“Ojalá todo el pueblo fuese profeta, y que Jehová pusiese su espíritu sobre ellos” Números 11:29

mayo 28, 2018 § Deja un comentario

La misión que Dios impuso a Moisés de conducir a un pueblo rebelde e ingrato a  la tierra de promisión era poco menos que imposible. En varias ocasiones Moisés flaqueó y aún contendió con el Señor, desanimado por la necedad y el persistente pecado del pueblo: “¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra a la cual juraste a sus padres?”

El pasaje  que consideramos hoy se refiere a uno de esos episodios: Por las quejas del pueblo, se encendió la ira de Jehová y consumió uno de los extremos del campamento; más tarde el pueblo – insatisfecho con el maná – clamaba por las ollas de carne que comía en Egipto, ¡añorando los siglos de esclavitud! Moisés llegó al grado de rogar a Dios que mejor le diera la muerte, “no puedo yo solo soportar este pueblo . . . . me es pesado en demasía.”

El Señor se mostró paciente y prometió darles la carne, “no sólo por un día, ni por dos, ni cinco, ni diez, ni veinte días, sino hasta por un mes entero, hasta que os salga por las narices y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros.” Ante la duda y desesperación de Moisés, el Señor contesta: “¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no.”

Moisés anunció entonces al pueblo esta nueva merced de Dios y reunió a setenta ancianos alrededor del tabernáculo, donde Jehová descendió y tomó del espíritu que estaba en él y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu profetizaron, pero nunca más lo volvieron a hacer.

Hubo dos ancianos que no asistieron al tabernáculo, Eldad y Medad, que sin embargo profetizaban en el campamento. Cuando Josué lo supo,  pidió a Moisés  que se los impidiera y fue entonces cuando Moisés exclamó: “¡Ojalá todo el pueblo fuese profeta, y que Jehová pusiese su espíritu sobre ellos!”

Esta profunda necesidad de sabiduría divina y de presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida diaria, fue más tarde satisfecha por Dios, quien prometió por medio del profeta Joel: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”

 Nuestro Señor Jesucristo hizo suya esta promesa: “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad.” Esta palabra se cumplió en plenitud el día de Pentecostés, cuando el Espíritu de Dios vino a morar y mora para siempre entre nosotros, quienes somos templos suyos.

¡Hoy celebramos su Santa Presencia con nosotros!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo “Ojalá todo el pueblo fuese profeta, y que Jehová pusiese su espíritu sobre ellos” Números 11:29 en Berith.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: