“Para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y defensa de la verdad.” I Tim. 3:15

febrero 19, 2017 § Deja un comentario

No es tan difícil imaginar qué pasaba por la mente del apóstol Pablo cuando sabía que era necesario involucrar a otras personas en la atención a las iglesias y en la divulgación del mensaje de Dios en otras partes del mundo. La solución, única y poderosa, es la que proviene de Dios: La enseñanza de la verdad revelada a través de la proclamación del evangelio, que es poder de Dios para salvación. No hay sustituto para el evangelio.

Sus dos cartas a Timoteo, su discípulo, compañero, heredero y continuador de su misión, responden a esta necesidad y están plenas de instrucción y consejos, para que supiera cómo debía conducirse en la casa de Dios. (Invierta una hora de su tiempo en su lectura). Preguntamos: ¿Cuál es la casa de Dios? No se refiere a un templo o sitio en particular en dónde Dios esté presente; no, la casa de Dios es la iglesia del Dios viviente, “la cual somos nosotros”. (Hebreos 3:6)

Notemos que se requiere una manera especial para conducirnos en la iglesia, pues ésta no es una institución u organización humana. Dios es su creador, Él construyó la casa (Heb.3:4). No está a nuestro arbitrio o imaginación definir cómo conducirnos en la iglesia; es necesario conocer y poner en práctica la manera especial que Dios ha establecido para convivir con nuestros hermanos.

Vemos en primer lugar, que la casa es la iglesia del Dios viviente. Está formada por todas aquellas personas a quienes Dios conoció y llamó por gracia desde la eternidad. Es suya pues Cristo la compró con su sangre y es su esposa amada. Es preciosa a los ojos de Dios, está guardada por Él como su especial tesoro. Este sólo pensamiento debe movernos a amarla, cuidarla y respetarla.

También notamos que la Verdad está en la esencia misma de la iglesia. Este es un atributo que Dios le comunica, porque Él es Verdad. Usa dos figuras para enfatizar este hecho: Somos columna de la verdad y somos baluarte de la verdad.

Ser columna de la verdad significa que somos un testimonio, una señal visible al mundo entero de la Verdad de Dios; que seamos baluarte o defensa de la verdad expresa que proclamamos con denuedo su luz para destruir las tinieblas y engaños del mundo. Esa es una definición de qué somos como iglesia conforme al propósito de Dios, lo cual nos compromete con la Verdad para vivirla, defenderla y proclamarla.

Saber cómo conducirnos en la casa de Dios implica entonces vivir en la verdad con honestidad, sin doblez, simulación o hipocresía. Además, estemos siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquél que nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros. (I Pedro 3:15)

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