Historia de la Iglesia Cristiana segunda serie

Las lecciones de esta SEGUNDA SERIE son resúmenes del libro “Historia de la Iglesia Cristiana” de Jesse Lyman Hurblut. Anexamos este libro en un archivo en pdf  para quienes quieran profundizar en el estudio de este tema tan interesante.

Escuela Dominical

HISTORIA DE LA IGLESIA CRISTIANA  SEGUNDA SERIE

Ya concluimos la primera parte del estudio de la historia de la iglesia hasta el siglo VI, al considerar los escritos de Ambrosio, Juan Crisóstomo,  Jerónimo y Agustín de Hipona. Hemos cubierto sus primeros tres períodos:

  1. La Iglesia Apostólica (30 a 100)
  2. La Iglesia Perseguida (100 a 313)
  3. La Iglesia del Imperio (313 a 476)

INICIAMOS LA SEGUNDA SERIE siguiendo   el libro “Historia de la Iglesia Cristiana” de Jesse Lyman Hurblut,  con el estudio del cuarto período:

LA IGLESIA MEDIEVAL (476 a 1453)

Abordaremos los siguientes temas:

  • El Proceso del poder papal.
  • Surgimiento del poder musulmán.
  • Las Cruzadas.
  • El arte y la literatura medieval.
  • Comienzo de la Reforma Religiosa.
  • Caída de Constantinopla.
  • Eruditos y líderes.

Invitamos a todos los miembros y amigos de Berith que no asisten a la Escuela Dominical, para conocer cómo Dios ha cuidado y extendido Su Iglesia y Su Reino en el devenir de los siglos hasta nuestros días.

¡USTED SERÁ MUY BIENVENIDO!

 

HISTORIA DE LA IGLESIA CRISTIANA – SEGUNDA SERIE
Por Jesse Lyman Hurblut
SÍNTESIS

CAPÍTULO 1. CUARTO PERIODO GENERAL. LA IGLESIA MEDIEVAL: DESDE LA CAÍDA DE ROMA HASTA LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA (476 – 1453)

 LECCIÓN 1. PROCESO DEL PODER PAPAL

Este es un buen momento para situarnos  imaginariamente sobre la cumbre de la visión y contemplemos, como en un paisaje, todo el campo que paso a paso tenemos que recorrer. Desde el punto de vista actual, dirigimos la vista hacia el pasado y vemos elevarse aquí y allá los grandes acontecimientos de la historia cristiana que sirven como puntos divisorios y que señalan la terminación de una época y el principio de otra. Hay seis grandes períodos en la historia de la iglesia.

La cumbre que marca el punto de partida de la Iglesia de Cristo es el Monte de los Olivos, no muy lejos del muro oriental de Jerusalén. Aquí Jesucristo, cerca del año 30 d.C., después de resucitar de la tumba en el huerto, dio sus últimos mandamientos y luego ascendió a su trono celestial. Una pequeña compañía de judíos creyentes en su Señor ascendido como Mesías-Rey de Israel, se detiene por algún tiempo en Jerusalén, sin pensar para nada al principio en una iglesia fuera de los límites del judaísmo.

Sin embargo, poco a poco se ensancha su ministerio hasta que la visión incluyó llevar a todo el mundo a los pies de Cristo. Bajo la dirección de  Pedro, Pablo y sus sucesores inmediatos, la iglesia se estableció en el marco de dos generaciones en casi todos los países desde el Éufrates hasta el Tíber y desde el Mar Negro hasta el Nilo. El primer período termina con la muerte de San Juan, el último de los doce apóstoles. A esta época la llamamos “Período de la Edad Apostólica”.

Durante el tiempo que siguió a la Edad Apostólica, la iglesia estuvo bajo la espada de la persecución. Fue así que durante todo el siglo segundo, el siglo tercero y parte del siglo cuarto, el más poderoso imperio de la tierra ejerció todo su poder para destruirla. Durante siete generaciones, centenares de millares de mártires, alcanzaron su corona bajo los rigores del hacha, las fieras en la arena y la ardiente hoguera. Con todo, en medio de la más implacable persecución, los seguidores de Cristo crecieron en número hasta que comprendían casi la mitad de la población del Imperio Romano. Por último, un emperador cristiano ascendió al trono y contuvo la oleada de matanzas.

Los cristianos, por tanto tiempo oprimidos, de un solo salto pasaron de la prisión al trono. Esto se debió a que la iglesia perseguida llegó a ser la iglesia imperial Convirtieron al cristianismo en religión del Imperio Romano. Una capital cristiana, Constantinopla, se levantó y desplazó a la antigua Roma. Sin embargo, cuando Roma dejó de ser pagana, empezó a levantarse como la capital de la iglesia. Las hordas bárbaras abatieron al Imperio Romano Occidental, pero a estos conquistadores los conquistó la iglesia y fundaron en Europa, no ya naciones paganas, sino cristianas.

Con la caída del Imperio Romano Occidental empieza el período de mil años conocido como la Edad Media. En sus inicios Europa se encontraba en un caos. Un continente de tribus que no lo restringía ningún poder central. Sin embargo, luego se organiza gradualmente en reinos. Vemos al obispo romano, como papa, haciendo esfuerzos por dominar no solo la iglesia, sino también al mundo.

Asimismo, la religión y el imperio de Mahoma tratan de conquistar todos los países del cristianismo primitivo. Vemos, también, el establecimiento del Santo Imperio Romano y a sus emperadores guerreando con los papas. Observamos el movimiento romántico de las cruzadas en el vano esfuerzo por arrebatar Tierra Santa de sus dueños musulmanes. Así finalizó  la Historia Antigua con la caída de Roma y la historia medieval con la caída de Constantinopla.

Así dio inicio el siglo dieciséis con la reforma de la iglesia. En esta etapa vemos a Martín Lutero clavando su declaración sobre la puerta de la catedral, haciendo su defensa ante el emperador y los nobles de Alemania y rompiendo los grillos de la conciencia de los hombres. Vemos a la iglesia de Roma dividida en dos debido a los pueblos de la Europa septentrional, quienes fundan sus propias iglesias nacionales de un carácter más puro. Sin embargo, también vemos el surgimiento de una Contrarreforma que comenzó en los países católicos y que frenó el progreso de la Reforma. Finalmente, después de los terrores de una guerra civil de treinta años en Alemania, por la paz de Westfalia de 1648 se trazan los límites entre las naciones católico-romanas y las naciones protestantes.

Estudiaremos los hechos más sobresalientes de los grandes movimientos que estremecieron a las iglesias y al pueblo en los últimos tres siglos en Inglaterra, Europa y América: puritano, wesleyano, racionalista, anglo católico. Notaremos también el gran cambio que gradualmente ha transformado al cristianismo en los siglos diecinueve y veinte, no sólo para la gloria de Dios, sino también para el servicio de los hombres en reformas, en elevación social, en esfuerzos activos para el mejoramiento de la humanidad. Los seis períodos generales de la Historia Cristiana son:

  1. La Iglesia Apostólica: Desde la Ascensión de Cristo hasta la muerte de Juan. (30-100):
  2. La Iglesia Perseguida: Desde la muerte de Juan hasta el edicto de Constantino (100-313)
  3. La Iglesia Imperial: Desde el edicto de Constantino hasta la caída de Roma (313-476)
  4. La Iglesia Medieval: Desde la caída de Roma hasta la caída de Constantinopla (476-1453)
  5. La Iglesia Reformada: Desde la caída de Constantinopla hasta la Guerra de los Treinta Años. (1453-1648)
  6. La Iglesia Moderna. Desde la Guerra de los Treinta Años hasta la Segunda Guerra Mundial (1648-1945)

PROCESO DEL PODER PAPAL

En este período de casi mil años, nuestro interés se dirigirá a la iglesia occidental o latina. Su sede de autoridad estaba en Roma, que aún era la ciudad imperial, aunque su poder político ya no existía. El hecho más notable en los diez siglos de la Edad Media es el desarrollo del poder papal. El papa de Roma afirmaba ser “obispo universal” y cabeza de la iglesia. Ahora afirma ser gobernador sobre las naciones, los reyes y emperadores. El período de crecimiento del poder papal empezó con el pontificado de Gregorio I, “el Grande”, y llegó a su apogeo bajo Gregorio VII, mejor conocido como Hildebrando. Envió misioneros a Inglaterra para cristianizar al pueblo. Extendió el reino de su iglesia. Gregorio resistió con éxito las pretensiones del patriarca de Constantinopla al título de obispo universal. Convirtió a la iglesia en virtual gobernante en la provincia alrededor de Roma. De esta manera preparó el poder temporal o político. También desarrolló ciertas doctrinas de la iglesia romana, sobre todo la adoración de las imágenes, el purgatorio y la transubstanciación. Fue un gran defensor de la vida monástica. Gregorio I fue uno de los administradores más capaces en la historia de la iglesia romana.

Una razón de por qué tantos aceptaban el gobierno de la sede romana se debía a que en las primeras épocas de este período, la influencia de los papas estaba sobre todo en su poder para ejercer la justicia. La iglesia estaba colocada entre los príncipes y sus súbditos para reprimir la tiranía e injusticia, para proteger a los débiles y para demandar los derechos del pueblo. Las rivalidades e incertidumbres del gobierno secular estaban en marcado contraste con la firmeza y uniformidad del gobierno de la iglesia. El antiguo imperio cayó en el siglo quinto y Europa estuvo casi en un caos hasta el siglo noveno, cuando el imperio de Carlomagno se estableció. Una vez que la iglesia obtenía el poder a expensas del estado, lo retenía con firmeza.

Durante todos estos siglos de condiciones variables e inestables, la iglesia permanecía fuerte, la única institución firme y oficial. El La iglesia tenía sus fuertes aliados por todas partes y nunca fallaban en la promoción de sus intereses. En la Edad Media se presentó un número de “fraudes píos” para sostener la autoridad de Roma. Uno de estos fraudes fue la “Donación de Constantino”. Mucho después de la caída del Imperio Romano en Europa se puso en circulación un documento con el propósito de demostrar que Constantino había dado al obispo de Roma, Silvestre I (314-335 d.C.), autoridad suprema sobre todas las provincias europeas del imperio y proclamó al obispo de Roma como gobernante aun sobre los emperadores.

De mucha mayor influencia fue la serie de fraudes, las “Decretales Seudoisidorianas” que se publicaron alrededor de 830 d.C. Profesaban ser decisiones adoptadas por los obispos primitivos de Roma, presentando las más elevadas reclamaciones, tales como: supremacía absoluta del papa de Roma sobre la iglesia universal; independencia de la iglesia del estado; inviolabilidad del clero en todos sus rangos que no estaría  obligado a dar cuenta al estado, ni siquiera ningún tribunal secular podía juzgar en asuntos del clero o la iglesia. Sólo en los albores de la Reforma en el siglo XVI se examinaron estas reclamaciones y se comprobó que carecían de fundamento.

El desarrollo del poder papal aunque siempre ascendente, no era constante. Hubo príncipes fuertes que lo resistieron, así como príncipes débiles que se sometían a él. El período de culminación fue entre 1073 y 1216 d.C. en que el papado tuvo un poder casi absoluto, no solo sobre la iglesia, sino sobre las naciones de Europa. Esta elevada posición se alcanzó durante el gobierno de Hildebrando, Gregorio VII. Durante veinte años, Hildebrando gobernó realmente a la iglesia como el poder tras el trono antes de emplear la triple corona. Hildebrando reformó el clero que se había corrompido. Levantó las normas de moralidad en todo el clero e impuso el celibato del sacerdocio, que aunque se exigía no fue obligatorio hasta su día. Libertó a la iglesia de la dominación del estado al poner fin al nombramiento de los papas y los obispos por reyes y emperadores. Requirió que todas las acusaciones en contra de los sacerdotes y las relacionadas con la iglesia se juzgasen en cortes eclesiásticas.

Hizo que la iglesia fuese suprema sobre el estado. El emperador, Enrique IV convocó un sínodo de obispos alemanes y los indujo a votar por la deposición del papa. Gregorio se vengó con una excomunión. Enrique se vio absolutamente impotente bajo la excomunión papal. En enero de 1077, el emperador,  “con los pies descalzos y vestido de lana, permaneció por tres días de pie ante la puerta del castillo” en Canosa al norte de Italia a fin de someterse al perdón papal. Tan pronto como Enrique recuperó el poder, le hizo guerra al papa y lo sacó de Roma.

Otro papa cuyo reino demostró su alto grado de poder fue Inocencio III (1198-1216). En su discurso de inauguración declaró: “El sucesor de San Pedro ocupa una posición intermedia entre Dios y el hombre. Es inferior a Dios más superior al hombre. Es el juez de todos, mas nadie lo juzga.” En una de sus cartas oficiales escribió que al papa “no solo se le encomendó la iglesia, sino todo el mundo”, con “el derecho de disponer finalmente de la corona imperial y de todas las demás coronas”.

Eligió para desempeñar las funciones de emperador a Otón IV de Brunswick.  Más tarde, debido a la insubordinación de Otón,  lo depuso e hizo que se eligiera a otro emperador. Asumió el gobierno de la ciudad de Roma decretando leyes para sus funcionarios siendo él mismo señor supremo. Estableció de este modo un estado bajo el gobierno directo del papado, que fue el precursor de los “Estados de la Iglesia”. Inocencio III puede considerarse como el mayor de los papas en poder autocrático.

Mientras Europa salía del crepúsculo de la Edad Media y la lealtad nacional se levantaba para competir con la eclesiástica, la decadencia del poder papal empezó con Bonifacio VIII en 1303. Tenía pretensiones tan elevadas como cualquiera de sus predecesores, pero se pasaban por alto. Bonifacio prohibió a Eduardo I de Inglaterra que decretase impuestos a la propiedad de la iglesia y a las entradas o tesoros sacerdotales. Sin embargo, se vio obligado a ceder al rey. Riñó con Felipe el Hermoso de Francia, quien le hizo guerra, se apoderó del papa y le encarceló. Aunque lo liberaron, murió de tristeza poco después. Desde 1305, durante más de setenta años, los papas se eligieron bajo las órdenes de los reyes de Francia y estaban subordinados a su voluntad.

Al período de 1305 a 1378 se le conoce como la Cautividad Babilónica. Por orden del rey francés, la sede del papado se trasladó de Roma a Aviñón, al sur de Francia. Los papas se convirtieron en jefes nominales sin verdadera influencia o poder bajo el gobierno francés. Otros aspirantes al papado surgieron en Roma y por doquier, en diferentes países, papas y antipapas. Las órdenes papales se desobedecían libremente. Las excomuniones se obviaban. Por ejemplo, Eduardo III de Inglaterra ordenó allegado papal que saliera de su reino.

En 1378 el papa reinante, Gregorio XI, volvió a Roma y en 1414 se celebró el Concilio de Constanza para decidir entre las reclamaciones de cuatro papas. Todos se depusieron y se escogió uno nuevo. Desde 1378, los papas han continuado morando en Roma. Como siempre, alentando pretensiones muy elevadas, pero incapaces de ponerlas en vigor.

_______________________

CAPÍTULO I.  CUARTO PERIODO GENERAL. LA IGLESIA MEDIEVAL.

LECCIÓN 2.  B) SURGIMIENTO DEL PODER MUSULMÁN

El movimiento que enseguida reclama nuestra atención es la religión y el imperio que Mahoma fundó al principio del sexto siglo y que arrebató provincia tras provincia de los emperadores griegos de Constantinopla, hasta su extinción final. Esto trajo a la iglesia oriental a una sujeción que rayaba en la esclavitud. Incluso, amenazaba con la conquista de Europa. Después de trece siglos la fe mahometana aún domina a más de doscientos millones de personas y en el continente de África sigue creciendo.

Mahoma nació en La Meca, Arabia, en 570 d.C. A los cuarenta años de edad, en 610, empezó su carrera como profeta y reformador. Al principio ganó discípulos lentamente, pero su causa creció lo suficiente para encontrar persecución. Huyó de La Meca en 622 d.C. Regresó a La Meca como conquistador. Al morir, en 632 d.C., era el profeta y gobernante aceptado por toda Arabia.

A su religión se le denomina islamismo, “sumisión”, esto es, obediencia a la voluntad de Dios. A sus seguidores se les llaman musulmanes. Sus artículos de fe, son: Hay un solo Dios, al que llaman Alá. Todos los hechos buenos o malos Dios los ha preestablecido, por lo tanto, en cada acto se lleva a cabo la voluntad de Dios. Hay multitudes de ángeles invisibles, buenos y malos, que se relacionan constantemente con los hombres. Dios entregó su revelación en el Corán a Mahoma por medio del ángel Gabriel. Dios envió profetas inspirados a los hombres, de ellos los más grandes fueron Adán, Moisés, Jesús y, sobre todos los demás, Mahoma. Los profetas bíblicos, apóstoles cristianos y santos que vivieron antes de Mahoma se reconocen y adoptan como suyos. En el más allá habrá una resurrección final, el juicio y el cielo o el infierno para cada hombre.

Al principio, Mahoma dependía de las influencias morales al predicar su evangelio. Pero pronto se hizo guerrero, conduciendo a los árabes a la conquista de los in-crédulos. Presentó a todo país o tribu la alternativa entre el islamismo, el tributo o la muerte para los que resistían sus armas. En poco tiempo, conquistaron Palestina y Siria y los lugares santos del cristianismo cayeron bajo el poder del islamismo.

Pronto todo lo que quedó fue la ciudad de Constantinopla, de modo que los países del cristianismo primitivo se convirtieron en súbditos. Hacia el Oriente, el imperio de los califas se extendió más allá de Persia hasta la India. Su capital estaba en Bagdad. Hacia el Occidente conquistó Egipto, todo el norte de África y la mayor parte de España. Sin embargo, en Europa occidental Carlos Martel contuvo su progreso al sur de Francia. Este unió a las tribus discordantes bajo la dirección de los francos y obtuvo una victoria decisiva en Tours, en 732 d.C. A no haber sido por la batalla de Tours, es probable que toda Europa se hubiera convertido en un continente mahometano y la media luna hubiera ocupado el lugar de la cruz.

¿Por qué triunfaron la religión y las armas mahometanas sobre el mundo oriental? Los creyentes primitivos en Mahoma eran los fieros guerreros árabes y  seguían a su profeta con una sincera e intensa fe. Creían ejecutar la voluntad de Dios y que su destino era triunfar. Todo aquel que caía en la batalla con los incrédulos estaba destinado a entrar de inmediato a un cielo o deleite sensual. Contrario a este espíritu invencible estaba la naturaleza sumisa y débil de los griegos asiáticos. Estas tierras se sometieron mansamente a los conquistadores. Su gente perdió el vigor, preferían rendirse que tomar la espada y pagar tributo en lugar de defender su libertad. Gran parte de la población del Imperio Griego eran monjes y eclesiásticos, listos para orar pero no para pelear.

El islamismo fue muy superior al paganismo. Debe admitirse que era más fuerte que el tipo de cristianismo que encontró y venció. Desde mucho antes, la iglesia oriental había cesado en sus esfuerzos misioneros, había perdido su energía y se inclinaba a la especulación en vez de al esfuerzo moral o espiritual.

En su grado más elevado, en la religión de Mahoma se encuentran, algunos aspectos favorables, elementos de valor para el mundo. Uno era su sencillez de doctrina. Creía en un Dios al que cada hombre debía obedecer incondicionalmente. No hacía falta erudición para entender los artículos de la fe mahometana. Por todo el mundo cristiano las estatuas de los dioses antiguos de Grecia simplemente habían dado el lugar a las imágenes y cuadros de la virgen María y de los santos, adorados en todos los templos. Los musulmanes los lanzaron fuera y destruyeron. Los mahometanos también rechazaban la mediación sacerdotal y de los santos. La iglesia hacía que la salvación dependiese de ritos sacerdotales e intercesión de los santos que habían partido. Los mahometanos procuraban llevar a toda alma directamente a Dios. En todo el mundo musulmán se encuentra la regla de abstinencia de bebidas embriagantes. La religión de Mahoma, que prohibía a sus fieles tomar vino o licor embriagante. Esto todavía se tiene como un principio.

En el período primitivo, bajo califas la literatura como y la ciencia adelantaron. Los árabes nos dieron la numeración arábiga. En el campo de la astronomía dieron a conocer una de las primeras clasificaciones de las estrellas. Las cortes de los califas de Bagdad eran un centro literario. La España mahometana estaba más adelantada en cultura y civilización que los reinos cristianos de ese período en la península. Pero todo el progreso intelectual cesó cuando los turcos bárbaros sucedieron a los ilustres sarracenos como jefes en el movimiento islámico.

Debemos fijamos también en aquello en que el islamismo ha fallado, sus errores y sus males. Su primer mal a la humanidad, su método de esfuerzo misionero mediante la espada, promoviendo entre los hombres el odio en lugar del amor. Dondequiera que una ciudad resistía su conquista, morían sus hombres, llevaban las mujeres a los harenes de los victoriosos y educaban los niños en la fe islámica arrebatándolos a sus padres y criándolos como musulmanes fanáticos.

En el antiguo concepto islámico el estado y la iglesia eran absolutamente uno. Se esperaba que el gobierno emplease su poder hasta donde fuera posible para el adelanto de la verdadera religión y supresión de la falsa. Antes de la Primera Guerra Mundial, 1914-1918, el sultán de Turquía era también el califa (“sucesor de Mahoma”). Cuando Turquía se convirtió en república, destronaron al sultán y abolieron el califato. Un hecho significativo fue la traducción del Corán al idioma vernáculo. En Estambul, en 1932, el Corán se leyó en la mezquita de Santa Sofía por primera vez en el idioma turco. El concepto mahometano de Dios se basa más bien en el Antiguo Testamento que en el Nuevo Testamento. Para la mentalidad árabe, Dios es un déspota oriental, implacable y terrible, sin amor para la humanidad fuera de los seguidores del Profeta.

El islamismo prácticamente deja a Cristo fuera de su sistema. En el concepto lo reducen al rango de un profeta judío, inferior en todo respecto a Mahoma. Su concepto del cielo, la morada de los bienaventurados en la vida venidera, está falto por completo de espiritualidad y es del todo sensual.

Una de las características más indigna de la religión mahometana era la degradación de la mujer. Las mujeres se consideraban como simples esclavas o juguetes del hombre. La Turquía moderna ha remediado esta condición y en 1930 se les dio el derecho al voto y a nominarse en las elecciones municipales. Pero fuera de Turquía el mundo mahometano tiene a la mujer en poca estima.

En el terreno de la historia y la política, quizás el más marcado fracaso del estado mahometano ha sido en el aspecto de la administración nacional. En sus conquistas, los mahometanos eran maravillosos, casi milagrosos. Sin embargo, no demostraron fuerza para establecer un gobierno sabio y justo en los imperios que fundaban. Los países islámicos eran los que peor se gobernaban en el mundo. Pongamos en contraste la historia de los turcos en este sentido con la de los antiguos romanos, que demostraron que no solo podían conquistar un gran imperio, sino también gobernarlo con sabiduría, trayendo prosperidad a cada país que conquistaban.

C) EL SACRO IMPERIO ROMANO

Desde el siglo noveno hasta el decimonoveno existió en Europa una entidad política singular que demostró poseer distintas características. El nombre oficial era el Sacro Imperio Romano, aunque en forma común pero incorrecta se le de-nominaba el Imperio Germano. Hasta su aparición, la Europa situada al oeste del mar Adriático estaba en desorden, gobernada por tribus guerreras en lugar de que la gobernaran estados. Sin embargo, en medio de toda la confusión, el antiguo concepto romano de unidad y orden permaneció. La aspiración de un imperio a ocupar el lugar de aquel que, aunque caído, aún se tenía en veneración tradicional.

A finales del siglo octavo se levantó uno de los hombres más grandes de todos los tiempos: Carlos I el Grande (742-814 d.C.). Los germanos lo aclamaron como Carlos el Grande y los franceses como Carlomagno. Era nieto de Carlos Martel, el vencedor en Tours (732 d.C.), y rey de los francos. Carlos se constituyó a sí mismo en amo de casi todos los países en la Europa occidental, el norte de España, Francia, Alemania, los Países Bajos, Austria e Italia; un imperio en verdad.

Al visitar a Roma en la Navidad de 800 d.C., el papa León III lo coronó como Carlos Augusto, emperador de Roma. Reinó en su vasto dominio con poder y sabiduría. Fue un conquistador, reformador, legislador, protector de la educación y de la iglesia. En teoría, su imperio duró mil años, pero sólo por un corto tiempo su autoridad sobre Europa fue real. La debilidad e incapacidad de los descendientes de Carlomagno, el desarrollo variado de los diferentes estados e idiomas y los conflictos de intereses nacionales hicieron que la autoridad del Santo Imperio Romano o Germano se limitase principalmente al oeste del Rin. Aun en Alemania los estados menores llegaron a ser prácticamente independientes, guerreaban entre sí y la mayor parte del tiempo estaba solo nominalmente bajo el dominio del emperador. A este se le reconocía como jefe titular del cristianismo europeo y en Francia, Inglaterra y los estados escandinavos se le honraban, pero no lo obedecían. Debido a que su autoridad, tal como era, se limitaba a Alemania y en pequeña escala a Italia, su reino se le ha llamado casi siempre el “Imperio Germano”.

Después que los decadentes sucesores de Carlomagno perdieron el trono, al emperador lo elegía un electorado compuesto por siete príncipes. De los cincuenta y cuatro emperadores solo podemos mencionar unos cuantos de los más grandes después del tiempo de Carlomagno. Enrique I (el Pajarero), 919-936, empezó la restauración del imperio que había decaído. Sin embargo, a su hijo Otón I (el Grande), aun cuando no lo coronaron emperador hasta 951, se le considera como el verdadero fundador del Imperio Germano, distinto al romano. El reinado de Otón I se extendió hasta 978. Federico “Barbirroja” fue uno de los más poderosos en la sucesión de emperadores. Participó en la tercera cruzada, pero se ahogó en Asia Menor y su muerte condujo al fracaso la expedición. A Federico II, nieto de Barbarroja, se le ha llamado “la maravilla y enigma de la historia, ilustre y progresista, el hombre más liberal de su época”, debido a sus ideas de gobierno y religión.

El papa lo excomulgó dos veces, pero en la quinta cruzada se autoproclamó rey de Jerusalén. Rodolfo I de Habsburgo, fundador de la Casa de Austria, recibió la corona imperial en 1273, cuando no significaba mucho más que un título sin valor. Sin embargo, obligó a los príncipes y barones a someterse a su autoridad. Desde su época, Austria fue el estado más poderoso en la confederación germana y casi todos los emperadores descendían de él, los archiduques de ese país. Carlos V, emperador al principio de la Reforma (1519-1556), gobernó también por herencia Austria, España y los Países Bajos. Hizo lo mejor que pudo, pero sin éxito, para sostener los países que estaban bajo su dominio en la religión antigua. En 1556 abdicó voluntariamente y pasó los últimos dos años de su vida en retiro.

Por muchos siglos, al principio de la historia del imperio, hubo fuerte rivalidad y algunas veces guerra entre los emperadores y los papas. Los emperadores lucharon por gobernar la iglesia, los papas lucharon por dominar el imperio. Hemos visto cómo el papa Gregorio VII (Hildebrando) en una época exigió la sumisión del emperador, y cómo Inocente m ponía y quitaba emperadores y reyes. Sin embargo, la lucha fue menos intensa y cesó después de la Reforma cuando las líneas divisorias entre la iglesia y el estado al fin se fijaron.

Cuando el reino de Austria se hizo más importante, los emperadores se ocuparon mucho más de sus dominios hereditarios. Los muchos estados del imperio llegaron a ser prácticamente independientes, hasta que el título de emperador era poco más que un honor sin significado. En el siglo dieciocho, el ingenioso Voltaire dijo que “el Santo Imperio Romano no era ni santo, ni romano y menos un imperio”. La sucesión de emperadores terminó en 1806, cuando Napoleón estaba en la cumbre de su poder. En ese año obligaron a Francisco II a renunciar al título de “emperador del Santo Imperio Romano”, y en su lugar asumió el de “emperador de Austria”.

______________________

CAPÍTULO I.  CUARTO PERIODO GENERAL. LA IGLESIA MEDIEVAL

LECCIÓN 3  . D) SEPARACIÓN DE LAS IGLESIAS LATINAS Y GRIEGAS

La separación de las iglesias latina y griega se hizo formalmente en el siglo once. Durante cien años, la relación normal entre papas y patriarcas se caracterizó por la lucha. Al final, en 1054 d.C., el mensajero del papa puso en Constantinopla, el decreto de excomunión. En base a esto, el patriarca en turno expidió su decreto de excomunión a Roma y a las iglesias que se sometían al papa. Desde ese tiempo las iglesias latina y griega se mantuvieron separadas, no reconociendo ninguna la existencia eclesiástica de la otra. Doctrinalmente, la principal diferencia estaba en la doctrina conocida como “la procedencia del Espíritu Santo”.

En las ceremonias de la iglesia, diferentes usos llegaron a ser leyes en Oriente y Occidente. En la iglesia occidental se prohibió el matrimonio de los sacerdotes. Actualmente, en toda la iglesia griega cada sacerdote de pueblo debe ser casado. En las iglesias occidentales la adoración de imágenes se ha puesto en práctica durante mil años, mientras que en las iglesias griegas sólo  se ven cuadros. En el servicio de la misa, las iglesias romanas usan el pan sin levadura, mientras que en la comunión griega se distribuye pan común. Surgió la práctica de ayuno en sábado en Occidente, pero nunca se observó en Oriente.

Más profunda que estas diferencias ceremoniales, la separación de las iglesias latina y griega fue la causa política de la independencia de Europa del trono de Constantinopla. Los nuevos reinos bárbaros de una manera vaga se consideraban teóricamente como bajo el emperador de Constantinopla; sin embargo, cuando Carlomagno estableció el Sacro Imperio Romano, ocupó el lugar del antiguo imperio en forma independiente de los emperadores de Constantinopla. Sin embargo, el factor más poderoso que condujo a la separación fueron las continuas reclamaciones de Roma de ser la iglesia dominante y su papa de ser el “obispo universal”. En Roma, la iglesia dominó poco a poco al estado, en Constantinopla, la iglesia estaba sumisa al estado. De manera que era inevitable el cisma entre ambas secciones con conceptos opuestos. La separación final de las dos grandes divisiones de la iglesia ocurrió en 1054 d.C.

E) LAS CRUZADAS

Otro gran movimiento en la Edad Media fueron las cruzadas, bajo la inspiración y bajo el mando de la iglesia, Estas comenzaron a finales del siglo once y continuaron durante casi trescientos años. Desde el siglo cuarto multitudes realizaron peregrinaciones hasta Tierra Santa. Alrededor del año 1000 d.C., el número de peregrinos aumentó de forma considerable cuando se esperaba el fin del mundo y la venida de Cristo. Al principio, los gobernantes musulmanes de Palestina favorecieron las peregrinaciones, sin embargo, más tarde los peregrinos sufrieron opresión, robo y a veces la muerte. Al mismo tiempo, los musulmanes amenazaban al debilitado Imperio Oriental y el emperador Alejo le pidió al papa Urbano II que enviase a los guerreros de Europa en su ayuda. Por todas partes, en Europa se despertó el espíritu de libertar Tierra Santa del dominio musulmán y de este impulso resultaron las cruzadas.

