UN BUEN MOMENTO PARA DECIR: GRACIAS

abril 27, 2019 § Deja un comentario

Les pedimos, hermanos, que tengan respeto a los que trabajan entre ustedes, los gobiernan e instruyen en el nombre del Señor; muéstrenles cariño y afecto por su trabajo. Vivan en paz unos con otros.”                       

I Tes. 5:12

Acabamos de vivir intensamente una gozosa experiencia como iglesia: La Palabra abundó entre nosotros; el ministerio de compasión para con los vecinos demandó mucho tiempo y esfuerzo  de un buen número de personas; los miembros de los coros dedicaron considerables horas de estudio para preparar los  conciertos; quienes atienden las misiones no escatimaron esfuerzos para compartir el  mensaje del evangelio; los que se dedican al ornato y al trabajo administrativo realizaron sus tareas con alegría y eficiencia; los alimentos fueron preparados por un numeroso grupo de hermanos; la limpieza y el mantenimiento de las instalaciones también exigieron esfuerzos especiales. No existe otra época del año en nuestra iglesia en la cual tantos hermanos (niños, niñas, jóvenes, adultos y ancianos), trabajen juntos con tanto provecho y  gozo como en la Semana Santa.

En síntesis: El Evangelio fue proclamado; la misericordia y compasión, manifestadas; el servicio en compañerismo, feliz y abundante; las bendiciones espirituales, incontables. Dios ha sido fiel y cada uno de nosotros ha respondido con alegría a Su llamado a alabarle y servirle. Damos gracias a Dios porque Él ha confirmado la obra de nuestras manos.

Agradecemos la labor de todos y cada uno de quienes sirvieron al Señor con alegría pues nuestro trabajo en el Señor  no es en vano. Animamos a todos a seguir siendo fieles en el servicio a Dios.

 De todos los motivos de gratitud mencionados hasta aquí, San Pablo destaca en su primera carta a la iglesia en Tesalónica, un tema primordial de reconocimiento a los que os gobiernan e instruyen, o presiden y amonestan. Lo hace así para enfatizar la primacía, no de quienes gobiernan, enseñan y predican; sino la importancia y excelencia del ministerio de la Palabra en la congregación de los santos.

Pablo se dirige a los ancianos de la iglesia diciendo: “Cuídense ustedes y cuiden a todo el rebaño que el Espíritu Santo les encomendó como a pastores de la iglesia de Dios, que Él adquirió pagando con su propia sangre. (Hechos 5:28). Sí, la Biblia enseña con toda claridad que “Dios mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” (Ef. 4:11,12)

 La Palabra nos exhorta a tener respeto a los que trabajan entre nosotros, mostrándoles cariño y afecto por su trabajo y  a que vivamos  en paz unos con otros.

Soli Deo Gloria

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