Perdón

marzo 10, 2017 § Deja un comentario

Todos conocemos a alguien que nos ha lastimado, que nos ha hecho daño y, a lo mejor, lo hizo adrede. Y este “alguien” es plural, son “algunos”, porque son muchos. Estamos molestos con ellos, y, según nuestra opinión, con toda justificación. No los queremos ver, y menos tener trato con ellos. Después de todo, la ofensa fue real; son verdaderamente culpables. Cuando nos encontramos con ellos, nos comportamos formalmente correctos, los saludamos y fingimos estar contentos en verlos, pero hay una frialdad en el corazón que logra manifestarse en nuestra voz y en nuestras acciones. Y si ellos nos tratan de la misma manera, se abre de nuevo la herida, y recordamos su ofensa.

Aunque nos justificamos, no nos sentimos cómodos en esta situación. Sabemos que nuestra actitud no es la correcta, sin embargo persistimos en ella. Es difícil perdonarlos, aunque, a veces, en nuestra imaginación, ponemos las condiciones para el perdón, esperando quizá, no con mucho realismo, que ellos un día vayan a cumplir con nuestras condiciones y, entonces, los vamos a perdonar.

Nuestra renuencia de perdonar profundamente afecta nuestra relación con Dios, y con el pueblo de Dios. De la misma manera afecta nuestra relación con nosotros mismos, y no entendemos nuestras expresiones de amargura y aspereza y, proyectando nuestros propios sentimientos a los otros, los juzgamos. No nos damos cuenta del profundo efecto que nuestra falta de perdón tiene en nuestras relaciones personales y sociales.

José quien sufrió a manos de sus hermanos, cuando los vio de nuevo planeó una comida especial para perdonarlos. No le fue fácil perdonarlos; pero lo planeo todo, sabiendo que tenía que perdonarlos. (Génesis 45)

Una experiencia que tenemos el derecho de experimentar si somos creyentes en el Señor, es la posibilidad de perdonar. A fin de que nuestra experiencia de ser perdonados sea más profunda, y basándonos en esta experiencia, nosotros tenemos que perdonar. Quizás debamos hacerlo como José, habiéndolo planeado. No es fácil, pero si es esencial si hemos de experimentar el gozo de ser perdonados por Dios, y si hemos de ver su propósito en nuestra vida.

16 marzo 2003 . Gerald Nyenhuis H.

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