“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”

mayo 20, 2017 § Deja un comentario

Estar satisfecho, ser saciado, ¡qué gran sensación! Cuando el joven consigue la primera cita con una chica, después de estar dudando si aceptaría o no. El atleta que corre y logra llegar a la meta antes que ningún otro, y un trago de agua refrescante pasa por su garganta. Cuando cerramos un negocio y finalmente tenemos los contratos en la mano. La satisfacción es una respuesta única a una necesidad o aspiración largamente esperada.

“Tener hambre y sed de justicia” es la profunda necesidad que el cristiano experimenta al darse cuenta en primer lugar, de su profunda necesidad espiritual, sabe que es pobre en espíritu; entonces se duele y lamenta por ello y llora; y cambia su mentalidad y actitud para relacionarse con los demás en mansedumbre y humildad.

Ser justificados a los ojos de Dios se convierte entonces en hambre y sed intensas, en una necesidad inaplazable, la cual el Señor Jesús ha prometido satisfacer: “Ellos serán saciados.

Tenemos que entender el término justicia, pues no se refiere aquí a que “se haga justicia”, a que se aplique la ley y se cumpla sin impunidad ni excepciones. Tampoco es una simple aspiración general de que nuestra sociedad y el mundo vivan de acuerdo con los principios del derecho, ni es un llamado a luchar contra la injusticia.

La Biblia se está refiriendo al hecho de que al ser comparados con la Ley, con la voluntad de Dios, irremediablemente somos hallados faltos, imperfectos. Dios tiene una norma ante la cual no alcanzamos aprobación por nuestra condición caída y pecadora. Entonces “tener hambre y sed de justicia” significa anhelar vehementemente ser justificados por Dios, ser hechos justos ante Él, hallarnos aprobados y en armonía con Dios.

Dios nos demanda ser justos pero además, nos provee la justificación. “Al que no conoció pecado (a Su Hijo Jesús), por nosotros lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” 2. Cor. 5:21.

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Rom. 9:33 “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo” Rom. 5:1

Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no inculpa de iniquidad” (Salmo 32:1). Este es el proceso: El perdón es otorgado, los pecados son cubiertos, la justicia es imputada. Jesús recuerda a los creyentes, que han sido justificados gratuitamente por el Padre.

El alma del creyente está satisfecha pero sigue teniendo hambre y sed de Dios, como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas. Jesús afirma que quien encuentra la justificación, encuentra la felicidad, es bienaventurado. Esta felicidad no se halla en ninguna otra parte.

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