“Derramaré mi Espíritu sobre toda carne y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas.” Joel 2:28

junio 2, 2016 § Deja un comentario

Es muy poco lo que sabemos del profeta Joel, ni siquiera estamos seguros de la época en que vivió. Era hijo de Petuel, su nombre significa “Jehová es Dios” y podemos deducir de sus escritos que estaba familiarizado con el área de Jerusalén. La profecía de Joel es breve y toma ocasión en una plaga de langostas que arrasó los campos, por el juicio de Dios sobre los pecados de su pueblo.

El mensaje de esta profecía tiene dos partes: La invasión de la plaga y el sufrimiento del pueblo que se vuelve a Dios en arrepentimiento y en segundo lugar, vemos al pueblo experimentar la bendición de ser perdonado y redimido.

No obstante su brevedad, la profecía de Joel revela uno de las más grandes misterios de Dios para felicidad de su pueblo por todas las generaciones: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne: Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán . . . sobre los siervos y las siervas verteré mi Espíritu en aquellos días y mostraré maravillas en los cielos y en la tierra. . . Y sucederá que quien invoque el Nombre del Eterno será salvo.”

Esta bendición se manifestó en toda su plenitud muchos años después durante la fiesta de Shavu’ot o Pentecostés, 50 días después de la Pascua en el año 33 de nuestra era, cuando Jesús resucitó. Recordemos que antes de ascender a los cielos, el Señor ordenó a sus discípulos permanecer en Jerusalén “hasta que fueran investidos de poder de lo alto.” Entonces se cumplió esta promesa:

El Espíritu de Dios se mostró de manera tremenda en Jerusalén en el seno de la comunidad cristiana, con un estruendo del cielo como un viento recio, con lenguas repartidas de fuego y todos fueron llenos del Espíritu Santo. La palabra de salvación fue proclamada (profetizada) en muy diferentes lenguas a una multitud grande y diversa. Todos estaban atónitos y maravillados del poder de Dios.

Fue entonces cuando Pedro, en el imperio del Santo Espíritu afirmó que la profecía de Joel se cumplía en ese momento ante sus ojos y profetizó un formidable sermón que produjo atribulación y arrepentimiento en miles de personas que se volvieron a Dios, porque “la promesa de salvación es para ellos y para sus hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” En ese día recibieron la palabra y fueron bautizadas como tres mil personas.

Allí la puerta de la salvación se abrió a todas las naciones. Tú y yo somos de los que estaban lejos y que el Señor llamó. Ahora, en el poder y con la espada del Espíritu Santo, nos corresponde a ti y a mí llevar este evangelio a los que están más lejos todavía . . . .

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