Las cruzadas principales fueron ocho. La primera cruzada la proclamó el papa Urbano 11 en 1095 d.C., cuando una multitud de caballeros tomaron la cruz como insignia y se alistaron en contra de los sarracenos. La primera cruzada fue emprendida por doscientos setenta y cinco mil de los mejores guerreros de Europa, conducida por Godofredo de Bouillon. Tuvieron éxito en tomar la ciudad de Jerusalén y casi toda Palestina en 1099. Establecieron un reino sobre principios feudales y Godofredo  fue nombrado “Barón y protector del Santo Sepulcro”. Al morir Godofredo, su hermano Balduino asumió el título de rey. El reino de Jerusalén duró hasta 1187 d.C. aunque siempre en una condición precaria por estar rodeado, excepto por el mar, del Imperio Sarraceno y por estar muy distante de sus aliados naturales en Europa.

La segunda cruzada se convocó por las noticias de que los sarracenos estaban conquistando las provincias cercanas al reino de Jerusalén. Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania condujeron un gran ejército para socorrer los lugares santos. No pudieron recuperar el territorio perdido, pero sí postergaron por una generación la caída final del reino. En 1187 d.C., los sarracenos reconquistaron Jerusalén bajo Saladino y el reino de Jerusalén llegó a su fin.

La caída de la ciudad despertó a Europa a la tercera cruzada (1189-1191) que condujeron tres reyes: Federico Barbarroja de Alemania, Felipe Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra. Pero, Federico, el mejor general y estadista, se ahogó y los dos reyes restantes se disgustaron. Felipe Augusto se fue a su patria y todo el valor de Ricardo no fue suficiente para llevar su ejército hasta Jerusalén. No obstante, concertó un tratado con Saladino, por medio del cual los peregrinos cristianos podían visitar el Santo Sepulcro sin ser molestados. La cuarta cruzada (1201-1204 d.C.) fue peor que un fracaso porque al final perjudicó mucho a la iglesia cristiana. Los cruzados desistieron de su propósito de ganar Tierra Santa e hicieron guerra a Constantinopla, la capturaron, saquearon y establecieron su propio gobierno sobre el Imperio Griego que duró cincuenta años. A ese imperio lo dejaron tan indefenso, que simplemente era un insignificante baluarte en contra del creciente poder de los turcos. La quinta cruzada (1217-1222 d.C.) la realizaron Juan de Brienne, rey de Jerusalén, y Andrés 11, rey de Hungría. Los citados monarcas atacaron sin resultado a los sarracenos en Egipto y Siria.

En la sexta cruzada (1228-1229 d.C.) el emperador Federico II,  excomulgado por el papa, condujo un ejército a Palestina y obtuvo un tratado por el cual cedieron Jerusalén, Jafa, Belén y Nazaret a los cristianos. Federico se coronó a sí mismo rey de Jerusalén. Sin embargo, por el disgusto entre el papa y el emperador, se perdieron los resultados de la cruzada. En 1244 d.C., los musulmanes tomaron de nuevo Jerusalén y desde entonces permaneció bajo su dominio. La séptima cruzada (1248-1254 d.C.) se realizó al mando de Luis IX de Francia, conocido como San Luis. Invadió por el camino de Egipto y los musulmanes lo derrotaron y apresaron. La octava cruzada (1270-1272) estuvo también bajo la dirección de Luis IX, junto con el príncipe Eduardo Plantagenet de Inglaterra. Luis murió en Túnez, su hijo hizo la paz y Eduardo regresó a Inglaterra a ocupar el trono. De modo que fracasó completamente.

Las cruzadas fracasaron en libertar Tierra Santa del dominio de los musulmanes. En retrospectiva podemos ver las causas de su fracaso: los reyes y príncipes que conducían el movimiento estaban siempre en discordia. En contra del esfuerzo dividido de las cruzadas había un pueblo unido, valiente, una raza siempre intrépida en la guerra y bajo el dominio absoluto de un  califa o sultán.

Una causa más grave del fracaso fue la falta de una visión amplia y trascendente. No comprendían que para fundar y mantener un reino en Palestina, a mil millas de sus propios países, se requería  comunicación constante con la Europa Occidental, una fuerte base de provisión y refuerzo continuo. Los palestinos estaban prácticamente esclavizada por los cruzados, se les obligaban a construir castillos, fortalezas y palacios para sus odiados amos. Por tanto, aceptaban el regreso de sus primeros gobernantes musulmanes. Sin embargo, Europa obtuvo ciertos buenos resultados de las cruzadas. Después de las cruzadas, el gobierno turco protegía a los peregrinos y la persecución cesó. En efecto, la tierra prosperó más y las ciudades de Belén, Nazaret y Jerusalén aumentaron en población y en riqueza debido a la oleada de peregrinos que llegaban a Palestina.

La experiencia de esos siglos despertó a Europa al peligro del islamismo. Los españoles hicieron la guerra contra los moros que dominaban la mitad de la península. En 1492, bajo Fernando e Isabel, los españoles subyugaron el reino moro y expulsaron a los musulmanes del país. En la frontera este de Europa, Polonia y Austria hicieron retroceder en 1683 la marea de invasión turca en una gran batalla ganada cerca de la ciudad de Viena. Esta victoria marcó el principio de la decadencia del poder del Imperio Turco.

Otro resultado de las cruzadas fue que entre las naciones surgió un mutuo respeto y se concertaron alianzas. Las cruzadas contribuyeron grandemente al desarrollo de la Europa moderna. Dieron gran impulso al comercio. La demanda de mercancía de toda clase aumentó la industria y el comercio. Los cruzados llevaron a Europa el conocimiento de las riquezas de Oriente, sus alfombras, sedas, joyas y el comercio se desarrolló por toda la Europa occidental. Surgió una clase media entre los señores y los vasallos. Las ciudades progresaron y acrecentaron su poder. En los siglos siguientes, las ciudades llegaron a ser centros de libertad y reforma, y se liberaron del dominio arbitrario de príncipes y prelados.

El poder eclesiástico aumentó grandemente por las cruzadas. La iglesia convocaba las guerras y tenía dominio sobre príncipes y naciones. Además, la iglesia compraba sus tierras  a los cruzados. Fue así que la iglesia aumentaba considerablemente sus posesiones en toda Europa. En ausencia de gobernantes temporales, los obispos y los papas ganaban dominio. Pero al final, la vasta riqueza, la arrogante ambición de los clérigos ayudó a preparar el camino para el levantamiento contra la iglesia catolicorromana en la Reforma.

F) DESARROLLO DEL MONACATO

En la Edad Media el número de monjes y monjas aumentó de mucho.. En  Europa occidental se formaban como comunidades. Al crecer estas comunidades, fue necesaria alguna forma de organización y gobierno, y en el transcurso del tiempo surgieron cuatro grandes órdenes. La primera de estas órdenes fue la de los benedictinos, fundada por San Benedicto en 529 d.C., en Monte Casino, a mitad de camino entre Roma y Nápoles. Esta orden llegó a ser la mayor de las comunidades monásticas de Europa. La orden de Cister surgió en 1098 y en 1112, San Bernardo de Claraval la fortaleció y reorganizó. Los cistercienses prestaron gran atención al arte, la arquitectura y, en especial, a la literatura.

La orden de San Francisco de Asís  se fundó en 1209. Este fue uno de los hombres más santos, devotos y dignos de afecto. Llegó a ser la más numerosa de todas las órdenes. Durante la peste negra en el siglo catorce, más de ciento veinticuatro mil monjes franciscanos perecieron mientras prestaban ayuda a moribundos y enfermos. Los dominicos eran una orden española que Santo Domingo fundó en 1215 y se extendió por todos los países de Europa. Estos eran predicadores que iban por dondequiera a fortalecer la fe de los creyentes y se oponían a los “herejes”, siendo más tarde sus feroces perseguidores.

Todas estas órdenes empezaron con los propósitos más nobles y las fundaron hombres y mujeres que se sacrificaban a sí mismos. Durante el primer período de cada orden monástica, era un beneficio a la sociedad. Durante los siglos de guerra los monasterios hospedaron a los viajeros, a los enfermos y a los pobres. Los primeros monasterios promovieron la agricultura. Los monjes se dedicaron al saneamiento y secado de pantanos, la canalización del agua, la construcción de caminos y el cultivo inteligente de la tierra. En las bibliotecas de los monasterios se preservaron muchas de las obras antiguas de la literatura. Los monasterios han dado al mundo muchas de las obras religiosas más preciosas. Los monjes eran los principales maestros de la juventud, casi los únicos maestros. La mayoría de las universidades de la Edad Media surgieron en las abadías y monasterios. En la expansión del evangelio los monjes fueron los primeros misioneros. Encontraban al bárbaro que venían y los convertían a su religión. De estos, San Agustín (no 1 gran teólogo) que fue de Roma a Inglaterra (597 d.C.) y San Patricio, que empezó la evangelización de Irlanda en 440 d.C., fueron ejemplos entre muchos misioneros monásticos. Pero si estos buenos resultados emanaron del sistema monástico, también produjo efectos negativos:

El monacato presentaba contrariamente a la Escritura la vida célibe como la más elevada. Obligaba a la adopción de la vida monástica a millares de hombres y mujeres nobles de su época. Los hogares y las familias no los formaban los mejores hombres y las mejores mujeres, sino por los de ideales inferiores. Los hombres capacitados que se necesitaban en el estado, estaban ociosos en los monasterios. Constantinopla y el Imperio Oriental pudieron haberse defendido de los turcos, si los monjes y eclesiásticos hubieran tomado las armas. El aumento de riqueza de los monasterios condujo a la indisciplina, al lujo, a la ociosidad y a la franca inmoralidad. Muchos conventos se convirtieron en lugares de iniquidad.

Cada nueva orden buscaba reformación, pero a la larga sus miembros degeneraban a los más bajos niveles de conducta. En un principio, los monasterios se sostenían con el trabajo de sus miembros; sin embargo, en los siglos subsiguientes los monjes y monjas se mantenían de las rentas de sus propiedades que aumentaban sin cesar y por las contribuciones que se imponían a las familias.. De este modo, una carga creciente y que al final se hizo insoportable, se colocaba sobre la sociedad fuera de los conventos. Su rapacidad los condujo a la extinción. En el principio de la Reforma, en el siglo dieciséis, los monasterios en todo el norte de Europa estaban tan degradados en el concepto del pueblo, que los suprimieron universalmente. Se acostumbraba llamar a este período de la Historia “La edad oscura”; sin embargo, esos siglos dieron al mundo  grandes beneficios bajo la influencia directa de la iglesia.

________________________

CAPÍTULO I.  CUARTO PERIODO GENERAL. LA IGLESIA MEDIEVAL.

LECCIÓN 4 . G) EL ARTE Y LA LITERATURA MEDIEVAL

Durante la Edad Media surgieron casi todas las grandes universidades. En su mayoría, establecidas por eclesiásticos, que se desarrollaron de escuelas primitivas vinculadas con catedrales y monasterios. Entre estas puede mencionarse la Universidad de París, que en el siglo once bajo Abelardo, tenía treinta mil estudiantes. Las universidades de Oxford, Cambridge y Bolonia, a las que asistían estudiantes de todos los países de Europa. Las grandes catedrales de Europa, esas maravillas de arquitectura gótica que el mundo moderno contempla, sin poder superar ni siquiera igualar, se trazaron y construyeron durante el período medieval. El despertar de la literatura empezó en Italia con La Divina Comedia, de Dante, que se inició alrededor de 1303. A esta le siguieron los escritos de Petrarca (1340) y Bocacio (1360).

En el mismo país y aproximadamente en la misma fecha empezó el despertamiento del arte con Giotto, en 1298, seguido por una serie de grandes pintores, escultores y arquitectos. Debe recordarse que casi sin excepción los primeros pintores usaron su arte para el servicio de la iglesia. Sus obras, aun cuando ahora están en galerías y exhibiciones, se hallaban al principio en iglesias y monasterios.

H) COMIENZOS DE LA REFORMA RELIGIOSA

Durante este período, y sobre todo en su ocaso, hubo destellos de luz religiosa presagios de la Reforma venidera. Cinco grandes movimientos de reforma surgieron en la iglesia, pero el mundo no estaba listo para ellos y se reprimieron con sangrienta persecución.

Los albigenses o citaros, “puritanos”, alcanzaron prominencia en el sur de Francia alrededor de 1170. Repudiaban la autoridad de la tradición, circulaban el Nuevo Testamento y se oponían a las doctrinas romanas del purgatorio, a la adoración de imágenes y a las pretensiones sacerdotales, aunque tenían algunas ideas extrañas asociadas con los antiguos maniqueos y rechazaban el Antiguo Testamento.

En 1208, el papa Inocencio III convocó una “cruzada” en su contra y la secta se extirpó mediante el asesinato de casi toda la población de la región, tanto católica como hereje.

Los valdenses surgieron más o menos en el mismo tiempo, 1170, con Pedro Valdo, un comerciante de Lyon que leía, explicaba, predicaba y circulaba la Escritura, a la que apelaba en contra de las costumbres y las doctrinas de los católicos romanos. Estableció una orden de evangelistas, los “Pobres de Lyon”, que anduvieron por el centro y sur de Francia ganando adeptos. Los persiguieron con crueldad, pero al salir de Francia encontraron albergue en los valles del norte de Italia. A pesar de los siglos de hostigamiento, han permanecido y constituyen una parte del grupo relativamente pequeño de protestantes en Italia.

Juan Wycliffe empezó el movimiento en Inglaterra en favor de la libertad del poder romano y de la reforma en la iglesia. Nació en 1324 y se educó en la Universidad de Oxford, donde llegó a ser doctor de teología y líder en los consejos que se llevaban a cabo en dicha institución. Atacaba a los frailes mendicantes y al sistema del monacato. Re-chazaba y se oponía a la autoridad papal en Inglaterra. Escribió en contra de la doctrina de la transubstanciación, considerando al pan y al vino como símbolos e instaba a que el servicio de la iglesia se simplificase más, según el modelo del Nuevo Testamento.

En otros países hubiera sufrido martirio, pero en Inglaterra lo protegía el más poderoso de los nobles. Aun cuando la universidad condenó algunas de sus doctrinas, le permitieron retirarse a su parroquia en Lutterworth y permanecer como sacerdote sin que lo molestasen. Su mayor obra fue la traducción del Nuevo Testamento al inglés, terminado en 1380. El Antiguo Testamento, en el que le ayudaron algunos amigos, apareció en 1384, el año de la muerte de Wycliffe. A sus seguidores se les llamó “lolardos”, en un tiempo numerosos, pero los persiguieron bajo los reyes Enrique IV y Enrique V y al final los eliminaron. La predicación de Wycliffe y su traducción prepararon el camino para la Reforma.

Juan Huss, en Bohemia (nacido en 1369 y martirizado en 1415), fue un lector de los escritos de Wycliffe y predicó sus doctrinas. En especial, proclamó la liberación de la autoridad papal. Lo nombraron rector de la Universidad de Praga y por un tiempo tuvo una influencia dominante por toda Bohemia. El papa lo excomulgó y puso la ciudad de Praga bajo censura eclesiástica mientras él permaneciera allí.

Huss se retiró, pero desde su lugar de escondite enviaba cartas reafirmando sus ideas. Después de dos años consintió en ir ante el concilio de la Iglesia Católica Romana en Constanza, Baden, en la frontera de Suiza, habiendo recibido un salvo conducto del emperador Segismundo. Sin embargo, violaron el pacto sobre la base de que “la fe no se guardaría con herejes”.

En 1415, condenaron y quemaron en la hoguera a Huss, pero su suerte despertó el elemento de reforma en su tierra natal e influyó en Bohemia por todos los siglos desde su día.

Jerónimo Savonarola (nacido en 1452) fue un monje de la orden de los dominicos en Florencia, Italia, y prior del monasterio San Marcos. Predicaba como uno de los profetas antiguos, contra los males sociales, eclesiásticos y políticos de su tiempo. Llenaba la gran catedral hasta rebosar con multitudes ansiosas, no tan solo de escuchar, sino de obedecer sus enseñanzas. Por un tiempo fue el dictador práctico de Florencia y efectuó una manifiesta reforma. Sin embargo, el papa lo excomulgó.

