“Hazme vivir en el nombre de tu amor y guardaré el dictamen de tu boca”. Salmo 119,88

julio 21, 2019 § Deja un comentario

La undécima estrofa del salmo 119, versos 81 a 88, es un poema que nos enseña la importancia que tiene la palabra de Dios en nuestra vida diaria. Le invito a que después de leer este editorial – que le servirá como una guía –  también lea y medite hoy mismo en esta estrofa. Su estructura no es compleja:

Comienza con una humilde declaración del orante manifestando su necesidad, porque su alma está desfallecida y sus ojos languidecen por la palabra (promesa), de Dios. Se ve a sí mismo desgastado y quebradizo como un odre viejo, “ahumado” (piel de cabra cosida, pegada y preparada para guardar y transportar líquidos). La imagen no puede ser más desoladora y triste. Sabe que su única esperanza está en aferrase a la promesa que Dios le ha dado de cuidar de él.

Hace entonces dos preguntas: ¿Cuándo, Señor, me consolarás? y, si mis días son cortos, ¿cuándo me harás justicia? A continuación denuncia a sus enemigos, soberbios e inicuos, que le persiguen y con argucias se empeñan en destruirlo. Ellos son el motivo de su angustia. Contra ellos clama por justicia, y hace la primera de sus dos peticiones  en un grito de zozobra: ¡Ayúdame! ¡Líbrame de la maldad y de la violencia de los hombres!

Ya que la palabra de Dios es el tema central de este salmo, y también de la sección que nos ocupa, encontramos aquí una continua referencia a ella: “espero y desfallezco por tu palabra, tus estatutos son verdad, no he dejado tus mandamientos y guardaré los testimonios de tu boca.” También incrimina a sus enemigos, quienes no proceden conforme a la Ley de Dios, contrastando así  la perversidad de ellos con  la justicia del que ora y anhela la palabra divina.

Aparece entonces su última y suprema petición: “Hazme vivir en el nombre de tu amor y guardaré el dictamen de tu boca”. (Biblia de Jerusalén). ¡El poeta quiere vivir! Conoce que la fuente de la vida es Dios y por eso le suplica: ¡Dame la vida! ¡vivifícame por tu misericordia! ¿Qué otro argumento podría presentar ante Dios, diferente al del amor y misericordia que Dios tiene para con sus hijos? Dios escuchó su ruego y le dio vida para que guardra los testimonios salidos de su boca.

Ahora que ya hemos entendido la estructura de este poema sigue, como ya dijimos, leerlo y re-leerlo, orar y meditar en él. Esto es algo que podemos hacer hoy en la tarde antes de venir  al culto vespertino, en el cual haremos una exposición más amplia de este poema inspirado y, con la guía de su Espíritu, descubriremos qué es lo que Dios nos está diciendo en esta porción de la Escritura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo “Hazme vivir en el nombre de tu amor y guardaré el dictamen de tu boca”. Salmo 119,88 en Berith.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: