“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Proverbios 4:18

febrero 22, 2016 § Deja un comentario

Este es uno de mis versículos favoritos. Lo escuché por primera vez hace 37 años de labios de un predicador visitante, el Dr. Fernando Vangioni, cuando explicaba cómo fue que Jesús iluminó poco a poco el entendimiento de Nicodemo en cuanto al misterio del nacimiento espiritual, hasta que este sabio llegó a su comprensión plena y a la vida eterna.

Desde entonces lo he usado con frecuencia al exponer el Evangelio de Juan, a partir de los encuentros que Jesús tuvo con varias personas: Nicodemo, la samaritana, el hombre que nació ciego, el endemoniado gadareno, etc. Esta es una verdad gloriosa que se cumplió una y otra vez en las vidas de estos personajes tan diferentes y también en las nuestras. El ciego lo expresó de manera irrefutable y asombrosa: “Una cosa sé que habiendo yo sido ciego, ahora veo.”

En este proverbio encontramos muy importantes enseñanzas. En primer lugar, este texto se escribe en contraste extremo con la senda de los impíos y perversos pues dice a continuación que “el camino de los impíos es como la oscuridad y no saben en que tropiezan”. Luego entonces, nuestro camino es muy diferente, es de luz porque “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en El.”

El evangelista Juan usa la metáfora de la luz en dos sentidos: Uno, en cuanto a lo que es bueno, recto y agradable a los ojos de Dios. La luz también es alegoría de la verdad, y andar en luz significa andar en la verdad. No tengo mayor gozo – dice Juan- que saber que mis hijos andan en la verdad, andan en luz. Entonces andar en la senda de los justos es caminar en lo que es agradable a Dios y también es amar y andar en Su verdad.

En segundo lugar, al usar la figura de una senda, están implícita la idea de caminar por ella. La vida del cristiano es sin duda un llamado a andar, a no permanecer en un mismo lugar, en un mismo estado, en una misma condición. La Biblia nos insta a “correr con paciencia (perseverancia), la carrera que tenemos por delante.”

Al andar crecemos, nos realizamos y fortalecemos, nos desarrollamos, aprendemos, ensanchamos nuestra visión, somos más, hacemos más. Por esto no podemos ser perezosos ni indolentes, apáticos ni ociosos. “Mira a la hormiga o perezoso, observa sus caminos y sé sabio”, reza otro proverbio.

Finalmente, la senda de los justos no es un camino sin destino ni un andar sin sentido. ¡No! Tenemos que “andar puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe” y en este año, hemos de seguir avanzando en luz tomados fuertemente por la mano de Dios porque un día en Su Presencia, nuestro día será perfecto.

 

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