“¿Me amas más que éstos?”  Juan 21:15

abril 29, 2018 § Deja un comentario

Pedro estaba viviendo una experiencia muy amarga: Después de intentar defender a Jesús con su espada en el Gethsemaní se vio envuelto, como en una pesadilla, en la vergonzosa y tristísima situación de negarlo en tres ocasiones, la última con maldiciones. Lucas describe el  momento terrible cuando Jesús volviéndose, miró por última vez a Pedro, quién  salió fuera y  lloró con tanta  amargura. Esa fue la última vez que Pedro vio a Jesús antes de que fuese muerto. Los ojos de Jesús, los tristes y amorosos ojos de Jesús se fijaron en él

Durante los eventos de la resurrección hallamos a Pedro muy activo: corriendo al sepulcro en la madrugada, reunido con los apóstoles, siendo testigo de las apariciones de Jesús, en la pesca milagrosa, etcétera, pero las Escrituras no registran ninguna conversación de Jesús con él sino hasta el final del evangelio, cuando en tres ocasiones le confronta firme y amorosamente. Hacía falta ese momento,  esa conversación que ahora se daba.

Después de comer a la orilla del mar, Jesús  hizo tres preguntas a Simón, hijo de Jonás (ahora no es Cefas o Pedro o piedra), que en nuestras Biblias parecen  ser una y la misma: ¿Me amas?; sin embargo, tienen un matiz que debemos apreciar.

La primera es: Simón, éstos me aman, pero ¿tú me amas más que éstos? Pedro había jurado: “Señor, aunque todos estos se escandalizaren de ti, yo nunca me escandalizaré” Entonces dime ¿me amas más que éstos? Simón Pedro, consciente del estado de su corazón no usa la misma palabra de Jesús, expresión sublime del amor, y contesta: Sí Señor, tú sabes que te quiero, que tengo un gran afecto por ti. Reconoce su indignidad y el asomo de soberbia que le hizo sentirse más que los otros.

Jesús le pregunta ahora de manera simple, ¿me amas?, ¿realmente me amas? Pedro responde de la misma manera: Te quiero, Señor. No se atreve aun a afirmar que posee la clase más elevada del amor.

La tercera vez, Jesús usa el lenguaje de Simón y le pregunta: ¿Me quieres? ¿me tienes afecto?, ante lo cual Simón, con sobrada razón,  se entristece. Sabe que su amor por Jesús es el más humilde y no apelando a ninguna calidad o mérito propio le contesta: “Señor, tú sabes todas las cosas y sabes que te quiero.” Jesús conocía perfectamente su corazón y así le amó y restableció asignándole una gran tarea: “Alimenta a mis corderos, apacienta mis ovejas.” Así fue como Pedro fue  perdonado y reafirmado en su vocación de apóstol. Dios obró grandes cosas  a través de este siervo suyo. El libro de Hechos nos presenta a un Pedro fiel y fortalecido por Cristo en el poder del Espíritu.

Amar a Cristo se cristaliza y evidencia en el cuidado y pastoreo de sus ovejas. La enseñanza apostólica es que nos amemos y cuidemos mutuamente. Esta tarea es para  todos, pero en particular compete a los oficiales de la Iglesia.

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