EL ANCIANO GOBERNANTE

febrero 10, 2019 § Deja un comentario

“Lo que creemos los Cristianos.”  G. Nyenhuis

Lección 46. Extracto

La organización de la iglesia no es  una cuestión práctica para obtener los mejores resultados; tiene que ver con la doctrina que la Biblia enseña sobre qué es la Iglesia, cuál es su misión, y en función de ello, cuál es su organización y  forma de gobierno. La Biblia no nos presenta un “manual o reglamento de gobierno” sino que nos muestra el modelo en las páginas del Nuevo Testamento. De allí deriva el sistema  presbiteriano de gobierno, que se ejerce a través de ancianos o presbíteros, como representantes de la iglesia.

La importante tarea del anciano gobernante. El oficio de anciano es clave; no necesariamente el primordial en el funcionamiento de la iglesia, pues el ministerio de la Palabra siempre es lo esencial. Los ancianos representan a Cristo como Rey y son la autoridad principal en la iglesia. Esta autoridad es derivada, está sujeta a Cristo y no pertenece a ninguna de las personas que ocupan este oficio. La Biblia también los llama “obispos” pues son supervisores de la grey.

El trabajo del anciano es cuidar o, más bien, supervisar el rebaño. El verdadero pastor de la iglesia es el conjunto de ancianos, gobernantes y docentes. El pastoreado es colegiado, se ejerce en conjunto. Tienen la grave responsabilidad de supervisar el alimento, la doctrina que recibe el rebaño en todas sus espacios de enseñanza.

Los ancianos de la iglesia determinan con base en la Palabra, quiénes pueden ser admitidos como sus miembros. Es una tremenda responsabilidad admitir (o rechazar), a una persona. Tomar decisiones sobre estos puntos requiere madurez espiritual y sabiduría cristiana. Les corresponde ejercer la disciplina cristiana, siempre con la intención de restaurar al hermano que se ha desviado. Juzgan en casos de dificultades entre miembros. En general, asumen el deber de imponer la disciplina amorosa que convenga a los miembros de la iglesia para favorecer su desarrollo espiritual.

Los exigentes requisitos para el oficio de anciano gobernante. Algunos tiene que ver con su integridad personal: dueño de sí mismo, sobrio, amable, no codicioso, apacible. También requiere tener ciertos atributos: que sea firme en su fe y tenga experiencia, que gobierne bien su casa, apto para enseñar, que retenga la Palabra. Otros tienen que ver con su ambiente social: hospedador, buen testimonio de los de afuera, no  dado al vino, marido de una sola mujer.

Todas estos rasgos son espirituales y debemos ser lo suficientemente valientes en el Señor para poner tales criterios en práctica. Es una falacia pensar que el éxito o astucia en la vida o la simpatía personal son las cualidades deseadas. Los requisitos que la Biblia pone para ser anciano son de carácter y profundamente espirituales.

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