Bet ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.  Salmo 119: 9

agosto 12, 2018 § Deja un comentario

Vamos ahora a abordar la segunda estrofa del salmo 119. Por favor lea  y tenga a la vista sus 8 hermosos versos (9/16). Como ya sabemos, toda esta parte  del poema está regida  por letra Bet del alefato hebreo.

Recordemos que el salmo 119 empieza explicando la felicidad en base a una relación personal con Dios, en armonía con Su ley, para andar el camino de la vida: “Bienaventurados los que andan en la ley de Jehová.”

Antes de comentar la  segunda estrofa, destacaremos dos características muy interesantes del cántico 119: la primera es que en él no existe el diálogo. Dios nunca toma la palabra como en muchos otros salmos, el Señor es un personaje en los labios del orante. La segunda, es que existe una relación de mutuo condicionamiento entre el hombre y su Creador. Esto significa en primer término, que la conducta del hombre es o será una consecuencia de la acción divina, por ejemplo: “abre mis ojos / y miraré (18), “muéstrame tu camino / y lo guardaré” (33). Por otra parte, la conducta de Dios es consecuencia de la conducta del hombre, como se lee: “ me apegué a tus testimonios / Señor, no me avergüences (31), “amo tus decretos/ vivifícame según tu misericordia” (159)

En la segunda estrofa Bet, encontramos una relación muy estrecha entre “corazón”, “labios” y “camino” o conducta (si juntamos los versos 10,11,13,14), que equivalen a nuestra expresión “pensamiento, palabra y obra”. Esta idea es muy rica, pues el corazón representa lo más íntimo de nuestra intencionalidad consciente desde donde nos relacionamos con Dios, y es el sitio donde el justo guarda sus dichos para no pecar contra él.

Los labios, que menciona el salmista, hablan lo que abunda en el corazón. Hay una idea maravillosa en el verso 13 pues relaciona nuestros labios  con los juicios que salen de la boca de Dios.  Dios comienza el diálogo, enseñando con su boca sus mandamientos; el hombre aprende a recitarlos con sus labios, pues sus estatutos ya han encontrado su lugar en el corazón del justo.

Los versos 14 y 15 hacen referencia a los caminos, o sea a la ética del hombre temeroso de Dios: “Me he gozado en el camino de tus testimonios”, “consideraré tus caminos.” Allí se cierra el círculo y apreciamos cómo el hombre que teme a Jehová es influenciado integralmente por la palabra de Dios. Su efecto redentor comienza en sus pensamientos (corazón), se expresa en sus palabras (labios) y sus obras toman un nuevo sendero (anda en sus caminos). Pensar, hablar y actuar son tres facultades del hombre redimido, que ha sido renovadas por la palabra. De las tres tenemos que hacernos cargo, pues cada uno de nosotros es responsable de ellas. Finalmente, el verso 16 declara que guardar los estatutos de Dios es motivo de grande alegría:

“Me regocijaré en tus caminos; no me olvidaré de tus palabras.”

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