“Soy Tuyo ¡Sálvame!” Salmo 119:94

agosto 6, 2017 § Deja un comentario

Ya estamos en agosto, “El Mes de la Biblia”, y vamos en una feliz concurrencia a continuar abordando temas de la Reforma, enfocándonos ahora en algunos textos de la Escritura que fueron y son centrales en su historia y progreso.

Erik Erikson, notable psicólogo que desarrolló el concepto de la “crisis de identidad”, escribió un libro, “El Joven Lutero”, en el que opina que el Reformador fue poderosamente movido desde adentro en busca de una respuesta a su identidad, precisamente porque estaba viviendo una angustiosa crisis espiritual de este tipo. Pedro Blanco, erudito católico-romano escribe: “La mecha que produjo la explosión reformista no fue (sólo) una crítica a la situación externa, sino un problema interior: el de la salvación de su propia alma. Atormentado Lutero por el juicio de Dios y el peligro de no salvarse, su problema era más bien teológico, centrado en la doctrina de la justificación.”

Los propios testimonios de Lutero apuntan en el mismo sentido. Nada satisfacía su necesidad de perdón: ni la oración ni el ayuno, ni la penitencia, ni las horas de estéril confesión. En sus peores momentos de desesperación y oscuridad oraba con fervor al Dios que demandaba ser amado pero, al que al mismo tiempo veía como justiciero y castigador implacable: “Soy Tuyo ¡Sálvame!”

La ayuda divina tomó la forma del Padre Johann von Staupitz, vicario de la orden agustina, amigo y confesor de Lutero. No podía haber encontrado mejor guía espiritual. Staupitz conocía todos los remedios prescritos por los doctores de la Iglesia para las dolencias espirituales, y además tenía una cálida vida religiosa propia, pero todo ello fracasó.

Cuando las disciplinas religiosas no le consolaban, cuando la fe no alcanzaba, cuando su conciencia le acusaba, Martín sólo podía clamar como un náufrago a punto de ser tragado por el torrente: “Soy Tuyo ¡Sálvame!”

El remedio divino surtió efecto cuando Staupitz ordenó al joven monje que se preparara para ocupar la cátedra de  Biblia en la Universidad de Wittemberg, pues para poder competir con la Universidad de Leipzig, hacía falta doctores en Teología de la talla de Lutero.

Sorprendido y temeroso, Martín inició así un concienzudo estudio de las Escrituras: Primero, los Salmos, después la Epístola a los Romanos, a continuación, Gálatas. Este fue un tiempo de lucha, de duda, de grandes descubrimientos y finalmente de iluminación y fe pues la Palabra es perenne fuente de luz. Dios escuchó su oración y porque era suyo, ¡le salvó!

¿Quién lo dijera? Dios puede, a través de dolorosas crisis personales, dar insospechadas respuestas a nuestra vida y traer bendiciones inimaginables a su iglesia.

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