LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

mayo 31, 2019 § Deja un comentario

La ascensión es, inexplicablemente, un evento en el que no hemos puesto la debida atención. Cada año, reflexionamos seriamente en  los acontecimientos de la semana mayor, contemplando absortos las manifestaciones y enseñanzas de Jesús en sus últimos días, antes de ir a la cruz. También nos detenemos con profunda reverencia ante el misterio de su muerte vicaria en el Calvario para nuestra redención y finalmente, alabamos a Dios desde  el fondo de nuestro corazón al celebrar la resurrección gloriosa del Salvador. ¡Ciertamente la resurrección de Cristo es un motivo de gran gozo! Es el fundamento y sustento de nuestra fe y afianzamos así nuestra esperanza de estar con Cristo en los cielos. La Resurrección de Cristo trae sentido y propósito a nuestra vida. ¡Gloria a Dios!

Pero, ¿qué ocurrió después de esto? ¿hay algo más que debamos saber respecto a nuestra salvación en los poderosos hechos que  Dios obró  durante los cuarenta días siguientes en esta historia?

La Biblia nos enseña que la vida terrenal de Jesús se extendió por cuarenta días más  después  de su resurrección pero, a partir de ella encontramos a Jesús glorificado: Su mensaje es ahora para los suyos exclusivamente, el cuerpo del Hijo del Hombre ya no es el mismo que antes. Su momentum es diferente.

En estos cuarenta días Jesús habló a sus apóstoles “acerca del Reino.” No conocemos en detalle estas conversaciones, pero sí podemos señalar aspectos muy gloriosos que nos revela Lucas en “Los Hechos de los Apóstoles”:

En primer lugar, dio mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. Ya que se refiere a ellos como “apóstoles” (enviados), es muy probable que estos mandamientos tuvieran que ver con su misión. Después dio un fuerte testimonio de su resurrección con “muchas pruebas indubitables”, pues tenían que estar convencidos de que había resucitado, de que era Él mismo. El evangelio relata que entonces “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.”

En tercer lugar, les aseguró que el Padre cumpliría Su promesa de bautizarles en el Espíritu Santo. Más adelante les dijo que cuando recibieran este poder, serían testigos suyos “hasta lo último de la tierra.”   Es un preludio al Pentecostés.

Lucas dice en su evangelio que entonces Jesús caminó con ellos hasta Betania, les bendijo y ascendió con su cuerpo glorificado a los cielos y “desde allí intercede por nosotros.” Aquí hay otra inmensurable bendición  para todo creyente: Dios prometió, por medio de aquellos varones en vestiduras blancas, que ¡Cristo vendrá otra vez “así como le habéis visto ir al cielo.”

“El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!, y el que oye, diga: ¡Ven! Ciertamente vengo en breve. Amén; sí ven Señor Jesús.”

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