“¡Corred de tal manera que obtengáis el premio!” I Corintios 9:24

junio 23, 2019 § Deja un comentario

En esta porción de la segunda carta a los corintios, el apóstol Pablo viene argumentando sobre sus derechos como apóstol y menciona que en la proclamación del evangelio, tanto el que predica como los que escuchan, son participantes de este privilegio de fe.  La vida cristiana implica ciertos deberes y actitudes que Pablo explica utilizando algunas  metáforas deportivas:

Así como en el caso de los que compiten en la arena sólo es coronado el que llega en primer lugar a la meta, no hay razón para que ningún creyente pueda sentirse satisfecho consigo mismo en la carrera prescrita por el evangelio, a menos que persevere hasta el fin.

Hay una diferencia entre nuestra carrera y la de los atletas, pues en tanto que en su caso sólo hay un ganador que recibe la palma, nuestra carrera es superior porque muchos lograremos la victoria en Cristo. Dios sólo requiere de nosotros que seamos fieles hasta la muerte para recibir la corona de la vida. Los cristianos nos ayudamos y estimulamos mutuamente en esta carrera.

Entonces viene la exhortación: “¡Corred de tal manera que obtengáis el premio!” Crisóstomo lo expresa así: “No se detengan hasta que hayan alcanzado la meta, perseveren y sigan la carrera durante toda su vida”.

Ahora Pablo nos explica cómo es que debemos perseverar, tomando el ejemplo de los pugilistas: “Todo aquél que lucha de todo se abstiene”  y añade un argumento que va de menor a mayor, cuando agrega: “ellos, a la verdad, para obtener una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.” Esta es sin duda una referencia a la disciplina, porque la carrera cristiana se desarrolla en la libertad de la Ley de Dios. “El que lucha como atleta no es coronado si no lucha legítimamente”. (II Tim. 2:5)

Refiriéndose a la segura esperanza que le anima, el apóstol dice: “Yo, por tanto corro así; no a la deriva, sin un rumbo fijo, pues no quiero perder de vista la meta. Tampoco me entreno tirando golpes al vacío; lo que hago es entrenar mi cuerpo para fortalecerlo y dominarlo.” Hay una meta y una forma de alcanzarla y ambas han sido establecidas por Dios.

¡Qué inmenso privilegio y qué importante llamado tenemos ante este mandato del Señor! Dios quiere que nos esforcemos en la nueva vida victoriosa en Cristo y no que simplemente estemos a la expectativa de lo que ocurra, sin rumbo ni meta.

Su voluntad es que “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe.”

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