“Me alegré cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Eterno.” Salmo 122:1

abril 20, 2016 § Deja un comentario

Le sugiero leer cuando menos dos veces el hermoso salmo 122. En este cántico, David se goza en el hecho de que Dios hubiera finalmente señalado una residencia permanente para el arca del pacto, un lugar en donde su Santo Nombre sería invocado. Además, para avivar en los creyentes el deseo de adorar a Jehová, declara que el bienestar del pueblo depende de Dios, quien hizo de Jerusalén la residencia de sutrono. Desde allí defiende, sostiene y asiste a su pueblo.

Shalom, paz es la idea central de este cántico: La armonía y bienestar manifestadas no sólo a nivel personal, sino como una experiencia comunitaria, como una bendición compartida por todos. De ahí su primera expresión: “Me alegré cuando me dijeron: Vamos a la casa de Jehová”. La razón de ese contento es constatar que también en otros existe el mismo deseo de alabar a Dios. El anhelo de adorarle nos hermana y llena de alegría.

“Nuestro pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén” es una expresión de gozo y satisfacción pues los viajeros han llegado y están firmes en la morada del arca, allí donde se edificaría el Santuario de Dios, el símbolo de la divina presencia. “Jehová ha elegido a Sion; éste es para siempre el lugar de mi reposo” (Salmo 132:14). Cristo, “en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” es nuestro verdadero Emmanuel, mora entre nosotros y nos llena de más abundante gozo.

Jerusalén, como una ciudad bien edificada y unida entre sí, es figura de la unión y armonía (shalom) que Dios da a su pueblo. En los vv 4 y 5 David reviste a Jerusalén con dos títulos de honor: Es el lugar sagrado para invocar a Dios y es el solio real para impartir justicia. Toda nuestra salvación depende de esto: Cristo nos fue dado como sacerdote y ha sido establecido como Rey para gobernarnos. Sion es figura de ambas cosas a través del Santuario y de los tronos de David. Por esto suben las tribus, conforme al testimonio (pacto) dado a Israel.

Concluye el cántico con un llamado a la paz: “Orad por la paz de Jerusalén . . sea la paz dentro de tus muros.” Si hemos de ordenar nuestras oraciones, comencemos rogando a Dios que preserve siempre a su sagrada comunidad. Los muros y antemuros ilustran la inviolable protección de Dios. Buscar el bien de los demás es cuidar y procurar su salvación y prosperidad (shalom) y esto haremos siempre por amor a la casa de Jehová, nuestro Dios.

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