“¿Tenéis algo de comer?”  Juan 21:5

abril 22, 2018 § Deja un comentario

El episodio que hoy comentamos ocurrió durante el período de cuarenta días entre la resurrección y la ascensión del Señor. Lucas nos informa que Jesús dedicó ese tiempo a dos tareas esenciales: dar a  los discípulos muchas pruebas indubitables de su resurrección, y hablar con ellos respecto de las cosas del Reino de Dios.

Las dos cosas eran fundamentales porque por una parte, todos ellos tenían que ser testigos incuestionables de que Cristo resucitó, pues sólo así su prédica sería creíble y poderosa;  además, ahora su mente podía entender con plenitud las enseñanzas que Jesús en muchas ocasiones les había impartido, pero que hasta ahora no se habían arraigado espiritualmente en ellos. En esta historia se cumplen ambos propósitos.

Los discípulos están viviendo una tremenda transición, pues su vida ya no es lo que era antes de conocer a Jesús, pero tampoco es todavía la vida que Jesús tiene prevista para ellos. Al anochecer de un día, Pedro dice “Voy a pescar” y otros seis de sus compañeros deciden ir con él, pues la vida continuaba y sin duda tenían familias que alimentar.

Al amanecer, vemos a aquellos experimentados hombres fuertes y avezados en las artes de la pesca regresar fracasados, después de una noche infructuosa en la que no pescaron nada. Un hombre les grita desde la playa. “¿Tenéis algo de comer?” Frustrados respondieron, ¡No! Ellos no sabían que era el Señor pero sin duda algo intuían, pues obedecieron de inmediato su instrucción de volver a echar la red (en esta ocasión con muy buenos resultados, increíbles resultados). Juan dijo a Pedro. “¡Es el Señor!”

Pedro se lanzó al mar para ir donde el Señor, pero no se atrevió a hablarle, pues tenía una grave conversación pendiente con él, después de haberle negado. Cuando la barca llegó a la playa, Jesús ya había preparado un pez sobre las brasas con una hogaza de pan (en el original se destaca que esto era así – Hendriksen). ¿Estamos ante una nueva multiplicación milagrosa de los alimentos, en la que Jesús volvió a revelarse como el mismo Hijo de Dios? Allí está el Señor a quien el viento y el mar obedecen. Jesús ya preparó el desayuno y les invita a comer después de una malograda y fatigosa noche. Esta fue otra prueba indubitable de su resurrección, la tercera en que Jesús se manifestó a sus discípulos después de haber resucitado de los muertos.

Los discípulos nada comentan, ni siquiera se atreven a preguntarle ¿Tú quién eres?, sabiendo que era el Señor. Seguramente en su corazón volvieron a sentir la paz y fortaleza en Cristo, quien vive y está en medio de ellos. Las palabras no sirven . . . Su silencio es la mejor prueba de fe y agradecimiento a Dios . . .

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