agente para efectuarlo. Esta necesidad surgía del concepto griego de que Dios no puede ocuparse de la materia. Por lo tanto engendró a este ser divino llamado el Logos o el Hijo de Dios. Se le llamaba Hijo porque fue engendrado; se le llamaba Logos porque procedía de la Razón o Mente de Dios.
  • Ireneo, obispo de Lyon en la Galia desde el año 178, adoptó el punto de vista más bíblico. La influencia en él del pensamiento griego fue poca, y, por lo tanto, estuvo más dispuesto a aceptar un punto de vista realmente bíblico acerca de Cristo. Su doctrina de Cristo comienza con la persona histórica llamada Jesús, nacido de la virgen María. Jesús existió antes de nacer: estaba con Dios antes de la creación, y todas las cosas fueron hechas por él. Escribe Ireneo: Si alguien, por lo tanto, nos dice, ¿cómo pues fue producido el Hijo por el Padre?, le contestamos que nadie puede entender esa generación, o llamado, o revelación, la cual es, en efecto, completamente indescriptible.

El Hijo es coeterno con el Padre, y es él quien revela al Padre: Pero hay un solo Dios, el Creador… Él es… a quien Cristo revela… Él es el Padre de nuestro Señor Jesucristo: por medio de su Palabra, que es su Hijo. Pero el Hijo, coexistiendo eternamente con el Padre, desde la antigüedad… siempre revela al Padre a los ángeles, arcángeles, poderes, virtudes, y a todos aquellos a quienes él quiere que Dios sea revelado. Ireneo se resiste a ir más allá de este punto. La enseñanza de los apologistas acerca del Hijo como un Dios secundario, y la de Ireneo que presentaba al Hijo como coeterno con el Padre, llevó a muchos a preguntar si el cristianismo tenía de politeísmo. Este temor se expresó en dos conceptos muy distintos: El adopcionismo y el sabelianismo.

El adopcionismo sostenía lo siguiente: Si el Padre es uno, y el Hijo es otro, pero el Padre es Dios y Cristo es Dios, luego no hay un Dios sino dos Dioses… Si Dios es uno luego, por consiguiente, Cristo debe ser hombre, para que el Padre pueda en verdad ser Dios.  Alrededor del año 195 Teodato, venido de Grecia a Roma, enseñó que Jesús nació milagrosamente de una virgen, que era un hombre bueno y justo, y que al bautizarse en el Jordán el Espíritu Santo, a quien Teodato llamaba Cristo, descendió sobre él. Progresó en bondad, fue crucificado y se levantó de los muertos. Jesús podía ser nuestro salvador, decía, a causa del Cristo (el Espíritu Santo) que estaba en él y porque su obediencia era perfecta. Por lo tanto, Dios lo adoptó como Hijo.

Sabelianismo El sabelianismo trataba de defender la unidad de Dios. Sostenía que Dios se revelaba de tres modos distintos. Primero se reveló como el Padre que creó todas las cosas y dio la ley a Israel. Cuando luego Dios emprendió la obra de la salvación, tomó la forma o modo de presentarse del Hijo. Y cuando la obra del Hijo se había completado, adoptó la forma del Espíritu Santo. De modo que el único Dios se reveló sucesivamente como Padre, Hijo, y Espíritu.

Tertuliano Propuso la respuesta más contundente dada en y fue la base de la respuesta que la iglesia católica (universal) dio al problema en el concilio de Nicea en el año 325 y nuevamente en Constantinopla en el 381. Tertuliano declaró que hay una naturaleza divina. El Padre y el Hijo tienen esta única naturaleza en común. Pero en cuanto se refiere a sus personas, estas son separadas y distintas. Por lo tanto hay una naturaleza divina, pero hay dos personas.

La teología de tiempos posteriores unió la enseñanza de Tertuliano acerca de una naturaleza y dos personas con la de Orígenes del Hijo engendrado eternamente. Finalmente, Tertuliano también relacionó el Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. Tres personas divinas existen en una naturaleza divina. De este modo Tertuliano proveyó las bases principales para la doctrina cristiana de la Trinidad.

Arrianismo En oriente. Este debate se transformó en una gran controversia. La larga discusión comenzó con Arrio quien  absorbió las enseñanzas de  Pablo de Samosata, obispo de Antioquia del año 260 al 272. Pablo enseñaba que el Logos o Razón de Dios habitó en el hombre Jesús. El Logos habitó también en Moisés y en los profetas; pero en Jesús estaba presente en mucho mayor medida. Como resultado, estaba unido a Dios en una relación de amor, por lo que Dios lo “adopto” después de su crucifixión y resurrección, y le concedió una especie de deidad.

Afirmó que solo el Padre no tiene principio. El Hijo (o Logos) tuvo principio; Dios creó el Logos para que pudiera crear el mundo. Dado que el Logos era el primero y más sublime de todos los seres creados. El  Logos era una criatura. Dios mismo no podía crear el mundo material; en verdad, Arrio consideraba que Dios estaba tan alejado de los hombres que era imposible conocerle o tener comunión con el. Arrio era, pues, completamente helénico en su concepto de Dios.

El concepto de Cristo de Arrio era muy inferior pues Jesús tenía un cuerpo humano pero no un alma humana. El Logos ocupaba el lugar del alma humana en Jesús, y por lo tanto era una criatura que no era ni Dios ni hombre. No era Dios puesto que el Logos en él era creado; no era hombre dado que no tenía alma. Además, el Logos estaba sujeto a los cambios, de modo que Jesús podía volverse pecador. La controversia se extendió a todo el oriente. Teólogos, monjes, y dirigentes de la iglesia tomaron parte en el debate

El concilio de Nicea Nadie observaba la situación con más atención que Constantino. La unidad del imperio peligraba. Políticamente, el imperio era uno; pero teológicamente estaba dividido en dos. Por lo tanto decidió convocar un concilio de toda la iglesia en Nicea en Asia Menor en el año 325, del 20 de mayo al 25 de julio. Asistieron trescientos obispos, casi todos de la parte oriental del imperio. Era la misión del concilio formular una cristología que  consolidara el imperio. De modo que la combinación de una controversia en la iglesia con la consiguiente incertidumbre política del imperio fue lo que dio origen al primer concilio ecuménico.

.La política de la iglesia y la del imperio se hicieron tan confusas que era imposible saber dónde terminaba la una y comenzaba la otra, y esta situación perduró por casi sesenta años. La palabra central alrededor del cual giraba el debate fue el término homoousios —del griego homo, que significa igual, y ousia, que significa naturaleza, sustancia o ser—. ¿Es el Hijo de la misma naturaleza que el Padre, o no? Este era el gran problema

Después del concilio de Nicea se hizo evidente que sólo el occidente y los partidarios de Atanasio estaban satisfechos con el homoousios de Nicea. Eusebio y sus partidarios, por lo tanto, temían que se había dejado una brecha para que se infiltrara la herejía sabeliana. Poco después los partidarios de Arrio y de Eusebio se unieron para eliminar el vocablo homoousios del credo. Obtuvieron el apoyo de Constantino, quien nombró su consejero en su lugar a Eusebio de Nicomedia, el jefe de los arrianos en el concilio de Nicea. En el año 335, el sínodo de Antioquia depuso a Atanasio, y Constantino lo desterró a la Galia.

Etapas finales

Juliano Mientras tanto hubo un importante hecho político. En el año 361 murió Constancio II y fue sucedido por su primo Juliano. Cuando murió Constantino el Grande en el 337, todos los parientes que pudieron tener pretensiones al trono fueron asesinados, con la excepción de sus tres hijos. El padre de Juliano también murió en la masacre. A Juliano se le perdonó la vida porque solo tenía seis años. Fue criado por Constancio y enseñado de acuerdo con la ortodoxia oriental. Nadie sabía que odiaba el cristianismo a causa del asesinato de su padre y hermanos, como tampoco que secretamente hubiera estudiado filosofía y religión paganas. Cuando subió al trono imperial, resolvió volver el imperio al paganismo, razón por la cual se le conoce como Juliano el Apóstata.

El fin de la controversia

¿Qué puede decirse para concluir este resumen de la gran controversia del siglo cuarto? En el año 379 Teodosio se hizo emperador de oriente. Nació en España en el 346, hijo de un distinguido general de los ejércitos romanos de occidente. Como miembro de la iglesia occidental estaba comprometido con la teología nicena, y la impuso al llegar a ser emperador. En el año 381 convocó el concilio de Constantinopla, el cual confirmó el credo de Nicea y amenazó con el exilio a todo aquel que profesara la doctrina arriana. Con esto terminó el arrianismo en el imperio, subsistiendo tan solo entre las tribus germanas. Y entre estas desapareció del todo en el siglo siete.

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CAPÍTULO 10. LOS GERMANOS, LAS MISIONES ARRIANAS Y EL MONASTICISMO

Este capítulo se ocupa mayormente de los pueblos y tribus que vivían fuera del Imperio Romano, al este del Rin y al norte del Danubio. En la historia a menudo se les conoce en conjunto como “los bárbaros”. La palabra “bárbaros” significaba personas extrañas, extranjeras o incultas, especialmente en el habla. Los romanos adoptaron el término y desde los tiempos de Augusto llamaron barbari a todos aquellos que no eran ni griegos ni romanos.

  • El Rin y el Danubio Es importante señalar aquí la gran importancia de los ríos Rin y Danubio en la historia del Imperio Romano. Desde los días de Augusto, es decir, por trescientos cincuenta años, estos dos grandes ríos formaron las fronteras septentrionales del imperio. Todo el territorio que quedaba al este del Rin y al norte del Danubio era del dominio de los barbari. A lo largo de esta línea limítrofe Roma destacó no menos de catorce legiones de sus soldados mejor entrenados.

Pero el imperio se debilitaba cada vez más, y la amenaza de invasión se hizo paulatinamente mayor. Entre los años 370 y 500 los germanos irrumpieron a través de las defensas fluviales e invadieron el imperio. En el año 476 el imperio occidental dejó de existir. Casi toda Europa, y aun Italia, la cuna de la civilización romana, se hizo predominantemente germana.

Las migraciones Germanas

Entre los años 2000 y 1000 A.C. las tribus germanas vivían en el sur de Escandinavia, en Dinamarca, y al sur de Dinamarca, entre los ríos Elba y Oder. Vivían en las selvas de la caza, o de la cría de animales en los terrenos más abiertos. Cuando empezaron a resultarles insuficientes los lugares de caza y de pastoreo, se dedicaron a la agricultura. No tenían lenguaje escrito, de modo que los germanos primitivos estaban muy atrasados con relación a las civilizaciones de Egipto, Babilonia, y Asiria, de las cuales eran contemporáneos.

Alrededor del año 1000 A.C., los germanos que habitaban Dinamarca comenzaron a emigrar hacia el oeste. Entre los años 600 y 500 A.C. las tribus germanas que habitaban el sur de la península escandinava iniciaron un movimiento hacia el sur. La gran tribu de los godos, se dirigió al sudeste, asentándose en la región del mar Negro. Mientras se sucedían estas migraciones, Roma creció y se extendió. En el 150 A.D. el imperio había alcanzado su máxima extensión, y ya en el 350 —el momento al que hemos llegado en nuestro relato— los romanos y los germanos se enfrentaban a través de las fronteras del Rin y el Danubio. Los romanos se estaban debilitando.

 Hunos, godos y romanos Alrededor del año 350 los hunos emigraron de Asia  central penetrando el sudeste de Europa. Sus guerreros, feroces y despiadados, eran irresistibles. Derrotaron completamente a los ostrogodos y a los visigodos, quienes rogaron al emperador romano que les permitiera entrar al imperio a través del Danubio. El emperador tampoco tenía fuerzas armadas como para hacer frente

a los hunos y, sin prever las consecuencias ulteriores, permitió a los visigodos que cruzaran el río con la condición de que entregarían sus armas de inmediato.

Poco después de la entrada de los godos al imperio surgieron desavenencias con los romanos por cuestiones de alimentos y tierras. Los dos ejércitos de romanos y godos  se encontraron en el año 378, siendo completamente derrotados los romanos. Esta derrota romana en la batalla de Adrianópolis fue el principio del fin del Imperio Romano y permitió que en Europa surgieran naciones independientes.

Las andanzas de los visigodos. Los visigodos muy pronto tuvieron un intento fallido de tomar Constantinopla, seguido, después de algunos años, por la invasión de Grecia. Desde allí avanzaron lentamente hacia el norte por la costa del mar Adriático, y luego de varios intentos irrumpieron en Italia y saquearon a Roma en el año 410. Cruzaron los Alpes penetrando en la Galia. Prosiguieron la marcha hacia España, estableciendo allí un reino que duró casi trescientos años. Otro reino visigodo se instauró en el centro y sur de Francia.

Para impedir la invasión de Italia, los romanos retiraron casi todas sus fuerzas de la frontera del Rin. Con el retiro de las fuerzas romanas los visigodos conquistaron la Galia, dominándola toda en el año 500. Con esto el imperio romano de occidente llegó a su fin, y quedaron echadas las bases para las naciones del oeste de Europa.

Fue entre los descendientes de estos pueblos que la iglesia en Europa se desarrolló, y llevaron el cristianismo a través de Bretaña, la Galia, Escandinavia, y toda Europa. Esto resulta más notable por el hecho de que la mayoría de los germanos a su ingreso en el imperio eran arrianos. Su conversión a la fe cristiana del concilio de Nicea fue uno de los momentos decisivos en la historia del cristianismo.

Las misiones arrianas Cuando terminaron las persecuciones, los cristianos constituían alrededor del diez por ciento de la población del imperio y no se pensó en desarrollar misiones evangélicas allende el Rin y el Danubio. En efecto, no fue la iglesia de dentro del imperio la que se ocupó de evangelizarlos, sino un godo. Se llamaba Ulfilas —lobezno— y era arriano.

Ulfilas nació alrededor del año 310 en tierras de godos al norte del Danubio. Fue su madre una cristiana griega. De ella aprendió la fe cristiana y conocía perfectamente a los godos, su idioma, y sus costumbres. De su madre aprendió el griego y recibió además información acerca de la iglesia y del imperio de donde ella provenía. En el año 341 Ulfilas integró un grupo de godos enviados a Constantinopla, quizá en una misión diplomática. Durante su estancia en aquella capital atrajo la atención de Eusebio, obispo de Constantinopla, quien lo ordenó obispo de los cristianos godos.

La Biblia gótica y la expansión del cristianismo  La mayor obra de Ulfilas fue la traducción de la Biblia al gótico. La Biblia gótica resultó un factor importante en la conversión de los godos. De los visigodos el evangelio se propagó a los ostrogodos y a otros pueblos germánicos. No sabemos quienes fueron quienes  así propagaron el evangelio. Lo que sí sabemos es que cuando los germanos empezaron a invadir el imperio en masa, la mayoría eran cristianos, por lo menos nominales. Este hecho tuvo dos consecuencias importantes. Una, que la invasión del imperio fue mucho menos devastadora. Habiendo adoptado la religión del imperio, también estaban dispuestos a absorber su civilización. La segunda consecuencia se vincula íntimamente con la primera. La diferencia entre el catolicismo de  los romanos y el  arrianismo de los germanos dio lugar a problemas religiosos y sociales. Cada una de estas formas de cristianismo tenía su propia organización eclesiástica y su propia forma de culto.

Clodoveo y los francos Los francos eran una de las pocas tribus germanas que continuaron siendo paganas. Parece que los francos llegaron finalmente a ser la rama más poderosa de los germanos, pues entre los años 450 y 500 lograron conquistar toda la Galia. Su rey, Clodoveo, percibió que más tarde o más temprano su pueblo tendría que elegir entre el arrianismo y el cristianismo católico. Vio que en la Galia los creyentes católicos eran muy numerosos, la iglesia muy poderosa, y los obispos ejercían gran influencia. Ya en el año 650 todas las tribus habían abrazado la fe católica y el arrianismo había desaparecido, para nunca más resurgir.

La iglesia y la civilización Los germanos que invadieron el imperio deseaban valerse de la civilización romana y sus beneficios. Muchos eran analfabetos. Los germanos eran totalmente incapaces de mantener la civilización de que llegaron a adueñarse. No trataron de destruirla, pero toda la hermosura de Roma se deterioro y desintegró en manos de los germanos.

En medio de este colapso hubo una institución que no se derrumbó: la iglesia. La iglesia tenía su organización, y por lo tanto pudo mantener la comunicación entre puntos muy distantes entre sí. Predicaba un mensaje que armonizaba y por lo tanto los hombres podían tener una misma religión, una misma esperanza, y una misma ley moral según la cual vivir. En medio de la confusión, la iglesia brindaba estabilidad y orden y hacía mucho más que desempeñar funciones puramente espirituales. Alimentaba a los hambrientos, hacia liberar a los presos, ponía freno a la corrupción, conservaba los libros y hacia otros nuevos; enseñaba la agricultura, la carpintería, y la ganadería, y dirigía escuelas. La iglesia preparaba a los hombres para la vida venidera y preservaba la civilización para esta vida presente. El medio más importante de que dispuso la iglesia para cumplir estos señalados servicios fueron los monasterios.

La vida ascética En la esfera religiosa un asceta es uno que se niega a satisfacer sus necesidades materiales con el fin de concentrar la mente en las cosas espirituales. Cuando la iglesia estuvo al fin libre de las persecuciones derivó hacia la mundanalidad. Por lo que muchos creyentes se embarcaron en una vida ascética a fin de estar más cerca de Dios y no perderse en las preocupaciones de esta vida.

Uno de estos, un egipcio llamado Antonio, se fue a vivir a solas en el desierto. Este acto sencillo fue el comienzo de ese gran movimiento de tan tremenda importancia: el monasticismo. Con todo, no estaba satisfecho, y luego de quince años se fue a vivir en el desierto completamente solo, donde nada podría distraer su atención de las cosas espirituales. Vivió esta vida de severidad ascética por veinte años. Propagó el ascetismo  hasta su muerte en el año 347, dando pie al  monasticismo cenobítico, el cual consistía en vivir en soledad y constante meditación, oración, y adoración.

Pocos años después surgió otra forma de monasticismo de carácter comunal promovido por Pacomio. Organizó un monasterio con vida comunal. Todos obedecían una regla común, comían de una cocina única y se reunían diariamente para adorar. El trabajo se consideraba necesario, no solo para subsistir sino para sentirse humano. Así los monasterios ordenaron y sistematizaron la vida ascética. El monasticismo de Antonio hacia hincapié en la vida individual; el de Pacomio en el aspecto comunal. El monasticismo se extendió a España y África del norte y tuvo el apoyo de grandes líderes de la iglesia, como Agustín, Ambrosio, y Jerónimo.

El monasticismo en Europa El monasticismo cenobítico de Antonio   era de origen netamente egipcio y se prestaba para practicarse en climas cálidos, mientras que en Europa hace frío gran parte del año. Por otra parte, había sido grandemente influido por el ascetismo hindú, donde es frecuente el individualismo, el masoquismo, y las largas meditaciones. Europa necesitaba un tipo de monasticismo que fuera más comunal y menos severo. Benito de Nursia fue el iniciador de tal tipo de monasticismo.

Benito nació alrededor del año 480 en Nursia. Por la inmoralidad imperante en Roma practicó es ascetismo al estilo de Antonio pero pronto organizó un monasterio comunal en Monte Casino y escribió una regla para gobernar la vida de los monjes en el Monte Casino. El monasticismo benedictino cundió entre las mujeres lo mismo que entre los hombres. Conventos regidos por la regla de Benito aparecieron en Europa, haciéndose cada vez más numerosos.

Monasticismo irlandés Un tipo de monasticismo característico e importante surgió en Irlanda, por Patricio, un cristiano inglés, fundador del cristianismo irlandés.. Se desarrolló en el siglo quinto y con un cariz altamente misionero y civilizador. Entre los años 500 y 800, monjes irlandeses evangelizaron toda Irlanda, Escocia, y el norte de Inglaterra.

También fueron en calidad de misioneros al continente, evangelizando grandes regiones. Los hombres más cultos de esta época se formaban en los monasterios de Irlanda.

Los beneficios del monasticismo. Cuando los germanos irrumpieron en el imperio en el siglo quinto, la sociedad romana y su forma de vida  se desintegraron paulatinamente a través de muchos años. Hacia el año 600 el proceso estaba ya muy avanzado y durante los seis siglos posteriores la instrucción y otras influencias civilizadoras provenían de los monasterios.

Con pocas excepciones, solo el clero tenía instrucción. Los monjes eran no solamente los líderes de la iglesia sino filósofos, arquitectos, los principales consejeros de los reyes, agricultores expertos, músicos, fabricantes de vidrio, constructores, y peritos en muchas otras artes y oficios. En los monasterios más grandes se copiaban las grandes obras literarias del pasado y se guardaban celosamente en sus bibliotecas. Muchos monjes pasaban toda la vida en esta labor.

Por eso no es exagerado decir que los monasterios fueron los instrumentos principales en la evangelización de Europa, en evitar la pérdida de muchas obras literarias romanas y cristianas de la antigüedad, y en conseguir que los germanos fueran parte tanto de la iglesia como de la civilización que ella protegía.

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CAPÍTULO 11: LA VIDA DE LA IGLESIA (312-600)

 Después de asumir el poder Constantino, la vida y la organización de la iglesia variaron grandemente de lo que habían sido en sus primeros años. La iglesia dejó de considerarse un enemigo del estado; ahora era una aliada. La iglesia se hizo una parte aceptada e importante del imperio más rico y poderoso del mundo.

Las circunstancias nuevas afectaron profundamente cada aspecto de la vida de la iglesia. Todavía era el pueblo de Dios, pero vivía, pensaba, adoraba, y se gobernaba de modo muy distinto al de aquellos creyentes que pasaron por las sombras y las llamas de la persecución. Las esferas en las cuales eran más notables dichos cambios eran :  a) su gobierno, b) su relación con el estado y c) la forma del culto. Nos referiremos a menudo a la historia de la iglesia antes de que Constantino subiera al poder en el año 311, como el primer periodo de la historia antigua de la iglesia; a  la historia del año 312 al 600 llamaremos el segundo periodo.

EL GOBIERNO DE LA IGLESIA.

La estrecha relación entre la iglesia y el imperio puede parecer la de un ratón con un elefante, pero esto no fue así por mucho tiempo. Es cierto que el ratón eclesiástico nunca se convirtió en el elefante imperial, pero se hizo lo suficientemente grande y poderoso como para que el elefante tuviera que tomarlo en cuenta. Al inclinarse los emperadores para besar el anillo en el dedo de un obispo, y al tener estos el valor suficiente como para reprender al emperador y hasta prohibirle tomar los sacramentos, vemos una relación de algo más grande que de un ratón con un elefante.

 Las diferencias entre los dos periodos. Durante el primer periodo, la iglesia nunca tuvo una organización de gobierno que abarcase todo el imperio; todas las autoridades eran locales. Empezaron a celebrar sínodos regionales en el segundo siglo, pero no existía un gobierno común, ni leyes eclesiásticas comunes, ni una acción concertada de la iglesia. En el segundo periodo hubo un cambio radical. Constantino al tomar el poder en el oeste, convocó un sínodo en Arlés, Galia, en representación de todo occidente para tratar el problema de los donatistas en África del norte. Once años después (325) el mismo emperador convocó el primer concilio ecuménico en Nicea, y desde entonces los concilios se hicieron una cosa común en la vida de la iglesia. Las decisiones de un concilio eran válidas dentro de la región donde se celebraba y a veces lo eran para toda la iglesia. Las decisiones de los concilios fueron factores importantes en el desarrollo de creencias comunes, unidad, y orden en la iglesia.

Durante el segundo periodo la iglesia también extendió y reforzó la forma de gobierno haciéndose más complicada. También se hizo muy marcada la distinción entre los laicos y el clero. Con el andar del tiempo, todo el trabajo de la iglesia, o casi todo, paso a manos del clero, y dado que este trabajo aumentaba constantemente fue necesario crear nuevos cargos y tres grandes jerarquías: las órdenes menores, las órdenes mayores y el episcopado.

Las órdenes del clero. Las órdenes menores eran los exorcistas y lectores, quienes desempeñaban funciones secundarias en el culto, y los acólitos y subdiáconos, quienes constituían los secretarios del obispo. Las órdenes mayores las formaban los diáconos y presbíteros. Los presbíteros dirigían los cultos y administraban los sacramentos. Posteriormente se les llamó sacerdotes. El episcopado consistía en los obispos de la iglesia. El de jerarquía menor era el obispo de campana; luego venía el obispo urbano, y ambos estaban subordinados al arzobispo, llamado en la iglesia oriental el metropolitano, o sea, obispo de capital de provincia. Los arzobispos, a su vez, estaban bajo la autoridad de los obispos patriarcales.

Al comienzo del siglo cuatro había en la iglesia católica tres obispos patriarcales: los de Roma, Antioquia, y Alejandría. El obispo de Roma gobernaba la iglesia en todo el occidente, o sea en sesenta y siete provincias. El patriarca de Roma fue llamado desde el principio Papa, nombre que subsiste hoy. La estructura del gobierno eclesiástico que hemos descrito se llama jerárquica, que quiere decir gobierno por sacerdotes. Como una pirámide, la estructura parte de las órdenes menores del clero en la base y pasa por las órdenes mayores y las distintas jerarquías de obispos a una autoridad única en la cúspide.

IGLESIA Y ESTADO

Durante el primer periodo de la historia antigua de la iglesia, es decir, hasta Constantino, la iglesia trató todos sus problemas eclesiásticamente, sin que el estado tuviera voz ni voto en los asuntos de la iglesia. Con Constantino esto cambio completamente. Los emperadores que le precedieron vieron la importancia de la religión para asegurar la unidad del imperio, y él lo vio tan claramente como ellos. Los emperadores paganos edificaron templos paganos; Constantino edificó iglesias cristianas. Los emperadores paganos sostenían a los sacerdotes paganos; Constantino dio subsidios al clero cristiano. Los emperadores paganos combatieron el cristianismo; Constantino y los emperadores cristianos que le siguieron combatieron lenta pero seguramente al paganismo y las herejías.

La nueva relación entre la iglesia y el estado El comienzo de la relación entre la iglesia cristiana y el estado estableció el siguiente modelo de procedimiento para tratar cualquier problema eclesiástico que amenazara la unidad del imperio: El emperador llamaría a un sínodo o concilio cuando lo creyera necesario; si el sínodo o concilio no lo resolvía,
 el emperador haría cumplir la decisión con el poder del estado.

Es evidente que la iglesia pudo prestar muchos servicios que anteriormente no le fue posible llevar a cabo. Pero también no hay duda de que quedó expuesta a muchas tentaciones que no existían antes de aliarse con el estado. La política del estado se infiltró en la iglesia, y la iglesia penetró en la política del estado. La disciplina se resintió, y ser miembro de la iglesia, para muchos, se hizo una formalidad puramente exterior. El clero se hizo importante tanto en las ciudades grandes como en los pueblos pequeños, y los honores que se les dispensaban superaban a los que recibían los funcionarios del estado.

De modo que se puede decir que Constantino y sus sucesores fijaron el molde de las relaciones de la iglesia con el estado que perduró por más de mil trescientos años. Aun hoy pueden hallarse vestigios de esta antigua relación. La Ciudad del Vaticano, en la cual la iglesia y el estado forman una unidad, es el testimonio permanente que la Iglesia Católico romana cree en la asociación íntima entre la iglesia y el estado. Del lado protestante, los ejemplos más claros se hallan en los países escandinavos: Dinamarca, Noruega, Suecia, y, muy vinculada, Finlandia.

EL CULTO DE LA IGLESIA

El cambio de la vida de la iglesia después de la ascensión de Constantino se manifestó de modo notable en el culto. En las épocas de sufrimiento la vida religiosa de la iglesia se había centrado en las cosas interiores y espirituales. Durante más de dos siglos no tuvo ni el dinero, ni los talentos, ni la oportunidad de construir edificios suntuosos y organizar en ellos ceremonias llenas de pompa.

Constantino y su devota madre, Elena, erigieron edificios nuevos y costosos. Antes del año 400 ya había cuarenta grandes iglesias en la ciudad de Roma solamente. Dentro de estos templos la liturgia adquiría formas cada vez más complicadas. Los arquitectos, músicos, pintores, y ebanistas, los diseñadores de vestimentas y trabajos artísticos en metales, compositores de himnos y liturgias… todos pudieron ahora expresar su fe no sólo de modo espiritual sino también en forma exterior, apelando a la vista, al oído, y a la imaginación. La iglesia “en casa” de los días del Nuevo Testamento se hizo la iglesia de la basílica y de la catedral.

La expresión de las ideas y los sentimientos religiosos por medio del arte, la arquitectura, y la música no siempre fue comprendida o apreciada. A las multitudes que entraban en las iglesias les agradaban el ceremonial y la belleza pero no entendían su significado. Lo que es más, la liturgia que fue surgiendo era a menudo de creación humana sin base escritural. La multiplicación de las fiestas, la veneración de los santos, mártires, y reliquias, y el valor que se le atribuía a los peregrinajes y los lugares santos a menudo relegaban a un lugar subordinado los asuntos realmente espirituales.

El año eclesiástico. Del mismo modo que existe un año natural, así también el mundo cristiano reconoce la existencia de un año espiritual. Generalmente se le llama el año eclesiástico, cuyos orígenes se remontan a los primeros tiempos de la iglesia. El año eclesiástico surgió motivado en la celebración de tres grandes actos de la redención divina: la encarnación (Navidad), la muerte y resurrección de Cristo (Semana Santa), y la venida del Espíritu Santo (Pentecostés).

La celebración de la Navidad iba precedida de las cuatro semanas del adviento. La celebración de la Semana Santa iba precedida de las seis semanas de cuaresma. Pentecostés, significa cincuenta días, y representa las siete semanas que transcurren entre la resurrección y la venida del Espíritu Santo. En el día cuarenta después de la resurrección, la iglesia celebraba el retorno de Cristo al Padre en la fiesta de la Ascensión. Estas eran semanas de gozo, pues la iglesia continuaba con el recuerdo del hecho central de la Semana Santa y anticipaba la celebración de la venida del Espíritu. Pentecostés era la última de las tres grandes fiestas.

El domingo y los cultos dominicales. Desde el principio los creyentes recordaban y guardaban el primer día de la semana por ser el día de la resurrección de Cristo. Es digno de notar que Constantino no vinculó su legislación a las costumbres cristianas o al cuarto mandamiento, sino que se refirió al domingo por su nombre tradicional pagano, el día del sol, no sábado ni día del Señor, de modo que era también aceptable a los paganos. Los cristianos daban al sol físico un nuevo significado al pensar de Cristo como el “sol de justicia” (Mt 4:2).

En la comunidad cristiana los cultos públicos eran la principal actividad del día domingo. El culto de adoración consistía de dos partes: la que se destinaba a todo el mundo, incluso los catecúmenos, y la que sólo era para los que comulgaban. Al final de la primera sesión se despedía a todos excepto los comulgantes. El acto de despedir (en latín missus) era la señal de que comenzaba el culto de la comunión, y fue el origen del nombre “misa” usado hasta hoy por los católicos. En el servicio religioso público se leían selecciones de los evangelios y las epístolas, a veces de las profecías, y se cantaban salmos. Como había muy pocas Biblias para leer las Escrituras personalmente durante la semana, era necesario ir a la iglesia donde había una; pero pocos se molestaban en hacer esto. A esto se agregó el concepto malsano de que la lectura de la Biblia era solo para el clero.

Al sermón, que se predicaba durante la primera parte del servicio religioso, se le daba un lugar preeminente en el culto de la iglesia de oriente. En la de occidente, la predicación era a menudo pobre y se le daba el lugar sobresaliente al servicio de comunión. En la iglesia oriental la comunión o eucaristía se convirtió en un asunto tan misterioso que se consideraba correcto celebrarla solo una vez al año o en ocasiones muy especiales. La iglesia occidental recomendaba la comunión con mayor frecuencia. Algunos concilios exigieron la concurrencia a comulgar por lo menos tres veces al año: en Navidad, Semana Santa, y Pentecostés. En el siglo cinco o seis la comunión se convirtió en un culto público, si bien permanecía accesible solo a los que habían sido confirmados.

Los sacramentos. La validez del bautismo y de la santa cena como verdaderos sacramentos nunca fue discutida en la iglesia primitiva. Los siete sacramentos actuales de la Iglesia Católica Romana no fueron establecidos del todo hasta el siglo doce. Además del bautismo y la santa cena —la misa—, reconoce los sacramentos de la confirmación, la ordenación, la penitencia, la extremaunción, y el matrimonio. La Reforma reconoció sólo el bautismo y la santa cena, considerando a los demás como prácticas eclesiásticas o religiosas sin el status de sacramentos.