Lo apresaron, condenaron, colgaron y quemaron su cuerpo en la gran plaza de Florencia. Su martirio fue en 1498, solo diecinueve años antes que Lutero clavara sus tesis en la puerta de la catedral de Wittemberg.

I) CAÍDA DE CONSTANTINOPLA

Los historiadores fijan la caída de Constantinopla, en 1453, como el punto de la división entre los tiempos medievales y modernos. El Imperio Griego nunca se recobró de la conquista de los cruzados en 1204. Sin embargo, las fuertes defensas naturales y artificiales protegieron por mucho tiempo a la ciudad en contra de los turcos que sucedieron a los árabes como poder dominante musulmán.

Tomaron una provincia tras otra del gran imperio, hasta que solo quedó la ciudad de Constantinopla. En 1453, los turcos finalmente la tomaron, bajo Mohamed II. En solo día el templo de Santa Sofía se transformó en una mezquita y Constantinopla fue hasta 1920 la ciudad de los sultanes y la capital Imperio Turco. En 1923, declararon Ankara capital de Turquía. La Iglesia Griega continúa con su patriarca, despojado de todo menos de su autoridad eclesiástica, con residencia en Constantinopla (Estambul). Con la caída de Constantinopla en 1453, termina el período de la iglesia medieval.

J) ERUDITOS Y LÍDERES

Mencionemos ahora muy brevemente algunos de los eruditos y líderes del pensamiento en el período estudiado. Durante los mil años de la iglesia medieval, se levantaron muchos grandes hombres, pero solo citaremos cuatro como los líderes intelectuales de su época.

Anselmo nació en 1033, en Piamonte, Italia. Al principio, como tantos otros, era un erudito que vagaba por muchos países. Se hizo monje en el monasterio de Bec, Normandía y lo nombraron abad en 1078. En 1093, Guillermo Rufus lo nombra arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia de Inglaterra. Sin embargo, luchó contra Guillermo y su sucesor Enrique I por la libertad y autoridad de la iglesia y por un tiempo sufrió destierro. Escribió muchas obras teológicas y filosóficas, y le han llamado “un segundo Agustín”. Murió en 1109.

Pedro Abelardo (1079-1142), como filósofo y teólogo, fue el pensador más valeroso de la Edad Media. Puede considerarse el fundador de la Universidad de París, madre de las universidades europeas. Su fama como profesor atrajo a estudiantes por millares de todas partes de Europa. Influyó en muchos de los grandes hombres de la generación que le siguió. Sus intrépidas especulaciones y opiniones independientes le pusieron más de una vez bajo la expulsión de la iglesia. Aun más famosa que sus enseñanzas y escritos fue la romántica historia de su asunto amoroso con la hermosa Eloísa, por quien dejó los votos monásticos. Se casaron, pero después lo obligaron a separarse. Ambos entraron en conventos. Abelardo murió siendo abad y Eloísa abadesa.

Bernardo de Claraval (1091-1153) era de una noble familia francesa. Lo educaron para la corte, pero renunció a ella por el convento. En 1115 estableció en Claraval un monasterio de la orden cisterciense y fue su primer abad. Esta orden echó raíces en muchos países y a sus miembros se les conocía comúnmente como bernardinos. Bernardo era una unión admirable del pensador místico y práctico. Predicó y promovió la Segunda Cruzada en 1147.

Hombre de mente amplia y corazón bondadoso, se oponía y escribía en contra de la persecución de los judíos. Algunos de sus himnos, como “Cristo, si gozo al pecho da” y “Cabeza ensangrentada”, se cantan en todas las iglesias. Solo veinte años después de su muerte lo canonizaron como San Bernardo. Lutero dijo: “Si hubo en el mundo un monje santo y temeroso de Dios, fue San Bernardo de Claraval.”

La mentalidad más grande de la Edad Media fue la de Tomás de Aquino (1226-1274). Se le llamó el “Doctor universal”, “Doctor Angélico” y “Príncipe de la Escolástica”. Nació en Aquino en el reino de Nápoles. En contra de la voluntad de su familia, los condes de Aquino, entró a la orden de monjes dominicos.

Cuando era un joven estudiante era tan callado que le apodaron “el buey mudo”. Sin embargo, su maestro, Alberto Magno, decía: “Un día este buey llenará al mundo con sus mugidos.” Llegó a ser la autoridad más celebrada y elevada de todo el período medieval en filosofía y teología. Sus obras aún las citan, sobre todo por los eruditos católico-romanos. Murió en 1274 y lo canonizaron como santo en 1323.

__________________________

CAPÍTULO II.  QUINTO PERÍODO GENERAL. LA IGLESIA REFORMADA . DESDE LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA HASTA LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (1453-1648)

LECCIÓN 5

FUERZAS RECTORAS QUE ENCENDIERON A LA REFORMA

En este período de doscientos años, la Reforma es el gran acontecimiento que empezó en Alemania y se esparció por todo el norte de Europa y trajo como resultado el establecimiento de iglesias nacionales que no debían fidelidad a Roma. Notemos algunas de las fuerzas previas a la Reforma y que ayudaron grandemente a su progreso.

En primer lugar, el Renacimiento o el despertar de Europa a un nuevo interés en la literatura, el arte y la ciencia. En la Edad Media, el interés de los estudiantes recayó en la verdad religiosa, con la filosofía relacionada a la religión. Pero en este despertamiento surgió un nuevo interés en la literatura clásica, el griego y el latín, en el arte, separándose pronto de la religión. Con ese interés vinieron los primeros destellos de la ciencia moderna. Por lo general, los líderes del movimiento eran laicos, sobre todo en Italia. Aquí comenzó el Renacimiento como un movimiento literario que  no era abiertamente antirreligioso, sino más bien escéptico e investigador. La mayoría de los estudiantes italianos del período fueron hombres ajenos a la  vida religiosa. Los papas de ese tiempo se distinguían más bien por su cultura que por su fe. En Alemania, Inglaterra y Francia el movimiento fue más religioso. Despertó un nuevo interés en las Escrituras, en el griego y hebreo, y una investigación de los verdaderos fundamentos de la fe, aparte de los dogmas de Roma. El Renacimiento debilitaba a la Iglesia Católica Romana.

La invención de la imprenta vino a ser un heraldo y un aliado de la reforma venidera. Este invento de  Gutenberg  en 1455  a base de tipos movibles, hizo posible la impresión y distribución por millares de libros y documentos. Es significativo que el primer libro que Gutenberg imprimió fue la Biblia, demostrando así el deseo de esa época. La imprenta puso a las Escrituras en el uso común y condujo a su traducción y circulación en todos los idiomas europeos. La gente que leía el Nuevo Testamento pronto comprendía que la iglesia papal estaba muy lejos del ideal del Nuevo Testamento. En cuanto se escribían las enseñanzas de los reformadores, se publicaban en libros y folletos que circulaban por millones por toda Europa.

También surgió en Europa el espíritu nacionalista. El patriotismo de los pueblos comenzó a manifestarse en la inconformidad en cuanto a la autoridad extranjera sobre sus propias iglesias nacionales, en resistirse a los nombramientos de obispos, abades y dignatarios de la iglesia que hacía un papa en un país distante, a contribuir con el “óbolo de Pedro” para el sostén del papa y la construcción de majestuosos templos en Roma y a poner al clero bajo las mismas leyes y cortes con los laicos. Este espíritu nacionalista fue un gran apoyo al movimiento de reforma.

La llama estalló en Alemania, en el electorado de Sajonia, por la iniciativa de Martín Lutero, un monje y profesor en la Universidad de Wittenberg. Notemos algunos de sus primeros períodos.

El papa reinante, León X, en virtud de que necesitaba grandes sumas de dinero para terminar el templo de San Pedro en Roma, permitió al dominico Juan Tetzel que fuese por Alemania vendiendo indulgencias, para obtener el perdón de todo pecado, no sólo de los poseedores del certificado, sino también de los amigos vivos o muertos en cuyo favor se comprasen, sin necesidad de  confesión, arrepentimiento, pena ni absolución por un sacerdote: “Tan pronto como su moneda suene en el cofre, saltará el alma de sus amigos del purgatorio al cielo.”

En la mañana del  31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó en la puerta de la Catedral de Wittenberg un pergamino que contenía noventa y cinco tesis, casi todas relacionadas con la venta de indulgencias pero que en su aplicación atacaban la autoridad papal y sacerdotal.  La tempestad que siguió le hizo más resuelto en su oposición a las doctrinas y prácticas no apoyadas por las Sagradas Escrituras.

Después de muchas controversias, sus enseñanzas se condenaron formalmente. En junio de 1520 una “bula” del papa León X lo excomulgó. Se le ordenó a Federico el Sabio, Elector de Sajonia, que le entregase a Lutero para juzgarlo y castigarlo, pero en vez de esto le dio amplia protección. Lutero recibió la excomunión con desprecio, llamándola “la bula execrable del anticristo” y la quemó públicamente a las puertas de Wittenberg ante una asamblea de profesores de la universidad, de estudiantes y el pueblo. Con la bula del papa también quemó copias de los cánones o leyes establecidas por las autoridades romanas. Este acto constituyó la renuncia final de Lutero a la Iglesia Católica Romana.

En 1521, Lutero fue citado ante la Dieta o Concilio Supremo de los gobernantes alemanes en Worms, en el Rhin. El  emperador Carlos V, le prometió un salvo conducto y Lutero fue a la asamblea. Lutero dijo: “Iré a Worms aunque me acechen tantos demonios como tejas hay en los tejados.” El 17 de abril de 1521 Lutero estaba ante la Dieta, presidida por el emperador. En respuesta a la pregunta de si quería retractarse de las declaraciones de sus libros, respondió que no podía retractarse de nada excepto de lo que desaprobara la Escritura o la razón, terminando con las palabras: “Aquí estoy. No puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén.”

Mientras Lutero viajaba de regreso a su hogar, de pronto los soldados de Federico el Elector lo secuestraron y llevaron para su seguridad al castillo de Wartburg en Turingia. Permaneció allí disfrazado cerca de un año, durante el cual tradujo el Nuevo Testamento al alemán, obra que por sí sola lo hubiera inmortalizado pues se considera el fundamento del idioma alemán escrito. Esto fue en 1521. Varios años después  terminó la traducción del Antiguo Testamento.

Los estados alemanes  se dividieron. Los príncipes meridionales dirigidos por Austria, se adhirieron a Roma mientras que los del norte eran en su mayoría seguidores de Lutero. En 1529, se celebró una Dieta en Espira con la vana esperanza de reconciliar las dos partes. En esta dieta los gobernantes católicos condenaron las doctrinas de Lutero. Los príncipes prohibieron toda enseñanza del luteranismo en los estados que no dominaban. En los estados que ya eran luteranos se requirió que a los católicos se les permitiese ejercer libremente su religión.

LA REFORMA EN OTROS PAISES

El mismo espíritu brotó en muchos otros países de Europa. En el sur, como Italia y España, combatieron despiadadamente la Reforma. En Francia y los Países Bajos la causa de la Reforma estaba en duda. Entre las naciones del norte la nueva religión venció sobre toda oposición.

La Reforma en Suiza se levantó independiente de la de Alemania con Ulrico Zwinglio quien en 1517 atacó “la remisión de pecados” mediante peregrinaciones a un altar de la Virgen y en 1522 rompió de manera definitiva con Roma. La Reforma se organizó formalmente en Zúrich y pronto llegó a ser más radical que en Alemania. Una guerra civil entre cantones católico-romanos y protestantes, en la cual murió Zwinglio estorbó su progreso (1531). La Reforma siguió adelante y más tarde su líder llegó a ser Juan Calvino, el teólogo más grande de la iglesia después de Agustín. “Las Instituciones de la religión cristiana”, publicadas en 1536 cuando Calvino solo tenía veintisiete años, se convirtieron en la expresión más positiva  de la doctrina reformada.

El reino escandinavo (Dinamarca, Suecia y Noruega bajo un mismo gobierno), recibió pronto las enseñanzas de Lutero favorecidas por el rey Cristián II. Los  tres países aceptaron las ideas luteranas.

En Francia un movimiento religioso se levantó entre el pueblo aun antes que en Alemania, porque en 1512 Jacobo Lefevre predicó la doctrina de la “justificación por la fe”. No obstante, el protestantismo recibió un golpe casi mortal en la terrible matanza del Día de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572, cuando asesinaron a casi todos sus líderes y a incontables millares de creyentes. La fe reformada sufrió una terrible persecución. Aunque pequeño en número, el protestantismo francés ha ejercido gran influencia.

Los Países Bajos (Holanda y Bélgica), estaban al principio de la Reforma bajo el dominio de España. Pronto recibieron las enseñanzas reformadas pero los regentes españoles los persiguieron con severidad. En los Países Bajos, la Reforma era una demanda de libertad política y religiosa y la tiranía de España condujo al pueblo a sublevarse. Después de una larga guerra, los Países Bajos obtuvieron su independencia de España. Holanda llegó a ser protestante pero Bélgica mantuvo su mayoría católica romana.

El movimiento de Reforma en Inglaterra pasó por varias épocas de adelanto y retroceso, por sus relaciones políticas y por las diferentes actitudes de los soberanos. Empezó en el reino de Enrique VIII con un grupo de jóvenes estudiantes de la literatura clásica y la Biblia. Uno de los líderes de la Reforma inglesa fue Guillermo Tyndale, quien tradujo el Nuevo Testamento en su primera versión en inglés, después de la invención de la imprenta. Ésta ha modelado todas las traducciones desde entonces. En 1536, Tyndale fue martirizado en Amberes. Otro líder fue Tomás Cranmer, arzobispo de Canterbury. Después de ayudar a hacer protestante a Inglaterra, se retractó bajo la romanista reina María Tudor, con la esperanza de salvar su vida. Sin embargo, cuando lo condenaron a morir quemado, revocó su retractación. De Enrique VIII, la Reforma recibió ayuda y también tropiezos. Éste se separó de Roma porque el papa no quería aprobar su divorcio de la reina Catalina de Aragón, hermana  de Carlos V. Estableció una Iglesia Anglicana, con él mismo como jefe.

Bajo Eduardo VI la causa de la Reforma progresó mucho. Dirigida por Cranmer y otros, se estableció la Iglesia de Inglaterra, y el “Libro de Oración Común” compiló su rica y rítmica forma de lenguaje. La reina María Tudor, quien sucedió a Eduardo VI, era una fanática romanista y quiso establecer una vez más la iglesia antigua, mediante la persecución. Reinó solamente cinco años durante los cuales, más de trescientos protestantes sufrieron martirio. Con el ascenso de Isabel I, las prisiones se abrieron, los exilios se revocaron, la Biblia se honró de nuevo en el púlpito y en el hogar, y durante su largo reinado, “la época de Isabel”, la más gloriosa de la historia inglesa, la Iglesia de Inglaterra se estableció de nuevo y tomó la forma en que ha continuado hasta hoy.

La Reforma tuvo un progreso muy lento en Escocia, donde el cardenal Beaton y la reina regenta, gobernaban con mano férrea a la iglesia y al estado. El cardenal fue asesinado, la reina regenta murió y pronto Juan Knox asumió la dirección del movimiento reformador en 1559. Con firme determinación e irresistible energía barrió todo vestigio de la fe romanista y llevó adelante la Reforma, aun en contra del ingenio y la atracción de la romanista María, reina de Escocia. La Iglesia Presbiteriana, según planeó Juan Knox, llegó a ser la iglesia oficial de Escocia.

