Toda la Biblia

septiembre 6, 2015 § Deja un comentario

La Biblia es una biblioteca. Tiene 66 libros 39 de ellos escritos en hebreo (algunos capítulos en arameo, un dialecto del hebreo) y 27 en griego. Más de 40 autores cooperaron para su producción, y alrededor de 1600 años pasaron desde que Moisés tomó su cincel para escribir las primeras palabras de Génesis hasta que Juan dejó su pluma al lado del tintero. Además una amplia variedad de géneros literarios son útiles en manos del Espíritu Santo para comunicarnos el mensaje de Dios. El género más notable es la poesía (más del 40% de la Biblia es poesía), pero hay una extensa diversidad de obras en prosa, desde el ensayo que es Eclesiastés hasta los cuentos narrados por Jesús, los que llamamos parábolas. Asimismo, la Biblia presenta muchas situaciones históricas y sociales junto con sólidas intuiciones psicológicas. Tan es así que difícilmente podría considerarse culta la persona que no tenga un amplio conocimiento de la Biblia, pues es en sí un firme primer paso hacia la cultura.

Dios en su sabiduría y por su profundo amor hacia con su pueblo, hizo que toda la Biblia concordara en un solo mensaje, rico en su profundidad y admirable en su sencillez. Aunque sobre todo con la ayuda de los otros (los que han estudiado la Biblia en su totalidad) es relativamente fácil captar el mensaje central de la Biblia, no se capta en toda su riqueza sin conocer toda la Biblia.

La vida espiritual del Pueblo de Dios se empobrece por la parcialidad con que estudiamos la Biblia. Es parcialidad por dos razones: buscamos nuestros propios intereses y estudiamos sólo unas partes de la Biblia. Y en segundo lugar, no entendemos bien estas partes porque no las vemos en relación con toda la palabra de Dios.

No lo decimos con palabras ni aún lo pensamos conscientemente, pero si somos negligentes y descuidados en la lectura y conocimiento de la Biblia, es posible que con nuestras acciones estemos manifestando que de alguna manera, la Palabra de Dios tiene poco o ningún valor para nosotros. Tenemos que volver al énfasis de la Reforma Religiosa del siglo XVI: Nuestra Fe se basa sólo en la Biblia, la Palabra de Dios revelada.

“¡Cuánto amo yo tu Ley! Me has hecho más sabio que mis enemigos . . más que mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.” Salmo 119:97

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