LAS COSAS QUE NO SE VEN SON ETERNAS

septiembre 23, 2018 § Deja un comentario

“Nosotros no miramos las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

2 Corintios 4:18

Esta frase es paradójica pues, ¿cómo se puede ver lo invisible? La Biblia dice también que Moisés se sostuvo como viendo al Invisible. (Heb 11:27) Lo que podemos deducir por ahora es que lo invisible es superior. Cuando nuestros ojos se concentran en lo visible y temporal, es fácil perder el rumbo y desfallecer; si nuestro mente y comprensión de la vida  se enfocan en lo invisible, tenemos fortaleza y constancia de propósito.

Esta es una verdad práctica y necesaria en la vida. Lo que nos lleva a perseverar en nuestras metas con esfuerzo, dedicación, trabajo y aun sacrificio, es precisamente la visión de lo que está allí en el futuro. La visión anticipada de lo invisible justifica y da sentido a nuestro lucha diaria. “Lo invisible” se refiere  principalmente a  nuestras más altas intenciones, valores, ideales y aspiraciones. Tal es el caso de los músicos, de los deportistas, de los estudiantes, pero también de quienes forman un hogar, de los empresarios, de quienes se sujetan a un tratamiento médico, de las madres que se esmeran en cuidar y educar a sus hijos. Todos necesitamos “ver lo invisible”.

Esto es particularmente importante en la vida cristiana. San Pablo afirma esta verdad como parte de su argumentación para explicar su ministerio entre los corintios, a pesar de sus padecimientos, de la incomprensión de sus hijos espirituales, de que su hombre exterior se desgasta cada día pero aun así concluye: por tanto, ¡no desmayamos!

Hay dos razones que le sostienen en su empeño: La primera es que sabe que él mismo es un recipiente de barro para que la excelencia del poder de Dios se manifieste. Esto es, la causa a la que sirve es tan sublime que bien vale la pena perseverar en ella aunque  esté atribulado, angustiado, en apuros y derribado.

La segunda razón es muy poderosa: Pablo cree a Dios. La fe es la madre de la confesión y profesión de la vida cristiana. Cita a David (Sal 116:10): “Creí y por eso hablé”; también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó a Jesús, también nos resucitará y nos presentará ante él.

Aquí tenemos tres principios valiosos al iniciar cada día y cada etapa de nuestra vida: a) Miremos las cosas que no se ven, mantengámonos como viendo al Invisible; b) tengamos ante nuestros ojos la grandeza de la causa a la que servimos, la gloria de Dios en todo lo que hacemos y c) fortalezcamos nuestra fe, creamos a Dios para que nuestra confesión y vida entera sean congruentes con el carácter cristiano.

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