“El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.” Lucas 10:16

noviembre 21, 2016 § Deja un comentario

Con esta impresionante sentencia Jesús concluye sus instrucciones a setenta de sus discípulos, antes de enviarlos de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a dónde él había de ir.

¿Quiénes eran estos discípulos a quienes confió tal misión y autoridad? Él mismo les advirtió que les enviaba como corderos en medio de lobos y sin embargo, les hace portavoces suyos para anunciar que el Reino de Dios se había acercado. Eran en cierto sentido heraldos suyos que habrían de preparar los corazones de quienes un poco más tarde serían testigos del mensaje y presencia del Hijo de Dios mismo.

Debemos notar que estas personas eran discípulos de Jesús, es decir hombres que fueron instruidos por el Maestro, que le seguían y se sometían no sólo a sus enseñanzas, sino que también a su autoridad. Ser discípulo  significa reconocer y confiar en la verdad y carácter del Maestro y como consecuencia, es estar dispuesto a obedecerle.

Aunque el poder para cumplir esta tarea no radicaba en las habilidades o recursos personales de los discípulos sino en el señorío de quien les enviaba, la misión que Jesús les encomendó era sin duda parte de su entrenamiento, su formación; era poner a prueba sus capacidades, pero sobre todo su fe y sujeción a la palabra aprendida.

Debían estar preparados para ser recibidos en paz y también para ser rechazados y repudiados, pero en ambos casos el mensaje seguía siendo el mismo: “Sabed que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.” Dios llama a los suyos porque nadie conoce al Padre sino el Hijo y a aquél a quien el Hijo lo quisiera revelar.

Este es el mensaje de paz y salvación; estas son buenas nuevas, este es el mismo evangelio que es poder de Dios para salvación a todo aquél que cree, y que a todos los discípulos nos corresponde propagar.

Este episodio concluye en medio de alegría y bendición. Los discípulos se gozan porque los demonios no pueden resistir al evangelio y sus nombres están escritos en los cielos; Jesús alaba al Padre por su designio de revelar estas cosas a los niños y dice a sus misioneros que son muy bienaventurados por ver y oír lo que ven y oyen: ¡El Reino delos cielos ya está entre nosotros!

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