______________________________

CAPÍTULO II.  QUINTO PERÍODO GENERAL. LA IGLESIA REFORMADA . DESDE LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA HASTA LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (1453-1648)

LECCIÓN 6

LOS PRINCIPIOS DE LA RELIGIÓN REFORMADA

A principios del siglo XVI, la única iglesia en Europa occidental era la Católica Romana. Antes de finalizar ese siglo, cada país del norte de Europa al oeste de Rusia se había separado de Roma y establecido su propia iglesia nacional. Aunque en los países reformados del norte de Europa había diferencias en doctrinas y organización; sin embargo, no es difícil encontrar la plataforma común de todas las iglesias protestantes. Los principios de la Reforma pueden considerarse cinco.

El primer gran principio es que la verdadera religión se funda en las Escrituras. Los reformadores declaraban que la Biblia contenía las reglas de la fe y práctica, y que no debía aceptarse ninguna doctrina a menos que la Biblia la enseñase. La Reforma trajo de nuevo la Biblia perdida al pueblo y colocó sus enseñanzas sobre el trono de la autoridad. Es gracias a los reformadores que la Biblia ahora circula por millones de copias.

En segundo lugar, la religión debía ser racional e inteligente. Los reformadores, aunque subordinando debidamente la razón a la revelación, reconocían la primera como un don divino y demandaron un credo, una disciplina y una adoración armoniosas con la naturaleza racional del hombre.

Una tercera gran verdad enfatizada en la Reforma fue la de la religión personal. Bajo el sistema romano existía una puerta cerrada entre el adorador y Dios, y sólo el sacerdote tenía la única llave. El pecador arrepentido no confesaba sus pecados a Dios, sino al sacerdote. No obtenía perdón de Dios, sino del sacerdote. El adorador no oraba a Dios el Padre por medio de Cristo el Hijo, sino por medio de un santo patrón que se suponía intercedía por él ante Dios. Los cristianos no podían ir a la Biblia en busca de dirección, sino tenían que recibir sus enseñanzas indirectamente según las interpretaban los concilios y cánones de la iglesia. Los reformadores acabaron con todas esas barreras. Dirigían al adorador hacia Dios como el objeto directo de oración, el dador inmediato del perdón y gracia. Llevaban a cada alma a la presencia de Dios y a la comunión con Cristo.

Los reformadores también insistían en una religión espiritual, diferente a una religión formalista. Sin duda, hubo muchas personas sinceras y espirituales en la Iglesia Católica Romana, hombres como Bernardo de Claraval, Francisco de Asís y Tomás de Kempis que vivían en íntima comunión con Dios. Pero en la iglesia en general, la religión era de letra y no de espíritu. Los reformadores proclamaron que la justificación no es por formas y observancias externas, sino por la vida interna, “la vida de Dios en el alma de los hombres”.

El último de estos principios en la obra práctica de la Reforma fue el de una iglesia nacional. Dondequiera que el protestantismo triunfaba surgía una iglesia nacional, gobernada por sí misma e independiente de Roma.

LA CONTRARREFORMA

No mucho después que empezó la Reforma, la Iglesia Católica Romana realizó un poderoso esfuerzo a fin de recuperar el terreno perdido en Europa, destruir la fe protestante y promover las misiones catolicorromanas en países extranjeros. A este movimiento se le llama la Contrarreforma.

La reforma dentro de la iglesia se intentó hacer mediante el Concilio de Trento, convocado en 1545 por el papa Pablo III. El Concilio se reunió en diferentes tiempos y en más de un lugar, aunque por lo general se reunía en Trento, Austria. Duró casi veinte años, a través de los reinados de cuatro papas, de 1545 a 1563. Se tenía la esperanza que la separación entre católicos y protestantes se pudiera arreglar y la iglesia volviera a unirse. A la larga, se hicieron muchas reformas y se establecieron definitivamente las doctrinas de la iglesia. El resultado del concilio fue una reforma conservadora dentro de la Iglesia Católica Romana.

Una influencia muy poderosa en la Contrarreforma fue la Orden de los Jesuitas, que en 1534 estableció Ignacio de Loyola. Su propósito principal era combatir el movimiento protestante con métodos públicos y secretos. Llegó a ser tan poderosa, que se acarreó la oposición más severa aun en los países catolicorromanos. Se suprimió en casi todos los estados de Europa y, por decreto del papa Clemente XIV (1773), se prohibió en toda la iglesia. Después  de un tiempo, los papas la reconocieron de nuevo. Ahora es una de las fuerzas más potentes en esparcir y fortalecer la Iglesia Católica Romana por todo el mundo.

La persecución activa fue otra arma empleada para apagar el creciente espíritu de reforma. En Europa cada gobierno catolicorromano procuraba extirpar la fe protestante mediante la espada. En España, se estableció la Inquisición y se torturaron y quemaron un sinnúmero de personas. En los Países Bajos, los gobernantes españoles se propusieron dar muerte a todos los sospechosos de herejías. En Francia (en 1572), el espíritu de persecución llegó a su apogeo con la matanza del Día de San Bartolomé.

Los esfuerzos misioneros de la Iglesia Católica Romana deben reconocerse como una de las fuerzas de la Contrarreforma. En su mayor parte estos esfuerzos los dirigían los jesuitas. Trajo como resultado la imposición del catolicismo entre las razas nativas de América del Sur, México y gran parte del Canadá. Asimismo, en el establecimiento de grandes misiones en la India y los países circunvecinos por San Francisco Javier, uno de los fundadores de la orden jesuita.

En 1618, un siglo después de iniciada la Reforma y como resultado inevitable de intereses y propósitos opuestos de los estados reformados y católicos de Alemania, comenzó una guerra que a la larga enroló a casi todas las naciones europeas. En la historia se le conoce como la Guerra de los Treinta Años. La lucha siguió por casi una generación y toda Alemania sufrió en forma inconcebible. Al final, en 1648, la gran guerra terminó con la paz de Westfalia, que fijó los linderos de los estados catolicorromanos y protestantes de la manera que han continuado hasta hoy. De modo que puede considerarse que el final del período de la Reforma ocurrió en este momento.

LIDERES DEL PERIODO

Desiderio Erasmo nació en Rotterdam, Holanda, en 1466. Fue uno de los eruditos más grandes del período del Renacimiento y de la Reforma. Lo educaron y ordenaron en un monasterio, pero en 1492 abandonó el sacerdocio y se dedicó a la literatura. Ya antes de comenzar la Reforma era un crítico inflexible de la Iglesia Católica Romana. Esto se ve en muchas de sus obras, de ellas la que más circuló fue Elogio de la Locura. Su mayor y más valiosa obra fue su edición del Nuevo Testamento en griego en una traducción latina. Erasmo, nunca se unió a la Reforma. Siguió siendo católico y criticó a los reformadores con tanta agudeza como lo hizo con la iglesia antigua. Murió en 1536.

Es indiscutible que la figura principal del período fue Martín Lutero. Nació en Eisleben, en 1483. Aspiraba ser abogado, pero de repente escuchó el llamamiento para la carrera de monje y entró al monasterio agustino. Lo ordenaron al sacerdocio y en 1511 lo enviaron a Roma  de donde  regresó desencantado por la mundanalidad y maldad en la iglesia. En ese mismo año, empezó su carrera de reformador atacando la venta de”indulgencias”, o de perdón de pecados. El 18 de abril de 1521 dio su célebre respuesta en la Dieta de Worms. Cuando iba de regreso a su hogar sus amigos lo escondieron en el castillo de Wartburg por casi un año donde  se dio a la tarea de traducir el Nuevo Testamento al alemán. Fue autor de muchos escritos que circularon en toda Alemania, pero el más influyente de todos fue su incomparable traducción de la Biblia. Murió mientras visitaba el lugar de su nacimiento, Eisleben, el 18 de febrero de 1546, a los sesenta y tres años de edad.

Juan Calvino, el teólogo más grande del cristianismo desde San Agustín, obispo de Hipona, nació en Noyon, Francia, el 10 de julio de 1509 y murió en Ginebra, Suiza, el 27 de mayo de 1564. En 1536 publicó en Basilea sus “Instituciones de la Religión Cristiana”, que llegaron a ser la base  doctrinal de las iglesias protestantes, excepto la luterana. Su academia protestante en Ginebra, fue uno de los principales centros del protestantismo en Europa. Las teologías reformadas poseen características racionales y radicales que han inspirado a los movimientos liberales de los tiempos modernos, tanto en el estado como en la iglesia, y han contribuido poderosamente al progreso de la democracia en todo el mundo.

Tomás Cranmer puede considerarse el líder de la Reforma inglesa por su posición como el primer protestante a la cabeza de la iglesia. El servicio mayor de Cranmer fue haber sido uno de los compositores del Libro de Oración Común y escritor de casi todos los artículos de religión.

Juan Knox fue el fundador de la Iglesia Escocesa y bien se le ha llamado “el padre de Escocia”. Nació en 1505 o cerca de ese año en la Baja Escocia. Recibió su educación y ordenación para el sacerdocio en la Universidad de San Andrés. No fue sino hasta que tenía cuarenta y dos años de edad cuando abrazó la causa de la Reforma. Los agentes franceses de la reina regente lo apresaron enviaron a Francia, donde sirvió en las galeras. En Ginebra conoció a Juan Calvino y adoptó sus ideas, tanto en doctrina como en gobierno de la iglesia. Logró que la fe y orden presbiterianas alcanzaran importancia suprema en Escocia y dirigió una reforma más radical que en ningún otro país de Europa. Murió en 1572.

Ignacio de Loyola nació en 1491 en una familia noble, en el Castillo de Loyola. Hasta los veintiséis años de edad fue un soldado valiente, aunque disoluto; pero después de una grave herida y de una larga enfermedad, se dedicó al servicio de la iglesia. En 1534 fundó la Sociedad de Jesús, más conocida como los Jesuitas, la institución más poderosa de los tiempos modernos para la promoción de la Iglesia Católica Romana. Ignacio de Loyola debe reconocerse como una de las personalidades más notables e influyentes del siglo dieciséis. Murió en Roma el 31 de julio de 1556.

San Francisco Javier nació en 1506 en la sección española de Navarra, en ese tiempo un reino independiente en ambos lados de los Pirineos. Fue uno de los primeros miembros de la Sociedad de Jesús, y tomó como su obra el departamento de misiones extranjeras, de lo cual llegó a ser el fundador moderno. Estableció la fe catolicorromana en la India, en la isla de Ceilán, Japón y otros países del Lejano Oriente. Comenzaba su trabajo en la China cuando murió de repente de una fiebre, en 1552, a los cuarenta y seis años de edad. Durante su corta vida efectuó la conversión de millares de paganos; y siguió después de su muerte. Como resultado de sus planes y labores los catolicorromanos en el Oriente ahora constituyen muchos millones. En toda su vida Javier demostró un espíritu manso, tolerante y generoso, que ha hecho su memoria querida tanto para protestantes como para católicos.

____________________________

CAPÍTULO III. SEXTO PERÍODO GENERAL. LA IGLESIA MODERNA . DESDE LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS HASTA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1648 – 1945)

LECCIÓN 7

MOVIMIENTO PURITANO

En nuestro estudio del período moderno, los últimos dos siglos y medio, nuestra atención se dirigirá especialmente a las iglesias que surgieron de la Reforma. La Iglesia Católica Romana ha seguido su propio camino, aparte por completo del mundo protestante y está fuera de nuestro horizonte. Vamos trazar de forma breve ciertos movimientos importantes en países protestantes como Inglaterra, Alemania septentrional y Estados Unidos.

Poco después de la Reforma tres diferentes grupos aparecieron en la Iglesia Inglesa: el elemento romanista, que buscaba amistad y nueva unión con Roma; el anglicano, que estaba satisfecho con las reformas moderadas llevadas a cabo bajo el rey Enrique VIII y la reina Isabel; y el grupo radical protestante que anhelaba una iglesia igual a las establecidas en Ginebra y Escocia. Este último grupo llegó a conocerse como “puritanos” (alrededor de 1654).

Hubo dos grupos entre los puritanos: los que favorecían la forma presbiteriana y los “congregacionalistas”, que buscaban la independencia de cada sociedad local y que eran el movimiento más radical.

Los puritanos fueron los campeones de los derechos populares en las discusiones parlamentarias. Al principio el grupo presbiteriano llegó a dominar. Por orden del Parlamento, una asamblea de ministros puritanos celebrada en Westminster en 1643, preparó la Confesión de Westminster y los dos catecismos, considerados como los ideales presbiterianos y congregacionalistas. Durante el gobierno de Oliver Cromwell triunfó el elemento independiente o congregacionalista. Con Carlos II (1659-1685) los anglicanos asumieron otra vez el poder y se persiguió a los puritanos por no conformarse a esta modalidad.

Después de la Revolución de 1688, se reconocieron como disidentes de la Iglesia de Inglaterra y obtuvieron derechos como organizaciones separadas, fuera por completo de la iglesia establecida. Del movimiento puritano surgieron tres iglesias: presbiteriana, congregacionalista y bautista.

EL MOVIMIENTO WESLEYANO

En la primera mitad del siglo dieciocho, las iglesias de Inglaterra cayeron en un estado de decadencia. Los servicios religiosos eran formalistas y fríos, con una creencia intelectual y falta de poder moral. Un grupo de predicadores sinceros, dirigidos por los hermanos Juan y Carlos Wesley y Jorge Whitefield despertaron a Inglaterra. De estos, Whitefield era el más poderoso predicador. Conmovió el corazón de miles de personas, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. Carlos Wesley era el poeta sagrado, cuyos himnos han enriquecido toda colección desde su día, pero Juan Wesley fue sin duda alguna el indiscutible líder y estadista del movimiento.

A los treinta y cinco años de edad, mientras desempeñaba las funciones de clérigo anglicano, Juan Wesley halló entre los moravos un cuerpo de disidentes de la Iglesia Luterana. En 1739 empezó a predicar “el testimonio del Espíritu” como un conocimiento interno personal y formó sociedades con los que aceptaban sus enseñanzas. Wesley convocó un cuerpo de predicadores laicos para que llevaran sus doctrinas y relataran su experiencia en todo lugar en la Gran Bretaña y en las colonias estadounidenses. A sus seguidores muy pronto se les llamó “metodistas” y Wesley aceptó el nombre. En Inglaterra se les conoció corno “metodistas wesleyanos” y antes de su muerte constituían muchos millares.

Aunque por muchos años sufrió violenta oposición en la Iglesia de Inglaterra y no se le permitía predicar en sus púlpitos, Wesley afirmó ser miembro fiel, considerando su sociedad no corno una denominación separada, sino una organización dentro de la Iglesia Inglesa. Sin embargo, después de la revolución estadounidense en 1784, organizó a los metodistas en Estados Unidos en una iglesia separada según el plan episcopal y les puso “superintendentes”, título que prefería al de “obispo”. En el continente americano, al principio del siglo veinte, los miembros en lista de los metodistas ascendían a más de seis millones. Ningún líder en la iglesia cristiana ha obtenido tantos seguidores personales corno Juan Wesley.

La Reforma afirmó que la Biblia es un libro inspirado y sobrenatural, pero otros empezaron a considerar la razón corno la autoridad suprema y a demandar una interpretación racional y no sobrenatural de la Escritura. A quienes seguían la razón en detrimento de lo sobrenatural se les llamó “racionalistas”. Los gérmenes del racionalismo existían en Inglaterra y Alemania desde principios del siglo dieciocho, pero su actividad corno un movimiento distinto en la iglesia empezó con Johann Semler (1725-1791), quien reclamaba que sin pruebas no debía aceptarse ninguna cosa recibida de la tradición, que la Biblia debía juzgarse por la misma crítica que se le aplicaba a los escritos antiguos, que todo registro de milagros debía desacreditarse y que Jesús era únicamente un hombre y no un ser divino.

EL MOVIMIENTO RACIONALISTA

El espíritu racionalista creció hasta que a casi todas las universidades de Alemania fueron dominadas por el racionalismo. Esto llegó a su apogeo con la publicación de “La vida de Jesús”, por Friedrich Strauss en 1835, tratando de demostrar que el relato de los Evangelios eran “mitos” o leyendas. Esta obra la tradujo George Eliot en 1846 y obtuvo amplia circulación en Inglaterra y en Estados Unidos. La erudición racionalista despertó un nuevo espíritu de investigación, obligando a muchos teólogos e intérpretes bíblicos a salir en defensa de la verdad. De esta manera permitió que el contenido de la Biblia y las doctrinas del cristianismo se estudiasen ampliamente. El racionalismo, que amenazó con derribar al cristianismo, provocó que aumentara su fuerza.

MOVIMIENTO ANGLO CATÓLICO

Alrededor de 1875 surgió una tendencia en la Iglesia de Inglaterra que levantó fuerte controversia y recibió diferentes nombres: “Movimiento anglo-católico”, “Movimiento de Oxford” o “Puseyismo”.

Intentaba separar a la Iglesia de Inglaterra del protestantismo y restaurar  las doctrinas y prácticas de los primeros siglos cuando la iglesia cristiana era una y no necesitaba reforma. Su principio, fue un sermón que Keble predicó en julio de 1833, en Santa María, Oxford, sobre “apostasía nacional”. Enseguida empezó a aparecer una serie de interesantes “Tratados de actualidad” sobre la forma de gobierno, doctrinas y adoración de la iglesia inglesa, Y continuaron hasta 1841. Su líder fue Juan Enrique Newman, quien escribió muchos de los “Tratados de actualidad”, y cuyos sermones desde el púlpito de Santa María eran la presentación popular de la causa. Otro de sus defensores fue el muy capaz erudito y profundamente religioso canónigo Eduardo B. Pusey. Millares de prominentes clérigos y laicos de la Iglesia de Inglaterra apoyaron activamente el movimiento. A sus líderes se les acusó de romanistas en espíritu y propósito, pero el propósito general era fortalecer el poder de la iglesia y elevar sus ideales. Debido a que el espíritu del movimiento era desacreditar la Reforma y animar el anglocatolicismo, tenía una tendencia inevitable hacia Roma; y en 1845 su gran líder, Newman, siguió la lógica de sus convicciones e ingresó en la Iglesia Católica Romana. Su separación causó gran conmoción, pero esta corriente continuó.

MOVIMIENTO MISIONERO MODERNO

Durante mil años, desde los días de los apóstoles, la iglesia fue muy activa en la obra misionera. En los primeros cuatro siglos de su historia la iglesia convirtió el Imperio Romano al cristianismo. Pasado el siglo décimo, la iglesia y el estado, el papa y el emperador, estaban en lucha por el dominio supremo y el espíritu misionero decayó, aunque nunca se perdió por completo. A la Reforma le interesaba más trabajar en la purificación y organización de la iglesia, que en su extensión. En la última época de la Reforma se dio el primer paso para cristianizar al mundo pagano, no por los protestantes, sino por los catolicorromanos, bajo Francisco Javier.

A principios de 1732, los moravos empezaron a establecer misiones extranjeras enviando a Hans Egede a Groenlandia y de inmediato la misma iglesia comenzó a trabajar entre los indios de Estados Unidos, entre los negros de las Indias Occidentales y en los países orientales. En proporción a su pequeño número de miembros en su país, ninguna otra denominación ha sostenido tantas misiones como la Iglesia Morava a través de toda su historia.

El fundador de las misiones modernas de Inglaterra fue Guillermo Carey. Trabajó como zapatero, fue autodidacta y llegó a ser ministro bautista en 1789. Frente a una fuerte oposición insistió en el envío de misioneros al mundo pagano. Un sermón que predicó en 1792, bajo dos títulos: “Emprended grandes cosas para Dios” y “Esperad grandes cosas de Dios”, condujo a la organización de la Sociedad Misionera Bautista y al envío de Carey a la India. La Compañía de las Indias Orientales, que entonces gobernaba la India, no le permitió desembarcar, pero llegó a Serampore, una colonia danesa cerca de Calcuta. Fue uno de los principales eruditos del mundo en el sánscrito y otras lenguas orientales. Sus gramáticas y diccionarios aún se usan. Desde 1800 a 1830 fue profesor de literatura oriental en la universidad de Fort William, Calcuta. Murió en 1834 reverenciado por todo el mundo como padre de un gran movimiento misionero.

La visión misionera en Estados Unidos recibió su primera inspiración de la famosa “reunión de oración” llevada a cabo en la Universidad Williams, Massachusetts, en 1811. Un grupo de estudiantes se reunió en un campo para orar sobre el tema de misiones y allí consagraron sus vidas a la obra de Cristo en el mundo pagano. De esta reunión surgió la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjera (interdenominacional), pero como otras iglesias formaron sus sociedades propias, pronto llegó a ser la Junta Misionera de las iglesias congregacionalistas. La Junta Americana envió cuatro misioneros: Newell y Hale fueron a la India: Hudson y Rice, al Lejano Oriente. Estos últimos formaron más tarde la Sociedad Misionera Bautista Americana y comenzaron la obra en Birmania. Este ejemplo de congregacionalistas y bautistas lo siguieron otras denominaciones y antes que pasasen muchos años, cada iglesia tenía su propia junta y sus propios misioneros.

En la época actual, desde principios del siglo veinte, casi ningún país de la tierra está sin el evangelio. Escuelas cristianas, universidades, hospitales, orfanatorios y otras instituciones filantrópicas se encuentran por todo el mundo pagano. Hasta un pasado reciente, la característica más prominente en la iglesia  en la Gran Bretaña y Estados Unidos, ha sido su profundo y amplio interés en las misiones extranjeras.

___________________

CAPÍTULO III. SEXTO PERÍODO GENERAL. LA IGLESIA MODERNA . DESDE LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS HASTA LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1648 – 1945)

LECCIÓN 8

LIDERES DEL PERIODO MODERNO

Ricardo Hooker (1553-1600) escribió la obra más famosa y de mayor influencia en la constitución de la Iglesia de Inglaterra: “Las leyes del gobierno eclesiástico” (presentación del sistema episcopal). Estudió en la Universidad de Oxford, donde lo nombraron  tutor, socio y conferenciante, sucesivamente. Lo ordenaron en 1582 y por un tiempo fue pastor asociado en Londres con un elocuente puritano, siendo Hooker de ideas anglicanas. Sus controversias en el púlpito finalmente condujeron a Hooker a buscar una parroquia rural. Hooker solo contaba con cuarenta y seis años cuando murió.

Tomás Cartwright (1535-1603) puede considerarse el fundador del puritanismo, aunque no el más grande de sus partidarios. Ese honor pertenece a Oliver Cromwell, cuya gesta, sin embargo, está en la historia del estado y no en la iglesia. Cartwright llegó a ser profesor de teología en la Universidad de Cambridge en 1569. Abogaba en favor de la idea de que las Escrituras no sólo contienen la regla de fe y doctrina, sino también del gobierno de la iglesia; que la iglesia debía ser presbiteriana en su sistema; que no solamente debía ser independiente del estado, sino prácticamente suprema sobre el estado. Era tan intolerante como los altos eclesiásticos en demandar uniformidad en la religión, a fin de que lo pusiese en vigor la autoridad civil, con tal que la iglesia fuese presbiteriana y su doctrina la de Juan Calvino. Por unos cuarenta años Cartwright fue pastor en las islas de Guernsey y Jersey. Sin embargo, desde 1573 a 1592 estuvo la mayor parte del tiempo en prisión o en el exilio en Europa. Parece que los últimos nueve años de su vida los pasó en retiro.

A Jonatán Edwards (1703-1758) se le considera el primero de los estadounidenses en metafísica y teología, y el más grande teólogo del siglo dieciocho en ambos lados del Atlántico. En él se combinaban la lógica más aguda, el ardor más intenso en la investigación teológica y un piadoso fervor espiritual. Se graduó de la universidad de Yale a los dieciocho años de edad, habiendo leído extensamente la literatura filosófica de épocas pasadas y de su propio tiempo. En 1727 llegó a ser pastor asociado con su abuelo en la Iglesia Congregacional en Northampton y pronto se distinguió como un ardiente defensor de una sincera vida espiritual. Desde su púlpito salió el Gran Despertamiento, un avivamiento que se esparció por las Trece Colonias. Su oposición al “Convenio a Medias” que entonces era aceptado casi universalmente en Nueva Inglaterra (por el cual la gente se admitía como miembro de la iglesia sin un carácter religioso definido) levantó un sentimiento de malestar en su contra y condujo a su expulsión de la iglesia en 1750. Durante ocho años fue misionero a los indios. En este período de retiro escribió su monumental obra sobre El libre albedrío, que desde su tiempo ha sido el libro de texto del calvinismo en Nueva Inglaterra. En 1758 lo nombraron presidente de la universidad de Princeton, pero después de unas semanas de servicio murió a los cincuenta y cinco años de edad.

Juan Wesley nació en Epworth, al norte de Inglaterra, en el mismo año que Jonatán Edwards nació en América, 1703. Su padre fue durante cuarenta años párroco de la Iglesia de Inglaterra en Epworth. Su madre, Susanna Wesley, que tuvo gran influencia sobre él, era descendiente de ministros puritanos. En 1724, Wesley se graduó de la universidad de Oxford, lo ordenaron en la Iglesia de Inglaterra y fue por unos años miembro de la Facultad de Lincoln. El nombre “metodistas” se hizo permanente para los seguidores de Wesley. En 1735 Wesley y su hermano menor Carlos, fueron como misioneros a la nueva colonia de Georgia. Sus labores no tuvieron mucho éxito y regresaron a Inglaterra después de dos años. En ese tiempo conocieron un grupo de moravos, seguidores del conde Zinzendorf, y de ellos obtuvieron el conocimiento experimental de una vida espiritual. Wesley viajaba a caballo por toda Inglaterra e Irlanda predicando, organizando sociedades y dirigiéndolas a través de su larga vida, que duró casi hasta el fin del siglo dieciocho. De sus labores no sólo surgió el cuerpo wesleyano en la Gran Bretaña bajo varias formas de organización, sino también las iglesias metodistas de Estados Unidos y de todo el mundo, contando entre sus miembros muchos millones. Murió en 1791 a los ochenta y ocho años de edad.

Juan Enrique Newman (1801-1890) por la habilidad y el brillante estilo de sus escritos, la claridad de sus ideas, el fervor de su predicación y, sobre todo por un raro atractivo personal, fue el líder del movimiento anglo católico del siglo diecinueve. En 1820, recibió su título de la universidad Trinity, Oxford. La Iglesia Inglesa lo ordenó y en 1828 fue nombrado vicario de la iglesia universitaria de Santa María, donde sus sermones le permitieron tener una influencia dominante en Oxford durante toda una generación. Aunque el movimiento de Oxford lo inició Keble, su verdadero líder fue Newman. En 1843, renunció a Santa María y se retiró a una iglesia en Littlemore. Vivió en retiro durante tres años hasta 1845, cuando lo recibieron en la Iglesia Católica Romana. Después de este cambio de relaciones eclesiásticas vivió cuarenta y cinco años, la mayor parte del tiempo en Birmingham, con menos prominencia que antes, pero aún querido por sus antiguos amigos. Sus escritos fueron muchos, pero los que más circularon fueron sus tratados y varios volúmenes de sermones. En 1864 publicó un libro titulado Apología pro Vita Sua, relato de su propia vida religiosa y su cambio de opiniones con el que demostró su completa sinceridad y aumentó el respeto que ya muchos sentían por él, excepto algunos mordaces opositores. En 1879 lo nombran cardenal y muere en Birmingham en 1890. Ningún clérigo ni ninguna denominación en este siglo superó a Newman en su influencia.

LA IGLESIA EN EL SIGLO XX

La iglesia de este siglo enfrentó graves problemas tanto en el campo social como eclesial. Las guerras mundiales  confrontaron a la iglesia con la actitud que debía tener hacia ellas. En la Primera la tendencia de la iglesia fue considerar el conflicto como una guerra santa para Dios y la nación, y fue más allá de una misión de misericordia para santificar la guerra. En la Segunda Guerra Mundial la iglesia se opuso a cualquier insultante llamado, secundó las objeciones de conciencia, oró por los cristianos hermanos en ambos lados del frente y llena de misericordia se comprometió y ayudó en la reconstrucción de la posguerra.

Las relaciones raciales constituyeron otro problema apremiante en países como Sudáfrica con su sistema Apartheid de comunidades de segregación racial y Estados Unidos con su grave problema racial. Este asunto surgió en Estados Unidos durante la Guerra Civil que terminó con la esclavitud, pero que no le dio igualdad al hombre negro con el blanco. Con la emigración en masa de negros del sur a ciudades del norte, esto se convirtió en un problema nacional. Gran parte del progreso se encaminó hacia la meta de integración en las fuerzas armadas, la educación y las oportunidades económicas, pero los grandes desafíos los enfrenta la nación y la iglesia en las zonas urbanas deprimidas. Las reformas sociales tienen que hacerse realidad. En todo esto la iglesia puede también tomar conciencia de la nación sin convertirse en parte del orden social.

Este problema está íntimamente vinculado en el extranjero con la cuestión de la justicia económica a medida que el viejo imperialismo desaparece y surgen nuevas naciones. Aquí de nuevo la iglesia puede ayudar a declarar principios con los que guiará la conciencia de los líderes. El sistema alternativo de comunismo, que llegó a dominar un tercio de las personas del mundo, ofrecía un falso programa de justicia económica impuesta a gran costo en vidas y libertad. Será necesario estudiar las normas de la iglesia, la Biblia, la oración, las palabras desde el púlpito y la práctica cristiana personal como ciudadanos para influir en la sociedad.

La disolución de un simple liberalismo teológico con sus enseñanzas de un Cristo humano como un ejemplo para el comportamiento ético de los hombres, que no son pecadores, y que podrían encontrar un orden perfecto se aceleró con el problema de la depresión y las dos guerras mundiales. En su lugar surgieron un pujante evangelismo y la neo-ortodoxia.

Al principio el fundamentalismo fue negativo en su reacción contra un liberalismo que defendía la evolución y la crítica bíblica. A partir de la Segunda Guerra Mundial emergió un evangelismo que es más positivo en su concepto de la verdad. Institutos bíblicos, como Moody, universidades, tales como Wheaton, y seminarios cristianos, tales como Fuller y Dalias, los fundaron líderes cristianos preparados y comprometidos con la doctrina y práctica evangélica en todas las esferas de la vida. El orden social bíblico, así como la proclamación del evangelio, captaron la atención de la revista Christianity Today, el evangelista Billy Graham y la Asociación Nacional de Evangélicos.

Los vientos de cambio soplaron incluso sobre el monolítico monopolio de salvación colectiva que proclamaba la Iglesia Católica Romana. Durante los pontificados de Pío XI y XII hasta 1958, la iglesia adoptó una firme postura contra el comunismo, al que veía como una amenaza de su seguridad, por lo que trató de usar a Occidente, incluso estados totalitarios como Alemania e Italia, como baluarte contra el comunismo.

La estrategia bajo Juan XXIII y Pablo VI se inclinó a moderar las declaraciones anticomunistas y a una limitada coexistencia y cooperación, tal como en Polonia. También hay una actitud de mayor cooperación hacia las iglesias protestante y ortodoxa. En el Concilio Vaticano II (1963), Juan XXIII enfatizó el aggiornamento o la puesta al día de la iglesia. Debe observarse, sin embargo, que esto no afectó ningún dogma ni método esencial de la iglesia, sino que sólo puso la misa en lengua vernácula, permitió la lectura de la Biblia y el diálogo entre las iglesias a través de las vías ecuménicas. Los resultados de este concilio ecuménico aún están por verse.

La tendencia a la unión trajo como resultado la cooperación interdenominacional en grupos tales como la Sociedad Bíblica Americana, Sociedad de Esfuerzo Cristiano, Juventud para Cristo Internacional y otros. La reunión orgánica de grupos similares trajo como resultado, por ejemplo, la iglesia metodista que se formó en 1939 de la unión de metodistas del norte y del sur y de grupos distintos de algunos presbiterianos, metodistas y congregacionalistas para formar la Iglesia Unida del Canadá en 1925.

El mayor empuje, sin embargo, fue de las confederaciones de grupos similares en organismos tales como la Conferencia de Lambeth de los anglicanos, desde 1867, y de diferentes denominaciones en el Concilio Nacional de Iglesias en 1948, en Amsterdam. Los homólogos evangélicos han tenido la Asociación Nacional de Evangélicos en 1943 y el Compañerismo Evangélico Mundial en 1951. Uno espera que todos estos no quieran ser una simple organización, sino que la pureza de doctrina, el compañerismo cristiano en el Señor y el servicio amoroso sea lo más importante.

______________________

IGLESIAS CRISTIANAS EN ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

LECCIÓN 9

En la actualidad, en Estados Unidos de América hay al menos doscientas sesenta y cinco denominaciones religiosas con más de trescientas veinticinco mil iglesias. La membresía global de varias denominaciones es de ciento veinticinco millones aproximadamente

LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA

La primera iglesia establecida en América, tanto en el cono Sur como en el   Norte del continente, fue la Iglesia Católica Romana. La historia de esa iglesia en América empieza en 1494, cuando Colón en su segundo viaje llevó consigo doce sacerdotes para la conversión de las razas nativas.

Las primeras iglesias de Estados Unidos se establecieron en San Agustín, Florida, en 1565 y en Santa Fe, Nuevo México, como en el año 1600. En el siglo dieciocho y como resultado de la ocupación de los españoles, la Iglesia Católica Romana dominaba por completo el territorio de Florida a California. Sin embargo, esta vasta extensión estaba escasamente poblada.

Poco después vino la ocupación francesa del norte, en el río San Lorenzo, en la “Nueva Francia” o Canadá. Quebec se estableció en 1608, Montreal en 1644. En 1663, la población francesa del Canadá solo contaba con dos mil quinientas personas. Pero poco después los colonizadores empezaron a venir con rapidez; de manera que toda la región del río San Lorenzo, desde los Grandes Lagos hasta el Océano Atlántico, pronto fue poseída por franceses católicos, en su mayoría analfabetos. En Canadá se hizo un gran esfuerzo por convertir a los indios a la fe católica, y el mundo no tiene anales más heroicos y abnegados que los de los jesuitas en las colonias francesas. Sus métodos estaban en marcado contraste con los de Hispanoamérica. Ganaban la amistad de los indios por su amabilidad y su obra abnegada.

A mediados del siglo dieciocho, todo el territorio del gran noroeste estaba bajo la influencia francesa; España gobernaba el sudoeste; y sobre ambas posesiones la Iglesia Católica Romana era suprema, mientras que sólo una estrecha franja de la costa del Atlántico era protestante bajo las colonias inglesas. Todo pronóstico para el futuro señalaría a los católicos como destinados a gobernar todo el continente. Sin embargo, la conquista británica del Canadá en 1759, y más tarde la adquisición de Luisiana y Texas a Estados Unidos, alteró el equilibrio de poder en Norteamérica, del catolicismo al protestantismo.

Las colonias inglesas en la costa del Atlántico eran protestantes, excepto los colonizadores en Maryland, en 1634, que eran católicos ingleses, cuyo culto estaba prohibido en su propio país. Aun en el Nuevo Mundo podían obtener permiso constitucional solo concediendo libertad a toda religión; y pronto, debido a que la mayoría de los colonos eran protestantes, el culto romano se prohibió, aunque después se volvió a permitir. No fue sino en 1790 que un obispo catolicorromano se consagró para Maryland, el primero en Estados Unidos. Para ese tiempo la población católica en este país se calculaba en cincuenta mil personas.

Alrededor de 1845, Estados Unidos comenzó a recibir una gran corriente de inmigrantes de Europa. Al principio era en su mayoría católica procedente sobre todo de condados muy católicos en Irlanda. Más tarde, a estos se les agregaron otros millones del sur de Alemania y aun más tarde muchos de Italia. La Iglesia Católica Romana en Estados Unidos hizo grandes progresos entonces,  hasta que ahora la población católica alcanza a unos cuarenta y seis millones o alrededor de un tercio del número de comulgantes en todas las iglesias protestantes juntas.

Como parte de la iglesia romana mundial, los católicos estadounidenses están bajo el gobierno papal. La nación se divide en ciento diez diócesis, cada una tiene su obispo nombrado por el papa. Las diócesis están unidas en veinticuatro archidiócesis, cada una bajo un arzobispo; y sobre todas estas presiden seis cardenales, también nombrados por Roma.

LA IGLESIA PROTESTANTE EPISCOPAL

La Iglesia de Inglaterra fue la primera religión protestante establecida en Estados Unidos. La entrada permanente de la iglesia inglesa fue en 1607, con la primera colonia inglesa en Jamestown, Virginia. La Iglesia de Inglaterra fue la única  reconocida en el período primitivo en Virginia y otras colonias del sur. Cuando en 1664 Nueva York, colonizada por los holandeses, pasó a ser territorio inglés, se estableció la Iglesia de Inglaterra. En 1697 se constituyó la parroquia de la Trinidad en Nueva York y en 1695 la Iglesia de Cristo en Filadelfia.

En su ordenación, a cada clérigo de esta iglesia se le exigía un juramento de lealtad a la corona británica. Muchos de los clérigos episcopales evacuaron el país y era difícil suplir las parroquias vacantes porque el requisito de lealtad a Gran Bretaña ya no podía efectuarse; y no podían consagrarse obispos.

En 1787 el arzobispo de Canterbury consagró a los doctores Guillermo White y Samuel Provoost dando de esta manera a la iglesia Norteamericana la sucesión inglesa. La iglesia en Estados Unidos adoptó el nombre oficial de Iglesia Protestante Episcopal. Desde entonces el crecimiento de la Iglesia Episcopal ha sido rápido y constante. Cuenta ahora con una membresía de casi tres millones y medio.

Reconoce tres órdenes en el ministerio: obispos, sacerdotes y diáconos, y acepta la mayoría de los treinta y nueve artículos de la Iglesia de Inglaterra, modificados para adaptarlos a la forma de gobierno americano.

IGLESIAS CONGREGACIONALES

Después de Virginia con la Iglesia de Inglaterra, la siguiente región colonizada fue Nueva Inglaterra, empezando con los “peregrinos” que en diciembre de 1620 desembarcaron del buque “Mayflower”, en Plymouth, en la bahía de Massachusetts. Estos eran “congregacionalistas”, el elemento más radical en el movimiento puritano inglés, exiliados de Inglaterra a Holanda por razón de sus ideas; y ahora buscaban un hogar en el Nuevo Mundo.

Antes de desembarcar en Plymouth se organizaron como una verdadera democracia, con un gobernador y consejo electo por voto popular, aunque bajo bandera inglesa. Al principio no se separaron de la Iglesia de Inglaterra, sino que se consideraron como reformadores dentro del seno de la misma. Cualquier concilio o asociación de iglesias solo tenía una influencia moral sobre sus diversas sociedades, no tenía autoridad eclesiástica.

Eran en efecto una teocracia pero sólo los miembros de la iglesia podían votar en las elecciones del municipio y la colonia. Fue hasta 1818 en Connecticut y en 1833 en Massachusetts que la iglesia y el estado se separaron y el sostenimiento de la iglesia fue del todo voluntario.

Las colonias en esa región se desarrollaron con más rapidez que en ninguna otra parte en el siglo diecisiete. Se establecieron dos universidades, la de Harvard en Cambridge y la de Yale en New Haven; ambas destinadas a ser más tarde grandes universidades.

Como los presbiterianos y congregacionalistas surgieron de la Iglesia de Inglaterra y ambos confesaban los credos reformados, aceptando la Confesión de Westminster, las relaciones de estos dos cuerpos eran amigables. Por mucho tiempo hubo un entendimiento tácito, formalizado en un pacto mutuo en 1801 en que las iglesias presbiterianas no deberían extenderse a Nueva Inglaterra, ni las iglesias congregacionales fuera de Nueva Inglaterra. En 1931 la Iglesia Congregacional y la Iglesia Cristiana (Convención General) se fundieron para formar las Iglesias Cristianas Congregacionales con alrededor de dos millones de miembros.

IGLESIAS REFORMADAS

Nueva York fue el primer lugar que ocuparon los holandeses como un centro comercial en 1614. Al principio la colonia se llamó los Nuevos Países Bajos y la ciudad Nueva Amsterdam. En 1628 se organizó la primera iglesia bajo el nombre de Iglesia Protestante Reformada Holandesa; y durante la supremacía holandesa fue la iglesia oficial de la colonia. Las iglesias de este orden se establecieron en el norte de Nueva Jersey y en ambos lados del río Hudson hasta Albany. Por más de cien años los cultos se realizaron en el idioma holandés.

En 1664 Gran Bretaña ocupó la colonia, le puso por nombre Nueva York y la Iglesia de Inglaterra se convirtió en la religión del estado. Sin embargo, los ciudadanos de descendencia holandesa siguieron firmes en su propia iglesia. En 1867 se omitió la palabra “holandesa” de su título oficial, la cual llegó a ser “La Iglesia Reformada de América”. Cuenta con muchas iglesias fuertes en la región central y el extremo oeste. La membresía es de alrededor de doscientos treinta y tres mil.

A principios del siglo dieciocho se trajo al país otra iglesia reformada de origen alemán que lleva el nombre de “Iglesia Reformada en Estados Unidos”. Popularmente a la primera iglesia se le conoce como Iglesia Reformada Holandesa, a la otra como Iglesia Reformada Alemana. Una tercera iglesia del mismo orden es la Iglesia Cristiana Reformada que surgió de la iglesia del estado en Holanda en 1835; y una cuarta es “La Verdadera Iglesia Reformada”.

Se han hecho esfuerzos para unir estas cuatro iglesias reformadas en un cuerpo organizado, pero hasta ahora no se han tenido resultados.

Todas estas iglesias reformadas se adhieren al sistema de doctrina calvinista, enseñan el catecismo Heidelberg y se organizan bajo el mismo plan, parecido al presbiteriano, pero con diferentes nombres de sus cuerpos eclesiásticos. La junta gobernante en la iglesia local es el consistorio. Los consistorios vecinos forman un consejo; los consejos de un distrito están unidos en un sínodo particular; y estos en un sínodo general.

_______________

IGLESIAS CRISTIANAS EN ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

LECCIÓN 10

BAUTISTAS

Una de las mayores y más ampliamente esparcidas de las iglesias cristianas en Norteamérica es el grupo bautista, que asciende en sus diez mayores denominaciones a mucho más de veinte millones de miembros. Sus principios distintivos son dos: (1) el bautismo debe impartirse sólo a quienes profesan su fe en Cristo y, por consiguiente, no deben bautizarse niños; (2) la única forma bíblica de bautismo es por inmersión del cuerpo en agua, no por aspersión ni rociamiento.

Cada iglesia local es absolutamente independiente de toda jurisdicción externa, fija sus propias normas para los miembros y establece sus propias reglas. No tienen una Confesión de Fe general ni ningún catecismo; sin embargo, no hay otra iglesia en el país más unida en espíritu, más activa y más leal en sus principios que las iglesias bautistas.

Los bautistas surgieron poco después del comienzo de la Reforma en Suiza en 1623 y se esparcieron rápidamente en el norte de Alemania y Holanda. En sus inicios en Inglaterra estaban unidos con los independientes o congregacionales, y poco a poco llegaron a ser cuerpos separados. La iglesia en Bedford, de la cual Juan Bunyan fue pastor alrededor de 1660, se sigue considerando bautista y congregacional.

En Norteamérica, comenzaron con Roger Williams, un clérigo de la Iglesia de Inglaterra, quien fue a Nueva Inglaterra y fue expulsado de Massachusetts. En 1644, obtuvo la jurisdicción de la colonia de Rhode Island. Allí se permitían todas las formas de adoración religiosa y se acogía a los partidarios de muchos credos que eran perseguidos en otras partes. De Rhode Island los bautistas se esparcieron extensa y rápidamente por todas partes en el continente. Sus iglesias locales están organizadas en asociaciones y estas en convenciones estatales y nacionales, pero son sólo consejeras y no mandatarias. De las veintiocho denominaciones bautistas en Estados Unidos, las tres mayores son las bautistas regulares, Norte y Sur, y las de bautistas negros. La división entre bautistas del norte y del sur se debió a revolución por el problema de la esclavitud, reconocida en el sur, pero no así en el norte. Aunque aún separados, ambas asociaciones mantienen relaciones fraternales.

Como recordará, en 1792 los bautistas en Inglaterra formaron la primera sociedad misionera moderna y enviaron a Guillermo Carey a la India. La adopción de los principios bautistas por Adoniram Judson y Lutero Rice, misioneros a Birmania, condujo a la organización de la Convención General Misionera Bautista en 1814; y desde entonces los bautistas han estado a la vanguardia en el esfuerzo misionero.

LOS AMIGOS O CUÁQUEROS

De todos los movimientos surgidos de la gran Reforma, el que más se alejó del prelado y del gobierno de la iglesia fue el de los Amigos, comúnmente llamados “cuáqueros”. Esta sociedad – pues nunca ha tomado el nombre de “iglesia” – surgió de la enseñanza de Jorge Fox en Inglaterra, alrededor del año 1647. Fox se oponía a las formas exteriores de la iglesia, el ritual y la organización eclesiástica. Enseñaba que el bautismo y la comunión debían ser espirituales y no formales; que el cuerpo de creyentes no debía tener sacerdote ni ministro con salario, sino que cualquier adorador debía hablar según la inspiración del Espíritu de Dios, quien es “la luz interior” y guía de todos los verdaderos creyentes; y que, los hombres y las mujeres debían tener los mismos privilegios.

Sus seguidores al principio se autodenominaron “Hijos de la Luz”, pero más tarde “La Sociedad de los Amigos”. No se sabe con seguridad cómo se les aplicó el nombre de “Cuáqueros”, pero se generalizó y no desagrada a los miembros de la Sociedad.

Las enseñanzas de Jorge Fox fueron aceptadas por  multitudes que no simpatizaban con el espíritu dogmático e intolerante manifestado en ese tiempo por la Iglesia de Inglaterra. Su influencia se demuestra en que encarcelaron cerca de quince mil cuáqueros, vendieron como esclavos a doscientos y muchos murieron como mártires de su fe. Algunos buscaron refugio en Nueva Inglaterra, pero al llevar allí su testimonio encontraron a los puritanos no menos perseguidores que los anglicanos.

Los Amigos encontraron un puerto seguro en Rhode Island, donde todas las formas de fe y adoración eran libres. Formaron colonias en Nueva Jersey, Maryland y Virginia. En 1681, el rey Carlos II le entregó el territorio de Pennsylvania a Guillermo Penn, líder entre los Amigos, y Filadelfia, “la ciudad cuáquera”, se fundó en 1682. Durante setenta años los gobernantes de esa colonia fueron descendientes de Guillermo Penn.

La persecución activa cesó en Inglaterra y en Estados Unidos después de la Revolución en 1688, y los cuáqueros  formaron sociedades en muchas de las colonias. Aunque su organización era sencilla, su disciplina era estricta. Entre  los Amigos la esclavitud estaba prohibida, y estos testificaban con rudeza en contra de la misma. Incluso, en las plantaciones del sur. Estaban muy interesados en el trabajo por la cristianización y civilización de los indios americanos, en visitar y ayudar a los presos en las miserables cárceles de aquellos tiempos y en otras actividades filantrópicas. Diversas formas de servicio social que ahora son prominentes, las iniciaron y sostuvieron los cuáqueros mucho antes que otros las consideraran como obra legítima de la iglesia. La estricta disciplina (sobre todo la excomunión de miembros que se casaban fuera de la sociedad; el firme testimonio en contra de la esclavitud y otros males; y la negación a tomar las armas en la guerra, que siempre ha sido uno de sus principios), causó un descenso en el número de cuáqueros durante el siglo dieciocho.

