“Nuestro socorro está en el nombre de Jehová”. Salmo 124:1

junio 14, 2016 § Deja un comentario

Con este editorial cerramos el ciclo sobre los cánticos graduales atesorados en el libro de los Salmos. Ese nombre se les dio tal vez porque en una parte del Templo que conducía al recinto destinado para los hombres, había 15 escalones o gradas y estos salmos eran para cantarse uno en cada grada. Aben Ezra afirma que estos salmos se cantaban en tonos musicales ascendentes más alto que los demás salmos. Estas no dejan de ser especulaciones.

Lo cierto es que los salmos 120 a 134 tienen dos características en común: Son exquisitos poemas líricos breves y cada uno de ellos está construido alrededor de una idea central que se desarrolla inspiradamente a lo largo del poema.

El cántico 124 exhorta a los creyentes a la alabanza y les recuerda otra vez que su seguridad depende únicamente de la gracia y poder de Dios.

Comienza con una solemne declaración que se menciona en dos ocasiones seguidas: ” A no haber estado Jehová con nosotros, diga ahora Israel, ¡nuestros enemigos nos habrían tragado vivos!” La frase es condicional y se repite para enfatizar el terror que produce la amenaza, pero también reafirma la certeza de que su única seguridad radica en Dios. Calvino afirma que este salmo se refiere a la protección de Dios por la iglesia de todas las épocas.

Utiliza dos metáforas poéticas aterradoras para  describir el peligro y el poder destructor, fuera de toda proporción del enemigo en contraste con la debilidad de Israel: ¡Nos habrían tragado vivos! Las fieras hambrientas no necesitan espadas para destrozar y devorar a las ovejas; su fuerza y furor bastan. Proverbios 1:12 pone en boca de los enemigos esta frase: “Los tragaremos vivos como los que caen (vivos) al abismo”.

La segunda metáfora tiene que ver con el poderío de la inundación de las muchas aguas, con los torrentes vigorosos e incontenibles, con las aguas impetuosas que arrebatan y desgarran nuestras almas a su paso.

Pero nuestra alma escapó cual ave del lazo de cazadores; se rompió el lazo y escapamos nosotros. ¿Qué pueden hacer las aves ante el poder y argucias del cazador? Escapó nuestra alma sólo porque el lazo se rompió. Dios rompió la trampa y puso a salvo nuestras vidas.

El cántico concluye bendiciendo y alabando el nombre de Jehová, a Jehová mismo, al Creador del cielo y de la tierra, para dar así testimonio a todos los hombres de que Jehová es el Señor que reina y gobierna eternamente en el universo entero.

¡Nuestro socorrro está en el nombre de Jehová!

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