Los santos. Era natural que los primeros cristianos recordaran con amor a los apóstoles, especialmente a Pedro y Pablo, además de Esteban, el primer mártir, a María, la madre de Jesús, Juan el Bautista, y los grandes profetas del Antiguo Testamento. Los cristianos empezaron a orar a ellos para que fueran sus intercesores ante Cristo. En ninguna parte de la Biblia se nos manda orar a ellos, o se dice que nos puedan ayudar. Sin embargo, la lista de los santos crecía más y más, y los grandes líderes de la iglesia apoyaban su veneración. De esta manera, una jerarquía de santos locales, nacionales o universalmente reconocidos —cada uno con su mérito especial— vino a colocarse entre el creyente y Dios. El Hijo de Dios, el único mediador entre Dios y los hombres, fue eclipsado por una hueste de santos mayores o menores a quienes se podía elevar los ruegos.

Días santos, reliquias santas y lugares santos Los santos diferían en fama y poder. Había santos locales, santos nacionales, y aquellos que eran honrados universalmente. Quizá no exista ningún otro aspecto en que el paganismo haya influido al cristianismo más evidentemente y con mayor impacto que en la veneración de los santos, sus reliquias y los peregrinajes  a los lugares santos.

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CAPÍTULO 12: CUATRO GRANDES LÍDERES DE LA IGLESIA

Al estudiar la historia de la iglesia es importante notar la vida de sus grandes figuras así como la vida de la iglesia en su totalidad.  Ya hemos visto algo del ejemplo y la obra de personajes destacados como Ignacio, Policarpo, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Atanasio, Benito de Nursia, y otros.

Examinemos ahora las vidas de cuatro hombres que marcaron de forma notable el desarrollo de la iglesia en el segundo periodo de su historia: Ambrosio, obispo de Milán; Crisóstomo, patriarca de Constantinopla; Jerónimo, traductor de la Biblia al latín; y Agustín de Hipona, una de las figuras más destacadas en toda la historia de la iglesia. Todos fueron contemporáneos: Ambrosio, Crisóstomo, y Jerónimo nacieron entre 340 y 345; Agustín nació en 354. Ambrosio y Agustín pertenecían a la iglesia occidental, Crisóstomo a la oriental. Jerónimo pasó la mayor parte de su vida en el oeste, pero llevó a cabo mucha de su obra en el este. El trabajo de estas personas continua inspirando y sirviendo a la iglesia hasta hoy.

AMBROSIO (340-397)

Ambrosio nació en Tréveris, capital de Galia. Su padre fue gobernador de toda la Galia, Bretaña, y España. Estudió para abogado y se distinguió en la profesión, por lo que a los treinta años fue nombrado gobernador de la Alta Italia. Allí, en la gran capital de Milán llegó a ser respetado y apreciado por todos.

Elegido como obispo. En 374 el obispo de Milán murió. Ambrosio fue a la iglesia donde se hacía la elección, a fin de mantener el orden entre arrianos y católicos. Todos los presentes a una, eligieron a Ambrosio como obispo cuando tenía sólo treinta y cuatro años. Ambrosio aceptó la decisión  como un llamado de Dios que él no podía rechazar, y se dio de corazón a su nueva e inesperada vocación.

Entregó todas sus vastas riquezas y propiedades a los pobres y a la iglesia. Estuvo siempre atento a los pobres y oprimidos. Dedicó todo su tiempo disponible al estudio de la Biblia y de la teología. Predicaba muy a menudo y  por medio de su predicación Agustín se convirtió a la fe cristiana. Vivió como un ascético.

Su actuación  Ambrosio era un católico convencido y resistía a los arrianos. Ambrosio no  admitió que los arrianos tuvieran derecho para adorar en Milán. También logró que se eligieran obispos católicos y que los obispos arrianos de otras diócesis fueran depuestos.

Ambrosio no siempre era justo con sus oponentes. En Mesopotamia los cristianos habían destruido un lugar de reunión de los gnósticos valentinianos y habían quemado la sinagoga judía. El emperador Teodosio ordenó al obispo de la iglesia local que reconstruyera ambos edificios por cuenta de la iglesia. Ambrosio protestó ante el emperador. Tal era su influencia que el emperador retiró su decreto. El momento más grande en la vida de Ambrosio, y sin duda uno de los más grandes en la historia de toda la iglesia se produjo en otra confrontación mucho más grave con el emperador Teodosio, quien  cristiano pero también un soldado rudo y de fogoso temperamento. En 390 en Tesalónica un soldado del ejército romano fue asesinado. Teodosio envió una orden para efectuar una masacre en aquella ciudad. Después se arrepintió y envió a otro mensajero para anular la orden, pero fue muy tarde. Los soldados en un espectáculo público en el estadio  mataron alrededor de siete mil personas.

Ambrosio escribió entonces una fuerte carta pastoral a Teodosio, reprochándole su crimen y llamándolo al arrepentimiento. Teodosio no hizo caso, y poco después fue a la catedral para asistir al culto. Ambrosio, salió al pórtico de la iglesia y abiertamente le reprendió, negándole la entrada al templo y ordenándole que se retirara y arrepintiera. Por varios meses Teodosio no asistió a los cultos pero Ambrosio permaneció inflexible, y entonces el emperador que era cristiano de corazón, confesó su pecado e imploró el perdón de Dios y de los hombres, yaciendo sobre el piso delante de toda la congregación.

Más que ningún otro líder en la iglesia primitiva, Ambrosio proclamó en palabra y hecho la independencia de la iglesia del estado. Al predicar la ley y el evangelio a los grandes y poderosos de la tierra, dejó para todos los tiempos un ejemplo de intrepidez y coraje. Era no obstante gentil y tierno de corazón y se inclinaba como un verdadero pastor de Cristo para ayudar a los pobres y oprimidos.

JERÓNIMO (345-420)

Jerónimo ocupa un lugar notable en la historia de la iglesia. Fue fue un erudito en lingüística a la vez que un notable ascético. Dio a la iglesia de occidente una traducción de la Biblia de excepcional fidelidad, y con su ejemplo personal y sus escritos impulsó en gran manera la causa del monasticismo.

Su ascetismo. Nació en Panonia, al norte de Iliria. Fue criado en un hogar cristiano y a la edad de dieciocho años fue a Roma para estudiar leyes. Practicó el ascetismo por tres años en su región natal y visitó la iglesia oriental en Antioquía. Vivía una lucha interna: amaba a los grandes escritores latinos, especialmente a Cicerón; como cristiano sentía que debía dedicar su vida al estudio de las Escrituras; pero como ascético experimentaba una gran atracción hacia la vida monástica. Hallándose en Antioquia resolvió ir al destierro y vivir como  ermitaño. Por cinco años así lo hizo para aniquilar sin éxito las tentaciones de la carne.

La Biblia latina. En 382, mientras asistía a un sínodo en Roma con su obispo, se convirtió en el consejero teológico del Papa Dámaso. Dámaso animó a Jerónimo para que revisara la Biblia latina. En 250 A.C. eruditos judíos habían traducido el Antiguo Testamento al griego, la Septuaginta, la cual no era  una traducción exacta en todos sus aspectos. Jerónimo comprendió que una traducción satisfactoria al latín solo podía lograrse de una manera: traducir el Antiguo Testamento directamente del hebreo.

Cuando el Papa Dámaso murió en 384, Jerónimo fue  a Jerusalén para realizar su traducción. Algunos de sus discípulos fueron con él. Se establecieron cerca de Belén, donde edificaron un monasterio, un convento para mujeres, una iglesia, y una posada para peregrinos. Aquí Jerónimo vivió, hasta su muerte en 420. Había aprendido hebreo y caldeo mientras vivía en el desierto. Ahora, rodeado de libros, copistas y asistentes lingüísticos judíos se dedicó a su trabajo. En 405, después de veinte años de trabajo, Jerónimo terminó la traducción de la Biblia al latín. Se llama la Vulgata (“versión popular”), y es la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana hasta el presente. Jerónimo escribió también un número de comentarios sobre libros del Nuevo y Antiguo Testamento y libros sobre historia y doctrina de la iglesia.

JUAN CRISÓSTOMO (347-406)

Juan (llamado Crisóstomo, que significa “pico de oro”), nació en Antioquia de Siria alrededor del 347. Su padre murió cuando Juan era niño, dejando a su esposa Antusa viuda a los veinte años. La  ferviente  influencia cristiana  de su madre tuvo sobre Juan un valor perdurable.

