Humildad y Gratitud

septiembre 6, 2015 § Deja un comentario

Vivimos en una época del pensamiento positivo y de la autoestima. El consejo común dice que tenemos que pensar en las posibilidades y no en los límites o las restricciones. Sobre todo tenemos que huir del pensamiento negativo y de una actitud de derrota. Tenemos que emprender grandes proyectos con la confianza de que los vamos a lograr. Tenemos que vivir con la seguridad de que siempre las cosas van a ser mejores.

El consejo es bueno. No es absoluto, ni incondicional, pero sí es bueno. Tenemos que aprender a pensar positivamente acerca de las posibilidades y oportunidades. Los proyectos que no logramos son precisamente los que no emprendemos. Decimos con Pablo “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Sin embargo, es menester decirlo de una forma especial, algo así: “Todo lo puedo EN CRISTO QUE ME FORTALECE”.

El pensamiento de la autoestima es diferente para el cristiano que para los otros. La opinión y el concepto que tenemos de nosotros mismos, y que manejamos es nacido de la revelación. Nos medimos, no por nuestra imaginación, ni por nuestros deseos o ambiciones, ni aun por la visión de cómo nos gustaría ser, sino por la revelación de Dios, en cuanto a nuestra naturaleza y la voluntad de nuestro Creador. Esto nos da medidas muy realistas, verdaderas y fidedignas, pero no negativas.

Nuestras imperfecciones, deficiencias, limitaciones, carencias y defectos son las condiciones con las cuales Dios logra sus hazañas entre nosotros. Aprendemos lo que decía Pablo cuando afirmaba que el poder de Dios se veía en nuestra debilidad (II Corintios 12: 9-10). Por eso, no vamos a esconder nuestras debilidades y defectos en una especie de autoengaño. Más bien, sabemos que nuestro Dios no está limitado por nuestra pobreza, sea esta pobreza de dinero, de talento, de visión, de recursos humanos, de imaginación o de empeño.

Entramos, entonces, en muchos proyectos para servir a Dios y a su Iglesia con plena confianza, con una actitud positiva y seguridad de éxito, sobre todo en los proyectos que sabemos que nuestro Dios quiere que hagamos. Habrá dos resultados seguros y positivos para nosotros y nosotros mismos vamos a notar la diferencia.

En primer lugar, el meditar en nuestros desperfectos y fallas nos dará humildad. Todos nosotros necesitamos una buena dosis de ello. Nuestra humildad caerá bien también a nuestros colaboradores, familiares y amigos. Esa meditación nos descubrirá los muchos motivos que tenemos para promover en nosotros la humildad. Es difícil estar orgullosos de nuestras deficiencias y errores. Si pensar en ellas nos resulta en humildad, vale la pena hacerlo.

En segundo lugar, contemplarnos como seres deficientes, inadecuados y dependientes a la luz de lo que Dios hace en y por nosotros nos producirá la gratitud. La felicidad es imposible sin la gratitud, pues la gratitud es un elemento esencial en la felicidad. ¡Qué felicidad ver lo que Dios hace por medio de nuestra impotencia: nos convierte en factores potentes en la realización de sus propósitos! Y ¡qué gratitud!

Humildad y gratitud: estos son elementos del pensamiento positivo del cristianismo.

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