Y aquél Verbo fue hecho carne . . . Juan 1,14

diciembre 1, 2019 § Deja un comentario

Es muy probable que cuando una persona lea por primera vez el prólogo del evangelio según San Juan se sienta confundida al encontrase con la frase “el Verbo” pero, si es un poco paciente, muy pronto se dará cuenta de que este nombre se refiere a Jesucristo. Este evangelio fue escrito en griego y Juan escogió la palabra “Logos” para designar así a Jesús porque es el Verbo, la Palabra encarnada de Dios, porque él vino para darnos a conocer al Padre.

Los cuatro evangelios que tenemos en nuestra Biblia forman un género literario único y cada uno de ellos fue escrito para un público en particular. Mateo escribió para los judíos y comenzó su libro detallando la genealogía de Jesucristo con referencia a Abraham, quien es la cabeza del pueblo de Israel y quien recibió la promesa de salvación de parte de Dios, porque era muy importante demostrar a sus lectores que Jesús el Mesías provenía de la familia de Abraham, y que en él se cumplió dicha promesa. Marcos escribe su evangelio principalmente para los gentiles que vivían en un mundo dominado por los romanos, y lo hace en términos de autoridad, de la autoridad del Hijo de Dios. Lucas es un historiador griego y compañero de Pablo, que recopila y ordena los acontecimientos y enseñanzas de Jesús para que los creyentes en las nuevas iglesias gentiles conozcan el evangelio y crean en Jesucristo. Lucas conecta la genealogía de Jesús con Adán el primer hombre, con la humanidad entera (3,38).

Estos tres primeros evangelios tienen en común el carácter histórico, no necesariamente cronológico de “lo que entre nosotros ha sido ciertísimo”, y por la similitud de sus estructuras se les clasifica como “sinópticos”.

Cuando aparece el evangelio de Juan ya existían los tres anteriores y se asume que los lectores ya cuentan con información previa, por lo que se omiten varios detalles pero, dado que Juan fue el discípulo más cercano a Jesús, nos revela pensamientos, conversaciones y oraciones más íntimas del Maestro. Este evangelio toma la forma de un discurso dirigido a todos los creyentes de fines del primer siglo. Digamos que tiene un carácter universal y por ello utiliza la forma del griego más extendida en el mundo, accesible para judíos y gentiles. El evangelio es para todos.

El Logos, Palabra o Verbo manifiesta la acción reveladora de Dios en su Hijo y también nos hace cercanos a Él, al haberse hecho carne. El prólogo de este evangelio (1, 1-18), resume el contenido del libro y es la clave para la interpretación de cada uno de sus episodios. En los siguientes editoriales vamos a destacar algunas de las principales enseñanzas de esta hermosa y provechosa introducción, en preparación a la celebración del milagro de la encarnación del Hijo de Dios en la noche de la Navidad.

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