Juan estudió con Libanio, el famoso maestro pagano de literatura y oratoria en el oriente. Al preguntársele a Libanio quién debería reemplazarlo cuando él se retirara de la enseñanza, contestó: “Juan, pero los cristianos nos lo han robado.“ En ocasión de su bautismo en 370 puso a un lado toda aspiración como abogado y decidió hacerse monje. Su madre le rogó que esperara para hacerlo hasta después de su muerte. Él accedió y vivió en el hogar de su madre, pero llevó una vida monástica, comiendo sólo lo suficiente para conservar la salud, durmiendo sobre el piso y pasando mucho tiempo en meditación y oración.

En 374 Juan fue a vivir como un monje al sur de Antioquia. En 380 regresó a Antioquia por razones de su salud quebrantada. El obispo de Antioquia lo ordenó como diácono. Unos años más tarde pasó al cargo de presbítero lo cual le permitió predicar, y así comenzó su carrera como  un notable predicador.

El patriarca predicador. Antioquia constituyó por muchos años uno de los centros importantes del cristianismo. En los días de Juan Crisóstomo, casi la mitad de sus 200.000 habitantes eran cristianos. Constantino donó a Antioquia su más grande y hermosa iglesia, y fue allí donde Juan Crisóstomo predicó. Durante catorce años habló a vastas multitudes. Cuando murió el patriarca de Constantinopla, Juan  fue elegido para ese alto cargo. Las maquinaciones y la maledicencia calaban la iglesia y la alta política en la capital imperial. Teófilo, el patriarca de Alejandría, tenía celos de Crisóstomo y deseaba sacarlo de su puesto. Eudoxia, la esposa del emperador Arcadio, encabezó un complot contra él, y Crisóstomo, con poco tino, predicó acerca de la reprensión de Elías a Jezabel. Crisóstomo fue  condenado al destierro; sin embargo, el pueblo demandó su regreso y amenazó con una revuelta. La emperatriz se arrepintió  y Crisóstomo fue traído de nuevo.

Exilio y muerte. Muy pronto la batalla se reanudó. La emperatriz hizo levantar una estatua de plata con su propia imagen en la plaza pública frente a la gran catedral de Santa Sofía donde predicaba Crisóstomo, quien criticó nuevamente a la emperatriz: “Otra vez Herodías está furiosa, otra vez está danzando, otra vez pide la cabeza de Juan sobre un plato”. Crisóstomo fue arrestado en la catedral y exilado a Armenia a un lugar desierto y solitario pero murió en el camino, alabando a Dios y perdonando a todos los que le habían tratado injustamente.

AGUSTÍN (354-430)

Agustín es el hijo más distinguido de la antigua iglesia. Era grande de corazón y grande de mente. Ha sido por siglos hasta hoy el teólogo más influyente de la iglesia.

Sus primeros años.  Aurelio Agustino nació en Tagaste, una pequeña ciudad de África del norte, cerca de la ciudad de Hipona. Su padre, que era pagano, recibió el bautismo antes de su muerte. Mónica, su madre, fue una de las mujeres más piadosas de la historia cristiana. Su constante amor e interés espiritual por su hijo fueron  la influencia más profunda en la vida de Agustín.

Agustín estudio abogacía en Cartago, y cuando terminó sus estudios se fue a Roma para emplearse como maestro. Tuvo una vida mundana y licenciosa, para desconsuelo de su madre. En todos sus estudios y en su búsqueda religiosa no pudo encontrar una fe o filosofía satisfactoria a su corazón. Llegó a Milán, donde escuchó a Ambrosio. Agustín iba a escucharle más bien por su elocuencia que por su predicación del evangelio. Gradualmente, sin embargo, los poderosos sermones de Ambrosio comenzaron a tocarle.

Conversión y ordenación. Fue en esta condición que Agustín enfrentó la gran crisis religiosa de su vida. Agustín fue a buscar a su amigo Alipio, y este estaba leyendo un libro, las Epístolas de San Pablo. Allí recibió la luz y fue convertido a la fe en el año 386. Pidió a Ambrosio que lo preparara para el bautismo, junto con su hijo Adeodato, quien murió poco tiempo después.

Agustín volvió a África. En el  395 fue nombrado obispo ayudante de Hipona, y un año más tarde obispo. Vivía una vida sencilla en un monasterio. En el curso de los treinta y cinco años siguientes Agustín se constituyó en el centro teológico de la iglesia occidental. Especialmente por sus escritos, ha ejercido una influencia que perdura hasta nuestros días. Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del año 430, mientras la ciudad estaba rodeada por los vándalos. Unos meses más tarde la ciudad cayó y fue totalmente destruida. Sólo la catedral y la biblioteca de Agustín escaparon.

Los escritos de Agustín. Se recuerdan mayormente por cinco contribuciones que hizo a la vida y el pensamiento de la iglesia:

Confesiones. El primero y mejor conocido de los tres libros es Confesiones. En él Agustín examina su vida espiritual y confiesa sus pecados pero solamente con el fin de confesar rectamente alabanzas a Dios. Comenzando por la niñez hasta la edad viril, desde la duda a la fe, recuerda pequeñas experiencias y expresa sus pensamientos más íntimos. Agustín el hombre, el hijo, el amigo, el filósofo, y el teólogo, examina su vida y la vida de todos los hombres a la luz de Dios. Es uno de los grandes libros de devoción cristiana.

La ciudad de Dios. El segundo libro, La ciudad de Dios, muestra el concepto de Agustín de la historia y su significado. Fue escrito a raíz del saqueo de Roma, la ciudad más grande del mundo, en 410 por los visigodos de Alarico. Agustín reconoce la grandeza de Roma pero aun las más grandes ciudades y naciones deben desaparecer. No existe magnificencia que perdure para siempre. Por consiguiente, debemos mirar a la ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén que desciende del cielo. Esta ciudad se está construyendo en la actualidad; es el reino de Dios, la iglesia de Cristo, y durará para siempre en belleza eterna.

(CONTINÚA) . . . . .

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CAPÍTULO 12: CUATRO GRANDES LÍDERES DE LA IGLESIA

(CONTINUACIÓN)

Los escritos de Agustín. (Continuación)

Sobre la Trinidad. En su tercer libro, Agustín desarrolla el concepto de la Trinidad en su forma final, tal como se conoce en el mundo occidental. Agustín desarrolló la doctrina de la Trinidad en dos formas. En primer lugar, enseñó la total igualdad del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. No existe uno anterior o posterior, ni superior o inferior en la Trinidad. El Hijo es todo Dios, y su carácter distintivo es el ser eternamente engendrado por el Padre. El Espíritu Santo es todo Dios, y su carácter distintivo es que procede tanto del Padre como del Hijo. En segundo lugar relacionaba al Espíritu Santo directamente con el Hijo y asimismo con el Padre.

El Padre no es hecho por nadie, ni ha sido creado ni engendrado. El Hijo es del Padre únicamente; no ha sido creado sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo; no ha sido creado, ni engendrado, sino que procede… En esta Trinidad ninguno está antes o después del otro; ninguno es mayor o menor que el otro. Pero las tres personas son coeternas y co-iguales. De modo que en todas las cosas, como se ha dicho, ha de adorarse la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad.

Contra los donatistas. En sus escritos contra los donatistas, Agustín expresa su doctrina acerca de la iglesia y de los sacramentos. Los donatistas eran ortodoxos en sus enseñanzas pero no reconocían a la iglesia católica. Se había separado de ella a raíz de la ordenación de Cecilio como obispo de Cartago. Su ordenación —decían los donatistas— no tenía validez debido a la participación de Félix de Aptunga, quien había sido acusado de entregar cosas santas a los perseguidores. Afirmaban que los sacrificios administrados por un sacerdote indigno, o por uno que había sido ordenado en forma indigna, de hecho quedaban invalidados.

Agustín enseñó que el poder de los sacramentos reside no en el carácter del sacerdote sino en el carácter de la iglesia. La iglesia católica es santa porque es apostólica; sus obispos son sucesores de los apóstoles. De ese modo es unida y universal. No hay otra iglesia, y fuera de esta iglesia no hay salvación. Por esta razón sus sacramentos son santos y válidos pese al carácter del sacerdote o ministro que los administre. Agustín no por ello aprobaba el ministerio inmoral o falto de espiritualidad, no obstante, preparó el camino para la aparición de un ministerio en el cual los valores morales y espirituales estaban en peligro de tornarse menos importantes de lo que debían ser.

