DIEZ DÍAS DE EXPECTACIÓN

mayo 28, 2018 § Deja un comentario

¿Qué sucedió entre el día de la ascensión del Señor y la venida del Espíritu en Pentecostés?

Generalmente no prestamos mucha atención a este espacio de diez días, por ser tan notables los dos acontecimientos que lo enmarcan: Por una parte, la gloriosa ascensión de Cristo, que ocurrió cuarenta días después de su resurrección y por otra, el  derramamiento del Espíritu Santo sobre los creyentes.

Lo cierto es que fueron días de intensa actividad y preparación, de oración, alabanza y gozo en la comunidad cristiana, según afirma Lucas en sus dos libros.

Hasta el momento de su ascensión, el Señor Jesús ya había declarado y realizado hechos muy trascendentes para el futuro inmediato de su iglesia y para la participación de los  apóstoles: Se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, les habló del reino por cuarenta días, les “abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras”, les ordenó llevar el evangelio por todo el mundo y les prometió que recibirían poder de los alto para cumplir con esta misión, imposible desde la perspectiva humana.

Frente a ellos estaba, por otra parte, el firme mandato de permanecer en Jerusalén “por no muchos días”, hasta que recibieran el bautismo del Santo Espíritu.

En verdad tenían muchas cosas en qué pensar y suficientes razones para pedir fervientemente la dirección de Dios respecto de estos hechos portentosos del Padre, en los cuales ellos habían sido involucrados por voluntad divina.

La Biblia dice que se ocuparon en dos actividades durante este período. La primera fue perseverar de manera unánime en oración y ruego. Destacamos la unanimidad de los creyentes. Dice también que “estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo a Dios.” ¿Cómo no alabarle? ¿cómo no bendecirle ante la manifestación grandiosa de su salvación?

En segundo lugar, era necesario encontrar a un nuevo testigo de Cristo para integrarlo al grupo apostólico en sustitución de Judas. Después de orar, nombraron a Matías quien había estado con ellos “desde el bautismo de Juan hasta la ascensión de Jesús” y era además testigo de su resurrección. Así oraron, alabaron y procedieron. Sólo restaba esperar la manifestación del Espíritu Santo.

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos”. Sin duda alguna, la voluntad manifiesta de Dios es que haya  unidad entre los discípulos. Jesús oró fervientemente por ella.

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