Un golpe mayor fue una disensión sobre las doctrinas predicadas por Elías Hicks, que reclamaba ser unitario, no reconociendo a Cristo como Dios; y en 1827 hubo una separación entre los ortodoxos y los Amigos Hicksitas. De estos cuerpos los “Amigos Ortodoxos”, como se llaman, tienen la mayoría de los miembros. Sus doctrinas están de acuerdo con las iglesias conocidas como evangélicas, con especial énfasis en la enseñanza personal e inmediata del Espíritu Santo al individuo. Su organización actual es completamente democrática.

La sociedad está organizada en una serie de juntas mensuales para los negocios ejecutivos sujetos a revisión por las juntas trimestrales y anuales. En Estados Unidos y Canadá hay catorce juntas anuales que abarcan casi todas las partes del país. Prácticamente todas las congregaciones ortodoxas en América tienen un ministro con salario y una orden de servicio regular parecido a la de los metodistas, bautistas o presbiterianos, aunque menos formalistas.

LUTERANOS

Algunos creen que a principios de la historia de la colonia holandesa de Nueva Amsterdam, después Nueva York alrededor de 1623, los luteranos holandeses vinieron a esa ciudad y celebraron reuniones. En 1652 solicitaron permiso para tener una iglesia y un pastor; pero las autoridades reformadas de Holanda se opusieron. Los servicios continuaron de una manera quieta, pero no fue hasta la conquista inglesa de Nueva Amsterdam, en 1664, que se les dio a los luteranos libertad de culto.

En 1638 algunos luteranos suecos se establecieron cerca del río Delaware y erigieron la primera iglesia luterana en Estados Unidos, cerca de Lewes. En 1710 una colonia de luteranos desterrados de Alemania llevaron su iglesia de nuevo a Nueva York y Pensilvania. El primer sínodo luterano se organizó en Filadelfia en 1748. Desde entonces, las iglesias luteranas crecieron mediante la inmigración y el aumento natural, hasta que hoy cuentan con más de ocho millones trescientos mil miembros.

Debido a que venían de diferentes países y hablaban diferentes lenguas se organizaron en al menos quince cuerpos independientes. Algunos usan ahora el inglés, otros retienen aún el idioma de su país. En doctrina todos aceptan la Confesión de Augsburgo, la doctrina de Lutero de la justificación por la fe y la creencia de que las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor son medios de gracia divina. Están organizados en sínodos, uniéndose para formar un sínodo general, pero reservando mucha autoridad para las iglesias locales.

PRESBITERIANOS

Las iglesias presbiterianas en América del Norte surgieron de dos fuentes. La primera fue la Iglesia Presbiteriana de Escocia, reformada por Juan Knox en 1560. De Escocia se esparció hasta el noroeste de Irlanda, donde la población es protestante. La otra fuente fue el movimiento puritano de Inglaterra durante el reinado de Santiago I. Después de la ascensión de Carlos II, la Iglesia de Inglaterra volvió a ganar su influencia y expulsaron de sus parroquias a más de dos mil pastores puritanos, principalmente presbiterianos.

Una de las primeras iglesias presbiterianas en América se constituyó en Snow Hill, Maryland, en 1648, por el Rvdo. Francisco Makemie, de Irlanda. En 1705, Makemie y otros seis ministros se reunieron en Filadelfia y unieron sus iglesias en un presbiterio. En 1716, las iglesias y ministros se organizaron como un sínodo, dividido en cuatro presbiterios que incluían diecisiete iglesias.

A principios de la Revolución de  1775, el sínodo incluía diecisiete presbiterios y ciento setenta ministros. Los presbiterianos sostuvieron con fuerza los derechos de las colonias en contra de Jorge III y uno de sus principales ministros, Juan Witherspoon, fue el único clérigo que firmó la Declaración de Independencia. Después de la guerra se formó una Asamblea General en Filadelfia, abarcando cuatro sínodos.

A principios de la guerra civil en Estados Unidos, las iglesias presbiterianas del sur formaron su propia iglesia, la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos, mientras que la iglesia en el norte se nombró Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos de América.

Hay varias ramas de presbiterianismo en Estados Unidos, con más de cuatro millones y medio de miembros. Todos se adhieren sustancialmente a las doctrinas calvinistas, tal como se exponen en la Confesión de Fe de Westminster y el Catecismo Mayor y Menor. La iglesia local la gobierna una junta llamada consistorio, compuesta por el pastor y los ancianos. Las iglesias están unidas en presbiterios y estos en un sínodo, que por lo general, pero no invariablemente, siguen los lineamientos establecidos. La  asamblea general que se reúne cada año.

______________

IGLESIAS CRISTIANAS EN ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

LECCIÓN 11

METODISTAS

Las iglesias metodistas en el Nuevo Mundo datan de 1766, cuando dos predicadores wesleyanos locales, ambos nativos de Irlanda, vinieron a América y empezaron a celebrar reuniones metodistas: Felipe Embury  y Roberto Strawbridge.

Felipe Embury edificó en 1768 una capilla en la calle John, en la que aún se levanta una Iglesia Metodista Episcopal. En 1769 Juan Wesley envió dos misioneros, Ricardo Broadman y Tomás Pilriloor.  Más tarde Inglaterra envió otros  siete predicadores de los cuales el más importante fue Francisco Asbury, quien vino en 1771. La primera Conferencia Metodista en las colonias se celebró en 1773

Sin embargo, con el estallido de la guerra de independencia, todos salieron del país, excepto Asbury hasta que vino la paz en 1783. Cuando Gran Bretaña reconoció a Estados Unidos, los metodistas ascendían a unos quince mil.

En la Navidad de 1784 se celebró una conferencia de ministros metodistas en Baltimore y se organizó la Iglesia Metodista Episcopal. Asbury rehusó recibir el cargo de superintendente hasta que al nombramiento de Wesley se agregó el voto de sus compañeros predicadores. Por sus incansables labores, sus sabios planes y buena dirección, las iglesias metodistas de Norteamérica le deben a él más que a ningún otro hombre.

La Iglesia Metodista Episcopal es la denominación principal en este país, En abril de 1939, se produjo la reunificación de los metodistas episcopales formando la Iglesia Metodista; con una membresía de aproximadamente once millones en Estados Unidos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur y la Iglesia Metodista Protestante.

Estas iglesias metodistas tienen la misma teología, son firmemente arminianas o del libre albedrío, en oposición a la doctrina calvinista de la predestinación y enfatizan la conciencia personal de salvación del creyente. También son iguales en su forma de organización; las iglesias locales se agrupan en distritos bajo el cargo de un anciano presidente, aunque en 1908 la Iglesia Metodista Episcopal cambió el título a superintendente de distrito; los distritos están unidos en conferencias anuales y sobre todos están los obispos, que son cargos vitalicios aunque sujetos a retiro (en la Iglesia Metodista) por la Conferencia General, el cuerpo eclesiástico supremo que se reúne cada cuatro años. Anualmente, cada pastor es nombrado por  el obispo encargado de su conferencia.

HERMANOS UNIDOS

La Iglesia de los Hermanos en Cristo, ahora llamada la Iglesia Evangélica de los Hermanos Unidos, fue la primera iglesia en Estados Unidos que no se trasplantó del Viejo Mundo. Surgió en Pensilvania y Maryland bajo la fervorosa predicación de avivamiento de Felipe Guillermo Otterbein, nacido en Dillenburg, Alemania y Martín Boehm, un menonita.

En 1767, estos dos líderes se conocieron por primera vez en una “gran reunión” en un granero, cerca de Lancaster, Pensilvania, cuando el Sr. Boehm predicó un sermón muy poderoso. Al final del sermón, el Sr. Otterbein abrazó al predicador y exclamó: “Somos hermanos.” De ese saludo surgió el nombre oficial de la iglesia, y las palabras “en Cristo” se añadieron en la constitución formal de la iglesia en 1800.

En ese tiempo se eligió a Otterbein y Boehm como obispos y se adoptó un gobierno modelado por la democracia estadounidense. Aunque se escogen obispos, la iglesia siempre tuvo una sola orden de predicadores y ningún episcopado. Todo el poder lo tienen los laicos. Predican la doctrina de la  teología arminiana.

La oficina central de la iglesia y la imprenta están en Dayton, Ohio. Su principal institución de beneficencia, “Hogar Otterbein”, la mayor en los Estados Unidos, está situada cerca de Lebanon, Ohio. Los miembros son conservadores en su atuendo, promesas o testimonios y resistentes a la fuerza.

Después de varios años de discusión, hubo una división en 1889. Una mayoría favorecía una revisión de la constitución de la iglesia para eliminar la exclusión como miembros a los que pertenecieron a órdenes secretas. En Johnstown, Pensilvania, el 16 de noviembre de 1946, hubo una unión entre la Iglesia Evangélica y la Iglesia de los Hermanos Unidos en Cristo. La membresía de ambas asciende a más de setecientos mil.

DISCÍPULOS DE CRISTO

La iglesia que tiene dos nombres, ambos oficiales, “Discípulos de Cristo” y también “Iglesia Cristiana”, diferente a las otras denominaciones ya mencionadas en este capítulo, fue sin duda estadounidense desde su origen. Su historia comenzó en 1804 después de un gran despertamiento religioso en Tennessee y Kentucky, cuando el Rvdo. Barton W. Stone, ministro presbiteriano, se retiró de esa denominación y organizó una iglesia en Cane Ridge, Condado de Bourbon, de la cual la Biblia, sin ningunas declaraciones doctrinales, sería la única regla de fe y su único nombre sería Cristiana. Pocos años después el Rvdo. Alejandro Campbeu, ministro presbiteriano de Irlanda, adoptó el principio de bautismo por inmersión y formó una iglesia bautista, pero pronto se separó definitivamente y llamó a sus seguidores “Discípulos de Cristo”.

Tanto Stone como Campbell establecieron muchas iglesias y en 1827 sus congregaciones se unieron formando una iglesia en la que se reconocieron ambos nombres, “Discípulos” y “Cristianos”. La campaña de estos dos hombres fue para unir a todos los seguidores de Cristo en un solo cuerpo, sin otro credo que la fe en Cristo y sin otro nombre que “Discípulos” o “Cristianos”.

Aceptan el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero sólo el último como la norma para los cristianos, sin ninguna declaración doctrinal específica. Practican únicamente el bautismo por inmersión de los creyentes, no incluyen a los bebés, con el concepto de que en el acto del bautismo “viene una seguridad divina de la remisión de pecados y aceptación por Dios”.

Son congregacionales en su sistema. Cada iglesia es independiente del dominio exterior, pero unidas con la denominación para la obra misionera nacional y extranjera. Sus oficiales son ancianos escogidos por las iglesias, pastores, diáconos y evangelistas, aunque no reconocen ninguna diferencia entre ministros y laicos. A través de su historia, los Discípulos de Cristo han sido celosos y emprendedores en la evangelización. Tiene alrededor de dos millones de miembros. Otra denominación similar, también llamada “Cristianos” o “Iglesia Cristiana”, se unió con los congregacionalistas en 1931.

UNITARIOS

Las iglesias unitarias en Inglaterra y América son los representantes modernos de los antiguos arrianos de los siglos cuarto y quinto. Enfatizan la naturaleza humana de Jesucristo. Niegan la deidad o divinidad de Jesucristo y no consideran al Espíritu Santo como una persona, sino como una influencia. Afirman el ser y la unidad de Dios, pero no la Trinidad o “tres personas en un Dios”.

Por lo general, se oponen a la doctrina  de la predestinación, creyendo como los metodistas en el libre albedrío. Consideran que la Biblia no es una autoridad en fe y conducta, sino una valiosa colección literaria. En Estados Unidos, no aparecieron al principio como una secta, sino como una escuela de pensamiento en las iglesias de Nueva Inglaterra. En 1785, la Capilla del Rey en Boston, entonces Protestante Episcopal, adoptó un credo y una liturgia omitiendo todo reconocimiento de la Trinidad y escogió un ministro de opiniones unitarias, la primera iglesia en Nueva Inglaterra de esa fe. En 1805 a un unitario, Enrique Ware fue nombrado profesor de Teología en la Universidad de Harvard; y en 1819 se estableció en la misma universidad una Escuela de Teología, la cual desde ese tiempo ha estado bajo el dominio unitario. No tienen un credo ni confesión de fe y, como resultado, sus ministros tienen la más amplia libertad y variedad de opiniones; algunos apenas se pueden distinguir de los “onodoxos” y otros se van al extremo siendo librepensadores.

LA IGLESIA CRISTIANA EN CANADÁ

Durante el siglo diecisiete, los misioneros pertenecientes a la Sociedad de Jesús convertían al catolicismo a los indios de la tribu Hurón, en la provincia de Ontario, Canadá. Ya en 1626, Juan de Brebeuf fundó una misión en las costas cubiertas de bosques de la bahía de Georgia.

Así como en la parte de Norteamérica, que hoy es Estados Unidos, también en Canadá los catolicorromanos fueron los primeros en establecer iglesias. Al principio, la Iglesia de Inglaterra, constituía una fuerza dominante en todas las provincias inglesas. La Iglesia Anglicana en el Canadá tiene más de dos millones cuatrocientos mil miembros, con un millón ciento diecisiete mil novecientos en Ontario y trescientos sesenta y siete mil en Columbia Británica.

En 1925, los metodistas, los congregacionalistas y parte de los presbiterianos se unieron para formar la Iglesia Unida del Canadá, contando en la década del setenta con cerca de tres millones setecientos mil miembros, de ellos más de un millón y medio están en la provincia de Ontario solamente. Muchas iglesias presbiterianas se negaron a la unión y la Iglesia Presbiteriana en el Canadá siguió adelante. En esta misma época contaba con más de ochocientos mil miembros.

Los bautistas, luteranos y otras iglesias protestantes siempre ejercieron una gran influencia en los asuntos públicos. La población bautista tenía unos seiscientos mil miembros, con más de doscientos cincuenta mil en Ontario y alrededor de doscientos mil en las provincias de Nueva Brunswick y Nueva Escocia. Los luteranos contaban con alrededor de seiscientos sesenta y tres mil miembros, la mayoría de ellos en Ontario y Saskatchewan.

La interesante pero problemática secta conocida como los doukhobors, que vinieron de Rusia a principios del siglo veinte, está en su mayoría establecida en Saskatchewan y Colombia Británica, con unos cuantos en Alberta y Manitoba. Son pocos en número, pacíficos, no progresistas, no se preocupan mucho por la educación y se niegan a ir a la guerra.

En Canadá también había en la década del setenta más de ciento cincuenta y dos mil menonitas.

__________

Con esta entrega concluimos por ahora el curso sobre Historia de la Iglesia. Digo “por ahora” pues tengo la impresión de que el material que hemos usado se queda corto en cuanto al desenvolvimiento de la iglesia durante la segunda mitad del siglo XX y lo  que llevamos  del siglo XXI, cuando indudablemente ha habido y estamos viviendo movimientos y tendencias muy importantes a considerar.
Creo que también hace falta un panorama actualizado de la iglesia en general pero en particular en América Latina (que no es poca cosa), en Asia y en Africa.
Al terminar este estudio, nos damos cuenta del asombroso amor de Dios por su Iglesia a la cual ha sostenido en medio de crisis, confusiones, rebeldía y pecado.  Sí, Dios ha sido y seguirá siendo fiel a su propósito para con Su iglesia, guiándola, corrigiéndola y llevándola a la verdad. Su testimonio y su verdad son eternos.
Para mí, la conclusión es que ahora más que nunca, debemos estar muy alertas y ser fieles a la Palabra de Dios la cual es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia , a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 
La Reforma no ha terminado. Ser corregida y reformada por la Palabra es una necesidad permanente de la Iglesia.
“Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” Apoc. 2:10
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: