REUNIÓN CONGREGACIONAL

febrero 21, 2020 § Deja un comentario

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”. Salmo 127,1

Esta aseveración implica varias cosas: En primer lugar, que es necesario edificar la casa, pues es el refugio indispensable para nosotros y para nuestros niños; después, que se requiere el esfuerzo de los edificadores, de nosotros, y finalmente, que sin la intervención amorosa de Dios todo es en vano.

La verdad  de la centralidad de Dios en este proceso se ilustra con otra gran necesidad que todos tenemos: La seguridad. El peligro es real y no cabe la negligencia en la protección de nuestra ciudad; además, la guardia debe velar pero, otra vez: el verdadero Protector es Dios.

La casa y la seguridad como símbolos de necesidades muy cercanas son algo   que Dios en su misericordia nos provee, pero es necesario que trabajemos por ellas; Dios no  mira con agrado nuestra indiferencia, apatía  o negligencia: “Vé a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y sé sabio”, reza el proverbio de Salomón.

Pero la enseñanza no termina allí porque el hombre prudente sabe que el verdadero Constructor y Vigía es nuestro Padre Celestial, y en Él pone su confianza.

Esta tarde nos reuniremos como todos los años para reflexionar sobre la marcha de nuestra iglesia. Sobre todo, notaremos la providente mano de nuestro Dios que nos ha sostenido fielmente;  consideraremos cómo hemos trabajado en 2019 y también hablaremos de nuestros compromisos y planes  futuros.

Seguramente habrá motivos de gratitud y celebración, de logros y avances; pero también hemos de reconocer nuestras flaquezas y pecados. Necesitamos  enfocarnos nuevamente en la gracia de nuestro Señor y esforzarnos más como siervos fieles y obedientes, confiando en que Dios suplirá nuestras debilidades.

Nunca tendremos todas las respuestas y es muy probable que  nos equivoquemos de nuevo porque no somos perfectos,  pero ¡cuidado! Dios nos sigue llamando  a edificar el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y a ser diligentes en su servicio.  A velar y a orar. Este llamado es para todos y cada uno de nosotros.

Estamos ante una nueva oportunidad para desarrollarnos, amarnos y edificarnos, para proclamar la salvación de Dios, para anunciar al mundo que en Jesús hay esperanza y vida nueva.

Esta tarde, tu lugar está aquí entre quienes amamos a  Berith. Ven y ayúdanos a edificar con amor fraternal.

LA NATURALEZA DE LA IGLESIA LOCAL Gerald Nyenhuis

febrero 16, 2020 § Deja un comentario

La Iglesia local es una pequeña pero verdadera y legítima expresión de la Iglesia universal, por lo tanto debemos ampliar nuestro conocimiento de lo  que es la Iglesia universal de Cristo.

Hay mucha confusión en estos días acerca de este asunto. No sólo hay “asociaciones religiosas” (mal llamadas iglesias),  que responden nada más a una figura legal en nuestro país, pero que no siguen pautas bíblicas, sino que se modelan con criterios humanos funcionales propios de los gobiernos u organismos sociales. Así ocurrió por ejemplo, en el Imperio Romano. Toman modelos de organización y gobierno que no corresponden a la descripción que Dios hace de Su Iglesia.

También hay diversas instituciones cristianas organizadas para cumplir con propósitos especiales, muchos de ellos loables y necesarios, pero que no son iglesias ni pretenden serlo; sin embargo, sí representan cierto modelo a la mente popular acerca de lo que cavilan que es la Iglesia.

Consecuentemente, algunas personas piensan que la iglesia es simplemente una asociación de creyentes, con espíritus e intereses afines quienes manejan sus asuntos democráticamente, en la cual todos y cada uno tiene igual derecho para operar los asuntos de tal organización.

En dichas asociaciones no hay ley superior a la voluntad de la colectividad y no hay propósito ni criterio más alto que el que el grupo propone para sí mismo. Todo esto es muy grave y ajeno a lo que Dios ha establecido para Su Iglesia.

La Iglesia no puede concebirse meramente como una asociación voluntaria de personas cuyos intereses coinciden. Eso está bien para otro tipo de organizaciones humanas, pero no para la Iglesia. La Iglesia tiene que pensar de sí misma como el Cuerpo de Cristo, que está sujeta y es  gobernada por Cristo, su Rey.

Ahora bien, ¿qué es la iglesia local en el propósito de Dios? Entendemos que Dios tiene una sola Iglesia, la Iglesia universal formada por todos los creyentes que fueron “comprados por precio”. Es el pueblo redimido por sangre, la esposa de Cristo, la nueva Jerusalén. La Iglesia universal se representa en la Iglesia local (Hechos 13:1; I Cor 1:2). No se puede pertenecer a la Iglesia universal sin estar relacionado con la Iglesia local. La manera de afiliarse, identificarse como miembro de la Iglesia universal, es perteneciendo y viviendo en comunión con la Iglesia local.

Sobre esta verdad – que la Iglesia local es una verdadera y genuina manifestación de la Iglesia universal – podemos establecer las prácticas y la vida de la iglesia local.

Cada iglesia local  – nosotros – forma  también el cuerpo de Cristo, y como tal está sujeta a su palabra y Espíritu.

EL OFICIO DE DIÁCONO “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis

febrero 9, 2020 § Deja un comentario

Lección 47. Extracto

Uno de los errores graves que cometemos es el de jerarquizar los oficios en la iglesia. Se piensa con frecuencia que el oficio de anciano gobernante es inferior al de anciano docente o pastor y, para colmo, en muchas iglesias se cree que el diácono está al final de esta jerarquía. Tenemos que cortar de tajo esas ideas que hacen mucho daño a la iglesia. En primer lugar, en la iglesia no existen jerarquías. Eso lo aprendimos del clericalismo. Todos somos iguales a los ojos de Dios y debemos serlo también  a nuestros propios ojos. Sólo existe diversidad de  oficios, porque hay diversidad de dones y de llamados.

El concepto básico del oficio de diácono. Al principio los oficios no estaban diferenciados en la iglesia. Diácono significa “el que sirve” o ministro. Diaconía se traduce como ministerio u oficio. El vocablo es tan amplio, que podemos decir que todos los oficiales de la iglesia son diáconos o servidores, cada uno en su diaconía.

Según el concepto bíblico, los diáconos son un cuerpo de servicio que se encarga de todo lo que no está específicamente asignado a  otros oficiales.

El énfasis espiritual de esta tarea. Como los diáconos se ocupan de varios aspectos materiales, en ocasiones olvidamos que todo lo que hacen por el Señor y por su iglesia tiene un rico trasfondo espiritual. Todo está en función de cumplir con la tarea de la iglesia. Ellos ayudan y atienden  todas las circunstancias del culto para la adoración a Dios. Aunque su trabajo no es precisamente la enseñanza de la palabra (en el sentido formal), toda su labor está en función de su predicación y enseñanza en todas las actividades educativas de la iglesia. Entre sus encargos están: la atención a las necesidades de los miembros de la iglesia, promover las buenas relaciones y llevar la ayuda económica a los más necesitados,  como auténticas expresiones del amor y misericordia de Cristo. Los diáconos también deben con su ejemplo promover la generosidad al ofrendar al Señor, por ser una suprema expresión de espiritualidad del creyente.

Las características sobresalientes del diácono. Como en el caso de los ancianos, también hay requisitos. Algunos de ellos se repiten, otros se expresan de manera diferente, pero también hay algunos especiales. El diácono es alguien de palabra segura, sin doblez. Ellos y sus esposas deben saber controlar la lengua. Pablo, bajo la dirección del Espíritu, pone el carácter de la esposa como un requisito. Entre sus atributos está que sean muy experimentados por lo que “deben primero ser puestos a prueba”.

Este es un oficio esencial para la iglesia. Todos debemos apoyarlos y colaborar con ellos en tantas y tan variadas tareas y actividades que demanda la vida congregacional.

EL ANCIANO GOBERNANTE “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis Lección 46. Extracto

enero 31, 2020 § Deja un comentario

La organización de la iglesia no es  una cuestión práctica para obtener los mejores resultados; tiene que ver con la doctrina que la Biblia enseña sobre qué es la Iglesia, cuál es su misión, y en función de ello, cuál es su organización y  forma de gobierno. La Biblia no nos presenta un “manual o reglamento de gobierno” sino que nos muestra el modelo en las páginas del Nuevo Testamento. De allí deriva el sistema  presbiteriano de gobierno, que se ejerce a través de ancianos o presbíteros, como representantes de la iglesia.

La importante tarea del anciano gobernante. El oficio de anciano es clave; no necesariamente el primordial en el funcionamiento de la iglesia, pues el ministerio de la Palabra siempre es lo esencial. Los ancianos representan a Cristo como Rey y son la autoridad principal en la iglesia. Esta autoridad es derivada, está sujeta a Cristo y no pertenece a ninguna de las personas que ocupan este oficio. La Biblia también los llama “obispos” pues son supervisores de la grey.

El trabajo del anciano es cuidar o, más bien, supervisar el rebaño. El verdadero pastor de la iglesia es el conjunto de ancianos, gobernantes y docentes. El pastoreado es colegiado, se ejerce en conjunto. Tienen la grave responsabilidad de supervisar el alimento, la doctrina que recibe el rebaño en todos sus espacios de enseñanza.

Los ancianos de la iglesia determinan con base en la Palabra quiénes pueden ser admitidos como sus miembros. Es una tremenda responsabilidad admitir (o rechazar), a una persona. Tomar decisiones sobre estos puntos requiere madurez espiritual y sabiduría cristiana. Les corresponde ejercer la disciplina cristiana, siempre con la intención de restaurar al hermano que se haya desviado. Juzgan en casos de dificultades entre miembros. En general, asumen el deber de imponer la disciplina amorosa que convenga a los miembros de la iglesia para favorecer su desarrollo espiritual.

Los exigentes requisitos para el oficio de anciano gobernante. Algunos tiene que ver con su integridad personal: dueño de sí mismo, sobrio, amable, no codicioso, apacible. También requiere tener ciertos atributos: que sea firme en su fe y tenga experiencia, que gobierne bien su casa, que sea apto para enseñar, que retenga la Palabra. Otros tienen que ver con su ambiente social: hospedador, buen testimonio de los de afuera, no  dado al vino, marido de una sola mujer.

Todas estos rasgos son espirituales y debemos ser lo suficientemente valientes en el Señor para poner tales criterios en práctica. Es una falacia pensar que el éxito o astucia en la vida o la simpatía personal son las cualidades deseadas en los candidatos. Los requisitos que la Biblia pone para ser anciano son de carácter y profundamente espirituales.

LA ELECCIÓN DE OFICIALES “Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis

enero 26, 2020 § Deja un comentario

Lección 48. Extracto

En esta ocasión no nos referimos a una doctrina, sino a la manera de poner en práctica lo que la Biblia enseña respecto a la iglesia y al papel de sus oficiales. La elección de oficiales es un deber ético pues forma parte de nuestras obligaciones  como miembros de la iglesia local.

Que los oficiales cumplan con sus encargos es en cierto sentido nuestro cumplimiento; si alguno no cumpliere, esto es nuestra responsabilidad y no simplemente algo de lo que  podemos acusarlo. Nosotros cumplimos o fallamos por medio de los oficiales a quienes elegimos para que funcionen a nombre nuestro. Esto no es algo que  podemos tomar a la ligera. Las instrucciones que nos da la Biblia sobre la elección de oficiales son tanto para quienes eligen como para quienes son elegidos.

Tenemos que elegir personas ejemplares. Pablo se puso como ejemplo a los ancianos de Éfeso en cuanto al cumplimiento de su oficio y también mencionó a Apolos. El autor de Hebreos exhorta a los creyentes a que imiten la fe de sus oficiales. Las personas a quienes elijamos deben poder decir con toda honradez: Imítenme en esto. Necesitamos modelos a quienes podamos imitar en su fe, en  su conocimiento y lealtad a la Palabra, su sana doctrina. También en su carácter y vida familiar, en su honradez, prudencia, hospitalidad, en su resistencia a las tentaciones del mundo – “no dados al vino o a las ganancias deshonestas” – en su generosidad, “no avaro”.

Deben estar disponibles y dispuestos a asumir las responsabilidades de su oficio.

 Este es un requisito nos sólo para los ancianos docentes o pastores, quienes manifiestan con convicción su llamamiento y disposición para predicar el evangelio; también es necesario que los ancianos gobernantes y los diáconos tengan ese anhelo de servir y un  firme compromiso.

No tenemos derecho de poner en el oficio a personas que sabemos de antemano que no tienen la capacidad o disponibilidad para cumplir. Si lo hacemos, su incumplimiento será nuestro. No pueden ser candidatos para estos oficios quienes ponen excusas para atender otras prioridades (Luc 9:57-62), quienes dedican el domingo para estar con la familia (olvidando que pueden estar con la familia en la iglesia), ni quienes por razones legítimas están impedidos por ahora para asumir tal responsabilidad. Esta parece ser una situación difícil; sin embargo, tenemos que confiar en que Dios, quien cuida de su iglesia, proveerá los oficiales que necesitamos. Con esta confianza tenemos que orar y buscar los espacios para servir al Señor.

“Rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” Mateo 9.38

HUMILDAD Y GRATITUD Gerald Nyenhuis

enero 20, 2020 § Deja un comentario

Vivimos en una  época del pensamiento positivo y de la autoestima. Se dice que tenemos que pensar en las posibilidades y no en los límites o restricciones. Sobre todo debemos huir del pensamiento negativo y de actitudes derrotistas. Hay que emprender nuestros grandes proyectos con la confianza de que vamos a lograrlos. Tenemos que vivir con la seguridad de que siempre las cosas van a ser mejores. El consejo es bueno y aunque no es absoluto ni incondicional, tenemos que aprender a pensar positivamente acerca de las posibilidades y oportunidades. Los proyectos que no logramos son precisamente los que no emprendemos.

Para el cristiano el concepto de la autoestima es diferente al de los otros. La opinión y  el concepto que tenemos de nosotros nace de la revelación de Dios. Nos medimos, no por nuestra imaginación, ni por nuestros deseos o ambiciones, ni aun por la visión de cómo nos gustaría ser, sino por la revelación de Dios. Esto nos da medidas muy realistas, verdaderas y fidedignas, pero nunca negativas.

Nuestras limitaciones, carencias, deficiencias e imperfecciones son las condiciones con las cuales Dios realiza sus hazañas entre nosotros. Aprendemos lo que decía Pablo cuando afirmaba que el poder de Dios se muestra en nuestra debilidad (II Cor 12:9,10).  Por eso, no vamos a esconder nuestras debilidades y defectos en una especie de autoengaño. Más bien, sabemos que nuestro Dios no está limitado por nuestra pobreza, sea ésta de dinero, de talento, de visión, de capacidad, de imaginación o de empeño.

Entremos, entonces, en muchos proyectos para servir a Dios y a su Iglesia con plena confianza, con una actitud positiva y con seguridad de éxito, sobre todo en los proyectos que sabemos que nuestro Dios quiere que hagamos. Habrá dos resultados seguros y positivos para nosotros:

Primero, meditar en nuestras debilidades  y fallas nos dará humildad. Todos necesitamos una buena dosis de ella. Nuestra humildad caerá bien también a nuestros colaboradores, familiares y amigos. Descubriremos los muchos motivos que tenemos para promover en nosotros la humildad. Es difícil estar orgullosos de nuestras deficiencias y errores. Seremos más sabios y equilibrados.

En segundo lugar, contemplarnos como seres deficientes, inadecuados y dependientes, a la luz de lo que Dios hace en y por nosotros, nos hará más agradecidos. La felicidad es imposible sin la gratitud, pues es uno de sus elementos esenciales. ¡Qué felicidad ver lo que Dios hace por medio de nuestra impotencia: nos convierte en factores poderosos en la realización de sus propósitos! Y ¡qué gratitud sentimos!

Humildad y gratitud: son dos elementos básicos del pensamiento positivo del cristianismo.

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Proverbios 4:18

enero 12, 2020 § Deja un comentario

Este es uno de mis versículos favoritos. Lo escuché por primera vez hace 42 años de labios de un predicador visitante, el Dr. Fernando Vangioni, cuando explicaba cómo fue que Jesús iluminó poco a poco el entendimiento de Nicodemo en cuanto al misterio del nacimiento espiritual, hasta que este sabio llegó a su comprensión plena y a la vida eterna.

Desde entonces lo he usado con frecuencia al exponer el Evangelio de Juan, a partir de los encuentros que  Jesús tuvo con varias personas: Nicodemo, la samaritana, el hombre que nació ciego, el endemoniado gadareno, etc.  Esta es una verdad gloriosa que se cumplió una y otra vez en las vidas de estos personajes tan diferentes y también en las nuestras. El ciego lo expresó de manera irrefutable y asombrosa: “Una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”

En este proverbio encontramos muy importantes enseñanzas. En primer lugar, este texto se escribe en contraste extremo con la senda de los impíos y perversos pues dice a continuación que “el camino de los impíos es como la oscuridad y no saben en que tropiezan”. Luego entonces, nuestro camino es muy diferente, es de luz porque “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en El.”

El evangelista Juan usa la metáfora de la luz en dos sentidos: Uno, en cuanto a lo que es bueno, recto y agradable a los ojos de Dios. La luz también es alegoría de la verdad, y andar en luz significa andar en la verdad. No tengo mayor gozo – dice Juan–  que saber que mis hijos andan en la verdad, andan en luz. Entonces andar en la senda de los justos es caminar en lo que es agradable a Dios y también es amar y andar en Su verdad.

En segundo lugar, al usar la figura de una senda, está implícita la idea de caminar por ella. La vida del cristiano es sin duda un llamado a andar, a no permanecer en un mismo lugar, en un mismo estado, en una misma condición. La Biblia nos insta a “correr con paciencia (perseverancia), la carrera que tenemos por delante.”

Al andar crecemos, nos realizamos y fortalecemos, nos desarrollamos, aprendemos, ensanchamos nuestra visión, somos más, hacemos más. Por esto no podemos ser perezosos ni indolentes, apáticos ni ociosos. “Mira a la hormiga oh perezoso, observa sus caminos y sé sabio”, reza otro proverbio.

Finalmente, la senda de los justos no es un camino sin destino ni un andar sin sentido. ¡No! Tenemos que “andar puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe” y en este año 2020, hemos de seguir avanzando en luz tomados fuertemente por la mano de Dios porque un día en Su Presencia, nuestro día será perfecto.

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