Contra los pelagianos. Pelagio provocó la más grande controversia teológica en tiempos de Agustín. Sostenía que Dios daba a cada hombre la posibilidad de vivir una vida sin pecado. Esta posibilidad es don de Dios; el hombre no lo posee en si mismo. Lo que el hombre tiene es la voluntad de vivir esa vida. El hombre, sin la fortaleza y el poder de Dios, puede por sí mismo hacer real la posibilidad dada por Dios de vivir una vida sin pecado. El hombre es bueno por naturaleza, pero su voluntad de hacer el bien ha sido debilitada por frecuentes caídas producidas por el mal ejemplo

Agustín consideraba que esta doctrina contradecía tanto las enseñanzas de las Escrituras como su propia experiencia religiosa. Agustín afirma: El pecado no consiste en acciones malas sino que procede de una naturaleza mala, heredada de Adán. Las malas acciones son producto de esta mala naturaleza.

La gracia es la obra de Dios en los corazones de los hombres que les permite hacer lo bueno. Sin esta gracia no podemos obedecer la ley ni creer el evangelio de Cristo. El creer en Cristo nos une a él, añade amor a la fe, y hace posible una vida de obediencia a Dios. La gracia de Dios es irresistible en aquellos que están predestinados a la vida eterna; no la tienen aquellos que están predestinados a la muerte eterna.

La iglesia aceptó las enseñanzas de Agustín sobre el pecado y la gracia en su delineamiento general. Condenó el pelagianismo en el sínodo reunido en Cartago en 416, y esta decisión fue confirmada por el Papa Zósimo. Un siglo más tarde (en 529), un sínodo que tuvo lugar en Orange, Galia, confirmó la posición de Agustín. Condenó, sin embargo, su enseñanza sobre la predestinación a la muerte eterna y dio una importancia a las buenas obras que Agustín no hubiera aprobado.

El sínodo de Orange fue una reunión reducida, pero su importancia creció por el reconocimiento del Papa Bonifacio II a sus decisiones. Quedó así establecida la posición católica hasta que la misma fue puesta en tela de juicio por la Reforma Protestante en el siglo dieciséis.

CONCLUSIÓN

Toda la teología de Agustín estuvo profundamente influida por la filosofía platónica griega en su forma final, llamada neoplatonismo. Antes de su conversión el había sido maniqueo, siguiendo la filosofía de Mani, un pensador persa que murió en el año 277. Su enseñanza se centraba en el conflicto entre el eterno bien y el eterno mal. En el nuevo platonismo, Agustín aprendió que el mal no tiene una existencia independiente, que es sólo la ausencia del bien, y que el mundo de la existencia real es el mundo del espíritu.

Es a la luz de estas ideas que Agustín leyó la Biblia, interpretó el pecado y la gracia, y consideró la vida cristiana. Su larga conexión con el pensamiento oriental y griego probablemente contribuyó a formar sus ideas sobre el casamiento, el celibato, el ascetismo, y el monasticismo.

Sin embargo, no debemos ser demasiado severos en nuestra crítica de estas tendencias. Cada generación de cristianos se ve influida en cierto grado por las ideas que sobre la vida y la realidad exponen los pensadores más conocidos de su día. Esto es inevitable si la iglesia ha de hablar al mundo en el cual vive.

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CAPÍTULO 13: LA CUESTIÓN DE LO HUMANO Y LO DIVINO EN CRISTO

Cuando el evangelio vino a los griegos, estos lo aceptaron por fe y lo examinaron con el intelecto. Su fe produjo la iglesia oriental; su intelecto la teología oriental. A través de más de setenta años de discusiones y debates, la iglesia decidió que Cristo era (a) todo Dios, homoousios con el Padre (es decir de la misma naturaleza del Padre), y (b) todo hombre, homoousios con su humanidad. Estas fueron las decisiones de Nicea (325) y confirmadas por el Concilio de Constantinopla (381).

Comenzó entonces una nueva polémica, que duró 400 años respecto a la relación entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo. Por razones políticas estas controversias trajeron mucha amargura, persecución, y división en la iglesia. Para entonces los musulmanes habían invadido Palestina y Siria, Egipto y África del norte. Esto fue el comienzo del fin para la iglesia en esas regiones tan importantes y fructíferas para el cristianismo. Estos debates no terminan hasta el año 787. Seguiremos por ello la historia de la iglesia antigua hasta los últimos veinticinco años del siglo ocho.

Origen del problema. Al comienzo del siglo quinto, la verdadera deidad y la verdadera humanidad de Cristo eran creídas universalmente por la Iglesia Católica; sin embargo, había tres puntos de vista generales acerca de la relación entre esas dos naturalezas. Estos puntos de vista se manifestaron entre el segundo concilio ecuménico de Constantinopla (381) y el sexto concilio ecuménico también de Constantinopla (680-681).

a) La idea occidental. La posición de occidente sostenida por Tertuliano es que la total naturaleza divina y la total naturaleza humana estaban unidas, sin mezclarse, en una persona, Jesucristo. Pero ¿quién es esta persona en quien las dos naturalezas están unidas? ¿Es el Hijo que estaba con el Padre desde la eternidad? ¿Es el ser humano que nació de la virgen María? ¿O es una combinación de estos dos? Estas eran las preguntas alrededor de las cuales girarían la mayor parte de las discusiones.

b) La idea de Antioquia Los de Antioquia ponían énfasis en la vida humana de Cristo en el Nuevo Testamento, tal como se registra en los evangelios. Para ellos, pues, era natural asignar mucha importancia al lado humano de la vida de nuestro Señor. Al mismo tiempo reconocían totalmente su carácter divino. Pero, ¿cómo se relacionaban estos dos aspectos en Cristo de modo que no se tratara de dos seres sino de uno?

c) La idea de Alejandría Atanasio consideró la salvación como una obra de Dios, transformando lo humano en divino. Su texto favorito era 2 Pedro 1.4, en el cual Pedro habla de las preciosas y grandísimas promesas que Dios nos ha dado, “para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina”. La cristología de Alejandría dio más importancia al aspecto divino que al humano. ¿No podría suceder entonces que un énfasis tan acentuado sobre lo divino debilitara u oscureciera la noción del lado humano de Cristo?

Tan distintas eran las posiciones de la iglesia durante la segunda mitad del siglo cuarto que Occidente lo dejó problema abierto; Antioquia enfatizaba la  naturaleza humana de Cristo; Alejandría, la divinidad de Cristo.

Apolinario, obispo de Laodicea en Siria (unos sesenta kilómetros al sudeste de Antioquia), usó el versículo de 1 Tes 5:23 como punto de partida en el que Pablo habla del hombre con “espíritu, alma, y cuerpo”. Enseñó que cuando el Hijo se hizo hombre, la Razón o Logos divino tomó el lugar del espíritu humano —es decir la mente o razón humana— en Jesús. Por lo tanto, el hombre Jesús era totalmente divino porque no tenía una mente o razón humana; esta había sido reemplazada por la mente divina. Apolinario consideraba que el Hijo encarnado era verdadero Dios; sin embargo, no lo presentaba como verdadero hombre. Las ideas de Apolinario fueron condenadas en el Concilio de Constantinopla en 381.

La debilidad en el punto de vista de Antioquia. La escuela de Antioquia creía en la verdadera y cabal humanidad de Cristo. Él era espíritu, alma, y cuerpo unido con el eterno Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad. La unión entre Dios y el hombre es tan completa que los dos juntos hacen un solo ser, una persona. Esto se tornó en un problema muy complicado para los antioqueños, particularmente cuando se referían a los sufrimientos de Cristo. En el pensamiento griego Dios no podía sufrir; por lo tanto, decían que Dios no sufrió en los sufrimientos de Cristo; solamente la parte humana de Cristo sufrió. Sin embargo, según el amor de Dios ese amor divino estaba presente en el sufrimiento, y así Dios estaba presente en ese padecimiento.

Cirilo de Alejandría. Alejandría miraba con simpatía la enseñanza de Apolinario porque mantenía firmemente y enfatizaba la deidad de Cristo. Sin embargo, Alejandría no estaba de acuerdo con él en que Cristo no tuviera una mente o razón humana. Los alejandrinos también objetaron la debilidad del criterio antioqueño en el hecho de que lo humano y lo divino en Cristo no parecía formar una verdadera unidad. Al tratar de corregir este error, unieron lo humano y lo divino en Cristo tan estrechamente que su humanidad parecía desaparecer en su divinidad.

