ANIVERSARIO

octubre 25, 2015 § Deja un comentario

Les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena conmigo. Ellos respondieron:

“¡Levantémonos y edifiquemos!”

Nehemías 23:16

La misión de Nehemías fue por demás ardua y difícil: Reconstruir los muros y el templo de Jerusalén después de setenta años de abandono. El sitio era deplorable pues el muro estaba quemado y destruido, era morada de chacales; el templo había sido profanado y la Ciudad de David no era más, ni por asomo, aquella de la que se cantaba en los salmos: “Andad alrededor de ella, contad sus torres, considerad su antemuro, mirad sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera” La ciudad que Dios había elegido para morar en medio de su pueblo estaba en ruinas.

Nehemías se humilló ante Dios, exaltó su majestad y señorío y se acogió al pacto que el Santísimo hizo con su pueblo. Acto seguido, pidió el favor del rey Artajerjes, obtuvo cartas para obtener los materiales y para defenderse de sus enemigos y puso manos a la obra en medio de situaciones realmente adversas y desafiantes.

Lo siguiente fue involucrar al pueblo, declarando la bondad manifiesta de Dios y fue así que ”ellos esforzaron sus manos para bien.” Fue un trabajo duro pues cada familia debía reconstruir una sección del muro; debían además protegerse de los enemigos, “con una mano trabajaban en la obra y con la otra sostenían la espada.” Aprendieron a cuidarse y a auxiliarse en el peligro, aprendieron a ser nuevamente pueblo, pueblo de Dios.

La Palabra volvió a ocupar el lugar central que le corresponde en medio del pueblo de Dios pues “todos ponía el sentido de modo que entendiesen la Escritura.” La bendición no se hizo esperar y en la gran celebración el pueblo entero, junto con los levitas, los cantores, las mujeres y los niños alabaron a Dios por sus obras de misericordia y se gozaron en la bondad de Jehová. Testificaron que “el gozo de Jehová es nuestra fuerza”, esto es , que conocer y hacer su voluntad, estar en armonía con Dios es la fuente de todo gozo y poder para vivir como pueblo suyo.

Aquí hay ricas enseñanzas para nosotros al celebrar nuestro XXXV Aniversario. Para nosotros ya terminó la etapa de la construcción del edificio; dedicamos muchos años a esa tarea y Dios mostró su fidelidad. Ahora nos toca construir y volver a edificar a este pueblo, cuidar unos de otros, seguir creciendo y fortaleciéndonos. Esta es una tarea de cada día en la que todos, sin excepción, tenemos un trabajo por hacer. Los recursos de que disponemos son los mismos que tuvo Nehemías, pues tenemos el mismo Dios: Humillarnos ante Él, reconocer su fidelidad, ser obedientes a su Palabra y alabarle con gozo a través de nuestro quehacer en esta noble obra eterna. Dios nos bendecirá.

“¡Esforcemos nuestras manos para bien!”

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