EL HÁBITO DE LOS MALOS HÁBITOS

julio 28, 2019 § Deja un comentario

Los hábitos son pequeñas conductas reiteradas que en su conjunto modelan y definen nuestro modo de ser, la manera como nos paramos en este mundo, la forma como participamos en la sociedad. Quienes somos padres, de manera intencional tratamos de formar hábitos buenos y saludables en nuestros hijos para que, una vez asimilados y solidificados  sean una plataforma  positiva para su vida.  Pero no todos los hábitos son buenos; también tenemos malos hábitos.

Nuestros hábitos reflejan nuestros valores y prioridades. Hablan muy fuertemente de quiénes somos. Muestran qué es importante para nosotros y qué no lo es. Dicen qué tan libres, qué tan dueños somos de nosotros mismos.

Si bien los hábitos pertenecen a cada persona, es innegable que todos contribuimos a formar los hábitos de los demás.  Al socializarse,  los hábitos forman un círculo de influencias recíprocas de manera tal que  afectan para bien o para mal, el carácter de los grupos en los que participamos. Por ello es importante reflexionar sobre los hábitos personales propios, pues sin duda están afectando a nuestra familia, vecindad, grupos de trabajo, de estudio, de diversión, pero también a nuestra comunidad de fe, a nuestra iglesia.

Hoy día la tendencia social es  de permisividad, de ambigüedad, de relativismo, de informalidad, de tomar atajos, de tolerancia a la inmoralidad, del mínimo esfuerzo, de la ventaja personal, de la gratificación inmediata. Todos afirmamos tener la razón. No hay criterios ni límites claros. Este ambiente es un gran peligro para cada uno de nosotros y de manera especial para la iglesia. Una pregunta crítica que debemos hacernos es:

¿La iglesia a la que pertenezco está influyendo y santificando mis hábitos personales por efecto de la palabra de Dios, o por el contrario, estoy trayendo a la iglesia mis hábitos mundanos, para contaminarla y alejarla del diseño de Dios para su Iglesia? Debemos estar conscientes de que nuestra forma de ser tiene un impacto inevitable en los demás.

Los hábitos son producto de la reflexión y para deshacernos de los malos hábitos necesitamos revisarlos a la luz de la voluntad de Dios manifestada en su palabra, para realinear nuestra mente y cambiarlos por los que dignifican y edifican a la iglesia.

Si somos impuntuales a los cultos o indiferentes a servir a los demás, si somos negligentes en el estudio y proclamación de la palabra estamos siendo tropiezo para los demás creyentes. Si usamos las artimañas mundanas para lograr nuestros propósitos, si practicamos la mentira y la simulación en nuestras relaciones y otros pecados que ya han quedado atrás, ya  es tiempo de reflexionar y corregir, cambiando esos malos hábitos por otros nuevos que glorifiquen a Dios.

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