Gracias a Dios

septiembre 6, 2015 § Deja un comentario

“Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” Efesios 4:11,12

En esta semana tuvimos la bendición de que dos de nuestros hermanos se graduaran como Maestros en Sagrada Teología por parte del Seminario Teológico Reformado de México, de acuerdo con el programa de Maestría desarrollado por la Fundación Gerald Nyenhuis.

En efecto, el Pastor Luis Be Huchim y Cristián Sandoval concluyeron estos estudios teológicos después de cuatro años de trabajo, y el miércoles pasado pudimos dar gracias a Dios por su graduación. Les felicitamos de corazón por su persistencia y persuasión para estudiar las Sagradas Escrituras.

Ahora bien, la Biblia dice que este es un regalo de Dios para su iglesia, para el Cuerpo de Cristo, pues es Dios mismo quien constituye a sus hijos como apóstoles, profetas, pastores y maestros; oficios todos relacionados con el ministerio de su Palabra, precisamente para perfeccionar a los santos, para edificar a su Iglesia.

¿Cómo es que los santos, los creyentes hemos de ser perfeccionados? ¿De qué manera los redimidos hemos de alcanzar la madurez para la obra del ministerio? Dicho de otra manera, ¿cómo es que hemos de crecer en santidad?

Este es un camino en el que somos guiados por el Espíritu de Dios y por su Palabra. Es por esta razón que Dios nos provee del ministerio de la Palabra a través de los siervos que Él llama y constituye para esos oficios. Siendo la Biblia esencial para el ser y vida de la iglesia de Cristo, es necesario tener entre nosotros apóstoles, profetas, pastores y maestros bien preparados en el conocimiento de la Escritura.

Además, dice el texto, la tarea de estos siervos es la edificación del cuerpo de Cristo. La Biblia nos enseña que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (I Cor. 3:11) pero también nos dice que ese edificio, que es la Iglesia, está en proceso de construcción.

Dado que cada uno debe ver como sobreedifica, necesitamos siervos que Dios mismo provee para guiarnos en la construcción de esta morada de Dios, pues somos templo de Dios y el Espíritu mora en nosotros.

¡Qué privilegio tenemos cuando, en estos tiempos de confusión y apostasía, Dios ha puesto entre nosotros hombres fieles e idóneos para enseñar también a otros!

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