“Subiendo Jesús al monte, vinieron a él sus discípulos y les enseñaba diciendo: . . . ” Mateo 5:1

abril 30, 2017 § Deja un comentario

Hoy iniciamos una breve serie de editoriales basados en la primera parte del Sermón del Monte, las bienaventuranzas, con el propósito de que al profundizar en lo el Señor enseñó sobre la felicidad o bienaventuranza de los ciudadanos del Reino, seamos personas más felices y satisfechas, con vidas mejor fundamentadas, y seamos más libres y fructíferos para Su gloria.

Necesitamos primero un poco de contexto. ¿Para quiénes es este sermón? ¿cuál es realmente su propósito? ¿es relevante y aplicable para nosotros hoy en día? Existen opiniones diversas:

El así llamado “evangelio social” señala que este sermón es en realidad lo único que importa en el Nuevo Testamento. Si lo aplicamos -dicen- el reino de Dios se establecerá en la tierra, las guerras cesarán y terminarán todas las tribulaciones. Sus seguidores comienzan por ignorar los principios de las bienaventuranzas y hablan de un imposible que “raya en lo ridículo” (K. Barth). Nadie puede vivir el sermón del monte por sí mismo.

Otros consideran este sermón como una re-exposición de la Ley de Moisés, “porque los fariseos la malinterpretaban y era necesario para Jesús darle un contenido espiritual más alto.” Esta opinión tampoco es válida porque, entre otras cosas, no toma en cuenta las bienaventuranzas, las cuales nos colocan en un dominio más allá de la Ley de Moisés. El Sermón del Monte expone y explica la Ley, pero la trasciende en Cristo.

Un criterio “dispensacionalista” afirma que estas enseñanzas no tienen nada que ver con el cristianismo actual. Dicen que Cristo comenzó a anunciar el reino pero fracasó en su intento, pues no fue creído, y que cuando él vuelva insistirá en tales enseñanzas, las cuales sólo serán aplicables en la “edad del reino” por los santificados. Nos ahorramos la réplica.

El Sermón del Monte es la perfecta ilustración de la vida en el Reino de Dios. Mateo lo registra al principio de su evangelio, el cual escribió para los lectores judíos, ya que para ellos (y también para nosotros), el Reino de los Cielos está en el corazón mismo de su fe. Este sermón es un rico principio evangelizador.

Jesús enseñó el sermón del monte a sus discípulos; no a la multitud. El mensaje se dirige a los creyentes; no es para el mundo. El sermón no enseña: ”Haz esto y serás cristiano”; mas bien, ilustra a los cristianos sobre cuál es la voluntad de Dios en cuanto a nuestra vida diaria.

Otra razón para conocer este sermón es darnos cuenta de nuestra absoluta necesidad de ser nacidos de lo alto, de ser renovados por el Espíritu Santo. Finalmente, nos es dado para que cuanto más practiquemos sus enseñanzas, mayores sean Sus bendiciones en nuestras vidas. Jesús nos da en las bienaventuranzas la clave de la felicidad.

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