NUESTRO DIOS PERDONADOR

julio 8, 2018 § Deja un comentario

Hay dos depredadores que devastan nuestra alma: la culpa y la amargura. Estas se manifiestan en enojo y resentimiento que nos hacen perder la alegría. El remedio está en nuestro Dios quien es amplio en perdonar. Hay en la Biblia dos maestros de quienes aprendemos sobre el perdón: Uno de ellos es Juan, quién habla por Dios, y el otro es Jesús, quien nos habla como Dios.

El apóstol Juan fue uno de los amigos más cercanos de Jesús y en su edad avanzada escribe a los creyentes en las iglesias del Asia Menor para instruirles en la realidad del pecado y en el divino remedio que encontramos en el perdón de Dios. En su primera carta afirma que “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él”. La luz tiene en este discurso dos connotaciones: la primera se refiere a la verdad, Dios es veraz y no hay mentira o engaño en él; la segunda tiene un sentido moral y se refiere a Su pureza y santidad. Esto caracteriza también el ambiente del creyente y la forma como se relaciona con Dios.

Con este argumento ataca  la herejía introducida por los gnósticos que enseñaba que si se tenía un cierto conocimiento o gnosis de Dios, se  podía vivir como  se quisiera pues el mal tenía que ver sólo con el cuerpo y éste era despreciable, por lo que no existía  problema alguno con el pecado.

Juan combate esta herejía en el capítulo 1 con tres supuestos que se inician con la frase “si decimos “: “Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, somos mentirosos (v.6), “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos” (v.8) “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso” (v.10). Queda pues más que demostrado no sólo que todos cometemos pecados, sino que somos pecadores; el problema no es simplemente lo que hacemos, el problema es lo que somos.

Pero Dios nos da la solución: “Si andamos en luz” (v.7), esto es “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados (lo que hacemos), y limpiarnos de toda maldad”, (de nuestro condición de pecadores) (v.9). Nuestro Dios es perdonador.

El segundo maestro en este tema es Jesús quien nos habla como Dios, porque el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar pecados. En la parábola de  los dos deudores (Mt 18) nos enseña que, ya que no existe proporción entre la inmensurable deuda de nuestros pecados, de la cual él nos ha perdonado, nosotros  también somos llamados a perdonar a quienes nos ofenden “hasta setenta veces siete”. Refugiarnos bajo la misericordia de Dios nos obliga a perdonar a nuestros deudores.

Notemos tres aspectos del perdón: Dios nos perdona con la única condición de confesar nuestros pecados, tenemos Abogado con el Padre; el gratuito perdón de Dios tuvo un costo altísimo: la sangre de su Hijo;  y, perdonar a quienes nos ofenden es la evidencia de haber sido perdonados.

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