“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.”

junio 11, 2017 § Deja un comentario

El Señor nos enseña que todo aquél que ande en sus huellas debe esperar la persecución, pero además dice que ésta será un motivo de regocijo y alegría para los creyentes. Los pacificadores saben que en ocasiones serán perseguidos por algunos de aquellos a quienes procuran la paz. Ser pacificador es por excelencia, llevar el evangelio de la paz a otras personas. En muchas ocasiones el conflicto y la persecución surgen precisamente por anunciar, creer y vivir la salvación en Cristo. Necesitamos estar preparados para ello. Cabe esperar la persecución porque así lo expresó Jesús: “El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.” 

Notemos que hay un cambio en la expresión de esta bienaventuranza, pues en tanto que las demás se refieren en general a quienes son o hacen tal o cual cosa, ahora el Señor dice: Ustedes serán bienaventurados cuando sean perseguidos. Es muy probable que el Señor estuviera revelando lo que esperaba al grupo de discípulos que escuchó este sermón. La historia da cuenta del final de la vida de muchos de ellos: Pedro fue crucificado de cabeza en Roma; Juan murió en el exilio; Andrés también expiró en una cruz; Santiago, el hermano de Jesús fue arrojado desde el pináculo del templo; Bartolomé fue quemado vivo; Santiago, el hijo mayor del Zebedeo murió decapitado; Tomás fue alanceado; Felipe, colgado en una columna; Mateo fue muerto a espada; Simón fue crucificado en Persia. El apóstol Pablo declara a Timoteo que “TODOS los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.” (2 Tim. 3:12)

La persecución evidencia la oposición de satanás al propósito divino de traer salvación y vida eterna. Hoy mismo hay persecución en contra de los cristianos en muchos lugares, en algunos violentamente y en otros de maneras no tan visibles. Es probable que muchos de nosotros no suframos por ahora la persecución física, sino en formas más sutiles. ¡Cuidado! Si no somos fieles a Jesús, muy fácilmente cederemos a la tentación de acomodarnos con el mundo para ser aceptados y aprobados por él. Atendamos a la advertencia que Jesús nos hace: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!”

Tres razones para regocijarse en la persecución: a) La persecución evidencia nuestra identidad con Cristo. b) La persecución fortalece el desarrollo del carácter del cristiano, porque la tribulación produce paciencia y la paciencia, prueba y la prueba, esperanza. c) La persecución magnifica ante el mundo la gloria de Dios, que brilla aun más esplendorosamente por el testimonio de los creyentes perseguidos.

“Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”

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