“Consolad, consolad a mi pueblo, dice Dios.” Isaías 40:1

diciembre 4, 2016 § Deja un comentario

 

Este es uno de los textos de Isaías más conocidos referentes a la Natividad. Isaías está entre los profetas más evangélicos, pues anuncia con bendita abundancia la venida y el ministerio del Mesías. Tan es así, que Marcos declara que su evangelio se explica en el marco del “principio del evangelio de Jesucristo Hijo de Dios, como está escrito en Isaías el profeta.”

Este capítulo es un tesoro; por favor léalo varias veces. Nos habla de la consolación de Dios para su pueblo. La palabra “consolación” tiene en la Biblia cuando menos dos significados muy importantes. Por una parte, expresa “tengan valor, estén de buen ánimo.” La palabra de Dios tiene el poder de dar vida y trae salud y consuelo. (Isa 57:17,18). En muchas ocasiones esta palabra de consolación va acompañada de una exhortación: “También os rogamos . . que alentéis (consoléis), a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” (II Tes 5:14)

En segundo lugar, “consolación” en la Biblia significa “no tengan miedo.” La consolación y el valor que Dios nos da tienen que ver con superar el temor; este consuelo se asienta en la confianza y en la firme esperanza del socorro de Dios, quien siempre cumple sus promesas.

Ante la amenaza de los ejércitos de faraón, Moisés consoló al pueblo diciendo: “No temáis, estad firmes y ved la salvación de Jehová . .” (Ex.14:13). El mensaje angelical a María comienza diciendo “No temas”; de igual manera los ángeles traen plena consolación a los pastores cuando les dicen: “No temáis, he aquí os doy nuevas de gran gozo.”

Los rabinos entienden la consolación de Israel como la circunstancia para el cumplimiento de la expectación de la venida del Mesías. Así lo dijo el anciano Simeón, quien esperaba la consolación de Israel, al tomar al Niño en sus brazos: “Ahora Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque mis ojos han visto tu salvación.”

“Sólo el evangelio trae consolación a los afligidos y quebrantados, levanta a los muertos, conforta a los que lloran y en una palabra, trae verdadero gozo y contentamiento. Es por esta razón que se llama “evangelio”, pues son buenas noticias.” (Juan Calvino)

Esta promesa y este anuncio no comenzaron cuando Jesucristo nació en Belén, sino muchos siglos antes, cuando el amor y la gracia de Dios se revelaron a través de profetas como Isaías.

Todo lo anterior es firme y seguro, porque “¡así dice Dios!” La semana próxima abundaremos en esta verdad, pues el mismo capítulo 40 describe quién es este Dios que puede afirmar tales cosas.

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