ESTÁN EN EL MUNDO, PERO NO SON DEL MUNDO

febrero 25, 2017 § Deja un comentario

Una verdad que repetimos mucho es la verdad de que el cristiano está “en” el mundo pero no es “del” mundo. Uno de los lugares en la Biblia donde vemos una clara referencia a esta verdad está en la oración de Jesús por sus discípulos. Esta es la oración que hizo después de celebrar su última cena con ellos, antes de ir a Getsemaní, donde sería entregado para que fuese condenado. Esta plegaria está en la última parte de su discurso de despedida, en los versículos del 13 al 18 del capítulo 17 del Evangelio de Juan.

Es muy claro en toda la Biblia, y es el énfasis del Nuevo Testamento, que el cristiano, como también lo fue Jesucristo, es enviado para estar en el mundo. Tal como Jesús fue enviado para estar en el mundo, todo creyente también es enviado para estar en el mundo. El hecho de que Jesús fue enviado, y de que nosotros seamos enviados, es porque Dios lo hizo, y lo hace a favor del mundo.

Hubo tiempos en la “cristiandad” (“cristiandad” no es lo mismo que cristianismo) en que se pensaba que era malo estar en el mundo. Por eso, hacían conventos y monasterios, porque querían esta fuera del mundo. El resultado fue negativo, aunque, a pesar de ello, todavía hay quienes siguen haciendo el intento de escapar del mundo de esta manera.

Pero, la tentación más fuerte, hoy en día, es ser “del” mundo. Queremos emplear las ideas, valores, costumbres, estructuras, normas, criterios, medidas, principios, pautas, y modelos, del mundo, a tal grado que muchas veces no podemos vivir ni comunicar el evangelio, porque lo concebimos en categorías del mundo. Es éste, quizá, el principal de los problemas actuales que enfrenta el pueblo de Dios. Jesús en sus predicaciones y enseñanzas nos dio por lo menos tres ilustraciones en cuanto a cómo enfrentar este problema.

Nos dijo qué somos, es decir, cómo debemos ser. Las tres ilustraciones son: Somos la sal de la tierra, la luz del mundo y la levadura del mundo.

Las tres ilustraciones nos enseñan cómo debemos penetrar y permear al mundo y, al mismo tiempo, no ser del mundo.

Somos producto de la Palabra de Dios; no somos producto del mundo. Siendo engendrados por la gracia de Dios, tenemos que ser luz, sal y levadura a favor del mundo.

Gerald Nyenhuis

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