El Salmo ciento diecinueve

agosto 5, 2018 § Deja un comentario

A partir de hoy y durante todo agosto que es “el mes de la Biblia”, vamos a escuchar en los cultos dominicales matutinos cuatro sermones sobre otras tantas estrofas del Salmo 119. Agustín predicó treinta y dos sermones abordando sus 22 estrofas.

Este salmo, sobra decirlo, es el más extenso del salterio con 176 versos y contrasta con el 117 que sólo tiene dos. Está escrito en forma de acróstico tomando como base las 22 consonantes del alfabeto -mejor dicho, el alefato hebreo- dando pie a 22 estrofas, cada una formada por 8 versos. Así, cada una de las estrofas está dedicada a una letra hebrea, y cada una de las palabras iniciales de los versos que la integran comienza con la misma letra, lo cual es ciertamente un hazaña literaria, “un triunfo de la longitud”. (Schökel)

Su tema principal es la ley de Dios, pero dada sus extensión y los diversos aspectos que toca, es difícil resumir su contenido y determinar una secuencia de pensamiento. Destacan, sin embargo, dos temas: las exhortación a los hijos de Dios a la vida santa, y la forma de la verdadera alabanza a Dios a través del estudio devoto de la Ley.

En todos sus versos, excepto el 122, hay una continua referencia a la Ley alternando 8 palabras, que si bien son sinónimos, cada una de ellas tiene un matiz propio. Estas son: ley, testimonios, preceptos, estatutos, mandamientos, juicios, dichos o palabra y caminos. El salmo 19 es en contraste con éste un elogio a la brevedad, pero la extensión del 119 “de ningún modo deroga el valor del salmo como texto inspirado, ofrecido al rezo y a la meditación.” (Schökel). Diremos por último, que se desconoce quién es el autor material de este luengo poema, pero sí sabemos que es palabra divina. El salmo empieza con una bendición:

Alef

Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan;

Con estas palabras, el profeta establece la misma paradoja con que se inicia el Libro de los Salmos: La felicidad, la bienaventuranza no se encuentra en la búsqueda en toda suerte de caminos del mundo, sino en la vida que es armoniosa con la ley de Dios. Este es un pensamiento extraño y contrario a la visión e impulsos del hombre impío, los cuales conducen a su ruina y destrucción pues mientras más se aleje de Dios, más infeliz será.

En estas cuatro líneas iniciales del poema inspirado encontramos dos ideas que enmarcan la felicidad en la vida, las cuales se explican entre sí de manera paralela: a) el que anda en la ley de Dios es el que es íntegro en su camino, y b) quien le busca con todo su corazón, es aquél que guarda sus testimonios.

Una manera muy bendecida de celebrar el mes de la Biblia será leer y meditar en las 22 estrofas del salmo 119, apropiándonos de él en oración.

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