“Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía.” Apocalipsis 19:10

febrero 3, 2019 § Deja un comentario

La adoración a Dios, al Dios verdadero, no es algo que brote naturalmente en el hombre; sólo surge en el corazón de los redimidos, en aquellos a quienes Dios se ha dado a conocer. Para ellos, adorar es un gozoso deber, la razón misma de su ser. La adoración  a Dios está presente de manera inevitable en su viva relación con Dios. Además, la adoración tiene sus motivos; sus razones son la Belleza, Majestad y Santidad de Dios y también Sus obras magníficas, no sólo en la Creación, sino también en la Redención. No adoramos al “dios desconocido”; adoramos al Dios Trino que se ha revelado en su Creación, en la Escritura y en Jesucristo.

El libro de Apocalipsis es un tratado de adoración pues expone la gloria, magnificencia, soberanía y poderío de nuestro Dios. Nos dice cómo es Dios, cómo reina sobre todo el universo y lo sostiene; nos describe sus obras, su propósito redentor, y todo ello  mueve nuestro corazón a  adorarle.

En el capítulo 19 de Apocalipsis, Juan relata el escenario glorioso de adoración a Dios por parte de la iglesia (los veinticuatro ancianos) la creación entera (los cuatro seres vivientes) y de la gran multitud en el cielo que decía: “¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro” pues el Señor ha juzgado a la gran ramera y a su falso profeta, a las bestias y al dragón. ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!”

Sigue el anuncio de las Bodas del Cordero: “Gocémonos y alegrémonos y demos gloria porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. . . ¡Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero!”

Es entonces cuando Juan, absorto e impresionado por tan magnífica revelación se postra a los pies del ángel para adorarle, quien le impide hacerlo, pues declara ser “un consiervo suyo, igual que los hermanos que retienen el testimonio de Jesús.”  La adoración sólo corresponde a Dios.

La explicación es que toda profecía  da testimonio de Jesús, “el Cordero que fue inmolado y con su sangre nos ha redimido para Dios, de todo linaje y pueblo y nación y nos ha hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios.”

De esta manera, Cristo es puesto en el centro de la escena, de la adoración. Inmediatamente aparece en el cielo abierto un caballo blanco y el que lo monta se llama “Fiel y Verdadero” y con justicia juzga y pelea. Su nombre es EL VERBO DE DIOS y  REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

 ¡Qué privilegio y qué alegría es adorar a nuestro Dios, quien está sentado en el trono eterno, a su Hijo, el Cordero que nos redimió para Él con su sangre y al Santo Espíritu que nos da el testimonio de Jesús!

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