¿TIENE EL HOMBRE LIBRE ALBEDRÍO?

septiembre 27, 2016 § Deja un comentario

Cuando Dios creó a Adan y Eva en el principio de la historia, les dio una naturaleza humana perfecta, santa y sin pecado. Nos referimos a esta condición como el estado de inocencia. En este estado de perfección, antes de que cayeran en pecado, Adán y Eva tenían una voluntad libre y activa para elegir siempre lo que era bueno.
 
Sin embargo, cuando Adán y Eva cayeron en la tentación entraron a un estado de pecado. A partir de entonces perdieron el poder para escoger lo que es bueno; en cambio, instintivamente amaron todo lo que es pecaminosos y que ofende a Dios. Por eso decimos que ellos dos y todos nosotros, sus descendientes, tenemos una naturaleza caída.
El resultado fue que todos los seres humanos pecadores nos inclinamos por instinto a lo que es pecaminoso y desechamos lo que es bueno. A esto llamamos, “la esclavitud de la voluntad“, porque el hombre sin Cristo es esclavo del pecado.
Cuando Dios convierte al pecador y le da el poder para creer en Cristo para salvación, tal pecador entra al estado de gracia. De ahí en adelante, el pecador convertido es liberado por
Dios de la esclavitud del pecado. Dios habilita al redimido para desear y hacer lo que es correcto ante los ojos de Dios.
Aunque el verdadero creyente ya no es esclavo del pecado, su vida en esta tierra no es perfecta. Su corazón ya ha sido redimido y su deseo es hacer lo que agrada a Dios, pero todavía es incapaz de cumplir absolutamente con todo lo que sabe que es correcto. Esto es porque en la vida de todos los cristianos, habita todavía el pecado, “el viejo hombre”.
El resultado es que el cristiano no puede anhelar ni hacer en esta vida lo que ya sabe que es agradable a Dios, cumpliendo sus mandamientos. Por esta razón observamos que las vidas de los verdaderos creyentes no son tan consistentes como debieran. Su voluntad es hacerlo bueno y recto, pero cada día necesitamos confesar que estamos lejos de la perfección que Dios demanda.
Al morir, el alama de cada uno de los creyentes verdaderos será hecha perfecta en santidad. Este es el estado de gloria. En este bendito estado, la voluntad del creyente será finalmente perfecta de manera absoluta. Él o ella nunca jamás pecarán. Sus voluntades serán perfectamente redimidas para vivir en la libertad de Dios.
“Conoceréis la verdad y la verdad os libertará. Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
Una Confesión Simplificada de Fe.
Confesión de fe de Westiminster
Maurice Roberts

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