DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

febrero 22, 2016 § Deja un comentario

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. ” II Cor. 4:6

La celebración del nacimiento de Jesús nuestro Salvador siempre está acompañada por la luz: Luz en las casas, en los árboles, en las calles, la ciudad se llena de luces. Nos gusta ver las luces por las noches y mientras más brillante son, mejor contrastan con la oscuridad y despiertan en nosotros una grata sensación.

También disfrutamos levantar los ojos y ver el cielo lleno de estrellas. ¿Cómo sería la luz de la estrella que anunció el advenimiento del Hijo de Dios cuando se hizo hombre? ¡Qué regocijo nos trae pensar en la gloria de Dios que rodeó de resplandor a los pastores, cuando les apareció el ángel del Señor!

Sin duda alguna, la luz está siempre presente en esta grata celebración. Veamos lo que Pablo nos dice sobre ella en el pasaje de II Cor. 4

En este pasaje el apóstol está validando su ministerio con diversos argumentos, al tiempo que afirma la autoridad del evangelio. Finalmente en este versículo resume todo ello en Dios mismo como autor y realizador de la salvación.

Dios está en el centro mismo de este misterio. Es Él quién en el principio de los tiempos mandó (dijo), que de las tinieblas resplandeciese la luz. Esto nos remite al primer día de la Creación, cuando Dios dijo: “Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena.” Esta verdad, referida a la creación de los cielos y la tierra físicos, apunta hacia el poder de Dios, expresado en su palabra y sirve de base para darnos otra enseñanza aun más importante.

De la misma manera como Dios mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz en el universo, así es el que resplandeció en nuestros corazones. Esto es, Él trajo luz, iluminación, a nuestras mentes que estaban entenebrecidas por el pecado, para poder conocer Su gloria. Por nosotros mismos, estando en tinieblas, era imposible que le conociésemos; pero Él, por Su Espíritu ilumina los ojos de nuestro entendimiento, para que seamos capaces de recibir la luz del evangelio. Así podemos contemplarle en la faz de Jesucristo.

Nosotros no podemos ver a Dios pues habita en luz inaccesible (I Tim. 6:16), pero Él se ha dado a conocer en Jesucristo. En el v. 4 dice que Jesús es la imagen de Dios y ahora afirma que la gloria de Dios se manifiesta en su rostro. Solamente en Cristo podemos conocer a Dios; no hay otro camino, ni otro nombre bajo el cielo en el que podamos ser salvos.

Esta es la luz de la Navidad: Dios ha iluminado nuestros corazones para que creamos en su Hijo y tengamos vida eterna en su nombre. Amén

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ en Berith.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: