EL SERMÓN EN PENTECOSTÉS

junio 9, 2019 § Deja un comentario

Shavuot, Sucot y Pésaj eran las tres grandes festividades de peregrinación en que el pueblo subía a Jerusalén con gran alegría y regocijo. Fue precisamente durante la celebración de la primera, llamada también Pentecostés – 50 días después de Pésaj – que el Espíritu de Dios se derramó sobre “toda carne”. Pedro y los apóstoles predicaron por primera vez bajo la influencia directa del Santo Espíritu, de manera tal que los residentes en Jerusalén y los visitantes de muchas regiones entendieron el mensaje de Dios en sus propias lenguas. Fue un milagro divino de comunicación.

Tres mil personas recibieron el mensaje y fueron bautizadas en ese día. Nos preguntamos: ¿Cuál fue el mensaje de Pedro? ¿qué dijo para que tantas personas se añadieran a la iglesia en esa ocasión? ¿Por qué su mensaje fue tan poderoso?

Notamos con admiración que es un sermón sustentado íntegra y cabalmente en la Palabra, basándose en tres porciones de la Escritura:

En primer lugar, afirma que ese milagro es cumplimiento de la profecía de Joel 2:28-32: “En aquellos días derramaré mi Espíritu sobre toda carne.” Esto habla de la autoridad, propósito y fidelidad de Dios, quien siempre cumple sus designios y llama a todos a invocar el Nombre del Señor para ser salvos.

A continuación afirma que Jesús, varón aprobado por Dios entre el pueblo con maravillas, prodigios y señales, fue crucificado y muerto por ellos, según el anticipado consejo de Dios, pero Dios le resucitó, porque la muerte no podía retenerle. Nuevamente refuerza su argumento con la Palabra profética, citando el salmo 16 de David: “No permitirás que tu Santo vea corrupción.” Se nota la  intencionalidad de Dios y su firme resolución de efectuar la salvación por medio de Cristo.

Su siguiente declaración es muy poderosa: A este Jesús a quien vosotros crucificasteis, ¡Dios le ha hecho Señor y Cristo! Para ello, invoca el salmo 110: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” ¡Jesús es el Señor!

Ante tan ardientes declaraciones de Dios, se compungieron de corazón (sintieron punzadas), tuvieron gran remordimiento (algo que muerde) y clamaron: Varones, hermanos, ¿qué haremos? Sobra decir que esta es la obra del Santo Espíritu.

La respuesta para ellos, y también para nosotros, sigue siendo: ”Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

 ¡Esta Palabra poderosa, la espada del Espíritu, es la que siempre necesitamos oír y predicar en Berith! ¡Es poder de Dios para salvación!

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