Según la opinión de Cirilo, patriarca de Alejandría desde 412 a 444, la unión de las dos naturalezas estaba tan dominada por lo divino, que la humanidad parecía retroceder y quedar en segundo plano. Más tarde como veremos, muchos de los seguidores de Cirilo fueron aun más lejos y proclamaron que Cristo tenía únicamente una naturaleza, es decir una naturaleza divino-humana en la cual lo humano quedaba absorbido por lo divino.

Es por ello que no es sorprendente que  algunos comenzaran a hablar de María, la madre de Jesús, como “madre de Dios”. En el occidente el problema no era muy grave pues seguían las enseñanzas de Ambrosio y Agustín, los cuales aceptaban que en Cristo una plena naturaleza divina estaba unida a una plena naturaleza humana, y que estas dos naturalezas formaban una expresión unificada en el hombre Jesucristo.

En 428, Nestorio, notable predicador de la iglesia en Antioquia, fue hecho patriarca de Constantinopla y se disgustó cuando oyó  la iglesia de Constantinopla referirse a María como “la madre de Dios”, pues esto no estaba de acuerdo con el alto concepto que la posición de Antioquía tenía de la humanidad de Cristo. Nestorio, por lo tanto, predicó con toda elocuencia contra el uso de esa expresión.

Maniobras en Éfeso. Cirilo de Alejandría vio ahora la oportunidad de humillar tanto a Constantinopla como a Antioquía, a la vez que de promover su propia teología y extender la influencia de Alejandría. Atacó a Nestorio diciendo que éste predicaba solamente a un Salvador humano. Apeló también al Papa.

Los emperadores de oriente y occidente convocaron juntos un concilio que se reuniría en Éfeso en 431. Cirilo y sus seguidores llegaron antes que los que apoyaban a Nestorio. Cirilo pidió que se reuniera el concilio sin la participación de los nestorianos, donde condenaron a Nestorio. El emperador, y más tarde la iglesia, reconoció el concilio de Cirilo aun cuando fue ilegal. Nestorio y muchos de sus seguidores se retiraron a un monasterio. Fueron perseguidos en el imperio pero fueron recibidos por los persas y desarrollaron una extensa actividad misionera que los llevó hasta la China en el siglo séptimo.

Las decisiones de Calcedonia. En 450 el emperador Teodosio II murió, y su hermana Pulqueria y su esposo Marciano obtuvieron el poder imperial. El emperador convino en un nuevo concilio en 451 para la ciudad de Calcedonia, cerca de Nicea en el Asia Menor. Seiscientos obispos asistieron. El concilio adoptó la posición occidental expuesta por León en su Tomo cuya base era la cristología de Tertuliano, pero él fue aún más lejos. León proponía que en Cristo había dos naturalezas completas, la divina y la humana, las cuales estaban unidas. El segundo punto importante de la enseñanza del Tomo tiene que ver con la persona en la cual las dos naturalezas se unen.

Calcedonia confesó la plena divinidad de Cristo y su plena humanidad; consideró que Cristo tenía una mente humana completa así como un alma y cuerpo completamente humanos. La persona de Cristo, sin embargo, es divina, no humana. Cuando el Creador se hace uno con la criatura, lo eterno con lo temporal, lo divino con lo humano, nunca podremos responder del todo a la interrogante de este misterio. La sabiduría de los teólogos no puede ir más allá de las sencillas palabras de Juan: “Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad.” El concilio de Calcedonia fue también significativo desde el punto de vista eclesiástico pues a partir de entonces Roma por sí sola gobernaría todo el occidente. El decreto de Caledonia dio origen a otra larga controversia.

La controversia monofisita. Muchos seguidores de Cirilo no estaban dispuestos a decir, como lo hizo Calcedonia, que Cristo siempre tiene dos naturalezas. Por ello fueron llamados monofisitas (de mono que significa uno, y physis que significa naturaleza). Los monofisitas eran fuertes en Siria, Palestina, y Egipto.

En 527 Justiniano ascendió al trono y concibió un ambicioso plan para recobrar la parte occidental del imperio que estaba en manos de los germanos. Para fortalecer la unidad política tenía que poner en vigor los decretos de Calcedonia; sin embargo, los monofisitas no lo aceptaban, y como eran numerosos e influyentes, Justiniano, a fin de ganar su apoyo, rechazó los escritos de tres prominentes teólogos antioqueños del siglo anterior. Esto llevó a la controversia llamada “de los tres capítulos”.. En 553, Justiniano llamó al quinto concilio general en Constantinopla el cual condenó los “tres capítulos” y como consecuencia fue casi indispensable interpretar las decisiones de Calcedonia de acuerdo con las ideas de Cirilo. Aquellos que no estaban de acuerdo eran perseguidos. En Egipto toda la población cristiana era monofisita y decidieron formar una iglesia separada. También en Siria, los  monofisitas  formaron una iglesia  aparte,  conocida como la iglesia jacobita (así llamada por su primer líder Jacobo Baradeo). Armenia y Etiopía también se hicieron monofisitas.

La controversia de las dos voluntades. Aun faltaban dos controversias más  concernientes a las naturalezas de Cristo. ¿Había una o dos voluntades en Cristo? Esto causó tanta inquietud y malestar que en 638 el emperador Heraclio prohibió toda discusión sobre el asunto, diciendo al mismo tiempo que Cristo tenía sólo una voluntad. Esta era una clara posición monofisita. En 648 el emperador Constante repitió la prohibición. En 649 Roma, en apoyo de Calcedonia contra los monofisitas, declaró que Cristo tenía dos voluntades. En 680-681 el emperador convocó el sexto concilio general de Constantinopla. Este aprobó la posición romana de que Cristo tenía “dos voluntades naturales …. Su voluntad humana sigue … sujeta a su voluntad divina y omnipotente”. Esta decisión dio término al largo debate sobre las dos naturalezas de Cristo.

La controversia de las imágenes. Sin embargo, una inesperada secuela apareció. En 717 León III comenzó a reinar. Estaba preocupado por la condición espiritual de la iglesia y, como Justiniano, también deseaba asumir el control de la iglesia. A fin de lograr el dominio que deseaba, prohibió la adoración de imágenes y pinturas de personas o cosas divinas, para lo cual usó al ejército, pero el occidente no estaba de acuerdo y muchos en el oriente se negaron a obedecer.

Los que estaban en contra de las imágenes decían que estas tomaban el lugar de los ídolos paganos y que la Escritura prohibía su uso. Los que apoyaban las imágenes decían que las cosas materiales pueden ser una representación o imagen del Dios inmaterial y de su obra de salvación. Además, sostenían que “la esfera del emperador era la conducción correcta de los asuntos políticos; el manejo de los asuntos eclesiásticos correspondía a los pastores y maestros”. Por otro lado se alegó que si lo humano en Cristo es tan real como lo divino, entonces las cosas creadas y materiales, pueden ayudarnos a adorar al Creador y a apreciar lo espiritual. Este fue al cabo el criterio que prevaleció.

En 787, para solucionar este asunto, el emperador romano Constantino VI convocó el séptimo concilio general en Nicea donde se decretó que las pinturas, la cruz, y los evangelios “debían recibir salutación y reverencia adecuadas… Pues el honor que se rinde a la imagen pasa a lo que la imagen representa, y el que reverencia la imagen, reverencia al que está en ella representado”. De esta manera llegaron a su fin en 787 las disputas cristológicas.

Por cuatrocientos sesenta años habían ocupado el centro de la política eclesiástica y la política imperial. Hacia el final ya los emperadores se habían transformado en teólogos y publicaban decretos teológicos y eclesiásticos. Todos los concilios se llevaron a cabo en el oriente. No obstante, en sus decisiones más cruciales la opinión de Roma fue decisiva.

Las controversias cristológicas comenzaron y terminaron en Nicea. Empezaron en el alto y excelso nivel de la relación entre el Padre y el Hijo. Finalizaron con la decisión de que los cristianos podían reverenciar las imágenes del Padre, el Hijo y otras entidades espirituales. Mientras las últimas controversias tenían lugar, grandes sectores del imperio se perdían cayendo en manos de los musulmanes, y nacían las iglesias monofisita y nestoriana. La iglesia occidental y la iglesia oriental se habían ido apartando, y finalmente se separaron en 1054.

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