“Os habéis acercado a Jesús . . . y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” Hebreos 12: 23,24

abril 20, 2016 § Deja un comentario

Para afirmar nuestra vocación de redimidos, el autor de la Carta a los Hebreos aborda en esta porción un contraste entre el Monte Sinaí, cuando Dios dio la ley a Moisés, como una experiencia aterradora. “Tan terrible era lo que se veía que Moisés dijo: ¡Estoy asombrado y temblando! “

Ahora cambia el tono: “Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sion, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial . . . a Jesús, Mediador del nuevo pacto y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” ¿Qué significa esta última frase? ¿Cómo o en qué sentido es que la sangre de Jesús habla mejor que la de Abel?

Charles Spurgeon se sorprendió en su tiempo por haber encontrado la siguiente exposición por parte de algunos comentaristas serios de la Biblia, quienes interpretaron este pasaje en función del tipo de sacrificios que ofrecieron Abel y Cristo:

En tanto que el sacrificio, la sangre, que Abel ofreció era verdaderamente en fe – así lo dice Hebreos 11 – éste era solamente una sombra, una representación del verdadero sacrificio que quita el pecado del mundo: El cordero era simplemente un animal de sus rebaños y el ofrendante era un hombre como nosotros y nada más. En contraste, el sacrificio, la sangre, que ofrece Jesús, fue la propiciación misma de Dios por nuestros pecados: El cordero, era el Cordero de Dios y el sacerdote, el Mesías mismo. Así se entiende que la sangre, el sacrificio, de Cristo habla mejor que la de Abel.

Aunque esta exposición es inobjetable, Spurgeon, basado en Calvino y en otros teólogos reformados, afirma que el significado de esta frase es más profundo. Dice que la sangre de Abel clama desde la tierra por venganza por el crimen que Caín cometió. Es una voz que acarreó condenación sobre el homicida y el castigo divino no se hizo esperar. La simiente de Caín es la de la serpiente, en tanto que la de Set –el hijo sustituto de Adán y Eva – habría de ser la simiente de la promesa a través de la familia humana, de Eva, la madre de todos los vivientes.

La sangre de Jesús, por otra parte, es la voz que clama por el perdón: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Es la voz de reconciliación, la voz del Mediador del nuevo pacto. Es así que la sangre del rociamiento – según la profecía de Isaías – la sangre de la propiciación, la preciosa sangre de Jesús, habla mejor que la de Abel.

“Hay poder, poder, sin igual poder

en la sangre que Él vertió”

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