“Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios”

junio 20, 2017 § Deja un comentario

Vivimos tiempos en que el conflicto está presente en todas partes: Entre los países, descalificaciones y luchas entre políticos, en la sociedad civil, con los migrantes, en la xenofobia, etc. En nuestro círculo más cercano también hay conflictos en las familias, entre los vecinos, con las autoridades. Nadie está exento de entrar y vivir en conflictos.

¿Qué tiene qué decir la Biblia sobre esto? Muy claramente expresa que Dios aborrece los conflictos y ama la paz. Odia el conflicto que existe entre Él y nosotros a causa del pecado. El dio a su Hijo amado para establecer la paz entre el hombre y Dios, y también entre los hombres. Él es el “Dios de paz” y Jesucristo es “Príncipe de paz.” 

Hay seis cosas que aborrece Jehová y aun siete que abomina su alma, siendo esta última “el que siembra discordia entre hermanos” (Prov. 6:16-19). 

Jesús no enseña que la felicidad esté simplemente en buscar paz; va más allá y afirma que la bienaventuranza es para quienes ayudan a otros a encontrar la paz, para quienes buscan y procuran la paz, para los pacificadores. Nos dice que antes de presentar nuestra ofrenda ante el altar, es necesario que primero nos reconciliemos con aquellos a quienes hemos ofendido; sólo entonces nuestra adoración será grata ante sus ojos. Nos enseña así la importancia de mantener la paz entre nosotros, de ser pacificadores.

Los pacificadores son quienes han experimentado la paz con Dios y ayudan activamente a otros para que también la encuentren. Para ser pacificadores, es indispensable en primer lugar, que tengamos la paz con Dios, pues sólo así podremos manifestarla en nuestras relaciones con los demás. Nuestra confesión es que nosotros también éramos en otro tiempo aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros, pero Dios en su gracia nos justificó por la fe, y obtuvimos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 

En segundo lugar, los pacificadores experimentan y practican la paz en sus relaciones con los demás. La Biblia dice “en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos”. Debemos estar seguros de que hacemos todo lo posible en esto, aunque no logremos la paz en todos los casos.

Los pacificadores luchan para ser liberados del ego y para controlar la lengua “la cual es un fuego, un mundo de maldad.” Para ello requerimos la gracia y sabiduría de Dios, asumiendo también nosotros estas conductas en obediencia y sujeción a su voluntad. Procurar la paz es en primer lugar llevar a otros el mensaje de perdón y salvación de Dios.

Serán llamados hijos de Dios. Esta promesa se refiere a un estatus y a una nueva relación entre el Señor y nosotros como sus hijos, que reflejan el carácter divino del Padre. Así, la imagen de Dios se renueva y esplende en nosotros. Sin duda alguna, esta es la verdadera felicidad, una inapreciable bienaventuranza.

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