“MI MENTE ES CAUTIVA DE LA PALABRA”

octubre 4, 2016 § Deja un comentario

El 17 de abril de 1521 Martín Lutero compareció ante la dieta convocada en la Ciudad de Worms, Alemania en presencia de Carlos V, el Emperador del Sacro Imperio Romano, para responder sobre las ideas y enseñanzas contenidas en sus libros.

Esta era una época en la que la hegemonía del poder político, la unión del imperio, estaba íntimamente relacionada con la autoridad y poder de la religión católica y del papado. Señalar los errores de la iglesia católica y denunciar los vicios del papado eran graves amenazas no sólo para el sistema religioso, sino para la estabilidad delos estados.

Desde muchos años antes, el resurgimiento de las verdades de la Biblia ya había tocado la conciencia y la cátedra de muchos teólogos y profesores de las universidades en Europa. La fecha del 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittemberg, simboliza el principio de la Reforma Religiosa del Siglo XVI.

Ese 17 de abril de 1521, Martín pidió el plazo de un día para contestar si se retractaba o no de sus escritos. El día siguiente respondió que sus libros eran de tres diferentes clases:

“Algunos se refieren a la fe y a la vida en forma tan simple y evangélica que si yo renunciara a ellos, sería el único hombre en la tierra que condenara la verdad confesada por igual por amigos y enemigos. Una segunda clase ataca la desolación causada en el mundo cristiano por la mala vida y enseñanza delos papistas y una tercera clase contiene ataque a individuos particulares; si yo me retractara en estos puntos, abriría una puerta a más tiranía e impiedad.”

Cuando se le pidió que contestara “sencillamente y sin cuernos” si repudiaba  o no sus libros y los errores que contenían, respondió: “A menos que se me convenza con las Escrituras y la mera razón, mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo retractarme y no me retractaré de nada, pues ir contra la conciencia no es justo ni es seguro. Dios me ayude. Amén.” Otra versión agrega las palabras: “Hier steheich; ich kan nicht anders. Gothelffe mit. Amén” (Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude)

Lutero escribió a Staupitz, su guía, confesor y amigo: “Ahora no es el momento de tener miedo, ahora tienen valor las palabras del Evangelio. “Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos; y cualquiera que me negare delante de los hombres yo también lo negaré delante de mi Padre”.

No es este un maravilloso ejemplo del poderoso testimonio que Dios pone en nosotros, cuando nuestra mente es cautiva de la Palabra de Dios?

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