“La Necesidad de Reformar la Iglesia”

febrero 20, 2018 § Deja un comentario

Este es el nombre de un tratado con el que Juan Calvino respondió a las infames acusaciones que en su época se levantaron en contra de la urgente reforma de la Iglesia. El contexto histórico es que Carlos V de Alemania, ante la amenaza que Francia representaba para el Imperio, llamó a la unidad interna y estableció un período breve en el cual los protestantes no sufrirían daño alguno por motivo de diferencias religiosas.

El Papa se indignó y envió una severa protesta al Emperador “por haber puesto a los herejes a un mismo plano con los católico-romanos.” Se convocó entonces  a una dieta imperial en Espira en 1544 y fue allí donde Calvino presentó sus argumentos, que tienen que ver con “la substancia entera del cristianismo”, a saber: cómo debe ser Dios adorado y el origen de nuestra salvación.

Añade en seguida tres temas importantísimos: “Los sacramentos, la oración y el gobierno de la iglesia, que fueron instituidos para la conservación de la doctrina.

La necesidad de reformar la iglesia no se limita a la Reforma del siglo XVI, pues debido a nuestra condición pecaminosa, este es un requerimiento permanente al cual nos llama a velar la Escritura, pues tenemos la tendencia a corromper la Iglesia con criterios, actitudes y prácticas del mundo. Recordemos: “La Iglesia Reformada siempre reformándose según la Palabra de Dios.”

Ahora es oportuno pensar en la necesidad de estar muy vigilantes respecto de uno de estos temas centrales: La reforma del gobierno de la Iglesia, el cual es un tema integrante de la doctrina de la Iglesia. Sobre este particular, Calvino escribe:

Hemos restaurado el oficio pastoral, según la regla apostólica y según la práctica de la iglesia primitiva, insistiendo en que todos los que gobiernan la iglesia también deben enseñar. Sostenemos que nadie puede continuar en el oficio pastoral sino los que son diligentes en cumplir con sus deberes.

 Al seleccionarlos, nuestro consejo ha sido, que más cuidado y espiritualidad deben ejercitarse.

Los cánones antiguos requieren que aquél que va a ser recibido al oficio de obispo o anciano, tendrá que pasar previamente por un examen estricto en cuanto a su manera de vida y doctrina. . . Así como el Espíritu impone sobre todo anciano la necesidad de enseñar, así también en la Iglesia antigua se habría tenido por algo monstruoso nombrar a un obispo que, por la enseñanza, no demostrase que también era pastor.”

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