“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.” Filipenses 4:4

marzo 19, 2017 § Deja un comentario

En su carta a los cristianos en Filipos, el apóstol Pablo fundamenta esta exhortación en una verdad inmutable que nos llena de consuelo: “Vuestros nombres están en el libro de la vida” (4:3). Este libro de la vida no es sino el eterno consejo de Dios respecto de los justos y predestinados para vida, decretado y guardado por Él mismo.

La exhortación es muy oportuna. La iglesia vivía momentos de angustia y peligro por lo que era posible que los creyentes claudicaran en su fe. El apóstol les llama entonces a que, a pesar de la hostilidad y agravios, se regocijen en el Señor pues esta consolación del Señor es eficaz aun cuando el mundo entero nos empuje a la desesperación. Repite la exhortación: “Estad alegres”. Que esta sea su fortaleza y estabilidad, regocijarse en el Señor, y que su gozo en Él sea perpetuado en la vida.

Ahora refuerza más esta idea cuando dice que nuestra gentileza (clemencia, buena disposición o ecuanimidad), sea conocida por todos los hombres. Habla aquí del carácter compasivo del cristiano, que los demás han de experimentar de nuestra parte, no obstante su actitud ruda y ofensiva hacia nosotros. La explicación es que el Señor está cerca. (v.5)

¿Cómo mostrar compasión, simpatía y gracia a quienes nos ofenden? La respuesta de Pablo es que debemos confiar en la providencia de Dios: El Señor está cerca. El Señor hará justicia (Deut. 32:35) y ha prometido ayudarnos (Salmo 145:18).

Aquí hay una enseñanza importante: Ignorar la amorosa providencia de Dios es la causa de toda impaciencia y por ello nos apresuramos tanto, aun en asuntos triviales, a caer en confusión y frecuentemente a perder la esperanza, pues se nos olvida que el Señor nos ama y cuida de nosotros.

Aprendemos además que el único remedio para tranquilizar nuestra mente está en descansar sin reservas en Su amor providente, sabiendo que no estamos expuestos al vaivén de la suerte ni al capricho de los perversos, sino que vivimos protegidos por el entrañable cuidado de Dios. Por todo ello, el Señor nos invita a presentar todas nuestras peticiones delante de Él con acción de gracias, a echar nuestra carga sobre Jehová, quien nos sustentará y no nos dejará caídos. (Sal. 55:22) Conclusión: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (v.7)

Esta paz verdaderamente supera toda inteligencia, pues es incomprensible al hombre en medio de sus angustias; pero Dios por su gracia nos la comunica a través de Su palabra y del ferviente testimonio de su Santo Espíritu en nuestros corazones. El Dios de paz estará con vosotros. (v.9)

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