MAESTROS Y DISCÍPULOS

noviembre 26, 2017 § Deja un comentario

Andrés era discípulo de Juan el Bautista. Un día escuchó a su maestro testificar respecto de Jesús: ¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! También afirmó que él  vio al Espíritu de Dios descender sobre Jesús en el momento mismo de su bautismo. Supo entonces que, conforme a la señal que había recibido, Jesús era el que bautizaba con el Espíritu Santo. Juan afirmó sin ambages a sus discípulos: ¡Yo le vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios!

Le oyeron hablar así dos de ellos, uno  llamado Andrés, e inmediatamente siguieron a Jesús. Su formación con el Bautista había terminado, ahora necesitaban un nuevo Maestro y ése era Jesús.

Entonces le siguieron y, por invitación del Maestro, se quedaron con él aquél día. No sabemos qué conversaron con Jesús en ese tiempo pero sí podemos afirmar que esa fue para ellos una bendita experiencia  transformadora. Ya  no era solamente el testimonio  de Juan; ahora estos dos habían experimentado la presencia de Jesús y escuchado del Maestro palabras de vida eterna.

A continuación, Andrés fue a buscar a su hermano Simón, para anunciarle la noticia más maravillosa largamente esperada por los creyentes: ¡Hemos encontrado al Mesías!  Y le trajo a Jesús. Andrés llevó a su hermano a Jesús y es muy probable que jamás  imaginara el impacto tan tremendo que su sencilla acción ha tenido, en la providencia de Dios, en la historia de la salvación.

Jesús conocía a Simón, como conocía a todos pues él sabe lo que hay en el hombre, y cuando  le miró, le dijo:” Tú eres Simón, hijo de Jonás, pero te llamaré Cefas”. Así comenzó un discipulado que duró tres años al término de los cuales y, no sin dificultades y tropiezos,  Jesús el Maestro forjó discípulos  que  llevaron el evangelio primero a Jerusalén y a Judea, después a Samaria pero también a todos los términos de la tierra.

Somos llamados a ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Preguntamos: ¿Cómo es que se hace discípulos? La respuesta es clara y directa: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Discipular es entonces instruir, enseñar a otros todas las cosas que Jesús nos ha mandado, para que éstos a su vez enseñen a otros más, y el mensaje de la Palabra se extienda y trascienda generaciones. Pablo siguió este modelo. La iglesia tiene entonces una misión pedagógica, de enseñanza, de instrucción. Necesitamos buenos maestros y predicadores  que con  toda fidelidad formen buenos discípulos, que a su vez enseñen a otros. Esto está en el corazón de la Gran Comisión.

Por ello, Dios mismo constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros . . para que no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera por todo viento de doctrina .  . . sino que siguiendo la verdad en amor crezcamos en todo en Cristo. Ef. 3

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